¿Dos clases de cristianos?

dunlap2Cuando un testigo de Jehová o cualquier otra persona pregunta, “¿Cómo sabe uno si él o ella es de la clase de los ‘ungidos’ con la esperanza celestial?”, la respuesta común es referir a la persona a la declaración de Pablo en Romanos 8:16, 17:

“El espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Pues si somos hijos, también somos herederos: herederos por cierto de Dios, mas coherederos con Cristo, con tal que suframos juntamente para que también seamos glorificados juntamente“.

La enseñanza oficial ha sido, y es, que sólo los de los 144,000 “ungidos” pueden tener tal ‘testimonio del espíritu’, y que esto les indica que son del grupo selecto de los 144,000, los únicos con esperanza a vida celestial. Todos los demás pueden ser clasificados sólo como hijos de Dios “en perspectiva futura” y su esperanza deberá ser terrenal.

Al leer el contexto desde el mismo comienzo del capítulo, le fue evidente a Ed Dunlap que el apóstol Pablo de veras estaba escribiendo sobre dos clases. Pero no sobre dos clases divididas por su esperanza en cuanto a su vida futura, celestial o terrenal. En lugar de eso, las dos clases claramente eran: los guiados por el Espíritu de Dios, por un lado, y los regidos por la carne pecaminosa, por otro.

El contraste que el apóstol presenta no es entre la esperanza de vida en el cielo o vida en la tierra, sino entre la vida y la muerte mismas, entre amistad con Dios o enemistad con El. Como lo indican los versículos 6 al 9:

“Porque el tener la mente puesta en la carne significa muerte, pero el tener la mente puesta en el espíritu significa vida y paz; porque el tener la mente puesta en la carne significa enemistad con Dios, porque no está sujeta a la ley de Dios, ni, de hecho, lo puede estar. Por eso los que están en armonía con la carne no pueden agradar a Dios. Sin embargo ustedes no están en armonía con la carne, sino con el espíritu, si es que el espíritu de Dios verdaderamente mora en ustedes. Pero si alguien no tiene el espíritu de Cristo, éste no le pertenece”.

En el tema que trata Pablo, no se está considerando la vida celestial o la terrenal, sino simplemente si uno está viviendo por el Espíritu de Dios o está viviendo de acuerdo a la carne pecaminosa. Pablo dejó claro que era una cosa o la otra: tiene uno el Espíritu de Dios y produce sus frutos, o está en enemistad con Dios y no pertenece a Cristo. Sin ese Espíritu no podría haber “vida y paz”, sólo habría muerte. Si la persona de hecho tenía el Espíritu de Dios, entonces era él un hijo de Dios, pues Pablo dice (versículo 14):

Porque todos los que son guiados por el espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Compare el uso que hace el apóstol de la misma frase, “conducidos por el espíritu”, en contraste similar entre la carne pecaminosa y el Espíritu de Dios en Gálatas 5:18, donde se declara que aquellos que son “conducidos por espíritu, no están bajo ley”. Negar que esto aplica a todos los cristianos pero que sí aplica a un grupo selecto, sería dejar a todos los demás bajo la ley y la condenación de ésta, a ese efecto, incluyendo la evidencia del fruto en sus vidas, algo parecido a la manera como la Biblia dice que Abel, Enoc, Noé y otros alcanzaron el “testimonio” de que estaban agradando a Dios.

Como Ed Dunlap hizo notar, Pablo no dijo, algunos, sino “TODOS los que son guiados por el espíritu de Dios” son sus hijos. Aquellos que son guiados por ese Espíritu tendrían “el testimonio” del Espíritu.

Raymond Franz, Crisis de Conciencia,Punto de decisión.”

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