12. Adoctrinamiento y subordinación

“Pero la sabiduría de arriba es primeramente casta, luego pacífica, razonable, lista para obedecer, llena de misericordia y buenos frutos, sin hacer distinciones por parcialidad, sin ser hipócrita”.—Santiago 3:17

UNA CARACTERÍSTICA común de los movimientos de masas en general es que afirman tener una preocupación intensa por el individuo y por sus intereses. Sin embargo, paradójicamente, producen por lo general la subordinación del individuo, y un freno al pensamiento individual. Se urge al conformismo y a la uniformidad como aspectos cruciales para el éxito del movimiento, para su crecimiento y progreso. El individuo carece de importancia, salvo por su contribución al éxito del movimiento. Todos los intereses y todo los pensamientos deben subordinarse a esa meta.

La Sociedad Watch Tower ha efectuado afirmaciones fuertes acerca de la subordinación y el adoctrinamientode dos maneras diferentes. Una se relaciona con la información que proviene de fuentes externas. La otra se refiere a la aceptación de la información que ella misma provee. Estas normas desiguales llevan a paradojas como la descrita arriba.

El poder para resistir el adoctrinamiento

Durante el pasado medio siglo, los Testigos de Jehová han establecido un registro notable en cuanto a resistir técnicas de “lavado de cerebro”, particularmente las que provienen de sistemas totalitarios, tales como el nazismo, que trató de adoctrinarlos con su ideología. El número de 15 de marzo de 1959de la revista La Atalaya (páginas 174, 175), publicó la siguiente cita sobre su registro:

Un libro que se publicó en las Islas Británicas en 1957, llamado Battle for the Mind, a Physiology of Conversion and Brainwashing (Batalla por la mente, una fisiología de la conversión y el lavado de cerebro) dijo: “Se informa que entre los que mejor pudieron preservar sus normas y creencias en los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, estuvieron los miembros de la secta de los testigos de Jehová. Este grupo religioso pacifista tiene muchas creencias extrañas, pero éstas estaban implantadas con tal fuerza y certeza por sus líderes religiosos, que permanecieron funcionando cuando la continua debilitación y degradación psicológica habían reducido a la mayoría de las otras personas que abrigaban los ideales más elevados, pero sin ninguna lealtad específica, a aceptar el concepto absolutamente más abyecto de la moralidad individual y de grupo. El tener una creencia ardiente y obsesiva en algún otro credo o manera de vivir realmente es una salvaguardia contra la conversión. La historia muestra que los soldados bien doctrinados y entrenados pueden ser tan valientes y obstinados como los testigos de Jehová.

En los infames campos de concentración, como en campos de trabajo y en prisiones, y frente a persecuciones de otras formas, los testigos de Jehová han demostrado una resistencia muy alta al adoctrinamiento político. Habiendo vivido personalmente períodos de sentimiento público adverso, habiendo sentido la presión, la violencia de chusmas, y habiendo atravesado situaciones que ponían en peligro la vida, y habiendo sido testigo de lo que implica vivir bajo un gobierno dictatorial, no tengo duda en cuanto a la devoción de los Testigos de Jehová, en general, cuando se enfrentan a pruebas tan angustiosas. Sé como me sentí, y creo saber cómo se sienten la mayoría de ellos cuando surgen estos tiempos de prueba.[1]

Note, sin embargo, que el número de La Atalaya citado valida el punto en cuanto a que otros, además de los Testigos de Jehová, pueden demostrar, y lo han hecho, resistencia al sistema de lavado de cerebro con éxito comparable, incluyendo a “los soldados bien doctrinados y entrenados”. De modo que a menudo se trata de un adoctrinamiento frente a otro. A veces pueden ser ambos de origen nacionalista o político, o ambos pueden ser de naturaleza religiosa, o puntos de vista originarios de una de estas fuentes que se enfrentan contra puntos de vista que se originan de una de las otras.

Por lo tanto, la mera habilidad para resistir no garantiza que la fuerza de la resistencia provenga necesariamente de convicciones basadas en las Escrituras sobre lo correcto o incorrecto de ciertas acciones. Gente en el pasado y en el presente ha estado dispuesta a atravesar pruebas severas para mantener creencias muy distintas, a veces opuestas, a las que mantienen los Testigos de Jehová. La historia demuestra que a veces la gente ha estado dispuesta a sacrificar sus vidas para ser obedientes a algún líder, aún cuando un análisis pausado demuestre que tal liderazgo estaba muy lejos del ejemplo de Jesucristo. Las bases de las creencias de uno, los medios por los cuales uno llega a estar gobernado por tales creencias, deben ser el factor determinante sobre si la resistencia nace en realidad del cristianismo genuino o no.

Considere brevemente lo que las revistas La Atalaya y ¡Despertad! han dicho sobre adoctrinamiento, persuasión de masas y lavado de cerebro, y sobre los medios para cotrarrestarlos. El número de 15 de noviembre de 1956 de La Atalaya resaltó estos puntos válidos e interesantes (página 679):

Note la admonición, Prueben para sí mismos (Romanos 12:2 N. M.). Si por medio de la Biblia usted puede probar para sí mismo los pensamientos de Dios que usted ha adoptado, ningún “lavado” ideológico del cerebro los barrerá de su mente. No es suficiente que usted sepa lo que cree; sepa por qué lo cree.

                                        

Un artículo en la revista New York Times Magazine, de 9 de mayo de 1954, discutió las técnicas comunistas de lavado de cerebro y concluyó: “Sólo existe una forma de inmunización contra los ataques totalitarios a las convicciones humanas”. Esa única manera ha demostrado ser la de tener convicciones profundas y entendimiento amplio de lo que usted cree. De otro modo, el artículo continúa: “usted se convertirá en una víctima fácil y dispuesta, paseando con los lobos en el bosque”.

Se urge al cristiano a tener convicción profunda. Este tipo de convicción no es algo que se adquiere sobre una base de grupo, debe ser conseguida por el individuo a través de pensamiento, estudio y conclusiones personales. La exhortación inspirada “prueben para sí mismos” la voluntad de Dios, requiere claramente que se mantenga esa clase de pensamiento personal.

Más adelante, el mismo artículo continúa (pág. 680):

Generalmente creemos lo que queremos creer, y una cosa que nos gusta creer es que pensamos por nosotros mismos. Por tanto, no les es muy difícil a los propagandistas hábiles hacernos pensar que los pensamientos de ellos son los nuestros. Ellos plantan el pensamiento y lo nutren, pero lo hacen tan sutilmente que creemos que nosotros creemos que es nuestro propio pensamiento.—2 Cor. 4:4, N. M.

“No seamos alcanzados por Satanás, porque no desconocemos sus intenciones.” Deberíamos conocer los artificios diestros de sus propagandistas. Son muchos, pero sólo mencionaremos uno: el poner epítetos ofensivos a cualquier cosa a que ellos se oponen. . . . Pero el dejar que tal presión o influencia social nos obligue a seguir la dirección que ella quiere, el ser empujados y manejados por un temor de epítetos, sería mostrar patética inmadurez, incapacidad de pensar por nosotros mismos, una falta de convicciones inteligentes.

El dejar de pensar por nosotros mismos, el ser influidos por la presión y los epítetos ofensivos equivale a “demostrar patética inmadurez”, según menciona este material. Puede parecer increíble que los que publicaron esta información sean los mismos que hicieron que la expresión “pensadores independientes” llegara a ser un “epíteto ofensivo” entre sus propios miembros. Pero éste ha demostrado ser el caso. En 1979, el número de 8 de febrero de ¡Despertad! contenía un artículo titulado “¿Piensan otros por usted?” y expuso los siguientes métodos propagandísticos (págs. 3, 4):

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A EDUCACIÓN le enseña a uno a pensar. Los propagandistas le dicen a uno qué pensar. Los verdaderos instructores presentan todos los aspectos de una cuestión y estimulan la discusión. Los propagandistas insisten porfiadamente en sus ideas y desaniman la discusión. Muchas veces sus verdaderos motivos están ocultos. De los hechos, entresacan y relatan las cosas favorables y ocultan las otras. Falsean y tuercen los hechos, y se especializan en mentiras y en verdades a medias. El blanco en el que tratan de dar son las emociones de usted, no su habilidad para pensar lógicamente. Muchas personas son víctimas fáciles de ellos debido a que no se precisa esfuerzo para sentir, mientras que pensar es una tarea ardua. Y el propagandista se asegura de dar a su mensaje el viso de parecer prudente, recto y moral, y le da a usted un sentido de importancia y aceptación si lo sigue. Usted está entre los inteligentes, no está solo, está cómodo y seguro… así dicen.

                                                       

La tiranía de la autoridad, el ridículo, los insultos contra el oponente, la difamación, la calumnia, la sátira o crítica personal—todas estas tácticas se utilizan con el fin de abrumar la mente de uno y tomarla por asalto.

                                                       

Pero hasta personas bien instruidas, refinadas, son víctimas de un tipo de propaganda muy injusto y falso. Este tipo de propaganda asume un porte de superioridad que descarta el punto de vista del oponente y lo trata como algo muy patético que en realidad no merece la atención. A este porte recurren muchos evolucionistas a fin de evadir las preguntas que no pueden contestar. No pueden probar su teoría. Así es que recurren a hacer aserciones y se mofan de todo el que se atreve a disputarlas.

                                                        

No prueban ni sus aserciones ni sus difamaciones, pero por medio de la tiranía de la autoridad expresan sentenciosamente sus opiniones, aplastan las objeciones e intimidan a los opositores. Esto surte efecto, y personas que se supone que sean inteligentes y no saben nada de la teoría, la creen debido a que todas las personas inteligentes la creen..

 

Al lector de este artículo de ¡Despertad! se le advierte que no sea subyugado aunque el mensaje parezca ser “prudente, recto y moral”, incluso si le da a él “un sentido de importancia y aceptación si lo sigue”. El material habla contundentemente a favor de las discusiones abiertas, de no dejar que la “tiranía de la autoridad” lo retenga a uno de probar todo en cuanto a su veracidad. Esto es, según se dice, el camino de la sabiduría.

Algo más tarde, un artículo que preguntó “¿Se le está persuadiendo sin que lo sepa?”, dio estos puntos para protegerse uno mismo de ser arrollado por el pensamiento de masas:

La persona más propensa al lavado del cerebro es la persona media, la “normal.” Por otra parte, es más difícil lavar el cerebro de las personas que tienen ideas poco convencionales y convicciones firmes, y que no temen lo que otros piensan.

El artículo continúa, listando cinco formas de resistir el lavado cerebral:

1. Tenga convicciones firmes: Como ya hemos visto, la persona más propensa al lavado de cerebros es la que deja que otras personas influyan fácilmente en ella. No apoye una idea simplemente porque los que se asocian con usted la aceptan. Asegúrese de que los puntos de vista que usted adopte sean verdaderos. La mejor manera de hacer eso es comparar esos puntos con la Palabra inspirada de Dios, que es fundamental y finalmente “la verdad.”—Juan 17:17; 2 Tim. 3:16.

2. Busque la razón: A menudo inadvertidamente aceptamos actitudes sin saber qué hay detrás de ellas. Por ejemplo, puede que ciertas personas de su comunidad tengan un punto de vista negativo sobre ciertas razas o grupos étnicos. Pero, ¿por qué? Si la razón que dan para ello no es convincente, ¿por qué adoptar ese punto de vista?

3. Resista los pensamientos impropios: … es difícil evitar ver, oír o también experimentar pensamientos impropios. Pero, ¿debemos empapar de ellos nuestra mente? Al hacer eso estaremos afectando adversamente nuestro juicio y acciones. ¡Es mucho mejor contrarrestar esos pensamientos impropios y meditar en cosas que edifican!—Efe. 5:3-5.

4. Hable acerca de lo que usted cree que es correcto: Eso le dará la oportunidad de poner a prueba lo que usted cree y afianzará más la verdad en su vida. Si, después de una investigación cuidadosa, usted queda convencido de la verdad de un asunto, no deje que la burla de otros lo desconcierte.

5. Viva la verdad: No busque excusas para transigir en cuanto a lo que usted sabe que es correcto. Recuerde, si algo es correcto o propio, le resultará en bien. No se engañe pensando en que se está perdiendo algo o que se le está restringiendo indebidamente porque se amolda a lo que es correcto.[2]

Todos estos artículos publicados por la Sociedad Watch Tower, animan, con apoyo bíblico, a una determinación personal respecto a la veracidad y a la concordancia con las Escrituras, de las cosas enseñadas, de las que uno cree. Estos artículos no defienden una actitud de “apoyar una idea” simplemente para amoldarse a la mayoría o a los puntos de vista de un grupo determinado. Estimulan el examen personal, la evaluación personal de los hechos, la aceptación o el rechazo personal. Urgen al lector a estar dispuesto a defender lo que cree con la confianza de que el apegarse a la verdad, sin compromisos, resultará siempre en lo mejor.

Estoy completamente de acuerdo con todos estos puntos. Por mi propia experiencia como Testigo, no tengo duda de que la mayoría de los Testigos de Jehová están dispuestos a soportar desdén o desaprobación de la gente de afuera, por apegarse a creencias impopulares. Pienso, en general, que son sinceros en su papel inconformista hacia los que están fuera, y que tienen la confianza de que, aunque impopular, eso es lo correcto, el modo de proceder que agrada a Dios. Esto también ha sido cierto en mi propio caso.

Sin embargo, esta pregunta permanece: ¿Pueden ser las personas consistentes si se apegan a estos principios sólidos y adecuados que propugnan estos artículos, cuando tratan con fuentes de información y de influencia externas a su comunidad religiosa particular, y sin embargo abandonar los mismos principios dentro de los confines de ésta? ¿Qué hay, también, de una organización que urge a sus miembros a aplicar de manera diligente tales principios hacia fuentes externas de información, pero desanima, desacredita, y hasta denuncia a aquellos que los aplican con relación a la información que ella misma provee?

Cuando esto es así, ¿qué razón existe para creer que la resistencia al adoctrinamiento externo, a que se le esté “persuadiendo sin que lo sepa”, es necesaria y genuinamente el producto de convicciones profundas que provienen del pensar por uno mismo? ¿Qué seguridad existe de que no se trata de un adoctrinamiento frente a otro adoctrinamiento, de que el rechazo a ser influenciado por epítetos ofensivos” y por la desaprobación y la presión de grupo externas, no es hasta cierto grado el resultado de estar ansioso por evitar los “epítetos ofensivos”, la desaprobación y la presión de grupo en el interior de la propia comunidad religiosa? Más importante, ¿cuán significativo es el que una organización urja a la gente a rechazar el error sutil, la manipulación de los hechos y las verdades a medias que provienen de otra gente, si al mismo tiempo desautoriza esta actitud hacia sus propias enseñanzas? Más aún, ¿cuán honesto y consistente es el que ella misma trate de imponer una regla de silencio sobre cualquiera que utilice las facultades mentales que Dios le dio para discernir tal error, hasta el punto de etiquetar cualquier discusión de esa regla como “habla rebelde”? ¿Cuán consistente es alabar el pensamiento independiente con relación a la información externa, pero condenarlo como un signo de inmodestia y de falta de humildad, cuando se trata de información suministrada dentro de la organización?

Parecería que las palabras de Jesús sobre ‘limpiar primero el interior de la copa y del plato, para que su exterior también quede limpio’, al igual que su advertencia contra llegar a ser como ‘sepulcros blanqueados’, que externamente presentan una apariencia pero que internamente tienen otra, dan razón seria para preocuparse en este aspecto.[3]

Un anterior Testigo de Brasil, que había servido como “precursor especial” y que después de muchos años empezó a hacer preguntas sobre ciertas enseñanzas de la organización, expresó su propia experiencia de este modo:

No puedo negar que he estado y todavía estoy influenciado por los principios nobles que se propugnan en la literatura de la organización para los de fuera. Me basé de todo corazón en esos principios, y creí que cualquier asunto sería considerado correctamente por la organización. Es un golpe doloroso darse cuenta al final que sólo son parte de un monólogo, como otras clases de propaganda que no buscan respuesta alguna, sino su propio eco.[4]

Aplicando lo dicho

Porque por tus palabras serás declarado justo, y por tus palabras serás condenado.—Mateo 12:37

 

Ciertamente la consistencia haría que todos los Testigos de Jehová aplicasen dentro de la organización las exhortaciones previamente citadas:

  • Piense por usted mismo; no deje que otros lo hagan por usted.
  • Si usted cree algo, asegúrese de saber por qué, y “si usted se da cuenta de que la razón que dan para ello no es convincente, ¿por qué adoptar ese punto de vista?”
  • “No apoye una idea simplemente porque los que se asocian con usted la aceptan. Asegúrese de que los puntos de vista que usted adopte sean verdaderos”, y que están sólidamente basados y apoyados en las Escrituras.
  • No se deje “empujar” a la aceptación por presión de otros, por temor a lo que otros piensen y por el temor de que se le etiquete adversamente, demostrando de tal manera “patética inmadurez”.
  • No deje que la “tiranía de autoridad” “aplaste las objeciones”, ni que lo intimide para poner a prueba las afirmaciones efectuadas por tal “autoridad”.
  • No deje de hablar en favor de la verdad, no busque “excusas para transigir”.

Razonablemente, se debe actuar con respecto a esta exhortación publicada de manera respetuosa, responsable y cristiana. ¿Cuál sería el resultado si un Testigo de Jehová expresara su intención de hacer exactamente lo que se ha expresado antes—dentro de la organización—haciéndolo de manera respetuosa, responsable y cristiana?

Cada hombre del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová, y creo que cada anciano en las más de 63.000 congregaciones alrededor de la tierra, sabe que esto llevaría a que tal persona fuese vista como peligrosa, condenable a expulsión de la congregación. Como se ha documentado ampliamente, esto es exactamente lo que les ha sucedido y está sucediendo a un creciente número de personas que toman estos principios a pecho.

Contraste estas exhortaciones publicadas sobre la forma de obtener convicciones genuinas, con la realidad que existe entre los Testigos de Jehová. Razonablemente, cuanto más serio es el asunto y más serias son las posibles consecuencias, más importante es aplicar este consejo. Como ejemplo, el asunto del “servicio alternativo” tiene consecuencias que pueden significar encarcelamiento por meses o incluso años, viviendo separado de padres y de familia, tal vez del cónyuge, pérdida de libertad para buscar los medios de vida que la persona pudiera tener, o para perseguir cualquier otra meta que la libertad permite normalmente. Considere, entonces, lo que expresaron varios miembros del Comité de Sucursal de varios países sobre el asunto de jóvenes Testigos que corrieron el riesgo de encarcelamiento por rechazar las provisiones gubernamentales del “servicio alternativo” en sustitución del servicio militar. Por recordar sólo algunas afirmaciones:

Bélgica: “Pocos hermanos están realmente en posición de explicar con la Biblia el por qué de su rechazo . . . básicamente, saben que está mal y que la Sociedad lo considera como tal.”

Dinamarca: “Mientras muchos de los hermanos jóvenes parecen capaces de entender algunos argumentos, de pensar en ellos y de explicarlos hasta cierto grado, se nota que la mayoría de los hermanos jóvenes hoy sigue el ejemplo de otros y asume la posición que la hermandad espera de ellos, sin entender realmente los principios y argumentos básicos involucrados, y sin ser capaces de explicar su posición con claridad.”

Hawaii: “Generalmente hablando, los hermanos aquí tienen dificultades para ver los principios bíblicos que gobiernan el mantenimiento de la neutralidad estricta. Una vez que conocen la posición de la Sociedad en tales asuntos, cooperan enteramente, pero no ven claramente los principios sobre los cuales descansa nuestra posición.”

Noruega: “Los hermanos de Noruega no aceptan el trabajo civil sin una sentencia del tribunal, debido principalmente a que saben que ésta es la política de la Sociedad, y son leales a la Sociedad. Es difícil para ellos entender por qué es incorrecto aceptar el trabajo civil, cuando el trabajo mismo no es malo ni está condenado en la Biblia. Ellos no pueden fundamentar su posición en las Escrituras apropiadamente.”

España: “Cuando un anciano discute el asunto del servicio sustitutivo con alguien, esa persona generalmente acepta que la sustitución equivale a lo que sustituye. Pero, por lo general, esta idea no se entiende verdaderamente. Más bien, se toma como un punto de vista de la organización, y los ancianos la presentan tan bien como pueden y los hermanos la siguen lealmente, sabiendo que eso es lo que se espera de ellos. Pero nos parece que muchos hermanos encuentran nuestro razonamiento un tanto artificial.

Tailandia: “Muchos han rechazado el trabajo motivados por una especie de lealtad de grupo. Ellos no sabían la razón o el principio del por qué, pero oyeron que algo estaba mal, así que lo rechazaron.”

Si las afirmaciones publicadas en las revistas La Atalaya y ¡Despertad! tienen alguna validez, cuando se comparan con las afirmaciones de estos miembros de Comités de Sucursal, se percibe claramente a estos jóvenes Testigos como vulnerables al lavado de cerebro, o como víctimas ya del adoctrinamiento y de la persuasión de masas. Muchos cientos, hasta miles de estos jóvenes están actualmente en prisión, igual que estuvieron miles antes que ellos, pero no saben por qué debió tomarse la posición que asumieron y que los llevó al encarcelamiento. Aceptaron una política sin ver bases sólidas para ello, permitieron que sus decisiones fueran gobernadas, no por la evidencia sólida de la Palabra de Dios, sino por la “lealtad de grupo”, y la “lealtad a la organización”. Éstas son las mismas fuerzas que le dan tal poder al adoctrinamiento de parte de lo que los Testigos llaman organizaciones “mundanas”. Se trata de hacer lo que los asociados de uno hacen, y lo que la autoridad (la organización) dice, aunque uno vea que las razones dadas son carentes de sustancia, incluso “artificiales”. El punto de vista que aceptaron estas personas sobre el servicio alternativo era claramente “prestado”, no el suyo propio. La preocupación por lo que los demás de su propia comunidad religiosa pensarían, la preocupación por las represalias de la organización en la forma de la expulsión, ciertamente debieron tener gran peso en su forma de pensar, haciendo que acallaran cualquier pregunta que pudiese surgir en su mente, y que simplemente obedecieran. Estos jóvenes Testigos se presentaron ante tribunales gubernamentales y se declararon sujetos a una posición intransigente de rechazo al servicio alternativo, a menos que fueran primero arrestados, juzgados y sentenciados a realizarlo por un juez, y tal vez pensaron que esa era su propia convicción. Pero su incapacidad para explicar las razones de su posición demuestra que alguien más estaba pensando por ellos. Recuerde la afirmación de La Atalaya antes citada:

Generalmente creemos lo que queremos creer, y una cosa que nos gusta creer es que pensamos por nosotros mismos. Por tanto, no les es muy difícil a los propagandistas hábiles hacernos pensar que los pensamientos de ellos son los nuestros. Ellos plantan el pensamiento y lo nutren, pero lo hacen tan sutilmente que creemos que nosotros creemos que es nuestro propio pensamiento.

Entiendo por qué estos Testigos se sienten así. Aunque la posición de la organización es hoy considerablemente más técnica y complicada que en los años cuarenta, yo me encontré entonces en una situación similar, esperando sufrir encarcelamiento.[5] Sentí las mismas presiones, desde fuera y desde dentro de la organización. Las presiones desde dentro ejercieron mayor fuerza y me llevaron a decidir, no sólo rehusar enrolarme en el servicio armado, una decisión que correspondió genuinamente a mi propia convicción, y que todavía mantengo, sino también a rechazar cualquier tipo de trabajo o de servicio como “objetor de conciencia”, una decisión que no fue genuinamente mía, es decir, no fue el producto de mi propio pensamiento y de mis propias conclusiones.

Yo asumiría que todos los miembros del Cuerpo Gobernante habían leído los artículos de los que se ha citado antes y los principios verdaderos que expusieron respecto a tener una convicción genuina.[6] Sin embargo, cuando las afirmaciones de los miembros de Comités de Sucursal acerca de la falta de entendimiento sobre la política del servicio alternativo fueron llevadas a la atención del Cuerpo Gobernante, aunque la mayoría del Cuerpo favoreció un cambio de política, encontré sorprendente el que hubiera una ausencia total de desaliento o incluso de preocupación sobre el hecho de que hombres estaban dispuestos a ir a prisión sin entender realmente por qué, y que estaban rehusando estar en “sujeción a las autoridades superiores” en este asunto en particular, sin estar convencidos en realidad de tener base bíblica para haberse “puesto en contra” de tales “autoridades superiores”.[7] La evidencia de que la “lealtad de grupo” y esencialmente la aceptación ciega de políticas organizacionales sustituía a la conciencia personal—tal vez en algunos casos disfrazándose como tal—no pareció ser un asunto de gran preocupación, y nunca jugó un papel real en las discusiones del Cuerpo Gobernante. Un miembro del Cuerpo Gobernante hasta citó con aprobación las palabras del coordinador de la Sucursal danesa, quien dijo respecto a dejar que el asunto del servicio militar fuese algo a decidir por la conciencia individual: “Me estremezco al pensar en dejar que estos hombres jóvenes tomen su propia decisión”.[8] Esto no sólo descubre una enorme falta de confianza en los hombres jóvenes entre los Testigos de Jehová—o de confianza en que la organización haya hecho algo para sacarlos de su infancia espiritual—sino que dice, de hecho, que la organización debería decidir por ellos si deben tomar un derrotero que envuelve un posible, incluso un probable encarcelamiento, sin que ellos tengan ninguna elección real en el asunto.

Si, tal como la Sociedad lo ha defendido profesamente en los artículos publicados, estos hombres jóvenes hubieran pensado por sí mismos y hubieran tomado una decisión basada genuinamente en su conciencia personal, quizás la mayoría habría tomado un derrotero diferente de la “política” que había fijado la organización, a tenor de la evidencia suministrada por los miembros de Comités de Sucursal. Bajo el arreglo actual, esto hubiese traído sólo una consecuencia: haber sido declarados como “desasociados” de la congregación. De esta forma, la organización considera aparentemente que estos hombres no son todavía lo bastante adultos, o suficientemente maduros como para tomar sus propias decisiones, para discernir su derrotero y actuar basándose en su conciencia individual ante Dios como cristianos responsables, pero sí que los considera suficientemente mayores para que pasen parte de su vida en prisión sin saber por qué.

Sin embargo, la juventud no es realmente la cuestión. Lo que es cierto respecto a estos jóvenes Testigos, también lo es en el caso de los Testigos adultos con relación a una multitud de cuestiones—empleo, varios factores relacionados con la sangre, sus asociaciones, educación avanzada y asuntos similares. Debe recordarse que los hombres de los Comités de Sucursal que escribieron las cartas que revelaron los hechos antes relatados, son adultos, no jóvenes. Sin embargo, ellos mismos estaban comprometidos a seguir las directivas de la organización. Estaban dispuestos a aplicar, o ver aplicada, la sanción prescrita de la expulsión sobre cualquier hombre joven en sus países que no estuviera conforme con la política decretada.

Como ilustración adicional, considere el asunto que llegó al Cuerpo Gobernante desde Alemania. Típico de tales casos, éste se relaciona con una mujer Testigo, cuyo esposo no-Testigo estaba destinado a una base de las Fuerzas de Ocupación en Alemania. La siguiente carta (con la supresión de nombres para mantener el anonimato), pone de manifiesto los siguientes detalles:

 

XXXXXXX XXXX

XXXXXXX XXXX

XXXXXXX XXXX

                                             Abril 25, 1979

 

Watch Tower Bible&

Tract Society

117 Adam Street

Brooklyn, N.Y. 11 201

U.S.A.

 

Queridos hermanos:

Adjunta encontrarán una carta que ustedes le enviaron a la hermana XXXXXXX. Ustedes también adjuntaron una copia del “Servicio del Reino” de Sept. 1976 para darle a ella más información acerca del asunto en cuestión.

En el mismo “Servicio del Reino” se menciona a un profesor de escuela que podría enseñar matemáticas en una escuela propiedad de una organización religiosa. Parece ser que esto se ve como un asunto que todavía está dentro de la zona gris. Después de haberlo discutido durante nuestra reunión de servicio, algunas de nuestras hermanas americanas, cuyos esposos están en el ejercito, nos abordaron y nos preguntaron si ellas también podrían trabajar bajo ciertas circunstancias como maestras en escuelas del ejercito, o efectuar trabajos en las dependencias de “Intercambio de Correo” americano.

Queríamos asegurarnos y escribimos una carta a la sucursal alemana, y preguntamos sobre este asunto. Los hermanos de la sucursal alemana nos contestaron el 26 de octubre de 1976 y nos dijeron que enviarían esta pregunta a Brooklyn. Esperamos la respuesta hasta el 22 de marzo de 1977. Los hermanos nos escribieron que el Cuerpo Gobernante en Brooklyn llegó a la conclusión que trabajar para el “Sistema de Intercambio Europeo” (EES) o para los “Intercambios de Correo” (PX), ya no cae dentro de la zona gris, porque uno sería culpable de apoyar prácticas incorrectas. Incluso vender comida o ropa en estas tiendas que sirven a propósitos personales estaría en conexión directa con el ejercito, y por consiguiente no sería apropiado para un cristiano, especialmente ya que estas tiendas están bajo supervisión de un general. Así que todos estos asuntos ya no están en la zona gris.

Discutí el punto con la hermana XXXXXXX que quería asegurarse sobre este asunto y les escribí a ustedes con el comentario que ella me hizo, de que sea cual sea la decisión de los hermanos en Brooklyn, ella la acataría. Después de leer la respuesta a ella, discutí la carta de ustedes con otros ancianos y con nuestro superintendente de circuito. Todos llegamos a la conclusión de que parece contradecir la carta que recibimos del Cuerpo Gobernante. Aunque ustedes mencionan en su carta que ella trabaja para el Departamento de Defensa, ustedes escriben en el párrafo siguiente que no conocen en que tipo de trabajo está realmente envuelta. Preguntamos ahora si esto tiene alguna importancia, porque ella recibe una paga del ejercito, de manera similar a alguien que trabaja en las tiendas PX vendiendo ropa o comida. Si este último trabajo está en al zona negra, también lo estaría el trabajar como maestro.

Este tipo de situaciones fue manejado bastante bien por los ancianos aquí en Alemania hasta que en el “Servicio del Reino” se habló acerca del hermano que trabaja en una escuela propiedad de una organización religiosa. Tal como lo entendíamos, éste es un asunto de conciencia y está todavía en la zona gris. Desde ese momento en adelante tenemos que contestar preguntas tales como: Si un hermano puede trabajar en una escuela propiedad de una organización religiosa, ¿por qué no puede hacerlo en una escuela supervisada por el ejército? Enseñamos solo matemáticas, inglés etc. y no rompemos nuestra neutralidad. Si el primer caso está en la zona gris, ¿por qué no el segundo?

En una asamblea de circuito, un anciano formuló la pregunta: “Si una hermana no renuncia a su trabajo como maestra en una escuela supervisada por el Departamento de Defensa, ¿tiene que ser expulsada?” La respuesta clara del superintendente de distrito fue: “Sí”.

Después de su carta a la hermana XXXXXXX nos sentimos nuevamente confundidos, y apreciaríamos poder enderezar este asunto. Quedamos a la espera de su respuesta, mientras procuramos mantener limpia la organización de Jehová.

Les enviamos nuestro caluroso amor cristiano y saludos,

 

Su hermano,

(Firma)

 

Estos ancianos alemanes admitieron estar confundidos por la política de la organización. Por un lado, era permisible para un Testigo enseñar una asignatura no religiosa en una escuela propiedad de una organización religiosa, pero no lo era enseñar la misma asignatura en una escuela para niños del personal del ejercito, si la escuela estaba financiada o dirigida por los militares.

Teniendo en cuenta que la Sociedad Watch Tower ve a todas las organizaciones religiosas, con la excepción de ella misma, como parte de “Babilonia la Grande”, la gran ramera de Revelación, y por tanto como opositoras de Dios y de Cristo, es difícil entender por qué se adopta una postura tan diferente con relación a una escuela financiada por el Departamento de Defensa, si se compara con otra financiada por una organización religiosa. Sin embargo, por alguna razón indescifrable un trabajo está permitido y el otro es causa de expulsión.

Aun si un Testigo no entiende, debe cumplir, y ésta es la actitud que se cultiva en la mente de los Testigos. Note que se cita a la Testigo involucrada diciendo que “sea cual sea la decisión de los hermanos en Brooklyn, ella la acataría”. Esto se considera como la actitud correcta, la actitud “teocrática”, una actitud de lealtad a la organización de Dios. Sin embargo, es exactamente contraria a los principios publicados por la Sociedad antes citados, con sus advertencias contra permitir el adoctrinamiento autoritario, y dejar que otros piensen por uno.

Cuando los ancianos aquí dicen que procurarán “mantener limpia la organización de Jehová”, ¿a qué se refieren? Significa que esos hombres continuarán aplicando con todo el rigor implícito cualquier política que esté en vigor en ese momento, y que expulsarán a cualquiera que no se adhiera a esa política (por ejemplo, cualquiera que participe en trabajo que una vez fue clasificado como dentro de una “zona gris”, pero que por decreto organizacional, ha sido transferido ahora a la “zona negra”). Los ancianos pueden sentirse “confundidos” como ellos mismos dicen, pero no permitirán que esto los retenga de expulsar a una persona y de clasificarla como no cristiana. La preocupación principal es el ser obediente a la política de la Sociedad. El sentimiento creado es el que “si la organización nos dice que lo hagamos, nosotros no seremos responsables ante Dios si es un error”. Esta misma mentalidad ha prevalecido entre hombres de muchos lugares y en muchos períodos que han excusado su culpa en injusticias serias afirmando que “ellos estaban simplemente obedeciendo órdenes de sus superiores”. Incluso los tribunales del mundo han rechazado tal excusa. ¡Con cuánta más razón deberían rechazarla los cristianos!

El efecto cegador y restrictivo que esta preocupación por la sumisión organizacional pueda tener en las mentes de las personas me fue ilustrado por una experiencia que me relató Robert Lang, entonces Superintendente asistente de la Casa Betel, en la sede central. Lang había sido trasladado a una congregación diferente en el área urbana de Nueva York, y dijo que en una de las primeras reuniones atendió a los ancianos que lo abordaron solicitando consejo. Parece que una mujer joven, hermana de un siervo ministerial, fue expulsada y todavía asistía a las reuniones. Tenía un pequeño bebé y lo llevaba consigo a las reuniones del Salón del Reino en un cochecito para bebé. El salón quedaba en el segundo piso de un edificio, y las escaleras eran largas y empinadas. La joven subía de espaldas las escaleras, tirando del cochecito—con el bebé dentro. ¡La pregunta que hicieron los ancianos es si era apropiado para el hermano de la mujer expulsada ayudarla a subir las escaleras! Algunos pensaban que sí, otros decían que no, que estando expulsada debería ser considerada como si no estuviese allí. Para honra suya, Lang dijo: “No sé cuál es la norma sobre esto, sólo sé una cosa: si yo estoy por ahí cuando empiece a tirar del cochecito hacia arriba de las escaleras, ¡voy a ayudarla! Cuando pienso en lo que podría suceder si se tropezara y perdiera el control del cochecito…”[9]

El aspecto más espantoso de esto es que hombres adultos no veían que podían ser guiados por sus propios corazones y mentes en una circunstancia que obviamente apelaba a la bondad humana. La preocupación opresiva para ellos era, no que la vida del bebé estuviese en peligro, sino lo que la política organizacional permitía en casos como éste. Dieron evidencia de ser hombres emasculados en asuntos de ética, en cuanto a lo correcto e incorrecto.

Esta no fue una situación rara. En Crisis de Conciencia se mencionan los artículos que yo escribí en 1974 que moderaban ampliamente la actitud hacia los que estaban en “situación de expulsados”.[10] La asignación para escribir estos artículos se debió a algunos casos que involucraron a personas expulsadas que querían asistir a las reuniones, pero que carecían de medios de transporte para llegar al lugar de reunión. Una era una chica joven que había sido expulsada siendo todavía una quinceañera. Más tarde se fue a vivir a una zona en el campo. Solicitó la “restauración”, pero los ancianos le informaron que tenía que asistir a las reuniones del Salón del Reino para calificar para ello. No había transporte público y ella no tenía automóvil. Su madre escribió a la sede central, expresando preocupación por el peligro que implicaba para su joven hija el caminar sola por carreteras rurales, y rogaba que se le diera algún tipo de “dispensa” para que los ancianos pudieran ayudarla.

Al mismo tiempo, se había recibido otra carta de unos ancianos en una congregación del medio oeste. Relataba el caso de una mujer que había sido expulsada y que entonces se encontraba en un centro de rehabilitación para drogadictos. Ella también deseaba asistir a las reuniones, pero sólo podía abandonar el centro si alguien firmaba, se responsabilizaba de ella, y le proveía el transporte necesario. Los ancianos mencionaron que habían estado haciendo eso, y se apresuraron a añadir que cuando firmaban no le hablaban, que ella simplemente entraba en el auto, conducían en silencio hasta llegar al Salón del Reino, ella se sentaba en la parte trasera del Salón, y después de las reuniones salía al auto y volvía de nuevo al centro. ¿Por qué escribieron esta carta? ¡Porque estaban profundamente preocupados de que al hacer eso no estuvieran actuando de acuerdo con la política organizacional existente!

En la sesión del Cuerpo Gobernante la decisión fue la de permitir tal ayuda, y como se ha dicho, se me asignó a escribir artículos indicando el cambio en la política.[11] El domingo siguiente a esta sesión fui a Nueva Jersey a pronunciar un discurso público. Mientras estaba allí se me acercó uno de los ancianos locales para hacerme una pregunta. Relató la situación de una mujer expulsada que vivía a varios kilómetros del Salón del Reino, y que había solicitado ayuda para asistir a las reuniones. Ella dijo que sus circunstancias personales no le permitían pagar cada semana las tarifas de un taxi, y sin ayuda se vería obligada a caminar una distancia considerable. El anciano dijo que ese mismo domingo algunas de las “hermanas” en la congregación habían viajado juntas en un coche y la adelantaron mientras ella caminaba por la carretera. Él afirmó que cuando ellas llegaron al salón estaban llorando porque se sintieron obligadas a pasar sin parar. Me sentí particularmente feliz de informarle que se había tomado una decisión—por parte de lo que él y todos los Testigos consideran su “Tribunal Supremo”—de modo que esa ayuda estaba ahora permitida.

De nuevo, el aspecto trágico de todo esto es la forma en que la dominación y el adoctrinamiento de una organización ahogan, encadenan y paralizan las emociones humanas buenas y hermosas. En realidad, en los artículos de 1974 fui bastante más allá del simple asunto de proveer transporte, o de mostrar otros actos de cortesía común a las personas expulsadas, moderando la posición en muchas otras áreas y en particular en lo relacionado con las relaciones de familia. Los artículos fueron aprobados por el Cuerpo Gobernante antes de su publicación. Es indicativo de la verdadera actitud de corazón de muchos, tal vez de la mayoría de los Testigos, el que los artículos tuvieron, por lo general, una acogida apreciativa, y se consideró que expresaban más correctamente la actitud misericordiosa de Dios y Cristo.

Como también se afirma en Crisis de Conciencia, el año siguiente a mi renuncia del Cuerpo Gobernante, , La Atalaya de 15 de noviembre de 1981 regresó a una posición muy parecida a la de antes de 1974, en cuanto a las personas expulsadas. En algunos aspectos es hoy más rígida de lo que era entonces. Algunos ancianos y superintendentes viajantes, lamentablemente, expresaron satisfacción en cuanto a lo que ellos consideran un “endurecimiento” de la política organizacional. Y, tal como se vio en el capítulo 11, hoy hombres y mujeres permiten que su trato con otros humanos esté gobernado estrictamente por esa política. Al hacer esto, permiten que sus conciencias sean anuladas por hombres, y que su compasión sea activada o desactivada por un decreto organizacional. Si la organización cambia su política mañana, la mayoría cambiaría con ella. Esto es adoctrinamiento en una de sus peores formas.

Lo que es cierto de a la aceptación de las políticas organizacionales, es igualmente cierto de la doctrina y de la interpretación organizacional de las Escrituras. De hecho, es la aceptación casi incondicional de éstas lo que de hecho precede a, y sobre lo que se funda la aceptación de políticas ya relatada. Es también verdad que la vasta mayoría de Testigos, incluyendo ancianos, si se les permitiera solo el uso de la propia Biblia, tendrían serias dificultades en presentar evidencia que apoye una parte considerable de esas enseñanzas. Sin embargo, los ancianos están dispuestos a tomar acción de expulsión contra cualquier miembro de la congregación que cuestione seriamente o exprese un desacuerdo de conciencia con cualquiera de esas enseñanzas.

¿Qué hace que la gente deje que una organización suplante su conciencia con sus propios puntos de vista, o que por lo menos superponga una conciencia colectiva sobre la suya propia? ¿Qué mueve a los ancianos a expulsar a personas cuando ellos mismos no están totalmente convencidos en sus propias mentes y corazones de que la posición organizacional es necesariamente la correcta, o de que está genuinamente basada en las Escrituras?[12]

Me he hecho estas mismas preguntas respecto a mi propio derrotero anterior como Testigo. Aunque los únicos casos de expulsión en los participé personalmente como miembro de un comité judicial fueron casos de clara inmoralidad, sé que durante la mayor parte de mi vida como Testigo intenté sostener y explicar todas las enseñanzas y normas promulgadas. Considero que tengo una inteligencia de término medio y, sin embargo, durante décadas estuve completamente dedicado a apoyar la totalidad de lo que la organización publicaba, y podía decir como el apóstol Pablo, que ‘estaba progresando en esta religión más que otros de mi propia edad, y era más celoso que ellos en las tradiciones’ de la organización.[13] ¿Cómo ocurrió esto? Y ¿cómo sucede con millones de otras personas? Existe un buen número de factores. Considere un ejemplo:

Métodos empleados

Este hombre en particular había estado muy deprimido y fue atraído a la religión por un número de razones. De la primera reunión a la que asistió, él relata:

Disfruté de la conversación estimulante y de la atmósfera energética de la reunión. Estas personas se relacionaban entre sí tan fácilmente como hermanos y hermanas, y claramente se sentían parte de una familia global. Parecían muy felices con su vida. Después de mi depresión del mes pasado, me sentí vigorizado por toda esa energía positiva. Fui a casa esa noche sintiéndome afortunado de haber conocido a esa amable gente. . . . Me sobrecogía ante el pensamiento de . . . que mi derrotero en la vida estaba ahora sobre la única “senda verdadera” . . . el pensamiento de que Dios estaba actuando activamente para traer el jardín de Edén. No más guerra, no más pobreza, no más destrucción ecológica. Sólo amor, verdad, belleza y bondad. . . .

Nos identificábamos verdaderamente con los cristianos primitivos: cuanta más gente se nos oponía, más comprometidos nos sentíamos. Era como si fuésemos el ejército de Dios en medio de una guerra espiritual—los únicos que podíamos ir a vanguardia y luchar contra Satanás cada día.

Muy pronto se le animó a que compartiera con otros lo que había aprendido. De aquéllos que respondieron a su testimonio él dice:

Veíamos a los creyentes como gente en busca de Dios, o buscando un significado espiritual a sus vidas. . . . Siempre me sorprendió el saber cuánta gente en esta categoría nos decía que habían estado orando a Dios para que les mostrara lo que Él quería que hicieran con sus vidas. Muchos creían que habían sido guiados “espiritualmente” a dar con uno de nuestros miembros.

Estas palabras se podrían escuchar fácilmente de labios de muchos Testigos de Jehová. También podrían encontrarse en una experiencia publicada en las revistas La Atalaya o ¡Despertad!. Sin embargo, no son las palabras de un Testigo de Jehová. Son las palabras de Steven Hassan, un ex-miembro de la Iglesia Unificada, dirigida por el líder coreano Reverendo Moon, un movimiento al que usualmente se conoce como los “moonies”.[14] En sus dos años y medio de asociación se convirtió en un ardiente defensor y en un líder respetable de ese movimiento, completamente leal y dedicado a su misión. Resistió todos los esfuerzos de miembros de su familia u otros para sacarlo de lo que él estaba convencido que era “la verdad”.

Después de que un accidente abrió el camino para un cambio completo en su punto de vista, Hassan decidió proveer a otros con el beneficio de su entendimiento de los medios por los que los humanos pueden ser guiados a entregar sus mentes y conciencias a un sistema religioso. El libro que escribió no incluye a los Testigos de Jehová. Hay que admitir que se refiere principalmente a los movimientos que recurren a métodos obvios y extremos de adoctrinamiento, que incluyen aislamiento físico, rituales, cánticos y prácticas similares. Sin embargo, hay ciertos elementos que él describe como básicos en el control mental que merecen con seguridad seria reflexión. Considere lo siguiente:

Los que se convierten en candidatos para el control mental no son en su mayoría gente “rara”. De los miles de personas con los que habló o a quienes aconsejó, Hassan afirma: “La gran mayoría eran gente estable, inteligente e idealista”, “el gran número de miembros sinceros y comprometidos con los que se encuentra un neófito son probablemente mucho más atractivos al converso en perspectiva que cualquier doctrina o estructura.”[15] ¿Por qué, entonces, permiten que otros dominen su pensamiento?

La esencia del control mental es que estimula la dependencia y el conformismo, y disuade de la autonomía y del individualismo. . . . [intenta] socavar la integridad del individuo para efectuar sus propias decisiones.[16]

El entrenamiento de la Sociedad Watch Tower hace que los Testigos de Jehová vean el “pensar independiente” como pecaminoso, como una indicación de deslealtad a Dios y a su “conducto de comunicación nombrado”. Señalando a otro elemento del control mental, el “control de la información”, Hassan afirma:

“. . . la ideología se considera como “la verdad”, el único “mapa” de la realidad. Todo lo bueno está personificado en el grupo. . . . Todo lo que es malo está en el exterior . . . nunca existe una razón legítima para marcharse. . . . Se les dice a los miembros que las únicas razones por las que la gente abandona son la debilidad, la tentación, la locura, el lavado de cerebro, . . . el orgullo, el pecado y así por el estilo.[17]

No estoy a favor de la aplicación ligera de la palabra “secta”, que se ha vuelto común hoy día. Tal como alguien observó, para muchos el término es una etiqueta que le ponen a cualquier religión que no les gusta. Creo que una religión que no es una “secta” puede, no obstante, manifestar muchas características sectarias. Es un hecho que cada uno de los elementos presentados arriba como aspectos fundamentales de las religiones que ejercen control mental está presente entre los Testigos de Jehová.

En el caso de los Testigos de Jehová no existe aislamiento físico como el empleado por algunos movimientos religiosos (como también se hace por parte de oficiales que toman personas como prisioneros políticos para su adoctrinamiento). Sin embargo existe un aislamiento de una clase muy particular.

La organización toma la exhortación bíblica de ‘no ser parte del mundo’, y la aplica de modo que los Testigos de Jehová deben restringir al máximo su asociación con cualquiera que no sea de su fe—lo que al final significa cualquiera que no abrace las enseñanzas actuales de la organización.[18] Tales personas no están “en la Verdad”, que es lo mismo que decir que están todos “en la mentira”. Todos los no-Testigos son “mundanos”, sin importar sus excelentes cualidades personales, sin importar cuán elevadas sean sus normas de vida, sin importar cuán profunda sea su fe en Dios, en Jesucristo y en la Biblia. El contacto social es aceptable si se hace con la mira de crear una oportunidad para “testificar” a las “personas mundanas”, y se desaconseja si es con cualquier otro motivo.

Un Testigo puede, en una conversación con un vecino “mundano” o con un compañero de trabajo o con una asociado de negocios, dirigir la conversación a temas religiosos, pero tal como sé por experiencia, el pensamiento será siempre “cómo darle testimonio a esa persona”. Hay interés en que la conversación vaya en un sentido y en uno solo. No se trata de ver si el Testigo puede aprender algo de la otra persona, o de que tenga un intercambio genuino de pensamientos y de ideas. ¡Después de todo, eso sería inútil, ya que la otra persona “no está en la verdad”! Cuando la persona con la que se conversa se muestra reacia a concordar con el “testimonio” presentado, sea una enseñanza como el significado de 1914 o cualquier otro asunto, el Testigo generalmente siente que la conversación es improductiva, y querrá ponerle fin. Se levanta una barrera mental hacia cualquier comentario escuchado que no se amolde a las enseñanzas actuales de la organización. La evidencia que pudiera rebatir cualquiera de esas enseñanzas provoca por lo general que el Testigo responda de un modo programado—cerrando rápidamente la puerta de su mente a esa evidencia.

Sucede algo parecido con el material de lectura. Aunque las publicaciones de la Sociedad Watch Tower citan frecuentemente, a veces profusamente, de toda clase de publicaciones “mundanas”, incluyendo obras sociológicas, psicológicas y religiosas, se crea el sentimiento de que sólo la organización puede hacer esto sin peligro, y que, particularmente con relación a publicaciones religiosas, incluidos los comentarios bíblicos, es peligroso para el Testigo de término medio leer esas fuentes de información. No se infunde meramente cautela, sino desconfianza y aversión. Evidentemente la fe desarrollada por la organización no se considera lo suficientemente robusta como para resistir los efectos de tal lectura.

De nuevo, se percibe que las publicaciones de la Sociedad Watch Tower ofrecen en este campo dos mensajes separados, uno dirigido a los de fuera de la organización, y el contrario para los de dentro. Se urge a los de fuera a cuestionar sus creencias religiosas, sin importar cuánto tiempo las hayan profesado. En la revista ¡Despertad! de 22 de noviembre de 1984 aparecieron dos artículos titulados “Mente imparcial, o estrechez de miras . . . ¿qué lo caracteriza?” y “La mente imparcial y receptiva se gana la aprobación de Dios”, y en La Atalaya de 15 de enero de 1989 se publicó otro titulado “¿Está usted abierto a nuevas ideas?”. Estos artículos están dirigidos enteramente a personas que no son Testigos. El primer artículo, en la página 3, da la definición de prejuicio como:

“Juicio u opinión sobre algo antes de tener verdadero conocimiento de ello”; “opinión que se forma en el ámbito social, favorable o desfavorable a algo, sin ningún fundamento real”; “juicio que uno forma sin fundamento suficiente, o apartándose de lo justo o razonable”.

Reconociendo que las decisiones tomadas “antes de tener verdadero conocimiento” o que los juicios formados ”sin fundamento suficiente, o apartándose de lo justo o razonable” son prueba de una mente estrecha de miras, el artículo aboga por tener una “mente imparcial y receptiva” que significa que uno es “receptivo a nueva información y nuevas ideas” y que está “dispuesto a examinar y evaluar información sin tener una actitud parcial”. Más adelante afirma:

Una mente estrecha de miras puede indicar falta de conocimiento. Puede que sepamos tan poco de un tema, o tengamos información tan tergiversada o incompleta, que nos falten los hechos necesarios para llegar a conclusiones correctas. . . .

Una mente estrecha de miras puede revelar falta de interés en el tema o una renuencia a examinar el asunto. De hecho, hasta pudiera ser una señal de incertidumbre o duda. Por ejemplo, si no podemos defender nuestros puntos de vista religiosos, puede que nos hallemos atacando a los que ponen en duda nuestras creencias, no con argumentos lógicos, sino con calumnias e indirectas. Esto huele a prejuicio y a una mente estrecha de miras. . . . Hasta algunas personas religiosas tienen estrechez de miras. Se interesan solo en “su” religión y no están dispuestas a siquiera escuchar los puntos de vista de otras.

. . . Lo que hace que cierta religión esté bien es su total adherencia a la Palabra de Dios. El comparar imparcialmente nuestra religión con la Biblia es la única manera de determinar si satisface este criterio o no.

Parece increíble que los escritores de la organización no puedan ver la inconsistencia obvia entre estas exhortaciones a la mentalidad imparcial dadas a los de fuera, y la advertencia exactamente opuesta que se da a los de dentro de la organización. Una “Pregunta de los lectores” en La Atalaya de 1 de mayo de 1984, página 31, argumenta que es correcto que los Testigos vayan a las puertas de la gente a ofrecerles literatura de la Sociedad Watch Tower, pero que deben rechazar literatura religiosa que los amos de casa les puedan ofrecer a cambio. Entre otras cosas afirma:

Por eso, los Testigos no van a los hogares de la gente en busca de la verdad o del esclarecimiento. Más bien, ya han pasado un sinnúmero de horas aprendiendo la verdad de la Palabra de Dios y, habiendo aprendido las “buenas nuevas”, obedientemente salen a compartirla con otras personas. . . .

De igual modo, los testigos de Jehová no ignoran las creencias de otras personas. Han adquirido bastante conocimiento básico de las creencias doctrinales de las religiones que son comunes en la zona donde viven. . .

Por eso no sería prudente, y también sería una pérdida de tiempo valioso, el que los testigos de Jehová aceptaran literatura religiosa falsa cuyo propósito es engañar y se expusieran a ésta por medio de leerla. . . .

Como cristianos leales, adhirámonos a las normas de Dios y alimentemos nuestra mente con lo que es verdadero y justo, a la vez que nos adherimos con aprecio y lealtad al conducto por medio del cual aprendimos por primera vez la verdad bíblica.

La mentalidad receptiva que se espera de los lectores no-Testigos, que los lleve a examinar la literatura que se les ofrece, con puntos de vista contrarios a sus creencias religiosas, es paradójicamente desaconsejada entre los Testigos. Los artículos de La Atalaya y de ¡Despertad! critican la “estrechez de miras”, y el “prejuicio irracional”, sin embargo donde esa actitud se hace más evidente es entre los mismos Testigos de Jehová. Los Testigos quizás afirmen que ‘están informados sobre otras religiones y sus creencias’. Pero en el caso de la gran mayoría, la información que tienen es solamente lo que su propia organización religiosa tiene bien a darles. Es una información pre-empaquetada, cuidadosamente editada, y generalmente con las conclusiones ya expuestas, para que ellos no tengan que hacerlo por sí mismos.

El escritor del artículo parece no darse cuenta de que si las personas, en cuyos hogares se presentan los Testigos para ofrecerles su literatura, son miembros de una religión en la cual creen firmemente y de la cual han recibido el conocimiento bíblico que poseen, estos amos de casa podrían utilizar el argumento idéntico al rechazar la literatura de la Sociedad Watch Tower, rechazándola como literatura falsa “cuyo propósito es engañar”, y cuya lectura sería “una pérdida de tiempo valioso”.[19] Ellos también pudieran haber leído publicaciones de su iglesia sobre los Testigos de Jehová, y por consiguiente pudieran decir que “no ignoran las creencias” de los Testigos. En ese caso, por supuesto, serían considerados por los Testigos como personas de “estrechez de miras” y con prejuicios. Con seguridad, las palabras de Jesús son aplicables aquí, cuando dice:

Entonces, ¿por qué miras la paja [que hay] en el ojo de tu hermano, pero no tomas en cuenta la viga [que hay] en tu propio ojo? O, ¿cómo puedes decir a tu hermano: ‘Permíteme extraer la paja de tu ojo’; cuando ¡mira!, hay una viga en tu propio ojo? ¡Hipócrita! Primero extrae la viga de tu propio ojo, y entonces verás claramente cómo extraer la paja del ojo de tu hermano.[20]

La revista ¡Despertad! de 8 de septiembre de 1987 contiene varios artículos dirigidos básicamente a personas que profesan la fe luterana. Uno de los artículos gira en torno a varias citas de los sermones de Dietrich Bonhoeffer, un teólogo protestante ejecutado por los nazis. Presumiblemente, si se le ofreciese a un Testigo en la puerta de un amo de casa alemán un panfleto con los sermones de Bonhoeffer, se esperaría del Testigo que lo rechazase por lealtad, como algo cuya lectura “no sería prudente”, sino más bien “una pérdida de tiempo valioso”. Sin embargo, en su ejemplar de la revista ¡Despertad!, las citas de los sermones de este pastor protestante—un miembro de “Babilonia la Grande”, según la definición de la Sociedad Watch Tower—se vuelven ahora aceptables, se les “santifica” para que las lean los Testigos leales.

El artículo presenta algunos argumentos válidos respecto a la visión crítica de la Biblia que mantienen algunos teólogos protestantes, y en relación con otras facetas en las que los miembros de las iglesias muestran negligencia. Considere, sin embargo, estos puntos expresados en las páginas 8, 10, y 11 (las palabras en cursiva son las que el escritor de ¡Despertad! cita de los sermones de Boenhoeffer):

Lea los siguientes extractos de algunos de sus sermones. Pregúntese: ¿Qué podría significar para la iglesia luterana el que se pusiesen por obra sus palabras? O ¿qué podría significar para mi Iglesia?

“En materia de religión, solo una cosa es de vital importancia: que sea la verdad.” Esto concuerda con lo que Jesús dijo: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. (Juan 4:24; véanse también Juan 8:32; 14:6; 16:13.)

¿Está usted seguro de que todo cuanto se enseña en su Iglesia es realmente la verdad?

                                 

Si su Iglesia no hace lo que debe, ¿lo hará usted?

Si una vez hecha una investigación sincera, usted queda muy poco complacido con lo que ha visto, no se limite únicamente a lamentarse. Después de comentar acerca de la declaración de Karl Barth respecto a que son los feligreses los que constituyen lo que es una religión, un periodista concluyó lógicamente: “Los miembros de una religión […] son responsables por lo que esa religión dice y hace”. De modo que pregúntese: ¿Estoy dispuesto a compartir la responsabilidad por todo cuanto mi Iglesia dice y hace?

                                 

Puede que usted crea sinceramente que su Iglesia no es parte de la religión falsa acerca de la cual Dios dice que pronto será destruida. Pero su vida depende de que esté completamente seguro. ¿Lo está?

Para las personas de otras religiones se fija como criterio la verdad absoluta—todo debería ser “realmente la verdad”. Debe estar “completamente seguro” de su religión. Y si “queda muy poco complacido” con lo que ve, debería hacer más que “limitarse únicamente a lamentarse”, porque comparte la responsabilidad por “todo cuanto [su] Iglesia dice y hace”. Sobre la base de todo lo que se ha presentado en las publicaciones de la Sociedad Watch Tower sobre la lealtad y la sumisión a la organización teocrática, ¡imagínese lo que sucedería si algún Testigo siguiera esta exhortación en su religión! En lugar de eso, el Testigo debe entender que estas palabras poderosas aplican a los demás no a nosotros. Gran parte de la crítica que presenta el artículo de ¡Despertad! sobre el luteranismo es válida. Pero esos errores no hacen que la posición de los Testigos sea correcta, sus errores no anulan los errores de la Sociedad Watch Tower, ni los hacen menos reprensibles. De manera notable, el escritor de ¡Despertad! puede citar fuentes protestantes, incluyendo las luteranas, que son críticas consigo mismas. Estas personas pueden hacerlo sin ser expulsadas de sus iglesias. Un Testigo de Jehová no podría hacer lo mismo. Cuando ve en su religión evidencia clara de algún error o de normas que carecen de base bíblica, no debe presentar queja alguna, y ciertamente no debe abandonar (como se supone que los luteranos deben hacer respecto a su religión). En lugar de eso, el Testigo debe calladamente ‘esperar que Jehová enderece el asunto a su debido tiempo’. Lo que es correcto y necesario de parte de los luteranos, es al mismo tiempo incorrecto e innecesario de parte de los Testigos. Y el asunto notable es que la mayoría de los Testigos (incluyendo al escritor del artículo de ¡Despertad!), no ve una doble norma en este asunto, no ven nada absurdo en dar a otros una exhortación que ellos mismos no pueden aplicarse a sí mismos.

La “Pregunta de los lectores” citada anteriormente asegura a los lectores de La Atalaya que su rechazo a leer o siquiera aceptar la literatura que los amos de casa les ofrezcan, no significa que tienen “estrechez de miras”, sino que—lejos de esto—toman esta decisión “debido a que siguen el proceder sabio y respetan el consejo de Dios”. Pero el razonamiento jamás se enfrenta con la verdadera cuestión. Aunque hace referencia a Pablo y a su manera denodada de hablar la verdad, nunca demuestra que él hubiera rehusado discutir puntos de vista opuestos o defenderse de la crítica. Al contrario, Pablo estaba dispuesto a “ser toda cosa a toda clase de hombre”.[21] En su lugar La Atalaya, para dar fuerza a sus afirmaciones, se basa en desviaciones y prejuicios y en la utilización de “epítetos ofensivos” (“literatura religiosa falsa cuyo propósito es engañar”, “que disemina el error”, “escritos perniciosos”, distribuidos para obtener “ganancia falta de honradez”, cuya compra sería “financiar la iniquidad”). Pero por medio de este artículo se les ha dicho a los Testigos leales que no demuestran “estrechez de miras” cuando urgen a los demás a analizar críticamente su religión, mientras rehusan hacerlo ellos mismos—y ellos lo aceptan. El “conducto de comunicación” de Dios ha hablado y eso basta.

Por lo tanto, el resultado de la evidencia es que, aunque no hay aislamiento físico extremo, se produce un aislamiento mental muy efectivo mediante la interpretación que la organización hace de las palabras de Jesús, sobre no ser parte del mundo. La comunidad de creyentes llega a estar bastante aislada, y se cierra intelectualmente con respecto al material bíblico de cualquier otra fuente que no sea la propia organización. Se les dice continuamente que esa es la única forma de evitar ser descarriados. El objetivo aparente es crear una atmósfera estéril en la que los puntos de vista e interpretaciones de la organización puedan circular libremente sin tener que enfrentarse a ningún desafío.

Como regla general, cuanto más se asocia uno con la organización, más concentrados son sus contactos sociales, y más restringidas están sus amistades a los de dentro de la organización. Incluso a los parientes “mundanos”, lo que quiere decir a los parientes no-Testigos, se les relega gradualmente a una relación más bien fría y distante.

El llegar e a ser parte de una comunidad exclusiva, con un contacto limitado a lo “necesario” con las personas de fuera, es el factor que le confiere un poder tan grande a cualquier decreto de expulsión que establezca la organización. La vida social de uno se desarrolla completamente dentro de la organización. Si uno se ha asociado por muchos años, el ser expulsado significa el ser virtualmente separado de todas sus amistades. Particularmente, esto puede presentar una perspectiva devastadora y deprimente para las personas de edad. Esta situación se asemeja a la de las personas de los tiempos apostólicos que eran ‘expulsadas de la sinagoga’, ya que la sinagoga era el centro de todo contacto social en la comunidad judía.[22]

Dudo firmemente que la mayoría de las personas, al leer la propia Biblia, llegasen jamás a considerar las palabras de Jesús sobre no ser parte del mundo de la forma extremada que propugnan las publicaciones de la Sociedad Watch Tower. No es que en la Biblia no aparezca un punto de vista tan exclusivista. Sí que aparece. Pero es el punto de vista de los fariseos, no el que enseñaron Jesús o sus apóstoles. Como ya se ha visto, el mismo nombre “fariseo” significa “separado” o “exclusivo”. En sus ideas extremadas, este grupo religioso intentaba separarse y excluir de su asociación a todas aquellas personas que no se adhiriesen a sus enseñanzas tradicionales particulares y a sus normas de santidad, considerándolos como “impuros”.[23]

Jesucristo puso un ejemplo muy diferente al de estos extremistas, y esto los encolerizó, hizo que lo condenaran a él y a la forma como se asociaba con otros. Al leer sus palabras, no sólo en el Sermón del Monte, sino en todas sus enseñanzas, se percibe que el interés principal de Jesús no estaba en un conjunto complejo de interpretaciones doctrinales, sino en la meta real establecida en las Escrituras, en el objetivo y en el empeño de éstas, es decir el amor a Dios y el amor al prójimo. Sus palabras enfatizan la conducta y las obras que manifiestan este amor, y sus apóstoles urgieron lo mismo en todas sus cartas. Cuando tratan con la necesidad de ser selectivos en cuanto a asociación, es con relación a lo esencial, no a puntos menores de diferencia, y definitivamente no respecto a normas, razonamientos e interpretaciones extra-bíblicas, el producto de pensamiento sectario.

En su carta a los Gálatas, el apóstol Pablo saca a colación el asunto de las enseñanzas, al decir:

Me maravillo de que tan pronto se les remueva de Aquel que los llamó con la bondad inmerecida de Cristo [y se les pase] a otra clase de buenas nuevas. Pero no son otras; solo que hay algunos que les están causando dificultades y que quieren pervertir las buenas nuevas acerca del Cristo. Sin embargo, aunque nosotros o un ángel del cielo les declarara como buenas nuevas algo [que fuera] más allá de lo que nosotros les declaramos como buenas nuevas, sea maldito. Como hemos dicho más arriba, también vuelvo a decirlo ahora: Sea quien sea que les esté declarando como buenas nuevas algo más allá de lo que aceptaron, sea maldito.[24]

Aunque parezca increíble, la Sociedad Watch Tower aplica hoy estas palabras a cualquiera que no esté de acuerdo y que manifieste su discrepancia—no contra el mensaje apostólico del primer siglo que Pablo predicó—sino contra las enseñanzas actuales propias de la organización. Así, después de citar estas mismas palabras de Pablo en la respuesta a una “Preguntas de los lectores”, La Atalaya de 1 de abril de 1986 (pág. 31), dice:

La condición de asociado aprobado entre los testigos de Jehová requiere que uno acepte todo el conjunto de enseñanzas verdaderas que se hallan en la Biblia, lo que incluye aquellas creencias bíblicas que son características de los testigos de Jehová.

El artículo argumenta que los que no hacen eso son expulsados justamente. Esto significa forzar las palabras de Pablo fuera de su contexto, dándoles en realidad un giro para hacerles decir exactamente lo contrario de lo que realmente dicen. Porque Pablo muestra que existen solamente UNAS buenas nuevas, y que son las que se predicaron en el primer siglo, no algo que aparece por primera vez en una publicación o revista del siglo veinte. Son las buenas nuevas que cualquier persona puede encontrar en la Biblia, sin estar supeditada a que se las comunique alguna publicación del día moderno, no algo que es incomprensible sin la ayuda de tales publicaciones. No se trata de un “mensaje especial” de desarrollo post-apostólico que tiene el efecto de hacer que la Biblia por sí misma sea insuficiente, como se insinuó en los comentarios matinales del presidente de la Sociedad Watch Tower a la familia de la sede central, que se citaron anteriormente.[25]

De acuerdo con el apóstol, existe uno y solo un mensaje que entregar, el que ya habían predicado él y otros en su tiempo y que había sido registrado por los escritores inspirados en la Biblia, y nadie, ni ángel ni hombre, tiene el derecho de entregar un mensaje adicional al ya dado, al que Pablo llama “las buenas nuevas acerca del Cristo”.[26] Son las “buenas nuevas eternas”, la “fe que una vez para siempre fue entregada a los santos”, y, por lo tanto, no necesita ajuste, ni modernización, ni puesta al día por hombres no inspirados de nuestro tiempo.[27]

Las primeras etapas

Cuando pienso en mis 43 años de asociación activa, no me cabe duda alguna de que la sumisión casi in cuestionable que es común en los Testigos de Jehová se desarrolla gradualmente. No dudo tampoco al decir que adquirí un conocimiento considerable de las Escrituras durante mi asociación con la organización de los Testigos, mucho mayor que el que tenía al principio.[28] Al mismo tiempo, llegué a darme cuenta de que la organización instruía a la gente sólo hasta cierto punto. Los llevaba a veces desde la “incultura” bíblica hasta lo que podría llamarse un “nivel de segundo o tercer grado”. Los Testigos aprendían a localizar textos específicos en la Biblia, recibían algún conocimiento de historia bíblica, y leían ellos mismos de manera directa ciertas enseñanzas fundamentales de las Escrituras, y para algunos esto no sólo era de gran ayuda, sino muy impresionante. Si de algo estoy agradecido con relación a mis 43 años de servicio completo como Testigo, es de que por lo menos dirigí a la Biblia la atención de algunas personas que previamente conocían muy poco o nada de ella. En este aspecto particular, la obra de los Testigos merece encomio, a la vez que es preocupante el fracaso de muchas confesiones religiosas en edificar interés en la Biblia. Cuando se trata de dirigir a las personas a la palabra de Dios, registrada en las Escrituras, los Testigos de Jehová prestan un servicio muy útil.

Si solamente se mantuviesen en esa dirección inicial, y se edificase sobre ella lo que sigue . . .—pero ahí es donde radica el problema.

Después de la elevación inicial de su nivel de conocimiento, la vasta mayoría de personas entran en una meseta. Cuanto más se asocian, más enseñanzas organizacionales toman preeminencia sobre el estudio real y la meditación en las Escrituras mismas. Como resultado, muchos, tal vez la mayoría de los Testigos, después de veinte, treinta o cuarenta años de asociación saben relativamente poco más de la Biblia que lo que sabían al final de su primer año de asociación. Permanecen como niños, con gran dependencia de la “madre” organización, y con un sentimiento de inseguridad de estar sin su dirección en sus vidas y pensamientos. Su crecimiento espiritual se estanca—a menos que ellos mismos vayan más allá del “programa” de la Sociedad, y que por esfuerzo personal consigan un mayor conocimiento y entendimiento de las Escrituras. Como resultado de dejar que la organización actúe como su propia conciencia, su fuerza espiritual llega a ser en algunos aspectos menor de lo que lo fue en los primeros tiempos de asociación. Pueden aguantar dificultades, hasta sacrificios, por ser leales a la organización, y de esa forma dan apariencia de fortaleza espiritual. Pero no tienen la fuerza para tomar decisiones de conciencia genuinamente personales, ni para aceptar las consecuencias de tales decisiones.

Al principio me sentí atraído por la apelación al razonamiento que hacen muchas publicaciones de la Sociedad Watch Tower. Puesto que estas publicaciones fueron diseñadas a menudo para estimular a la gente de otras religiones a volver a examinar y valorar, incluso a cuestionar, la validez de sus enseñanzas religiosas, era imperativo que estas publicaciones enfatizaran la necesidad de pensar por uno mismo, de pensar independientemente. Al principio se le estimula a la gente a no creer ninguna enseñanza sin haberla puesto a prueba con profundidad por medio de las Escrituras. Pero tal prueba se restringe casi por entero a las creencias que la persona tenía anteriormente, y solamente se someten a examen algunas de ellas. El objetivo de gran parte de ese “examen” son enseñanzas tales como la inmortalidad inherente del alma humana, la creencia en un infierno de fuego y tormento físico o puntos similares. La argumentación está generalmente muy bien desarrollada en estos puntos. Debido a esto, la persona se impresiona al principio tanto que, cuando se presentan otras enseñanzas, se inclina a aceptarlas más o menos por confianza, sin exigir la misma evidencia.

Notablemente, la mayoría de los Testigos quedan tan impresionados por las enseñanzas expuestas en esta fase inicial, como la mortalidad del alma, el que infierno sea sinónimo de sepulcro o de estado de muerte, y puntos similares, que llegan a pensar y hablar de ellas como “las doctrinas básicas” de las Escrituras, enseñanzas que constituyen el criterio principal para identificar la única religión verdadera.

Sin embargo, no se puede encontrar en la Biblia ni siquiera un capítulo dedicado a tratar estos temas. No es que la gente en tiempos bíblicos no tuviese creencias sobre la inmortalidad del alma, o un lugar de tormento para los inicuos. La mayoría de razas y religiones las tenían. Pero los escritores bíblicos no fueron inspirados para hacer de la discusión o la refutación de estos asuntos los temas prominentes y fundamentales de sus escritos. Los textos y declaraciones relacionados con ellos son solo incidentales a la discusión de otros temas.

El Testigo promedio, entonces, puede creerse muy bien equipado para discutir el alma o el infierno de fuego, pero puede sentirse bastante perdido si se le pide que comente, por ejemplo, sobre la carta de Pablo a los Romanos, y sus poderosos argumentos respecto a la salvación por fe y no por obras. Aparte de un conjunto de “textos clave” empleados para apoyar las principales creencias de los Testigos, la mayoría de miembros tendría gran dificultad en discutir de manera inteligente la mayor parte de las cartas apostólicas.

Aproximación catequística

Aunque se fomenta el “estudio personal” con frecuencia, ese estudio se programa cuidadosamente. Se espera que los Testigos lean publicaciones específicas de la Sociedad Watch Tower con el fin de prepararse para las cinco reuniones semanales. Aunque una de estas reuniones incluye la lectura de uno o más capítulos de la Biblia, esto representa solo una porción menor del material asignado.[29] El énfasis se pone en las propias publicaciones de la organización, más que en la Biblia misma. Las reuniones en las que se considera el material asignado se programan a fondo, sin que se facilite ningún tipo de discusión abierta. Son principalmente largas sesiones de preguntas y respuestas, con las preguntas ya preparadas por la organización, y con las respuestas dadas en la publicación asignada. Esta es una aproximación “catequística”, que no estimula el esfuerzo mental genuino ni la discusión franca, sino meramente la repetición (aun si es en las propias palabras de uno) del pensamiento de la sede central de la organización. En realidad, en casi cada reunión a la que he asistido, un gran porcentaje de los participantes leían su respuesta a las preguntas palabra por palabra, directamente de la publicación asignada.

Aparte de esta rígida programación, una razón por la que rara vez surgen preguntas serias es, tal como indican los artículos de La Atalaya y ¡Despertad! antes citados, que la mayoría de la gente considera que “pensar es una tarea ardua”.[30] La mayoría están dispuestos a que otros piensen por ellos, aunque tal como señalan estos artículos, a ellos ‘les gusta creer que están pensando por sí mismos’, y creer que lo que han adoptado como la verdad es el producto del uso de sus propias facultades mentales.[31] La información contenida en las publicaciones de la Sociedad se presenta con gran positivismo, y pocos se sienten inclinados a cuestionar su veracidad o a efectuar el esfuerzo mental para poner a prueba sus argumentos.

Así, aunque se permiten preguntas, se espera siempre de quien cuestiona que acepte cualquier respuesta que le provean las publicaciones de la organización. El individuo debe permitir el ser “reajustado” por lo que la publicación diga. Porque cualquiera se expone a que se le califique de “terco”, “falto de humildad” y “presuntuoso”, si dice que la respuesta de la publicación es francamente insatisfactoria, que el argumento no parece sólido y que parece que se superpone el razonamiento y la interpretación humana sobre las Escrituras. Las dudas se equiparan a falta de fe, a evidencia de debilidad espiritual, de un espíritu orgulloso, de tendencia a la apostasía.

Es cierto que las publicaciones reconocen periódicamente que los escritores son, después de todo, “hombres imperfectos” y que la organización “jamás ha alegado ser infalible”. En la práctica real esto funciona de modo diferente. Uno se da cuenta de que esto aplica solo al pasado, no al presente. Aunque la organización tiene que reconocer que ha cambiado un número considerable de enseñanzas del pasado—lo que demuestra que estaban equivocadas—esos errores no la mueven a la modestia, de modo que recuerde a sus lectores que lo que dice ahora puede adolecer de esa misma imperfección. Por el contrario a los Testigos de Jehová se les exhorta a que acepten todo lo que se enseña en el momento como si fuera infalible. De hecho, se les dice: “Deben aceptar todo lo publicado como la verdad absoluta, hasta que llegue el momento en que quizás les digamos que no lo es”. Esto es control mental puro y simple.

En todo esto, la organización Watch Tower no está llevando a cabo algo nuevo o distintivo. Simplemente está siguiendo un patrón de conducta, que fue común en el pasado y lo es en el presente.

Intimidación intelectual

Para lograr el sometimiento de sus procesos de pensamiento, a los miembros de la congregación se les confronta constantemente con las alegaciones de que la organización tiene respaldo y autoridad divina , de que son el “esclavo fiel y discreto”. Por poner un solo ejemplo, La Atalaya de 1 de noviembre de 1964, afirma en la página 653:

Así como Jehová reveló sus verdades por medio de la congregación cristiana del primer siglo, hoy en día lo hace por medio de la congregación cristiana del día presente. Por medio de esta agencia está haciendo que se lleve a cabo el profetizar en una escala intensificada y sin paralelo. Toda esta actividad no es accidente. Jehová es el que está detrás de todo ello.

Entendemos que Dios “reveló sus verdades” en los tiempos de la congregación del primer siglo por inspiración divina, por comunicación y guía divinas a los apóstoles y a otros, con el resultado de habla y escritos inspirados que son tan ciertos hoy como lo fueron hace mil novecientos años. Decir que Dios hace hoy lo mismo “por medio de la congregación cristiana del día presente” equivale, para todos los efectos prácticos, a alegar inspiración divina. Se responsabiliza a Jehová de “todo ello”, y ¿qué siervo de Dios quisiera presentarle resistencia a Él? Tal como observó el anterior superintendente viajante, Ron Frye:

La Sociedad no alega estar inspirada, pero habla con el mismo grado de autoridad como si lo hubiese estado y lo estuviese, y exige que se le acepte sin cuestionar, sin siquiera permitir a la gente tener dudas o reservas sobre cualquier cosa que enseña. Luego piden que se les exima de responsabilidad cuando algo debe cambiarse o corregirse o cuando se incumple una profecía.

En lugar de hablar de información “inspirada”, las publicaciones presentan regularmente a la organización como la única en posesión de la verdad “revelada. Sobre esto Frye comenta:

La utilización del término “revelado” frente a la alegación de inspiración, es meramente un asunto de semántica—una distinción que no representa ninguna diferencia—y sólo se apela a él para explicar contradicciones y decepciones. Si se tiene el punto de vista de que son meramente un grupo de hombres religiosos sinceros, pero que carecen de guía divina especial, entonces sus experiencias toman sentido, porque ilustran el factor humano—errores de cálculo, sectarismo y así por el estilo. Pero, por otro lado, sostener que Jehová está detrás de todo esto no tiene sentido.

El concepto de “verdad revelada” se emplea repetidamente. Si es revelada, ¿quién la reveló? Se alega que Dios lo hizo. ¿Cómo, entonces, puede dejar de ser inspirado e infalible? Sin embargo, es enorme el contraste entre la revelación de verdad a los apóstoles y otros del primer siglo, y la historia de enseñanzas cambiantes y fluctuantes de la organización Watch Tower en tiempos modernos.

El cargo de profeta divino

Mediante un juego de palabras similar, la organización afirma que ella no hace profecías originales, sino que meramente proclama las que ya se encuentran en las Escrituras.[32] Esto, por supuesto, no está en completa armonía con los hechos, ya que en el pasado publicó predicciones centradas en ciertas fechas que no aparecen en ningún lugar en la Biblia.[33] A pesar de eso, esta presentación le permite reclamar para sí un cargo profético, mientras que al mismo tiempo se exime a sí misma de la responsabilidad que adecuadamente acarrea este cargo. Después de citar las palabras de Dios al pueblo rebelde en tiempos de Ezequiel, de modo que llegaran a saber “que resultó haber un profeta mismo en medio de ellos”, el libro “Las naciones sabrán que yo soy Jehová”… ¿cómo?, escrito por Fred Franz y publicado en 1971, resalta estos puntos (página 70):

Igualmente fue a una misión que envolvía aflicción que fue enviada la clase moderna de Ezequiel, a gente religiosa del mismo tipo que la del día de Ezequiel. Pero prescindiendo de cómo considere o repute la cristiandad a este grupo de testigos ungidos de Jehová, tiene que llegar el tiempo, y eso en breve, en que los que forman la cristiandad sabrán que realmente estuvo entre ellos un “profeta” de Jehová.

Posteriormente, en la página 292, el libro lleva el asunto mucho más lejos al decir:

¡Ninguno de nosotros debería querer ser como estos indecisos que no responden! Es mejor saber ahora, más bien que demasiado tarde, que hay una auténtica clase profética de cristianos entre nosotros, y aceptar y obrar en armonía con el mensaje, “no como palabra de hombres, sino, como lo que verdaderamente es, como la palabra de Dios.” (1 Tesalonicenses 2:13) Sobre el mensaje que fielmente entrega la clase de Ezequiel, Jehová positivamente declara que “tiene que realizarse.” Asevera que los que aguardan indecisos hasta que “se realice” “también tendrán que saber que un profeta mismo había resultado estar en medio de ellos.” (Ezequiel 33:33) No obstante, ese conocimiento demorado no significará salvación para ellos, porque cuando llegue sus corazones y sus caminos no habrán cambiado.

¿Qué se gana con titubear y dudar hasta el fin de que Jehová puede levantar y ha levantado un “profeta” genuino dentro de nuestra generación? Ciertamente tal cosa no conseguirá para nadie el favor y protección divinos que se necesitan durante la “tribulación grande” que le viene a la cristiandad y el resto de Babilonia la Grande, y que se aproxima velozmente.

Así, a la “clase del esclavo fiel y discreto” se le llama “la clase de Ezequiel” (como también la “clase de Jeremías”, la “clase de Elías”—utilizada en aplicación a sí mismos durante el período de la muerte del Juez Rutherford en 1942—y la “clase de Eliseo”—que se consideró que aplicaba durante y después de ese suceso).[34] El libro afirma que Jehová “ha levantado un ‘profeta’ genuino dentro de nuestra generación”. ¿Qué siervo de Dios no se sentiría motivado a acatar las palabras de ese “profeta genuino” de Dios? De hecho, el material citado advierte de resultados adversos a cualquiera que vacile y tenga dudas y, por consiguiente, deje de aceptar lo que este “profeta” dice.

Con frecuencia se cita el texto de Amós 3:7 que dice:

Porque el Señor Soberano Jehová no hará ni una cosa a no ser que haya revelado su asunto confidencial a sus siervos los profetas.

Lo que se dice allí de los profetas se aplica arbitrariamente a los tiempos modernos, y se les dice a los Testigos que en las Escrituras el “significado profético se nos da a conocer mediante ‘el esclavo fiel y discreto’, el grupo de cristianos ungidos que el Amo, Jesucristo, está usando ahora” y que “Jehová proporciona a sus siervos leales conocimiento por anticipado acerca del fin de este sistema”.[35]

Se pueden encontrar algunos ejemplos de este “conocimiento por anticipado” en varios artículos de La Atalaya de los años setenta y ochenta (vea la nota al pie de la página).[36] Estos artículos utilizan informes de noticias de aquel tiempo como evidencia de que “ya están teniendo lugar los sucesos que llevan a la destrucción de [Babilonia la Grande], . . . sí, ahora mismo [en 1981], se están viendo acontecimientos que están preparando el camino para esa ejecución” (señalando como inminentes destructores a los “poderes políticos militarizados”, a los “elementos radicales de la O.N.U.”), y que “difundidas expresiones respecto a la confrontación que se aproxima se oyen a menudo en las noticias del día.” Como apoyo, se presentan citas con respecto a la hostilidad de los comunistas hacia la religión. Esta era “una persistente señal obvia”. La “merma en las aguas” del río Eúfrates que precedió la destrucción de Babilonia antigua, tenía, según ellos, un cumplimiento moderno en el retiro de apoyo por parte de la gente a las religiones, y en particular a la cristiandad. Se afirmó que la “tendencia general” era “inequívoca”, y, nuevamente, se presentaron noticias del día como “la escritura sobre la pared”, como evidencia de que esta destrucción repentina vendría “muy pronto”.

Ahora, en los años noventa, el escenario mundial se ha alterado dramáticamente, la animosidad comunista hacia la religión se ha disipado (con la posibilidad de que desaparezca el comunismo, no la religión), y existen indicaciones sobre un resurgir religioso en gran parte del globo. Sin embargo, se les aseguró a los Testigos que las predicciones efectuadas sobre la base de noticias que entonces eran actuales, eran evidencia de que Dios estaba revelando sus “asuntos confidenciales” a una organización profética del día moderno, y que todos los Testigos tenían una razón mayor para salir y proclamar con denuedo y confianza este “conocimiento por anticipado” de Dios.

Cualquiera que lea la Biblia puede notar que los profetas de Dios jamás fueron inspirados para hablar una mezcla de verdad y de error, sus afirmaciones no necesitaron “ediciones posteriores”, corregidas para eliminar o encubrir razonamientos falsos. ¿Dónde, pues, existe un paralelo real?

La organización pretende arroparse con el papel imponente de profeta de Dios, reclamando la deferencia que ese cargo profético merece. Sin embargo, rehusa la responsabilidad por la veracidad que conlleva el cargo.

Cuando se le confronta con las palabras de Dios en Deuteronomio 18:20-22 en relación con esa veracidad profética, la organización da por sentado que no le aplican en su papel de “profeta genuino” y de “auténtica clase profética”, y sencillamente las aparta a un lado. ¿Con qué derecho hacen esto? ¿Queda excusada la organización de que se le aplique esa norma bíblica respecto al profeta genuino, sólo por decir “Bueno, todos somos imperfectos”? La organización solicita a sus adherentes que olviden su senda en el pasado, que está plagada de predicciones no cumplidas y de interpretaciones actualmente rechazadas como equivocadas, y que continúen teniendo confianza reverencial en lo que publica, concediéndole el honor, la dignidad, y las credenciales que se deben a un profeta de Dios. En lugar de humillarse por la evidencia clara de su derrotero errático y zigzagueante, se vuelve más estridente en sus alegaciones, más dogmática en sus pronunciamientos. ¿Es éste el derrotero del “profeta genuino” de Dios?

Autoridad apostólica

De manera similar, la organización se autoasigna el poder y la autoridad apostólica. Por un lado, rechaza la enseñanza católica de la “sucesión apostólica”. Sin embargo, solicita a sus miembros que la consideren a ella como si tuviese una posición similar. La Atalaya de 1 de septiembre de 1982, en la página 17, bajo el artículo intitulado “Sumisión leal al orden teocrático”, afirma:

Hoy, un resto de este ‘esclavo fiel’ todavía está vivo en la Tierra. Entre los deberes de este resto está el de recibir el alimento espiritual al debido tiempo y pasarlo a todos los siervos terrestres de Jehová. Ellos ocupan una posición similar a la que ocuparon Pablo y sus colaboradores cuando dicho apóstol dijo lo siguiente acerca de las maravillosas verdades que Dios da a su pueblo: “Es a nosotros que Dios las ha revelado por medio de su espíritu.” (1 Corintios 2:9, 10)

La organización sostiene en la afirmación anterior que tal como el apóstol Pablo recibió revelaciones de Dios, así sucede con el “alimento espiritual” que publica a través del Cuerpo Gobernante, que “es a nosotros que Dios las ha revelado por medio de su espíritu”. ¿Qué cristiano quiere ser culpable de rechazar la información divinamente revelada del apóstol Pablo? ¿Quién entonces, querría ser culpable de rechazar información de esta organización que sostiene llevar a cabo una función paralela? Con razonamientos de esta clase, ¿qué necesidad hay de presentar alegaciones abiertas de infalibilidad o de inspiración divina?

De modo similar a como se describe a sí misma como la “clase Jeremías”, la “clase Ezequiel”, y la “clase Elías y Eliseo”, en atribución de cargo profético, en 1988 la publicación de la organización Apocalipsis… ¡se acerca su grandiosa culminación! se refiere de manera regular a la organización como “la clase de Juan”, en atribución a un supuesto cargo profético.[37] Este cargo es igualmente un puesto auto-asignado, sin evidencia alguna de asignación divina.[38]

Quien nos ve a nosotros, ve al Cristo celestial

En las páginas 23 y 24 el mismo número de La Atalaya antes citado exalta mucho más la posición de la organización de esta manera:

Puesto que Cristo Jesús es ahora el Líder y Comandante entronizado de todos los que guerrean por la verdad y la justicia, en unidad podemos ‘aprender al observarle,’ tal como los 300 aprendieron al observar a Gedeón. (Jueces 7:17) Pero, ¿cómo podemos ‘observar’ hoy a Cristo, puesto que él es invisible? Le ‘observamos’ en el sentido de que discernimos sus señales como las da mediante su “esclavo” visible que ha sido nombrado sobre todos los intereses terrestres de Su Reino. (Mateo 24:45-47) Mediante ese conducto nombrado por espíritu, la dirección y estrategia de Cristo se comunica a todos los que son sus “soldados.” Estos últimos no pueden permitirse el adelantar por su propia cuenta ni impacientarse porque su punto de vista de las cosas no se realice. Nuestro Comandante invisible es quien fija el tiempo de los asuntos. El punto de vista de él es lo que debe considerarse importante, no nuestros propios puntos de vista personales.

La organización en este punto va mucho más allá de cumplir un papel de profeta y de apóstol. Sostiene que lo que la gente ve en ella equivale a observar al mismo Cristo invisible dando señales. De hecho, parangonan las palabras de Jesús “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, ya que ellos mismos están diciendo que ‘el que nos observa, está observando al Hijo’. (Juan 14:9)[39] Todo el mundo sabe lo que le sucede a un soldado que deja de obedecer las órdenes y señales de su comandante. Por tanto, ¿quién pensaría en desobedecer a la organización a la que uno puede mirar como si estuviese mirando al “Líder y Comandante” mesiánico que Jehová predijo?[40] Parece casi increíble que alguien pueda concebir a Jesús, en calidad de oficial comandante, enviando instrucciones en forma de una presentación errática, contradictoria y variable de los asuntos, tal como ha emanado de la organización a través de su historia. Pero se nos dice que el punto de vista que recibimos de la organización es el punto de vista de Cristo mismo, ‘fijado en el tiempo estratégicamente’ por él. Si la organización decide mantener durante décadas una posición equivocada, debemos estancarnos en ella; si se desvía por el camino equivocado, debemos seguirla sin importar la dirección que tome. Las palabras de Revelación 14:4, “Estos son los que van siguiendo al Cordero no importa adónde vaya”, de hecho se convierten en “Estos son los que siguen a la organización no importa adónde vaya”.

Mediación e intervención sacerdotal

Esto no termina aquí. Este artículo, junto con otros, urge a que la actitud de los Testigos hacia la organización debería ser como la mostrada a Moisés y al sacerdocio de Israel. Algunos artículos comparan a cualquiera que difiera de la organización con los que se rebelaron contra estos escogidos especiales de Dios.[41] No parece importar que la Biblia muestra que Jesucristo solo, no un grupo de hombres, es el Moisés Mayor, el profeta predicho como Moisés, a quien todos deben escuchar para salvación.[42] Tampoco se da consideración al hecho de que Él eliminó la división que existía entre una clase sacerdotal, y una clase no-sacerdotal, de forma que nadie necesita la intercesión de ningún sacerdote que no sea el único gran Sumo Sacerdote de Dios, Jesucristo.[43]

La organización alega una analogía con Moisés y el Sacerdocio aarónico, pero esa analogía se muestra falsa. Hace la alegación, pero no puede presentar las credenciales. Dios hizo que su elección de Moisés como su portavoz y mediador fuese clara e innegablemente manifiesta a todos por medio de hechos milagrosas relacionados con la selección y el nombramiento de Moisés. Dios nombró directamente al sacerdocio, acompañando su instauración con hechos divinos de poder, con el fin de establecer más allá de toda duda la validez de su nombramiento.[44] En contraste, la asignación y legitimación de la organización Watch Tower como merecedora del puesto de autoridad indiscutible que alega tener, proviene únicamente de ella misma.

Cuando uno considera que la organización se atribuye a sí misma el papel de profeta, de apóstol, de portavoz de Dios, de representante sacerdotal, de oficial jefe de comunicaciones para el Rey de Reyes y Superintendente de nuestras almas, de administrador de todos los intereses de Cristo sobre la tierra, de director de su casa o congregación, parece casi divertido—si no fuese trágico—leer este párrafo que aparece en la página 19 de La Atalaya de 1 de septiembre de 1982:

Una actitud mental de la cual tenemos que cuidarnos es la de tener una opinión demasiado elevada de nosotros mismos. (Romanos 12:3) Esa actitud pudiera llevar al cristiano a creer que tiene una misión especial de Dios aparte del conducto por el cual Jehová dispensa Sus verdades y dirige a Su casa. Esto, en realidad, colocaría a tal cristiano en una supuesta relación especial con Jehová de la cual no disfrutaría ningún otro hermano o hermana de la casa. Pero esa forma de aislamiento sólo puede llevar a insensatez: “El que se aísla buscará su propio anhelo egoísta; contra toda sabiduría práctica estallará.”—Proverbios 18:1.

Como se ha demostrado previamente, en el análisis final, el Cuerpo Gobernante se convierte en la “organización” real, el verdadero “conducto”. Todo lo que se dice de “la clase del esclavo fiel y discreto” y de la autoridad que se le atribuye, se relacionan principalmente con el pequeño grupo de (en el momento de escribir esta obra) doce hombres que componen el Cuerpo. Éstos son los beneficiarios finales de toda esta exaltación de posición y de las llamadas a la sumisión. Algo que no puedo comprender es cómo pueden los miembros del Cuerpo Gobernante permitir sin sonrojarse que se publiquen afirmaciones tales como las que acabamos de citar, siendo que tienen una posición tan obviamente exclusiva entre todos los Testigos, con prerrogativas y facultades que implican ciertamente una “relación especial con Jehová de la cual no disfrutaría ningún otro hermano o hermana de la casa”, y que actúan como el cuerpo ejecutivo y legislador principal, y como tribunal supremo para todas las congregaciones alrededor de la tierra. ¿Cómo podría un grupo de personas ‘tener una opinión más elevada de sí mismos’ de lo que se ha evidenciado por atribuirse todos los papeles encumbrados y tal autoridad? Cuando se analiza, se ve que el párrafo que se acaba de citar dice, de hecho, a todos los “miembros comunes” entre los Testigos: “¿Cómo pueden ustedes siquiera imaginarse que pueden llegar a tener una relación con Dios igual a la que tenemos nosotros?”

Viviendo en aislamiento

El material advierte del efecto desequilibrador que tiene el aislamiento. De todos los Testigos de Jehová, nadie está más “aislado” de la vida, tal como la viven las personas normales, nadie es más vulnerable al síndrome de la “torre de marfil”, nadie está más protegido de que se cuestionen sus alegaciones y decisiones, de tener que enfrentarse a sus interrogadores y responder directamente y con pruebas, nadie está más alejado de los problemas y presiones de los hombres de familia, de tener que ganar un jornal, de ser propietario de un hogar, de ser miembros comunes de la congregación, que el pequeño grupo de hombres que forman el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová.[45] Las reglas que ellos elaboran, a menudo después de solamente una hora o algo así de discusión, tienen generalmente poco impacto en sus propias vidas, pero puede tener un efecto enorme en las vidas de los Testigos de término medio. Simplemente adoptan la postura de que están más allá de toda corrección o instrucción que no provenga de Dios y de Cristo. Tal como lo expresa La Atalaya de 1 de julio de 1952, página 400:

Jehová y Cristo dirigen y corrigen al esclavo cuando es necesario, no nosotros como individuos. Si no entendemos un punto al principio debemos seguir tratando de entenderlo, en vez de oponernos y rechazarlo y presuntuosamente tomar la actitud de que probablemente nosotros tenemos razón en vez del esclavo, discreto. Mansamente debemos de ir a la par con la organización teocrática del Señor y esperar clarificación espiritual …

De ese modo ellos se colocan a sí mismos por encima de la corrección o de la instrucción de parte de compañeros cristianos corrientes, de parte de cualquier “otro hermano o hermana de la casa”. Sin embargo, ¡advierten sin sonrojarse a otros sobre los peligros de un punto de vista aislado y encumbrado! Parece casi absurdo que—en artículos tan cargados de auto-aprobación, auto-alabanza, y, auto-glorificación—la organización pueda al mismo tiempo acusar de orgulloso a cualquiera que crea en conciencia que esta alabanza y reverencia dadas a hombres deberían ser dadas únicamente a Dios y Cristo, y que se sienta aterrado con la idea de que humanos asuman una posición de superioridad exaltada sobre sus compañeros cristianos como la que la organización se ha adjudicado a sí misma.

Lo anterior no significa que no existan otros en la congregación que deriven cierto nivel de poder de estas alegaciones. Cuando el Cuerpo Gobernante, como la parte administrativa de la “clase del esclavo fiel y discreto”, alega que habla en nombre de Dios y de Cristo, todos los que hablan a favor de él—como el personal de la sede central que tiene funciones administrativas, los representantes de sucursales, los superintendentes viajantes, hasta los ancianos—reciben una especie de áurea radiante de autoridad, que los coloca en una relación distinta y especial con Dios (a través del Cuerpo Gobernante), que no disfruta el Testigo promedio. Con frecuencia estos hombres están prestos a recordar a cualquiera que no responda a su dirección, que ellos son representantes del Cuerpo Gobernante, haciendo ‘sentir su autoridad’ de ese modo.[46]

Sería provechoso revisar los métodos que emplearon hombres en el segundo y tercer siglo para impresionar a otros con la importancia de su posición superior, su relación superior con Dios y Cristo, tal como se discute en el capítulo 3 de esta obra. Esa revisión debería evidenciar que el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová no sólo ha ido tan lejos como estos primeros “obispos”—en muchos aspectos ha ido más lejos. Antes de la llegada del papado no se pueden encontrar alegaciones de tanta exclusividad eclesiástica como las que ha hecho la revista La Atalaya. Las alegaciones del papado están relacionadas con la autoridad de un solo hombre; las alegaciones de la organización Watch Tower están relacionadas con la autoridad de un grupo pequeño de hombres. El papa se presenta como el “vicario de Cristo en la tierra”, en efecto, el administrador escogido de Cristo. Los líderes de la organización Watch Tower, no utilizan el término “vicario”, sino que se describen como el único “mayordomo” a quien Cristo le ha asignado, desde 1919, “la dirección y administración de todos sus intereses sobre la tierra.” Esta es una distinción sin diferencia alguna, ya que sólo cambia la terminología. La afirmación es la misma.

En consonancia con este programa de adoctrinamiento constante, el efecto final de esta postura organizacional es la intimidación intelectual. De modo sutil se hace creer a los Testigos que deberían desconfiar de su propio pensamiento y juicio cuando leen la Biblia, que deberían desconfiar de su propio corazón y motivación, y que, sin importar cuánto se esfuercen por aplicar la palabra de Dios en conciencia, deberían desconfiar de sus conciencias como guía adecuada. Su confianza debe estar en “la organización”. Deben marchar a su paso. El seguir la guía de Cristo y del Espíritu santo en cualquier otra dirección equivale a adelantarse a Dios.

 


[1] Vea Crisis de Conciencia, páginas 12-22.

[2] ¡Despertad! de 22 de mayo de 1980, páginas 14, 15

[3] Mateo 23:25-28

[4] Augusto Oliveira, en una carta con fecha 30 de diciembre de 1987.

[5] La oficina de reclutamiento rechazó inicialmente mi solicitud para ser calificado como ministro, negó mi apelación, me envió la orden de alistamiento en los servicios armados, y hubiera sido juzgado y encarcelado de no haber sido porque mis apelaciones a las autoridades estatales y federales hicieron cambiar la decisión inicial de la oficina de reclutamiento.

[6] Es posible que no haya sido el caso de todos. En una sesión del Cuerpo Gobernante, Milton Henschel mencionó que le costaba trabajo mantenerse al día con los artículos de La Atalaya, y que rara vez leía los de ¡Despertad!. Esto pudiera ser cierto respecto de otros miembros.

[7] Romanos 13:1-5.

[8] Afirmación citada de una carta de Richard Abrahamson, actualmente miembro del equipo de redacción de la Oficina Central.

[9] Robert Lang fue para mí un ejemplo de un individuo que era la clase de persona que era, no debido a la organización, sino a pesar de la organización.

[10] Vea Crisis de Conciencia página 353, incluyendo la nota 7 de pie de página.

[11] Vea La Atalaya de 15 de diciembre de 1974, páginas 748-761.

[12] Uno podría preguntarse cuánto difiere esta actitud creada de aquélla que prevaleció en el régimen nazi de Alemania, cuando muchos individuos excusaron sus actos como simple obediencia a una autoridad superior, rehusando así cualquier responsabilidad personal.

[13] Gálatas 1:14

[14] Las citas son del libro de Steve Hassan Combatting Cult Mind Control (Combatiendo el control mental de las sectas), páginas 13, 19, 24, 42, (Park Street Press, 1988).

[15] Combatting Cult Mind Control, páginas 42, 76

[16] Ibid. página 55. Un artículo en ¡Despertad! de 8 de agosto de 1965 (edición en inglés) dijo de manera similar: “Contrario a la creencia común, es la persona ‘normal’, ‘de término medio’ la que es adoctrinada más fácilmente. Tal persona es ‘normal’ debido a que ha sido influenciada a tal extremo por la comunidad, que se conforma a todas sus normas sociales y se comporta únicamente de manera ‘aceptable’. Las opiniones que sostiene son a menudo prestadas, y generalmente no proceden de un pensar independiente e intelectual.” El artículo alega que los Testigos de Jehová son diferentes en estos aspectos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, ellos ejemplifican la misma clase de persona descrita.

[17] Combatting Cult Mind Control, páginas 61, 62, 84.

[18] Juan 17:14-16.

[19] El artículo de la revista ¡Despertad! sobre mantener una mente receptiva lleva una ilustración de un hombre que expresa rechazo decidido con la cabeza y con las manos. La ilustración podría ser la de un católico o de un protestante que rechaza literatura de los Testigos de Jehová, que difiere de sus creencias. Podría ser también la de un Testigo rechazando firmemente literatura que difiere de sus creencias.

[20] Mateo 7:3-5.

[21] 1 Corintios 9: 19-23.

[22] Compare con Juan 12:42.

[23] Mateo 15: 1-9; Juan 9:16; vea también “Fariseos” en la obra Perspicacia a partir de las Escrituras, publicada por la Sociedad Watch Tower.

[24] Gálatas 1:6-9.

[25] Vea el Capítulo 2 (páginas 32 y 33 de la edición en inglés).

[26] 2 Corintios 2:12; 4:4; 9:13.

[27] Revelación 14:6; Judas 3.

[28] Esto es así, incluso a pesar de haber nacido de padres que ya eran Testigos.

[29] Como quizá por lo menos alguna indicación del grado de la relativa importancia que se da a la misma Biblia, si hay niños inscritos en la Escuela Teocrática, a menudo su asignación consiste en realizar esa lectura de la Biblia.

[30] ¡Despertad!, 8 de febrero de 1979, página 3.

[31] La Atalaya, 15 de noviembre de 1956, página 680.

[32] El término original griego para “profetizar”, tiene el sentido básico simple de “proclamar” o de “divulgar”, y puede incluir o no la predicción.

[33] Puede decirse que hasta cuando cita profecías directamente de la Biblia, es generalmente su interpretación de esa profecía lo que ella proclama—interpretación que a menudo demuestra ser errónea.

[34] Vea el libro Santificado sea tu nombre páginas 331-335. El libro Apocalipsis…¡se acerca su magnífica culminación!, página 166, habla en tono similar de los “mensajes candentes de juicio” proclamados por los representantes de la Sociedad Watch Tower en el período de 1914 a 1918, como que fueron “prefigurados por la obra profética de Moisés y Elías”. A pesar de esto, hoy la organización no considera aquellos “mensajes candentes de juicio” suficientemente importantes, ni siquiera como para seguir imprimiéndolos.

[35] La Atalaya de 1 de julio de 1984, páginas 8, 9.

[36] Vea La Atalaya de 1 de julio de 1984, páginas 8, 9; 1 de abril de 1981, páginas 17-23; 15 de junio de 1977, páginas 361-365.

[37] La Atalaya de 15 de marzo de 1968, página 171, urgiendo sumisión a la organización visible, afirma que “tenemos que estar de acuerdo plena y completamente con todo rasgo de su procedimiento y requisitos apostólicos”.

[38] Tal como John R. Stott lo menciona aptamente en su comentario sobre Gálatas: “[Los apóstoles] fueron escogidos, llamados y comisionados personalmente por Jesucristo, y fueron autorizados a enseñar en su nombre. . . . No puede haber entonces, sucesión apostólica diferente a la lealtad a la doctrina apostólica del Nuevo Testamento. Los apóstoles no tuvieron sucesores. En la naturaleza del caso, nadie podía sucederlos. Fueron únicos.” (John R Stott, Only One Way [Intervarsity Press, Leicester/Downers Grove, 1968], página 13).

[39] Es cierto que en Lucas 10:16 Jesús dice: “El que les escucha a ustedes me escucha a mí”. Sin embargo, estas palabras fueron dirigidas a setenta discípulos que llevaban el mismo evangelio que él había predicado, no algún mensaje que ellos mismos hubiesen desarrollado. Una cosa es hablar fielmente las palabras y el mensaje de Cristo tal como han sido preservados para nosotros en las Escrituras. Otra cosa muy distinta es sostener que, a través de alguna dirección religiosa particular que actúa como cuerpo gobernante, Cristo está revelando ahora cosas que van más allá de las cosas escritas, alegando tener su apoyo para todas las diferentes normas, para todas las predicciones respecto a ciertas fechas y para las interpretaciones frecuentemente cambiantes de profecías, aplicándolas a ciertos períodos o a ciertos acontecimientos en la historia de la organización. El efecto último es hacer que las Escrituras sean insuficientes, incompletas, que necesiten a la organización para suministrar los elementos necesarios.

[40] Isaías 55:4.

[41] Vea por ejemplo, La Atalaya de 1 de septiembre de 1982, páginas 17, 18 y la de 15 de enero de 1983, página 13.

[42] Hechos 3:20-23.

[43] 1 Pedro 2:7-9; Hebreos 3:1; 8:1; 10:19-22.

[44] Éxodo 4:1-9, 20, 21; 33:7-11; Levítico 8:1-13; 9:22-24; Números 16:1-35; 17:1-10.

[45] A diferencia del apóstol Pablo, ninguno de ellos ha realizado trabajo seglar alguno en décadas, la mayoría de ellos en medio siglo. Sólo uno tuvo la experiencia de criar un hijo.

[46] Mateo 20:25, Versión Popular. Vea también las afirmaciones de los representantes de la Sociedad Watch Tower y de anteriores superintendentes viajantes citadas en los capítulos 6 y 7 (páginas 188, 189, 195, 196, 198-200, 212, 213 de la edición en inglés)

2 comentarios en “12. Adoctrinamiento y subordinación”

  1. Totalmente de a cuerdo con mi hermano Ray Franz.
    Que Jehová me permita conocerlo en la resurrección durante el reinado justo de Cristo.

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