6. Salvación por fe, no por obras

“Por esta bondad inmerecida, en verdad, ustedes han sido salvados mediante fe; y esto no debido a ustedes: es dádiva de Dios. No, no es debido a obras, a fin de que nadie tenga base para jactarse.” 

—Efesios 2:8, 9.

 AUNQUE el cristiano no está bajo ley, este hecho no hace, o no debería hacer, que esté fuera de la ley. Por el hecho de estar en gracia de Dios, su libertad de la sujeción a la ley debería resultar, no en una carencia de justicia, sino en una justicia superior, una justicia originada en Dios, basada en fe, en amor y en verdad, más bien que en la obediencia a un código religioso. Del mismo modo, el que sea salvo sobre la base de la fe más bien que en obras, debería resultar, no en inactividad, pasividad o apatía, sino en una actividad superior, que fluyese debido a los mismos factores.

En ambos casos, la diferencia la marca la fuerza motivadora. El espíritu con el que se hacen las cosas es la clave para la superioridad que reside en la libertad cristiana. Es la diferencia entre hacer algo con un sentimiento de obligación y hacerlo espontáneamente, algo que se hace libremente desde el corazón. La fe y el amor genuinos deben brotar del interior de la persona, no deben ser el resultado de presiones externas. El estímulo, incluso la exhortación, puede ser un factor positivo y beneficioso, pero la presión para amoldarse a un programa de actividades específicas opera en contra de esa verdadera motivación.

Cuanto más estructurado y sistematizado es el programa, y cuanto más se aplica la presión externa para amoldarse a ese programa, menos oportunidad hay para que se expresen espontáneamente la fe y el amor. Estas oportunidades se arrinconan en muchos casos. Como resultado, se debe cuestionar la calidad y la naturaleza de la motivación de las obras y acciones que resultan.

¿Cuál es la situación en la organización de los Testigos de Jehová en este respecto? La organización Watch Tower alega creer en la enseñanza bíblica de que somos salvados por fe, no por obras. Pero ¿es esto cierto en la práctica real? Hemos visto el intenso énfasis que se pone en la sumisión a la autoridad centralizada, equiparando la lealtad a ella y a sus indicaciones con la lealtad a Dios y a Cristo. ¿Qué efecto tiene esto en el modo en que los Testigos de Jehová en conjunto ven su servicio a Dios, a Cristo, y a su prójimo? ¿Es saludable el efecto, o opera en última instancia en contra del principio bíblico discutido aquí?

En la mayoría de los países los Testigos de Jehová son conocidos por su intensa actividad llevando su mensaje de puerta en puerta. Las publicaciones de la Sociedad Watch Tower llaman regularmente la atención a los cientos de millones de horas dedicadas anualmente en esta actividad por el colectivo mundial, con la consecuente distribución de cientos de millones de ejemplares de literatura. Se hace la alegación de que de ese modo ellos sobresalen en ejemplificar la actividad de los cristianos del primer siglo, no sólo en celo, sino en el método empleado—visitas de puerta en de puerta—y que esto es una evidencia de que ellos, de entre todos los que profesan el cristianismo, son los verdaderos proclamadores de las buenas nuevas hoy día.

No se puede cuestionar de ningún modo la realidad de esta actividad. La cuestión más importante tiene que ver con la razón por la cual los Testigos de Jehová, como grupo religioso, se envuelven en la actividad pública de testificación. ¿Es algo que ellos han decidido hacer individual y libremente como resultado de una convicción verdaderamente personal, siendo el amor y la fe las fuerzas motivadoras que determinan cómo, dónde y en qué medida participan en esta actividad? ¿Está la exhortación de la organización libre de toda evidencia de presión coercitiva, sea abierta o velada? O más bien, ¿se les hace sentir a los miembros que el celo por trabajar en el programa de la organización tendrá un efecto determinante en la garantía de salvación de parte de Dios, de modo que el no dar un fuerte apoyo a ese programa induce un sentimiento de culpa atormentador?

Sea cual sea el caso respecto a cuán genuinamente motivados están los individuos particulares dentro de la comunidad—y definitivamente se pueden encontrar personas amorosas, motivadas de corazón—¿cuál es la situación respecto al conjunto de la comunidad? ¿Cuál es el espíritu dominante y cuáles son el sentimiento característico y la actitud que desarrolla el mensaje y las indicaciones de la organización?

La evidencia que responde a estas preguntas proviene del interior de la propia organización.

        Normas y presión de origen humano

Una ilustración del espíritu prevaleciente dentro de la organización se encuentra en la actitud que mostró el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová hacia cierto material preparado originalmente para ser incluido en un comentario bíblico sobre la carta de Santiago.

El comentario había sido escrito principalmente por Edward Dunlap, anterior registrador de la escuela misional de la Sociedad Watch Tower, llamada Galaad, y coautor fundamental de su diccionario bíblico, Ayuda para entender la Biblia (ahora llamado Perspicacia para comprender las Escrituras). Ed Dunlap era un Testigos muy activo. Durante los últimos cinco o seis años de mi residencia en el complejo de la central internacional de la Sociedad Watch Tower en Brooklyn, viví en habitaciones cercanas a las suyas, y cada domingo por la mañana, prácticamente sin excepción, se podía ver a Ed y a su esposa dirigiéndose a la estación de metro para ir a la congregación de Canarsie con el fin de participar en el “servicio del campo” en grupo con otros miembros de la congregación. En este aspecto era mucho más ejemplar que algunos miembros del Cuerpo Gobernante.

Demostrando que no creía en un cristianismo pasivo y apático, Ed Dunlap indicó en la introducción al comentario bíblico que la carta del discípulo Santiago refutaba la idea de que la fe y las obras eran mutuamente excluyentes, o “que para el cristiano bastaba con una fe puramente intelectual”. Continuó diciendo sobre los que desestiman el valor de las obras:

Esto pasaría por alto el que fuera necesario que la fe afectara el corazón, y negaría que la fe tuviera poder para impulsar a la persona a efectuar cambios en su personalidad y en su vida y a hacer cosas para otras personas en una expresión positiva de esa fe. Si sostenían esta idea, aquellos cristianos estaban llegando a ser como las personas de las cuales Pedro dice que tienen “una forma de devoción piadosa, mas resultan falsas a su poder”—2 Tim. 3:3

. . . De ninguna manera estaba diciendo Santiago que las obras por sí mismas pueden traer salvación. No podemos, propiamente, idear una fórmula ni construir una estructura por medio de las cuales podamos forjar nuestra salvación. La fe tiene que estar allí primero. Como claramente lo enfatizó Santiago, las buenas obras vienen espontáneamente del corazón, con el motivo o móvil correcto de ayudar a la gente por amor y compasión. La vida de Jesús es una ilustración de esto. La ley que el cristiano sigue es “la ley de un pueblo libre,” no un código de leyes como la ley mosaica. (Sant. 2:12; Rom. 2:29; 7:6; 2 Cor. 3:6) Es la ley divina que está escrita en el corazón del cristiano.—Jer. 31:33; Heb. 8:10.[1]

Había sido muy difícil conseguir que el Cuerpo Gobernante en conjunto accediese a la recomendación del Departamento de Redacción para escribir un comentario bíblico, no sólo sobre la carta de Santiago, sino cualquier comentario. Por alguna razón ciertos miembros parecían considerarlo una empresa arriesgada, y expresaban fuertes reservas o sentimientos negativos hacia el proyecto.[2] Aunque eventualmente se aprobó, se publicó y se incluyó en el programa de estudio por un período de tiempo, este comentario (el único comentario bíblico real que ha producido jamás la organización) se ha dejado de imprimir. Algo que ayuda a entender el por qué, es una decisión tomada con referencia al libro en una de las sesiones del Cuerpo Gobernante.

En el párrafo que sigue a los puntos citados anteriormente, el libro, tal como se escribió originalmente, continuaba diciendo:

Como lo muestra Santiago, ningún cristiano debería juzgar a su hermano o establecer normas humanas que éste tenga que seguir, aunque puede estimular a un hermano e incitarlo a obras excelentes; y hasta puede censurar a su hermano en los casos en que hay razón bíblica clara y prueba bíblica para lo que dice. (Sant. 4:11, 12; Gál. 6:1; Heb. 10:24) Las obras correctas, al ejecutarse, deben llevarse a cabo en respuesta a su conciencia. El cristiano verdadero no hace las cosas por repetición mecánica, y no necesita un detallado código de reglas. Tampoco lleva a cabo sus buenas obras debido a la presión de los hombres. El apóstol Pablo resalta estos hechos en Romanos capítulo 14. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, esto resultará razonablemente en obras. Serán buenas obras que Dios recompensará, porque se ejecutan debido a un corazón devoto. Sin embargo, el que trata de conseguir la justicia por medio de una estructura minuciosamente definida sobre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, fracasará. Tal “justicia” es de los hombres y no de Dios.

Esta es una cita literal de este párrafo (de la página 7) tal como se aprobó originalmente por el Comité de Redacción del Cuerpo Gobernante, se envió a la imprenta de la Sociedad Watch Tower en Brooklyn, y de hecho se imprimió en cientos de miles de copias. No obstante, aparte de los miembros del Cuerpo Gobernante y de otras pocas personas, ningún Testigo ha visto este texto, ni lo encontrará en la copia del comentario que posee. La razón es que debido a la oposición de ciertos miembros del Cuerpo Gobernante, se reescribió el párrafo, y se destruyeron los cientos de miles de copias que ya se habían imprimido—no solamente cientos de miles de páginas individuales, sino secciones de 32 páginas cada una.[3] ¿Por qué? Los puntos a los que objetaron, y que cambiaron en última instancia, son significativos por lo que revelan en cuanto al pensamiento de esos mismos hombres.

Considere este mismo párrafo tal como aparece en el comentario, como finalmente se publicó y se distribuyó:

Como lo muestra Santiago, ningún cristiano debería juzgar a su hermano o establecer normas humanas como medio de conseguir la salvación, aunque puede estimular a un hermano e incitarlo a obras excelentes; y hasta puede censurar a su hermano en los casos en que hay razón bíblica clara y prueba bíblica para lo que dice. (Sant. 4:11, 12; Gál. 6:1; Heb. 10:24) Las obras correctas, al ejecutarse, deben llevarse a cabo en respuesta a la dirección de la Palabra de Dios. El cristiano verdadero no hace las cosas por repetición mecánica, y no necesita un detallado código de reglas. Tampoco lleva a cabo sus buenas obras sólo para complacer a hombres. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, lo razonable es que eso resulte en obras excelentes, entre las cuales estarán el predicar y enseñar las buenas nuevas del Reino. (Mat. 24:14; 28:19, 20) Serán buenas obras que Dios recompensará, porque se ejecutan debido a un corazón devoto. Tampoco lleva a cabo sus buenas obras sólo para complacer a hombres. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, lo razonable es que eso resulte en obras excelentes, entre las cuales estarán el predicar y enseñar las buenas nuevas del Reino. (Mat. 24:14; 28:19, 20) Sin embargo, el que trata de conseguir la justicia por medio de una estructura minuciosamente definida sobre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, fracasará. Tal “justicia” es de los hombres y no de Dios.

Ciertamente en sí mismo no hay nada objetable con esta forma final en que se publicó el párrafo. La mayor parte del mismo es igual que la versión original. De hecho, uno se podría preguntar por qué los miembros del Cuerpo Gobernante estuvieron tan opuestos a la versión original como para ordenar la destrucción de cientos de miles de copias de la sección de 32 páginas. Sin embargo se han introducido cambios sutiles, y estos cambios son significativos. Estos cambios aportan discernimiento respecto al modo de pensar y al espíritu que caracteriza a muchos miembros del Cuerpo Gobernante. Considere los cambios introducidos entre el escrito original y el que se publicó finalmente:

Original

Revisado

Como lo muestra Santiago, ningún cristiano debería juzgar a su hermano o establecer normas humanas que éste tenga que seguir, . . . Como lo muestra Santiago, ningún cristiano debería juzgar a su hermano o establecer normas humanas como medio de conseguir la salvación, . . .
Las obras correctas, al ejecutarse, deben llevarse a cabo en respuesta a su conciencia. Las obras correctas, al ejecutarse, deben llevarse a cabo en respuesta a la dirección de la Palabra de Dios.
Tampoco lleva a cabo sus buenas obras debido a la presión de los hombres. El apóstol Pablo resalta estos hechos en Romanos capítulo 14. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, esto resultará razonablemente en obras. Tampoco lleva a cabo sus buenas obras sólo para complacer a hombres. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, lo razonable es que eso resulte en obras excelentes, entre las cuales estarán el predicar y enseñar las buenas nuevas del Reino. (Mat. 24:14; 28:19, 20)

Lo incorrecto de que un cristiano intente “establecer normas humanas que éste [un hermano] tenga que seguir” ha sido alterado, por tanto, para decir “normas humanas como medio de conseguir la salvación”; se ha eliminado la referencia al papel de la “conciencia” al realizar obras justas, poniendo en su lugar “la dirección de la Palabra de Dios”; la afirmación de que el cristiano no ejecuta sus buenas obras “debido a la presión de los hombres” ha sido cambiada para leer “sólo para complacer a hombres”; y se ha cortado toda referencia al capítulo catorce  de Romanos, insertado en su lugar la referencia a “predicar y enseñar las buenas nuevas del Reino”, a pesar de que  en la entera carta de Santiago el propio discípulo en ninguna parte habla de esa actividad de predicar, mientras que sí lo hace de cuidar de huérfanos y viudas, de respeto por los pobres, de cuidar por los miembros necesitados de la congregación, del trato apropiado de asalariados, todo en relación con mostrar lo que es la genuina adoración cristiana, y con ilustrar obras de verdadera fe, compasión y amor.

¿Qué revela esto? Es cierto que ningún cristiano tiene el derecho de establecer normas humanas “como medio de conseguir la salvación”. Pero ¿por qué desearon los miembros del Cuerpo Gobernante limitarlo a esto, y por qué objetaron a la versión inicial, que ampliaba el asunto a cualquier norma humana establecida como algo que el hermano de uno “tenga que seguir”? La razón evidente es que por décadas la práctica de la organización ha sido el establecer precisamente tales normas humanas e insistir en que hay que adherirse a ellas, siendo en muchos casos la expulsión la consecuencia de incumplirlas.[4] (Y se puede decir que cuando la expulsión es el castigo por el incumplimiento de una norma establecida, de hecho, esa norma se convierte en algo necesario “para conseguir la salvación”).

El cristiano, de hecho, realiza obras justas “en respuesta a la dirección de la Palabra de Dios”, tal como lee el texto revisado del comentario. Pero ¿por qué eliminar la “conciencia” del asunto, tal como se encontraba en la versión inicial? En última instancia, ¿no juega un papel vital la conciencia de uno al decidir en qué modo realizará ciertas obras, e incluso en tener una convicción personal en cuanto a las obras particulares que son “obras correctas” y en armonía con la Palabra de Dios? ¿Por qué estos cambios? Porque por décadas la organización ha enfatizado, no un cristianismo que refleja una fuerte convicción personal, sino un cristianismo distinguido por conformidad organizacional, con la autoridad centralizada determinando por sus miembros cuál es precisamente la “dirección de la Palabra de Dios” y cuál debería ser la “respuesta” de ellos a esa dirección. El propio ejercicio de la conciencia personal se ve como algo que requiere ser controlado por la organización.

También es cierto que el cristiano no realiza sus buenas obras “sólo para complacer a hombres”. Pero ¿qué es lo que normalmente provoca que uno se sienta inclinado, incluso bajo obligación de complacer a hombres? ¿No es la presión aplicada en una gran variedad de formas—presión de grupo, presión basada en un sistema de recompensas, presión debida al temor de ser considerado como que no se está a la altura de las expectativas? Puesto que esta presión está en la raíz del problema de ‘complacer a hombres’, ¿por qué la eliminación de la referencia a “presión” que estaba en la versión original? Cuando se discutió esta porción, el miembro del Cuerpo Gobernante Jaracz, recomendó este cambio, diciendo que él pensaba que “la presión puede ser algo bueno”. Y durante décadas la organización ha ejercido presión sobre sus miembros, presión para participar en actividades organizacionales específicas y para estar a la altura de normas humanas establecidas por la organización, con poca o ninguna consideración de si la conciencia individual del miembro lo mueve a actuar así o no. Un medio notable para ejercer mucha presión ha sido el empleo de la hoja de “Informe del Servicio del Campo” que cada Testigo debe rellenar cada mes (anotando la actividad en el trabajo de puerta en puerta y en otras actividades análogas), entregándola a la congregación para ser registrada en una “Tarjeta de Publicador” que se guarda en un archivo para ser examinada por los ancianos y por los “superintendentes de circuito” visitantes.

¿Es este punto de vista simplemente el de alguien que quiere eludir el realizar “obras correctas”, que es carente de celo para practicarlas o demasiado orgulloso para participar en ciertas actividades enfatizadas por la organización? Este es el modo como presenta el asunto en las publicaciones de la Sociedad Watch Tower. Así, el libro de 1988 Apocalipsis… ¡se acerca su magnífica culminación!, página 45, habla de:

. . .  alguien critique la manera como Jehová hace que se efectúe su obra y apele al espíritu de ahorrarse esfuerzos, al alegar que no es ni bíblico ni necesario llevar el mensaje del Reino de casa en casa. El participar en ese servicio según el ejemplo de Jesús y sus apóstoles mantendría humildes a estas personas; pero prefieren separarse buscando una vida fácil, quizás solamente leyendo la Biblia de vez en cuando como grupo particular. (Mateo 10:7, 11-13; Hechos 5:42; 20:20, 21.)

Un artículo en la revista ¡Despertad! de 22 de mayo de 1990, sobre “Cinco falacias comunes” empleadas en la argumentación, lista la primera como “Descalificación de la persona”. En las páginas 12 y 13 dice que:

Este tipo de falacia trata de refutar o poner en duda un argumento o declaración perfectamente válido por medio de descalificar a la persona que lo presenta.

. . . ¡Qué fácil es tachar a alguien de “estúpido”, “loco” o “inculto” cuando dice algo que no queremos oír! Una táctica similar es la de desacreditar a la persona de una forma sutil e indirecta. . . .

No obstante, aunque los intentos —directos o indirectos— de descalificar a la persona pueden intimidar y persuadir, nunca refutan lo que se ha dicho. De modo que no se deje engañar por esa falacia.

Esas tácticas falaces son precisamente lo que empleó el escritor de la Sociedad Watch Tower en la porción recién citada del libro Apocalipsis. De hecho, cuán fácil es tachar a alguien de “criticar la manera como Jehová hace que se efectúe su obra” y de “apelar al espíritu de ahorrarse esfuerzos”, y de no ser “humilde” y de preferir “separarse buscando una vida fácil”, si la persona presenta evidencia bíblica contraria a las alegaciones de la Sociedad. Es mucho más fácil tachar a la persona de algo y desacreditarla, que responder a los argumentos bíblicos, que es lo que realmente está en disputa.

Se puede ver que este punto de vista desdeñoso es falso, considerando otro ejemplo más temprano que fue motivo de debate en el Cuerpo Gobernante. Tuvo que ver con los medios empleados para asegurar que los Testigos dedicasen regularmente una porción de su tiempo a la distribución de las publicaciones de la organización de puerta en puerta.

Allá en 1971 se estaba preparando un manual organizacional titulado Organización para predicar el Reino y hacer discípulos. El proyecto estaba bajo la dirección de Karl Adams, entonces superintendente del Departamento de Redacción de la central internacional. De manera incuestionable, en ese período alcanzó una posición cercana a la de Fred Franz en la organización mundial, al ser investido por el Presidente Knorr con responsabilidad en cuanto a cuál sería el contenido de las publicaciones de la organización. Es cierto que Fred Franz era, en efecto, la única fuente de “nueva luz” y, excepto en raros casos de veto por parte del Presidente Knorr, él era el árbitro final en cuestiones bíblicas. No obstante, en el día a día, y en relación con el grueso de las cosas publicadas, Nathan Knorr en realidad confiaba más en Karl Adams que en Fred Franz.[5] Tenía gran confianza en el juicio de Karl, y Karl era sin duda una persona más práctica que el vicepresidente. La asignación de Karl vino, no del Cuerpo Gobernante, sino directamente del Presidente Knorr. Knorr mismo asignaba a los que tenían que escribir artículos principales (llamados “artículos de estudio”) para La Atalaya. Todos las demás asignaciones para los hombres (aparte de Fred Franz) en el Departamento de Redacción de la oficina central en esa época venían a través de Karl Adams, y generalmente partían de él mismo, aunque Karl no era un miembro del Cuerpo Gobernante, ni profesaba ser uno de los “ungidos”. En el proyecto mencionado, seleccionó y asignó a Ed Dunlap y a mí (entonces miembro del Cuerpo Gobernante) para trabajar con él en la redacción del manual organizacional, escribiendo cada uno de nosotros aproximadamente un tercio del material. Vale la pena destacar que nosotros tres éramos consistentemente activos en el programa organizacional de “servicio del campo” y de asistencia a las reuniones.

Cuando el proyecto se aproximaba a su fin, Karl Adams escribió una carta al Presidente Knorr, pidiendo guía en puntos específicos. Aunque tenía que ver con lo que habíamos elaborado nosotros tres, la carta, fechada el 18 de noviembre de 1971, no había sido redactada entre los tres. El contenido era de Karl Adams mismo. Él era el supervisor presidencialmente nombrado del Departamento de Redacción, y Ed Dunlap y yo éramos sus subordinados en ese departamento. Por lo tanto, no estaba bajo ninguna presión para discutir lo que discutía o de presentar la información del modo que la presentó. Creo que Karl reconocería honestamente esta realidad. Note, pues, lo que escribió al Presidente Knorr en cuanto a los efectos que tiene en los Testigos el uso de la hoja de informe de la organización, tal como se presentó en una sección de su carta, titulada “Informando el servicio del campo”:

En este momento informamos los libros, folletos, y revistas colocados, y también las subscripciones obtenidas. El resultado es que demasiado a menudo, los publicadores consideran su “éxito” en términos de lo que han colocado. La literatura es una ayuda maravillosa par ayudar a la gente a aprender la verdad, pero los publicadores tienden con frecuencia a considerar la colocación como su “meta”. Cuando encuentran a alguien que ya tiene literatura, en lugar de dirigir su atención a la obra vital de hacer discípulos, se inclinan a pensar en términos de qué nueva publicación llevan que pudieran colocar en manos de la persona. [¿Por qué?] Saben que la congregación va a mantener un registro de lo que colocan individualmente. Esto influye en el uso que hacen de la literatura. También, el hecho que se informe lo colocado, tiene influencia en la base sobre la cual los siervos [ancianos] en las congregaciones tienden a alabar el trabajo hecho por los publicadores. No se hace ningún informe del amor mostrado a otros hermanos, o de cómo una persona desempeña sus responsabilidades cristianas en el hogar, o de cómo se manifiestan los frutos el espíritu, así que la tendencia es a enfatizar el valor de estas cifras en la tarjeta de publicador más allá de lo que ellas se merecen.

Pocos Testigos estarían en desacuerdo con las observaciones de Karl Adams, pues saben que son ciertas. Karl nos había pedido la opinión a Ed Dunlap y a mí, y nosotros comentamos de modo particular sobre los problemas bíblicos del arreglo de informar. Algunos de estos comentarios están reflejados en lo que Karl continúa escribiendo. Sin embargo, no sería cierto asumir que lo que escribió no reflejaba su propio pensamiento sobre el asunto. Los que lo conocen saben que es una persona que no adopta fácilmente las ideas de otros, ni las presenta como suyas, particularmente las de sus subordinados. No sólo son de Karl Adams las palabras siguientes, los pensamientos que expresan también lo son, pues las expresó en esencia en la discusión que mantuvo con nosotros. De hecho, me sorprendió el grado de franqueza manifestado en su carta. Karl escribió:

Debemos admitir que el entero arreglo de informar nuestro servicio del campo es algo que va más allá de lo que la Biblia requiere específicamente de los cristianos. Siendo esto así, cualquier cosa que se haga en el modo de informar debería manejarse de una forma que evitara cualquier conflicto con el consejo de Jesús, que dice: “Cuídense mucho para que no practiquen su justicia delante de los hombres a fin de ser observados por ellos” (Mat. 6:1). También, en 2 Corintios 10:12 Pablo advirtió contra exaltarse uno mismo por medio de hacer comparaciones (Ver también Gálatas 5:26). Sin embargo, el mantener un registro de colocaciones tiende a hacer que los publicadores piensen en esos términos. Como es bien conocido, los siervos [superintendentes] de circuito han desanimado a siervos [ancianos] que trabajan duro en las congregaciones, por presionarles en asuntos que tienen que ver con sus informes de servicio del campo, cuando, en realidad, estaban haciendo esfuerzos por  pastorear el rebaño—pero, por supuesto, ese tiempo no aparece en el informe. Y, al hablar a la entera congregación, un siervo [superintendente] de circuito a menudo da más atención a si la congregación está colocando 12 revistas por publicador que a si hay amor cristiano genuino en la congregación.

¿El efecto sobre el Testigo individual? El memorándum de Karl Adams afirma:

Este punto de vista deforma la apreciación que tiene la persona de lo que en realidad dice la Biblia. Romanos 15:1 se refiere al hecho de que los que son fuertes deberían ayudar a los que no lo son. El contexto discute la fe de uno. Pero los siervos [ancianos] han sido entrenados para aplicar esto a ayudar a los publicadores cuyo informe del servicio del campo es bajo. Y cuando empleamos textos bíblicos que hablan de “obras excelentes”, como Tito 2:14, se inclinan a pensar principalmente en lo que se ve en un informe del servicio del campo, pero la predicación pública de la palabra es solamente una parte pequeña del cuadro, como muestra el contexto (Ver Tito 1:16; 2:5; 3:15).

Con seguridad, estos comentarios ilustran gráficamente que, en contradicción con la revisión que hizo el Cuerpo Gobernante del comentario sobre Santiago, se han establecido “normas humanas”, que ahora son un factor de influencia en lo que la persona Testigo entiende que es la “dirección de la Palabra de Dios”, y que ejercen una presión notable sobre los miembros de la organización para que se sometan y para que cumplan esas normas humanas, incluso a costa de ignorar las obras que están claramente establecidas en las Escrituras. Aunque esta carta del cabeza del Departamento de Redacción se escribió allá en 1971, los Testigos saben que poco ha cambiado; la situación en los años noventa es la misma. Quizá lo único que ha cambiado es que hoy pocas personas, probablemente ni siquiera Karl Adams mismo, se sentirían libres de escribir tan francamente como él lo hizo.

La carta de Karl Adams fue llevada por el Presidente Knorr a una sesión del Cuerpo Gobernante. Aunque Karl Adams había sugerido específicamente que se permitiese bastante tiempo para que los miembros la revisasen privadamente y valorasen su contenido, aparte de yo mismo, los otros miembros del Cuerpo Gobernante no habían visto la carta previamente, y por lo tanto se les privó de tiempo valioso para pensar en su contenido o para examinar los textos bíblicos citados y meditar en ellos. Esos puntos bíblicos, de hecho, al igual que el bien conocido efecto perjudicial sobre los Testigos de la política de informes, recibió poca consideración en la sesión, y la decisión del Cuerpo fue continuar con la práctica tradicional de la organización. Karl Adams no se sorprendió, ni Ed Dunlap ni yo.

Los puntos expresados en la carta escrita por este superintendente nombrado organizacionalmente, que ocupaba una posición sensitiva como cabeza del Departamento de Redacción, son expresiones que nunca se encuentran en las publicaciones de la Sociedad Watch Tower. Las preocupaciones que este memorándum expresó tan vigorosamente ni siquiera se han reconocido. Sin embargo su validez es innegable. Aunque reconoce la veracidad de los puntos expresados, la mayoría de los Testigos se sentiría temerosa de hablar abiertamente de ellos hoy. El hacerlo sería exponerse a la acusación de deslealtad, a acusaciones de falta de humildad y, por tanto, de ser demasiado orgulloso para participar en las actividades especificadas por la autoridad centralizada. Como se ha dicho, dudo seriamente de que el propio Karl Adams (todavía un miembro prominente del Departamento de Redacción) se sintiese hoy cómodo expresando sus pensamientos como lo hizo entonces, no porque opine de modo diferente sobre la validez de sus declaraciones, sino por las consecuencias indeseables que probablemente le ocasionarían.

Sin duda, de todas las “obras” enfatizadas para que las ejecuten los Testigos de Jehová, la principal es la de la actividad de casa en casa con la literatura de la Sociedad. Ningún otro servicio se considera tan indicativo, incluso determinante, de la lealtad de uno y de su devoción a Dios. ¿Cuáles son sus antecedentes?

        Historia anterior

La evidencia muestra que los factores combinados de la producción en masa y la distribución masiva de literatura jugaron un papel primordial en la emergencia de esta actividad como un rasgo sobresaliente en el programa de obras de la organización. Durante la presidencia del fundador del movimiento, Charles Taze Russell, la impresión de toda la literatura de la Sociedad Watch Tower se hacía en empresas de impresión externas. Durante las primeras cuatro décadas de la historia de la organización, la distribución de literatura se hacía principalmente por algunas personas que repartían tratados (a menudo los domingos enfrente de las iglesias) y por un número limitado de “repartidores” que recibían la literatura con un descuento sobre el precio nominal, y que luego la vendían de puerta en puerta o de cualquier modo que ellos eligiesen.

Temprano durante la presidencia de (el juez) J. F. Rutherford, la organización estableció sus propias instalaciones de impresión. Desde ese tiempo en adelante la Sociedad Watch Tower dio énfasis creciente a la actividad del “servicio del campo”, yendo de puerta en puerta ofreciendo literatura al público (no se distribuye a través de librerías, en las que la gente busca libros por iniciativa propia).

En su libro Faith on the March (La fe en marcha), patrocinado por la Watch Tower, A. H. McMillan, un miembro del personal de la oficina central asociado activamente con el movimiento desde principios de siglo, describe este cambio ocurrido, diciendo:

Russell había dejado que el individuo decidiese cómo cumplir sus responsabilidades. . . . Rutherford quería unificar la obra de predicar y, en lugar de dejar que cada individuo diese su propia opinión y dijese lo que pensaba que era correcto e hiciese lo que estaba en su propia mente, Rutherford gradualmente comenzó a ser el portavoz de la organización. Ese fue el día en que pensó que el mensaje se podría dar mejor sin contradicción. Al mismo tiempo comenzamos a darnos cuenta de que cada uno de nosotros tenía una responsabilidad de ir de casa en casa y predicar.

Se nos mostró que era un arreglo que cumplía un pacto. Teníamos un deber con Dios, así como un privilegio y un deber con nuestros semejantes para hacer que estuviesen informados de los propósitos de Dios. El favor y la aprobación de Dios no iban a ser ganados por medio del “desarrollo de carácter”. En 1927 se nos mostró que el modo en que cada persona tenía que servir era yendo de puerta en puerta. Se enfatizó especialmente el domingo como el día más oportuno para encontrar a la gente en sus hogares.[6]

Así, empezaron a desestimarse el pensamiento y la expresión individuales en relación con “cumplir nuestras responsabilidades con Dios”, adquiriendo una connotación negativa, y se destacó como meritoria la conformidad organizacional. El deber del individuo, un ‘deber que se debe a Dios”, y ‘el modo de servir’ se habían delineado claramente: era “yendo de puerta en puerta” con la literatura de la Sociedad Watch Tower. Los asociados de la Sociedad Watch Tower (todavía no eran conocidos como Testigos de Jehová, un nombre que se aplicó por primera vez en 1931) pronto empezaron a referirse a esa actividad de puerta en puerta como “servicio”, pues ese era ‘el modo de servir a Dios’. El término siempre se entendió de esa forma; si se empleaba con otro sentido se matizaba, como refiriéndose a “servicio bautismal”. Pero en ese tiempo “servicio” por sí mismo siempre estaba relacionado con la obra de puerta en puerta, con ninguna otra actividad relacionada con su adoración. Bajo la dirección de la organización se convirtió para ellos en el modo preeminente de servir a Dios. El miembro de la organización Watch Tower que, un domingo por la mañana, pasaba una hora o más en esa actividad de puerta en puerta, regresaba a casa con el sentimiento de haber cumplido su deber, su servicio a Dios—por lo menos por esa semana.

Antes de formar parte del movimiento “Estudiantes de la Biblia” (Watch Tower), Rutherford había mostrado interés en la actividad política. El efecto de este antecedente se puede ver probablemente en parte de la terminología que se desarrolló. Ya hemos visto que puso gran énfasis en la “organización”, de modo que este término vino a sustituir el término bíblico “congregación” al referirse a la comunidad mundial de Testigos, mientras que las congregaciones individuales se llamaron “compañías”. Pero es más significativo el desarrollo que hizo de términos tales como “campañas” (en algunos casos se llamaban “campañas de las divisiones”) al referirse a actividades especiales de “testificar” en ciertos períodos, para las cuales se urgía a participar a grandes grupos de personas que contribuían así a la magnificencia del “anunciar” el mensaje proclamado. La hoja mensual con instrucciones para el “servicio del campo” se llamaba “Boletín”. A los que participaban en esa actividad se les llamaba “trabajadores de clase” (posteriormente “publicadores”) y “precursores” y se les asignaba “territorios” para que los abarcaran. Grupos de “publicadores” trabajaban bajo la dirección de un “capitán” de servicio del campo.

No hay ninguna evidencia de que el propio Rutherford tomase parte en esta obra de puerta en puerta. Sobre la base de comentarios hechos por mi tío Fred Franz, y por otros que eran miembros de la oficina central durante la presidencia de Rutherford, parece que cuando se preguntaba sobre este hecho, se respondía que ‘sus responsabilidades como presidente no le permitían participar en esta actividad’. Así, como mucho podía decir: “Hagan como yo digo”; no podía decir: “Hagan como yo hago”.

El libro Los testigos de Jehová en el propósito divino muestra que  en 1920 se introdujo algo nuevo para incrementar la importancia dada ahora a esta obra:

En 1920 se hizo sentir más la responsabilidad que encierra la predicación al requerirse que cada persona de la congregación que participaba en la obra de testimonio rindiera un informe semanal.[7]

Los intervalos de tiempo para informar variaron desde una semana a un mes y a medio mes, pero el énfasis dado a la actividad de predicar de puerta en puerta, una vez aplicado por primera vez, continuó creciendo. Junto con el énfasis correspondiente en la conformidad y uniformidad organizacionales de pensamiento y de acción, la importancia de la actividad de puerta en puerta y de entregar un informe de ella es un legado primordial de la presidencia de Rutherford que ha permanecido hasta este día.

        Una aproximación a modo de negocio

Con la muerte de Rutherford y su sustitución por Nathan Knorr, comenzó una nueva era de expansión. Mientras que la presidencia de Rutherford tenía un cierto aire político, la presidencia de Knorr reflejó su aproximación a modo de negocio. (Nathan le dijo en una ocasión a Ed Dunlap que de no haber seguido una carrera religiosa, le hubiera gustado ser el gerente de unos grandes almacenes, tales como Wanamaker’s de Nueva York). Knorr expandió enormemente y modernizó las instalaciones de imprentas de la Sociedad en Brooklyn y fundó muchas nuevas oficinas sucursales internacionalmente, y amplió las ya existentes, estableciendo plantas de impresión modernas en muchos de los países más grandes del mundo. Bajo su dirección, la Sociedad Watch Tower se convirtió en una de las mayores editoriales sobre la faz de la tierra. La primera impresión de una nueva publicación en inglés normalmente se realizaba con una tirada de un millón de copias, o incluso más.

Esta enorme capacidad de impresión producía  un “apetito” que había que saciar, y yo mismo he oído a Nathan—y a otros miembros del personal de rangos elevados—decir: “Tenemos que mantener ocupadas a estas prensas”. El tener los equipos de impresión parados ocasionaba gastos financieros. El modo de mantener ocupadas las instalaciones de impresión era distribuir lo que producían y publicar más, usualmente “presentando” uno o dos nuevos libros cada año. La salida básica para este caudal de publicaciones ha sido consistentemente la actividad de puerta en puerta de los Testigos. Junto con las “metas” de horas que uno tenía que cumplir si quería ser un buen ejemplo, entraron en vigor las “metas de revistas” para los “publicadores de congregación”, siendo apremiados a distribuir mensualmente 12 copias cada uno.[8]

La hoja de informe ha sido permanentemente un medio principal de mantener esta actividad en un alto nivel. La idea (expresada a menudo) de que estos informes son necesarios para que la organización sepa cómo planificar su actividad de impresión es una ficción—ninguna de las imprentas de la Sociedad se basa en estos informes, ya que estiman la demanda, no por los informes de “servicio del campo”, sino por los informes de existencias de sus propios departamentos de envíos y por informes de existencias recibidos mensualmente desde las sucursales.[9]

Una vez inscritos en cada “tarjeta de Registro del Publicador”, los informes individuales de “servicio del campo” se tabulan y se compilan mensualmente en cada congregación y se envían a la oficina central de la organización en Brooklyn o, si es fuera de los Estados Unidos, a una de las oficinas sucursales.[10] Cada oficina sucursal envía sus informes mensuales a Brooklyn, que tienen que ver principalmente con su actividad de publicar (horas de “servicio del campo”, movimiento de literatura, registros financieros afines). Éstos se compilan en un informe mundial que se estudia y analiza buscando indicios de debilidad. Ninguna otra actividad o faceta espiritual de la vida cristiana recibe un escrutinio comparable ni es objeto de una preocupación tan consistente. El informe se considera el barómetro principal de la “salud espiritual” de los miembros. Los ancianos de congregación saben que el tener cifras bajas en cualquier aspecto de la actividad de “servicio del campo” de la congregación será llamado a su atención por los representantes viajantes (superintendentes de circuito y de distrito) con la responsabilidad puesta sobre ellos mismos de procurar que el informe mejore. La medida de su propia participación en esa actividad a menudo determina si ellos conservan su posición de ancianos o si la pierden. Las oficinas sucursales por todo el mundo reciben “visitas de zona” anuales de miembros del Cuerpo Gobernante y otros representantes, y estas vistas se centran particularmente en la actividad de servicio del campo y en el grado de éxito con el que el Comité de Sucursal la está promoviendo.

En vista de todo esto, uno puede ver por qué el memorándum del cabeza del Departamento de Redacción, Karl Adams, al Presidente Knorr, y las preocupaciones expresadas allí, estaban basados en la realidad. Sin embargo, pocos Testigos saben que los puntos expresados en ese memorándum de 1971 han sido mencionados desde entonces muchas veces por ancianos activos, responsables, así como por representantes viajantes de la organización preocupados, y que sus expresiones se han llevado a la atención del Cuerpo Gobernante varias veces a lo largo de los años.

        Superponiendo conceptos de organización a términos bíblicos

Seis años después de la consideración del Cuerpo Gobernante sobre la carta de Karl Adams, un anciano de Nueva Jersey escribió al Cuerpo Gobernante. Había estado asociado activamente durante cuarenta años, y durante treinta y cinco de esos años había estado sirviendo en un puesto de responsabilidad congregacional como “siervo” o “anciano”. En su carta expresó su preocupación sobre la “postura dura, casi exigente, que se adopta con relación al ministerio exterior o ‘servicio del campo’”. En cuanto a sus razones para estar preocupado, dijo:

Es bastante interesante que en todas las epístolas escritas a las primeras congregaciones cristianas, no encuentro secciones de “servicio del campo” dirigidas a las congregaciones. Cualesquier pasajes dirigidos a las congregaciones con respecto a “obras excelentes” no muestran ninguna evidencia de estar relacionados con la actividad de predicación congregacional. Incluso los textos que se citan repetidamente como autoridad, si se examinan de cerca, no tratan en realidad de la predicación congregacional.

Como ejemplo, un caso: La publicación que se usa en la Escuela del Ministerio del Reino [un seminario para ancianos], en la página 44 trata de los ancianos que llevan la delantera en evangelizar. Para probar ese punto, se cita 1 Pedro 5:2, 3. Pero mientras que el texto bíblico anima  a los ancianos a ser ejemplos para el rebaño, el texto no menciona en ninguna parte la obra de predicar y ni siquiera la insinúa. El “ejemplo” al que se refiere . . . hace referencia aparentemente a aquellas cosas incluidas en los versículos, es decir, “pastorear”, actuar “de buen gana”, no hacerlo por “ganancia falta de honradez”, y “no enseñorearse del rebaño”, etc. Continuando, el texto bíblico hace referencia a “sujeción”, y “humildad mental” y “humildad”. . . . el texto que se usa como prueba no trata este punto en absoluto.

Siguiendo esta línea, el libro cita Efesios 5:15, 16 y 1 Tesalonicenses 5:12, 13 para probar que los hermanos se benefician cuando observan a los ancianos “trabajar duro” en la predicación del Reino en el campo. De nuevo, las palabras “trabajar duro” que aparecen en el segundo texto y “comprar el tiempo oportuno” que aparecen en el primero, no hacen referencia alguna a la predicación en el campo externo. Más bien, el empuje parece que es hacia el servicio y los ejemplos internos en la congregación.[11]

Su carta discute la enseñanza bíblica en Primera a los Corintios capítulo doce, de que hay una diversificación de dones espirituales y una variedad de ministerios, presentados todos ellos como deseables e importantes. Este anciano expresó entonces lo que muchos Testigos sienten pero temen exteriorizar, diciendo:

Esto no es para decir que la predicación del Reino sea incorrecta o innecesaria hoy día. Pero a la vista de estos hechos, ¿debería ir nuestro empeño tan claramente en esa dirección—haciendo de ello la cosa principal puesta ante los hermanos, como hemos estado haciendo? ¿Debemos estar tan estructurados como para poner ciertas metas del campo ante los hermanos y hacer todo tipo de arreglos para días festivos y períodos de vacaciones y de otros modos insinuar que tienen una responsabilidad no declarada en las Escrituras (para no mencionar el cuerpo de siervos que tiene que organizar, animar y llevar la delantera en esto)? ¿Debería ser nuestro papel el ejercer presión constantemente sobre nuestros hermanos, sea sutil u obviamente, en nuestro esfuerzo sincero por esparcir el mensaje del Reino? En realidad, esto es lo que se ha hecho y se está haciendo.[12]

La carta llegó ante el Cuerpo Gobernante en una de sus sesiones. El escritor era por muchos años un anciano fiel y activo, y había dado razones bíblicas para su preocupación. La actitud que mostró el Cuerpo Gobernante fue típica. Se hicieron algunas preguntas sobre el propio hombre, sobre si era conocido por alguno de los miembros del Cuerpo Gobernante (uno o dos lo conocían), sobre cuál era su reputación, y la carta se devolvió al Departamento de Redacción para que se le diera respuesta. No hubo virtualmente ninguna discusión sobre la sustancia de la carta, ni, más importante, sobre las razones bíblicas presentadas. Simplemente no era lo que la autoridad quería oír.

        “Cargas pesadas”—¿Por qué pesadas?

Leyendo cartas como ésta, vienen a mi mente las palabras de Jesús cuando dijo de los líderes religiosos de su día: “Atan cargas pesadas y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos mismos ni con el dedo quieren moverlas.”[13] Recuerdo que en un tiempo me parecía extraño que Jesús describiese las tradiciones impuestas por los fariseos y por otros como “cargas” pesadas. Muchas de las tradiciones envolvían cosas simples, tales como el lavado de manos, de bandejas y de copas. Otras simplemente exigían no hacer ciertas cosas, como abstenerse en sábado de acciones específicas que eran catalogadas como “trabajos” por las normas tradicionales de los líderes religiosos.[14] ¿Qué, pues, era tan cargante en el lavarse las manos o en abstenerse de ciertos trabajos?

Analizando el asunto, no obstante, se hacía evidente que el factor realmente gravoso era que su justicia se estaba juzgando sobre esa base. No era meramente el hacer o no hacer lo que producía tal peso opresivo. Era el tener que amoldarse a las normas de hombres imperfectos, normas impuestas sobre ellos por una autoridad eclesiástica.[15] Era el percibir constantemente que el no amoldarse resultaría en que se pusiera en duda su devoción a Dios, resultaría en que fueran considerados como carentes de fe y de justicia, como personas carnales, no espirituales. Si eran personas de conciencia, esto sería doloroso. El efecto era una restricción y un encorsetamiento en el ejercicio de su conciencia. Los colocaba en un arnés de hechura humana en relación con su servicio a Dios. Por la sumisión a esto, el servicio, que debería haber aportado gozo, se convirtió en una carga extenuante atada sobre ellos, de la que parecía que nunca conseguían aliviarse. Qué contraste, pues, la invitación del Hijo de Dios:

Venid a mí, todos los que estáis cansados de vuestros trabajos y de vuestras cargas, y yo os daré descanso. Aceptad el yugo que yo os pongo, y aprended de mí, porque soy paciente y de corazón humilde; y encontraréis descanso para vuestra alma. El yugo que yo os pongo es fácil de llevar y la carga que os doy es ligera.—Mateo 11:28, 30, Versión Popular.

Cualquiera que aplicase estos principios bíblicos a la situación existente entre los Testigos de Jehová, se acarrearía el ser juzgado por la organización como alguien deseoso de eludir la obligación de participar en la “predicación del Reino”, incluso como culpable de un acto de “apostasía”. No obstante, de modo paralelo, no es que la actividad de ir de puerta en puerta sea por sí misma una proeza exigente (de cualquier forma, la mayoría de los Testigos la realizan de manera bastante rutinaria), ni es la simple acción de rellenar una hoja de informe más difícil que lavarse las manos antes de comer. El factor cargante está en la trascendencia que la organización le da a estas cosas, el modo en que se emplean como indicadores de lo genuino de la devoción de uno a Dios. Y el testimonio de los propios representantes de la organización muestra que los principios bíblicos que se han discutido sí que son aplicables.

        Expresiones de ancianos de confianza y activos

El diez de febrero de 1978, el comité del Departamento de Servicio envió cartas a un número de ancianos respetados de diferentes partes de los Estados Unidos. Se les pidió que comentasen sobre ciertos asuntos, incluyendo el efecto de los arreglos existentes para el servicio del campo. Algunos de estos hombres habían sido representantes viajantes (superintendentes de circuito y de distrito) de la organización, pero ahora eran hombres de familia, y se expresó interés en oír cómo veían ellos los asuntos en su situación actual. En muchos casos sus comentarios fueron como los que la mayoría de Testigos de Jehová dudaría en expresar, excepto ante amigos de confianza, a no ser que quisieran ser catalogados como “no espirituales” y “desleales”. Estoy bastante seguro de que si estos hombres en particular no hubieran sido invitados a expresar sus puntos de vista por el Departamento de Servicio, ellos también hubieran sido renuentes a hacerlo.

Un anciano de un estado del norte, anteriormente miembro del personal de la oficina central, respondiendo a la encuesta del Departamento de Servicio, incluyó esta afirmación sobre el uso de las “hojas de informe”:

Muchos hermanos realmente detestan el requisito de informar horas, que convierte un acto muy personal de adoración en una rutina tediosa de organización. Si algunos participan en la actividad de puerta en puerta meramente para informar horas, entonces el informe probablemente no valga el papel sobre el que se escribe. Si el publicador participa en el servicio por su amor a Jehová y a las “ovejas” y por el gozo que recibe de este acto personal de adoración, entonces seguro que continuará haciéndolo sin el “incentivo de informar”.

Si estamos apoyando a cierto número de “publicadores” debido al “incentivo” de informar, entonces ¿qué valor tiene realmente el informe? Si elimináramos el informar el tiempo y encontráramos que muchos dejaran el servicio del campo, uno debe preguntarse cuán honesto y útil era su servicio a este respecto en primer lugar.[16]

Otra respuesta vino de un anciano en un estado del sur. Cuando era joven había sido precursor durante cada período de vacaciones en la escuela secundaria, se alistó en el “Servicio de Betel” después de graduarse (a la edad de 16 años), cuando lo dejó fue inmediatamente al “servicio de precursor”, luego al “servicio de precursor especial”, llegó a ser superintendente de circuito y, más tarde, superintendente de distrito, y en el momento de escribir hacía “trabajo de circuito sustituto” para la organización. Como él dice: “Según todas las normas sería considerado un ‘hombre del [servicio del]campo’. El [servicio del] campo es más fácil para mí que arremangarme la camisa y tratar los muchos problemas agotadores que tenemos.” Ahora, siendo padre de dos niños, escribió:

Un gran número de publicadores [Testigos] que conozco se expresan como que se sienten constantemente culpables de que no están haciendo más en la actividad del campo. Muchos cristianos excelentes que están haciendo todo lo que pueden de modo realista, viven en culpa abyecta. Encuentran poco gozo en sus vidas. El servicio se ha hecho tan complejo, tan altamente estructurado y organizado que muchos sienten que no están sirviendo a Dios a menos que vayan a una reunión de servicio, llamen a las puertas con un sermón (sí, sermón), y coloquen literatura. El éxito todavía se mide en números, debido al sistema de informar, a pesar de todos los esfuerzos en contra. . . .

Con la impresión mental de que el servicio tiene que ser altamente estructurado, se olvida el camino natural y remunerador del servicio, el testimonio informal en la vida cotidiana y/o las visitas a personas que uno conoce. El simplemente hablar del Reino es algo que no se considera como servicio real o verdadero a nuestros hermanos en conjunto. La simplicidad se menosprecia. . ..

Más y más publicadores se están cuestionando la justificación de la tarjeta de registro del publicador, y en años recientes se me hace más y más difícil defenderla bíblicamente. Uno debe admitir que [la tarjeta] ha producido una hueste de problemas profundamente arraigados. . . . En gran medida, la vara de medir el cristianismo que se basa en horas y en literatura colocada todavía está promovida por superintendentes viajantes que están orientados casi exclusivamente al servicio del campo.

Podemos conseguir publicadores que vayan al servicio del campo por medio de llevarlos de la mano, con un poco de presión, adulándolos un poco o apelando a sentimientos de culpa, no obstante la dura experiencia nos dice que esto no los hace espiritualmente fuertes. . . .

Igualmente reveladora es la porción de la respuesta de un anciano en St. Paul, Minnesota, que escribió:

Otro problema que existe pero que no se discute abiertamente es la opinión que los hermanos en general tienen sobre los superintendentes viajantes y los que están en Betel [la oficina central internacional]. Puesto que he servido en la obra de circuito por unos cuantos años y ahora sirvo como anciano en una congregación, he visto ambos lados. Pero hay creencias muy fuertes de que los superintendentes viajantes y los hermanos en Betel, incluyendo al Cuerpo Gobernante, “no entienden los problemas de la persona corriente en la organización”. Se piensa que estos hermanos están “atrincherados” y que las decisiones las toman hombres que no están verdaderamente conscientes del problema. Existen creencias fuertes de que tales hermanos “tienen de todo”, “no trabajan para subsistir”, “no saben lo que sucede”, etc. La lucha por ganarse la vida es una carga tremenda sobre los hermanos y lo que se da como consejo no se toma como espiritualmente refrescante, sino que se toma como consejo de una organización que tiene hombres sentados en Betel que no son realistas y que no pueden apreciar las presiones de la vida de cada día porque ellos no tienen tales presiones. De nuevo, este tipo de cosa no se discute abiertamente, pero está ahí. . . .

Un memorándum de 29 de diciembre de 1976 enviado al Comité de Servicio del Cuerpo Gobernante por Robert Wallen, secretario de ese comité y un secretario en las Oficinas Ejecutivas, ilustra la validez de la cita anterior, y también lleva el asunto un poco más lejos. Robert Wallen escribe:

Muchos de nosotros, incluido yo mismo ya que tengo el privilegio de estar conectado con algunos asuntos de servicio aquí en Betel, que les decimos a otros qué hacer, cómo dedicar tiempo en el campo, ir de casa en casa, hacer revisitas y estudios bíblicos, notamos que no somos capaces de hacer lo que les pedimos a nuestros hermanos que hagan. Podemos excusarnos debido a nuestras asignaciones en Betel. Pero si vamos a juzgar a otros con base en una tarjeta que muestra cuánto tiempo pasan en el campo, debemos estar dispuestos a ser juzgados por la misma tarjeta, por esa misma norma. Me pregunto si tenemos miedo de que si no juzgamos de esta manera el asunto del tiempo, no se haga ningún servicio en absoluto, porque necesitamos “metas” como incentivo para conseguir que la gente predique. . . . Jesús dijo que “la verdad os hará libres”. Él dijo que su yugo era suave y su carga ligera. Su apóstol Pablo nos advirtió en dos lugares sobre compararnos unos con otros—que es lo que hace esta norma que se ha establecido—y muestra que el camino más grande es el camino de amor.—2 Cor. 10:12; Gál. 6:4.

. . . Verdaderamente creo que se debería dar alguna consideración a la conciencia de muchos que están preocupados porque no pueden hacer lo que se pide de ellos y todavía cumplen todas las demás obligaciones de un cristiano.

De ese modo este anciano trata las mismas facetas que envuelven el establecer normas humanas que “tienen que cumplirse” y el libre ejercicio de la conciencia individual, y que el Cuerpo Gobernante vio apropiado eliminar del comentario de Santiago.[17]

Se envió otra solicitud de información, esta vez por parte de Comité de Redacción del Cuerpo Gobernante. En respuesta, los miembros del Comité de Sucursal de Sudáfrica, después de haber hecho la declaración que “pocos del público leen realmente nuestras revistas” que se distribuyen de puerta en puerta, hizo este comentario adicional en relación con la motivación real detrás del servicio del campo de los Testigos de Jehová:

¿No sería una idea desechar los informes de servicio del campo y urgir a los publicadores a buscar a las ovejas, a intentar compartir diariamente las buenas nuevas con alguien por medio de una revista o una revisita o una llamada de teléfono? ¿No están sirviendo ahora muchos publicadores por un sentido de deber, porque creen que deben entregar un informe del servicio del campo, en lugar de por amor a Jehová y a la gente en el territorio?[18]

Con la excepción del memorándum de Robert Wallen, todas las declaraciones citadas últimamente fueron resultado de encuestas de parte de la organización; ninguna llegó sin haberla solicitado. En cada caso, a los hombres cuyas expresiones se solicitaban se les había escrito debido a su larga experiencia y conocida lealtad. Sus comentarios se solicitaron en un momento en que hubo un breve período—desde alrededor de 1976 hasta 1978—de disposición a oír observaciones francas de otros. Esta receptividad fue en gran parte debida al cambio primordial en la administración que tuvo lugar entre 1975 y 1976 y a un período momentáneo de mayor apertura. Cuando pasó ese período, no se animó a escribir tales cartas. E incluso a las que se recibían se les daba sólo atención mínima por parte del Cuerpo Gobernante en conjunto.

Uno debe preguntar: ¿Indican las expresiones en las cartas de estos hombres de confianza que las palabras de Jesús—respecto a personas que en el servicio refrescante a él encuentran alivio y descanso del trabajo agotador—se estaban cumpliendo en la organización? ¿O reflejan, más bien, el soportar una carga extenuante impuesta por hombres, hombres que no muestran preocupación alguna por aliviar la carga, que, en efecto, no mueven un dedo para hacerlo? (Mateo 23:4) De seguro que no es difícil entender por qué la mayoría del Cuerpo Gobernante estuvo a favor de reescribir parte del Comentario sobre la carta de Santiago y de eliminar cualquier referencia desfavorable a “presión” o a normas humanas establecidas que uno “tenga que seguir”.

        Estableciendo “obras de ley”

Cuando el apóstol Pablo escribió sobre que la salvación no dependía de obras, era frecuentemente en el contexto de la ley y de las “obras de ley”.[19] ¿Modifica esto el cuadro antes expuesto? No, por la razón de que, para los Testigos de Jehová, las obras que se les urge constantemente a ejecutar se han vuelto, para todos los propósitos, obras prescritas por ley—ley humana, organizacional, pero todavía ley. El término griego para “ley” (nómos) que se emplea en las Escrituras, aplica no solamente a leyes escritas en sentido legal, sino “muy ampliamente a cualquier norma, regla, costumbre, uso o tradición”.[20] De modo similar, en español “ley” se define como “Precepto dictado por la suprema autoridad, para que sea acatado por todos los gobernados”.[21] El que las obras dictadas por la suprema autoridad de la organización Watch Tower deben ser acatadas—no sólo respecto del “servicio del campo”, sino también en cuanto la regularidad en la asistencia a las cinco reuniones semanales—es evidente. Puede que estas obras no estén declaradas formalmente como “leyes”, pero son aceptadas como preceptos que deben ser acatados por todos los miembros. Al Testigo se le hace sentir culpable ante Dios si no se adhiere al programa de actividad prescrito por la organización. Esto, combinado con la presión de grupo, provee el medio para que la “autoridad suprema” “dicte” la ejecución de estas obras.

Hemos visto el origen de la actividad de puerta en puerta de los Testigos y que, con el paso del tiempo, esta actividad llegó a ser presentada como una regla esencial para todos los Testigos “fieles”, “leales”, un deber de imposición divina. El cumplimiento de esto se presentó como necesario para conseguir el favor y la aprobación de Dios; el dejar de cumplirlo resultaría en “culpa de sangre” (el texto de Ezequiel 3:18, 19, que se emplea frecuentemente para apoyar esta idea). Esto es innegablemente el modo en que la gran mayoría de los Testigos considera el asunto hoy día. De modo similar al antiguo modelo de la nación de Israel bajo el código de la ley, se comenzó a establecer un programa estructurado de “servicio” semanal para que ellos lo ejecutaran, y llegaron a sentir que su regularidad al ejecutarlo era evidencia de su justicia ante Dios. (Compare con Lucas 18:11, 12). En tiempos más recientes los puntos de vista increíblemente dogmáticos presentados durante el tiempo de Rutherford raramente se expresan tan osadamente, ni en términos tan crasos. Sin embargo, la misma idea básica se expresa regularmente de una manera más sutil y sofisticada. El efecto último—de imponer un sentimiento de culpabilidad sobre los que no cumplen todos los arreglos organizacionales—todavía se consigue.

El énfasis en la actividad de puerta en puerta pronto convirtió esta obra en una norma principal para determinar si un hombre estaba capacitado para ser anciano. El libro Faith on the March (página 158) dice de los que fueron ancianos de congregación durante la década de 1920 y el principio de los años 30:

Los que rehusaron tragarse su orgullo y seguir el ejemplo de Jesús y sus discípulos en el ministerio de puerta en puerta pronto se encontraron completamente fuera de la organización. Se dieron cuenta pronto de que todos los demás de las respectivas congregaciones estaban participando en la obra de testificar que los desarrollaba mentalmente y además los llevaba a la madurez. Estos que eran activos llegaron a ser verdaderos “ancianos” sobre la base de su lealtad y celo en el servicio del Señor. No fueron elegidos a un cargo de “anciano”; pero llegaron a ser ancianos por su propia actividad de servicio; entonces fueron nombrados a posiciones de autoridad y servicio en la organización porque habían mostrado las cualidades apropiadas.

Al establecer las cualidades para los hombres que rendían servicio de superintendencia en una congregación, el apóstol Pablo no dijo nada sobre la actividad de testificar de puerta en puerta (1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9) Pero esto se convirtió en una regla fundamental para juzgar las cualidades de todos los varones Testigos que servirían en esa capacidad, para determinar si deberían recibir un nombramiento organizacional. En la práctica, se convirtió en una ley “dictada por la autoridad suprema”, la ley que gobierna los nombramientos organizacionales, y permanece así hoy día. Es un hecho bien conocido que cuando los ancianos tienen noticia de la visita de un representante de la Sociedad (superintendente de circuito o de distrito), en casi todos los casos sus pensamientos van a su “informe del servicio del campo” personal, y a si se verá con aprobación. Rara vez piensan en las cualidades espirituales que el apóstol establece en la Escrituras para los que pastorean el rebaño.

Estos hombres saben que las Escrituras urgen a mostrar preocupación por los enfermos, los necesitados, las viudas, los huérfanos, los que están deprimidos o espiritualmente débiles.[22] Sin embargo no sienten que tengan control sobre su tiempo para hacer tales servicios. Aunque puede que se sientan impelidos a visitar a estas personas, las exigencias de la organización sobre su tiempo disponible requieren que lo dediquen a las actividades organizacionales, particularmente el servicio del campo. No hay lugar en la hoja de “Informe del Servicio del Campo” para que ellos apunten el tiempo dedicado a hacer visitas que tienen apoyo bíblico a los enfermos y necesitados, por lo menos si éstos ya son Testigos bautizados. Irónicamente, un anciano pudiera estar más inclinado a visitar a tal persona si no estuviera bautizada, ya que entonces podría informar el tiempo pasado con ella. A los ancianos incluso se les dice que si el tiempo que dedican aconsejando o edificando a alguien pudiera interferir en el apoyo que dan al “servicio del campo”, deberían pedir a la persona que los acompañara en el “servicio del campo” y hablar con él o ella mientras van de puerta en puerta. Es de sentido común que este arreglo no es nada práctico, pero esto demuestra la importancia dominante que se da al “servicio del campo” y al modo en que se deben doblegar ante él todos los demás intereses.[23]

Uno de los ancianos cuyas ideas fueron solicitadas por el Departamento de Servicio habló de la presencia en su congregación de un superintendente de distrito, dos superintendentes de circuito, y sus esposas durante un período de asamblea. Para una parte del tiempo que duró la visita, el anciano había programado algunas visitas a Testigos que necesitaban ayuda. Él especifica las clases de personas que iban a ser visitadas: “Un joven que golpeaba a su esposa y que tenía remordimientos de conciencia; varias familias cuyos hijos más jóvenes estaban envueltos en el uso de la marihuana; una hermana anciana y frágil, cuyo marido acababa de morir, temerosa del futuro; una hermana cuyo bebé murió en casa durante un parto natural que tuvo porque creía que estaba promovido por la Sociedad; una hermana anciana que se sentía culpable porque su actividad en el campo no era lo que había sido; y así sucesivamente”. El anciano relata que el superintendente de distrito dijo que él y los demás no podían acompañar a los ancianos en estas visitas, pero que deseaban pasar tiempo siguiendo las tarjetas de notificación de vencimiento (para personas del público cuyas suscripciones a revistas habían vencido) durante el resto de la semana. Como dice el anciano: “Era sólo cuestión de mantener ocupados, atareados a los hombres viajantes, no realizando nada en absoluto, pero contando el tiempo pasado en el campo”.

De este modo las políticas tradicionales prevalecen sobre las Escrituras, incluso las anulan. (Compare con Mateo 15:3-6). El resultado es que estos hombres, designados como pastores del rebaño, a menudo se sienten maniatados y restringidos en cuanto a hacer lo que podrían hacer normalmente y en conciencia  para ayudar a las ovejas. No hay duda de que el “servicio del campo” es para ellos una “ley”. Contrariamente, la Palabra de Dios nos dice que no puede haber ley en contra de las expresiones impelidas por espíritu de amor, benignidad y bondad. (Gálatas 5:22, 23) Las directivas de la organización, que tiene la fuerza de “ley”, con frecuencia tienen el efecto de ahogar estas declaraciones, y de ese modo anulan el consejo de la Palabra de Dios.

Ciertamente no hay nada en ir de puerta en puerta en actividad religiosa que sea de por sí contrario a las Escrituras (aunque como se mostrará en un capítulo posterior, no hay nada en las Escrituras que lo apoye). Lo que es incorrecto es la presión coercitiva envuelta, el intento de imponer sentimientos de culpabilidad sobre cualquiera que no participe en esa actividad, como si por no participar ellos fueran infieles a Dios, desleales a su Hijo, carentes de celo y devoción por justicia, incluso retratándolos como orgullosos y desarrollando un espíritu de ahorrarse esfuerzos. Tales tácticas son inexcusables desde un punto de vista cristiano.

Como otro ejemplo de que la organización convierte el servicio cristiano en una “obra de ley”, la edición de La Atalaya de 1 de agosto de 1990, en la página 30, aprueba la cita que se hace de esta afirmación hecha en un número anterior de La Atalaya:

Algunos dirán que este servicio es lo excepcional. Pero se equivocan, porque en virtud de su voto de dedicación todo cristiano está obligado a servir de tiempo cabal a menos que algo verdaderamente prohibitivo se lo impida.[24]

Como muestra el contexto del artículo, y como todo Testigo sabe, para un Testigo, servir “de tiempo cabal” significa ser “precursor”, servir como representante viajante organizacional, o trabajar en una de las instituciones de la organización. Cualquier otra forma en la que una persona pudiera pensar que puede servir a Dios de “tiempo cabal”, simplemente no calificaría bajo la definición dictada por la “autoridad suprema”. Las Escrituras nos urgen a servir a Dios con todo el corazón, la mente y la fuerza, pero está claro que ni restringen el asunto, ni nos atan prescribiendo dónde, cuándo y cómo tenemos que hacerlo. Son los hombres los que intentan, consciente o subconscientemente, ser jefes espirituales sobre otros que hacen esto. En ningún lugar de las Escrituras leemos que Cristo o sus apóstoles insinuasen siquiera que ‘a menos que algo verdaderamente prohibitivo se lo impida’, todos estaban “obligados” a servir a Dios de esos modos prescritos por la organización. El mismo lenguaje empleado por la organización muestra que ése ha sido de hecho un asunto de ley, una ley de invención humana.

En una de las sesiones del Cuerpo Gobernante en la que surgió el asunto de dar mayor énfasis al “precursorado”, Lloy Barry expresó preocupación por la actitud de los Testigos jóvenes en los Estados Unidos. Señalo que en Japón (donde había sido por años el Superintendente de Sucursal) la mayor parte de los jóvenes Testigos estaban haciendo el precursorado nada más graduarse en la escuela, y añadió: “¡En Japón, eso es lo que hay que hacer!” Cuando el presidente me dio la oportunidad de comentar, expresé mi esperanza de que esa no fuese realmente la razón por la que esos jóvenes se hiciesen precursores, y que esperaba que si lo hacían, fuera por amor a Dios y por el deseo de ayudar a otros—pero no porque “es lo que hay que hacer”. Misioneros que han servido en Japón reconocen que hay una presión de grupo considerable relacionada con gran parte del inusualmente alto índice de precursores que hay allí. Después de escuchar un número de afirmaciones fuertes sobre impulsar el servicio de precursor, incluyendo el “precursorado de vacaciones” como una obligación virtual cuando las circunstancias de cualquiera lo permitiesen, levanté otra vez la mano y dije que pensaba que si este era verdaderamente el caso, entonces nosotros, los miembros del Cuerpo Gobernante, deberíamos ser los primeros en poner el ejemplo. Pregunté: “¿Cuántos de nosotros hemos estado empleando nuestros períodos de vacaciones para hacer el ‘precursorado de vacaciones’? Nosotros podríamos hacerlo, pero ¿lo hacemos? Y no recurramos a la edad como una razón para no hacerlo, pues en nuestras publicaciones presentamos regularmente como ejemplos excelentes a personas de edad que están en el servicio de precursor. Si nosotros mismos no  hacemos esto, entonces ¿por qué deberíamos presionar a otras personas a hacerlo?” Esta manifestación provocó algunas miradas, pero ningún comentario, y la discusión siguió adelante.

El hacer que ciertas obras sean obras de ley virtuales puede dar la apariencia de gran devoción a Dios, y de celo por los intereses de su Reino, tal como dio esa apariencia en el tiempo de los fariseos. Pero el énfasis en tales obras de ley a menudo refleja en realidad pereza moral y espiritual. El edificar a la gente en la fe y el amor, de modo que las obras fluyan desde corazones que responden, requiere mucha más reflexión y esfuerzo, exige mucho más del corazón y de la mente, obliga más a poner un ejemplo personal equilibrado y razonable, que el hacer que la gente se sienta bajo obligación, o crear en ellos un complejo de culpa. Esto último es el método legalista, mundano, no es el modo cristiano. La conformidad externa no es ningún indicador verdadero de lo genuino de la motivación del corazón. La presión para amoldarse, la programación de la vida y del tiempo de las personas por medio de conducir sus pensamientos y esfuerzos hacia actividades diseñadas para promover metas organizacionales predeterminadas—todo esto solamente sirve para obstruir y viciar la espontaneidad del servicio. Esa espontaneidad es el resultado natural de la fe y el amor y requiere libertad cristiana si se quiere que tenga una manifestación completa.

De nuevo, el memorándum de Robert Wallen ilustra estos principios. En la página 3, escribe:

Cuando miramos a la norma que se ha establecido, que en gran parte es la tarjeta de registro del publicador del tiempo dedicado en el servicio del campo—para lo cual es difícil encontrar un precedente bíblico—¿donde encontramos la verdadera medida de la devoción de una persona? ¿Nos dice la clase de persona que es el individuo? ¿Cómo es en el hogar con su familia? ¿Qué tipo de ayuda da a otros? ¿Cómo se comporta en el trabajo? ¿Cuánto tiempo dedica en el pastoreo? ¿Hace cosas amables para otros? ¿Actúa honestamente, cuida de los enfermos, maneja situaciones de emergencia en su vida, y en la vida de otros en la congregación, con amor y cariño por los demás? Brevemente, ¿nos da esa tarjeta en realidad la verdadera medida de una persona, la medida por la que estamos juzgando sus habilidades, pero más importante aún, la espiritualidad de una persona?

He citado de varios hombres respetados y de sus expresiones de preocupación. Algunos escribieron en respuesta a una solicitud específica de sus observaciones por parte de la organización.  Hay muchos, muchos otros que hubieran escrito de modo similar si se les hubiera dado la oportunidad. Pienso que es digno de notar que, sea que se les hubiera pedido o no, en cada caso sus cartas no se consideraron merecedoras de nada más allá de la más breve consideración del Cuerpo Gobernante—y esto incluye la carta de secretario del Comité de Servicio, Wallen. Simplemente, declaraciones de este tipo no eran lo que la mayoría de los hombres del Cuerpo Gobernante querían oír. No estaban en línea con las metas establecidas por la organización y habrían exigido un cambio notable en el modo tradicional que tiene la organización de tratar con sus miembros. Alrededor de una década después de que estos hombres expresaran sus preocupaciones, dando en muchos casos razones basadas en las Escrituras, nada ha cambiado. No se ha movido ningún dedo.

Apéndice

Los cambios hechos en el Comentario sobre la carta de Santiago que se presentan en el capítulo 6 ocurrieron coincidentemente. La discusión del contenido del libro, que en aquel momento estaba sin publicar, surgió de objeciones por parte del miembro del Cuerpo Gobernante Fred Franz a la exposición de Santiago 5:14, 15, que hizo Edward Dunlap, el escritor del comentario. Estos versículos contienen la exhortación a todo cristiano que está “enfermo” a llamar a los ancianos, que deben orar sobre él, “untándolo con aceite” en el nombre del Señor. La exposición que hizo Dunlap dio evidencia de que esto estaba relacionado mayormente con enfermedad física, mientras que por largo tiempo la interpretación de la Sociedad Watch Tower lo había limitado a enfermedad espiritual, interpretando que el “aceite” se refería figurativamente a “los recordatorios consoladores de las Santas Escrituras”.

El presidente, Fred Franz, como miembro del Comité de Redacción del Cuerpo Gobernante, había leído el material cuando éste se sometió a ese comité, al igual que lo habían hecho los otros cuatro miembros del comité. En la presentación escrita de sus objeciones, el presidente escribió (citando de la copia original del memorándum):

Este material debería corregirse para eliminar la inclusión de enfermedad física. De otro modo, los ancianos que hacen visitas de “pastoreo” a personas enfermas, tendrían que llevar consigo una botella de aceite para untar. ¿Qué clase de aceite, aceite de oliva, aceite de cacahuete, aceite mineral ruso, o qué tipo específico de aceite? ¿Deben untar y frotar los hermanos que “pastorean” a las hermanas que están enfermas? ¿En qué parte del cuerpo deberían refregar el aceite?

Sus comentarios continuaron por algunas frases más, pero en el mismo tono.

En realidad, el material propuesto por Dunlap había tratado el asunto de un modo equilibrado y conservador, comparando esa práctica con el lavar los pies, que, aunque era algo común en tiempos bíblicos como un acto de hospitalidad, ya no se practica hoy día. El material sugería modos alternativos en que los ancianos podían mostrar una preocupación equivalente y un cuidado confortador hacia un compañero cristiano enfermo.

Como yo había sido asignado a supervisar el desarrollo del comentario, fui a la oficina de mi tío y discutí sus objeciones con él. Centré la atención particularmente en el hecho de que la misma expresión griega para “untar con aceite” aparece en Marcos 6:13 y ahí se relaciona claramente con acciones hacia personas enfermas físicamente. Después de una amplia discusión, me dijo que fuera a los otros miembros del Comité de Redacción y dijo que si estaban de acuerdo en aceptar el material, él no insistiría con que se acatasen sus objeciones. Los otros miembros, cuando fueron consultados, estaban de acuerdo en aceptar el material, y por lo tanto fue enviado a la imprenta de la Sociedad Watch Tower y se imprimió en cientos de miles de copias.

Semanas más tare, hacia la conclusión de una sesión del Cuerpo Gobernante, sin haber dicho nada previamente al Comité de Redacción (o a mí personalmente), el presidente sacó a colación el asunto e hizo una larga exposición de objeciones, poniendo especial énfasis en las que ya se han citado. No dijo nada al Cuerpo Gobernante sobre las declaraciones que me hizo anteriormente y su acuerdo de someterse a la decisión de los otros miembros del Comité de Redacción, del cual él formaba parte. Recuerdo que Grant Suiter se manifestó, diciendo: “¿Dónde está este material?” Cuando Lyman Swingle le informó que había sido enviado a la fábrica, Suiter continuó: “Entonces, yo digo que lo traigamos de vuelta aquí, y que imprimamos la verdad”. Igual que los otros miembros del Cuerpo que no eran parte del Comité de Redacción, él nunca había leído el material y ni siquiera lo había visto, pero Fred Franz había hecho su exposición, y eso era evidentemente suficiente para que él tomase una decisión.

Cuando se obtuvieron copias del material (tomadas de cientos de miles de copias ya impresas), el Cuerpo Gobernante discutió el asunto y la discusión terminó con los votos de la mayoría a favor de reescribir el material para que se amoldase a la idea tradicional sobre esos versículos. Entonces, uno de los miembros, ahora no recuerdo cuál, sacó a colación la discusión de las porciones presentadas en el capítulo 6 de este libro. El resultado final se presenta allí.

Cuando se reescribió el material, no se discutió el texto de Marcos 6:13, de hecho ni siquiera se citó. Se utilizó una cita del comentario bíblico de Schaff-Lange, que sugería una “construcción simbólica del pasaje”, permitiendo una aplicación a enfermedades espirituales. Lo que no dijo el material reescrito es que el mismo comentario dice que en tiempos cristianos la práctica de “untar con aceite” también se realizaba de modo literal. Esta frase no fue mencionada, puesto que, al igual que el texto de Marcos 6:13, no contribuía favorablemente al argumento.[25]


[1] Comentario sobre la carta de Santiago, páginas 6,7.

[2] Entre éstos estaban Milton Henschel, Ted Jaracz, Karl Klein y Fred Franz.

[3] Los libros se imprimían en secciones de 32 páginas que se encuadernaban juntas para formar el libro. Vea también el Apéndice con relación a porciones de otra sección que habían originado la discusión que llevó a la destrucción de ambas secciones.

[4] Para más documentación sobre este asunto, vea los capítulos 8, 9 y 11 de este libro.

[5] La transcripción del juicio de Escocia, del que se cita en el capítulo 3 de este libro, muestra que Fred Franz testificó como sigue con relación a cómo se tomaban las decisiones que aprobaban “avances” en el entendimiento. A la pregunta “¿Se votan estos avances, como usted los llama, entre los directores [de la junta de directores]?”, él contestó: “No”. Cuando se le preguntó “¿Cómo se convierten en pronunciamientos?”, él respondió: “Pasan por el comité editorial, y yo doy mi conformidad después de un examen bíblico. Entonces los paso al Presidente Knorr, y el Presidente Knorr tiene la palabra final”. Se le preguntó: “¿No pasa por la junta de directores?” y él replicó: “No”. Incidentalmente, esto muestra la total falsedad de la alegación de que la junta de directores funcionaba entonces como un “Cuerpo Gobernante” en cualquier sentido genuino del término. En realidad, no había ningún “comité editorial” establecido. Pero había tres personas cuyas firmas eran necesarias en todo material que se iba a publicar: las de Nathan Knorr, Fred Franz y Karl Adams. Ciertos miembros del Departamento de Redacción podían firmar si Karl Adams los asignaba para leer el material, pero no lo hacían de modo habitual.

[6] Faith on the March, página 152.

[7] Los testigos de Jehová en el propósito divino, página 98.

[8] El empleo de estas “metas” se ha abandonado, particularmente después de la publicación del manual organizacional mencionado antes en este capítulo. No obstante, existe una especie de código no escrito que dice que uno debería esforzarse por dedicar por lo menos diez horas al mes al “servicio del campo”. Los ancianos y los siervos ministeriales se sienten por lo general bastante cómodos si cumplen con ese número de horas por término medio. De otro modo, experimentan un sentimiento de preocupación al acercarse la visita de un superintendente viajante.

[9] La página 5 de la carta de Karl Adams a Knorr deja claro de modo similar que esos informes no son de ningún modo necesarios para evaluar o determinar la distribución de literatura.

[10] Los jóvenes que pasan dos años como misioneros mormones deben enviar de modo similar un informe mensual de sus ”Totales”.

[11] Carta de Anthony Fuelo, fechada simplemente “Enero de 1978”.

[12] Ibídem.

[13] Mateo 23:4

[14] Compare con Mateo 12:1, 2, 9-14; 15:1, 2; Marcos 7:1-5.

[15] Eventualmente, la normativa sobre requerimientos del sábado llegó a ocupar dos tomos, cubriendo cientos de acciones. Aunque ninguna de las normas simples parece haber sido extremadamente difícil de observar, el volumen total de las normas también contribuía a la pesadez de la carga.

[16] El escritor, Worth Thornton, era secretario en la oficina del presidente en la oficina central y cuñado de Harley Miller, que es actualmente un miembro del comité del Departamento de Servicio.

[17] Creo que la seriedad de todo esto se acentúa por el hecho de que, por lo menos durante los años de mi experiencia allí, varios miembros del Cuerpo Gobernante participaban sólo raramente en el servicio del campo. La mayoría de ellos no asistían a los estudios de libro del martes por la noche, y no participaban en la actividad de servicio de grupo desde esos lugares. Eso era cierto de Nathan Knorr, Fred Franz, Grant Suiter, Milton Henschel y otros. Creo que Robert Wallen era tan sabedor de esto como yo, de hecho como muchos en la oficina central.

[18] Esta carta, fechada el 3 de noviembre de 1978, está firmada por Jack Jones, J. R. Kikot y C. F. Muller, todos miembros del Comité de Sucursal de Sudáfrica.

[19] Romanos 3:20; Gálatas 2:16; 3:2, 5, 10.

[20] Vea The Theological Dictionary of the New Testament, bajo “nómos”.

[21] Diccionario Manual Sopena, bajo “ley”.

[22] 1 Tesalonicenses 5:14; Santiago 1:26, 27; 2:14-16; 1 Juan 3:17, 18.

[23] El superintendente de circuito Wayne Cloutier, citado en el capítulo 7, menciona esta práctica en su carta, comentando sobre su ineficacia. Su declaración es solamente una de las muchas que han hecho ancianos experimentados.

[24] La afirmación apareció originalmente en La Atalaya de 15 de julio de 1955.

[25] Vea Comentario sobre la carta de Santiago, páginas 199-203. A través de Commentary Press se pueden obtener copias del material original, tal como se imprimió originalmente en la fábrica de la Sociedad Watch Tower.

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