4. Conmoción interna y reestructuración

“Así pues no se gloríe nadie en los hombres”. -1 Corintios 3:21, Versión Moderna.

LA INFORMACION que el libro Aid to Bible Understanding (Ayuda para entender la Biblia) presentó acerca de los ancianos indudablemente comenzó el proceso. Hasta entonces las con­gregaciones habían estado bajo la supervisión de una sola persona, el “superintendente de congregación.” Su reemplazo por un cuerpo de ancianos necesariamente hizo surgir preguntas acerca de las organizaciones de sucursal donde un solo hombre era el “superintendente” para un país entero, tal como un obispo o arzobispo tiene bajo su supervisión una extensa región de muchas con­gregaciones. Y las oficinas centrales tenían el presidente, a quien personalmente yo me había referido (al hablar ante un seminario para superintendentes de sucursal en Brooklyn) como “el superintendente -presidente para todas las congregaciones mundialmente.”1

Evidentemente la anomalía aparente, el contraste entre la situación en las oficinas de la sede central internacional fue lo que llevó al discurso y los artículos de La Atalaya sobre “la cola moviendo al perro” ya que éstos trataron de descartar con explicaciones la diferencia que existía entre la situación en las congregaciones y la de la sede central. Al mismo tiempo es probable que éstos sirvieran el propósito de dar aviso a los centenares de miembros con derecho a voto en la corporación de que no trataran de expresarse por medio de votación para efectuar algún cambio en la estructura de las oficinas principales o de expresarse con respecto a la membresía del Cuerpo

1 El presidente Knorr estaba sentado en la plataforma en ese entonces y no expresó ningún desacuerdo con la descripción.

  1. CRISIS DE CONCIENCIA

Gobernante y su administración. A la “cola” sólo le tocaba ser movida, no el mover.

El año de aquel discurso, 1971, el presidente Knorr decidió permitir que el Cuerpo Gobernante repasara y emitiera su juicio sobre un libro intitulado Organización para predicar el Reino y hacer discípulos, una forma de manual de iglesia que establecía la estructura organizacional y normas que gobernaban el entero arreglo, desde las oficinas principales por medio de la sucursales, distritos y circuitos, y hasta las congregaciones. Al Cuerpo Gobernante no se le pidió que suministrara material para el libro. El presidente había asignado el proyecto del desarrollo del libro a Karl Adams, el superintendente del Departamento de Redacción (quien no era miembro del Cuerpo Gobernante ni uno que profesara ser de los “ungidos”). El a su vez había asignado a Ed Dunlap y a mí para colaborar con el desarrollo del manual, y cada uno de nosotros escribió como una tercera parte del material.2

El material que desarrollamos presentó la relación del Cuerpo Gobernante y las corporaciones en armonía con los artículos sobre “la cola moviendo al perro.” Cuando ciertos puntos relacionados con esto se presentaron ante el Cuerpo, provocaron discusiones bastante acaloradas. El presidente Knorr se expresó claramente en cuanto a su creencia de que había un esfuerzo por “quitarle” su responsabilidad y trabajo. El dio énfasis a que el Cuerpo Gobernante había de pre­ocuparse estrictamente de “asuntos espirituales” y que la corporación se encargaría del resto. Pero, como sabían los miembros del Cuerpo, los “asuntos espirituales” asignados a ellos en ese entonces consistían casi enteramente en el virtual ritual de aprobar nombramientos de personas-a quienes en la mayoría de los casos no conocían-para la obra de superintendentes viajeros, y en el atender la corriente constante de preguntas acerca de “asuntos de expulsión.”

En ciertos puntos en la consideración expresé mi entendimiento de que otros asuntos de naturaleza espiritual eran también responsabilidad del Cuerpo. (Personalmente no podía armonizar el existente arreglo monárquico con la declaración de Jesús de que “todos ustedes son hermanos” y “su líder es uno, el Cristo”; de que “los gobernantes de las naciones se enseñorean sobre ellas y los hombres grandes ejercen autoridad sobre ellos,” pero “ésta no es la manera que debe de ser entre ustedes.”3 Sencillamente no parecía ser

2 Se me asignaron los capítulos sobre, “Su servicio a Dios,” “Salvaguardando la limpieza de la congregación,” “Perseverancia que resulta en aprobación divina.”

3 Mateo 23:8, 10; 20:25, 26.

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honrado decir lo que se había dicho en los artículos de La Atalaya de 1971 y no llevado a cabo.)

En cada caso que lo hice sin embargo, el presidente tomó las declaraciones muy personalmente, hablando extensamente, su voz tensa y enfática, diciendo que ‘evidentemente algunos no estaban satisfechos con la manera en que él estaba haciendo su trabajo.’ Entonces entraba en grandes detalles en la obra que estaba efectuando y luego decía, “ahora aparentemente hay algunos que no quieren que yo me encargue más de las cosas” y de que quizás él debería “traer aquí abajo todas las cosas y entregárselas a Ray Franz para dejar que él las atienda.”

Hallé difícil creer que él pudiera tan totalmente pasar por alto el punto principal de mis comentarios, de que yo me estaba expresando a favor del arreglo de un cuerpo, y no a favor de la transferencia de autoridad de un administrador individual a otro administrador individual. Cada vez se lo expliqué a él, dejando en claro que lo que se decía no era ataque personal, de que yo no creía que había individuo alguno que debiera asumir las responsabilidades bajo consideración, sino que más bien mi entendimiento de la Biblia y de La Atalaya era de que estos eran asuntos para ser tratados por un cuerpo de personas. Vez tras vez dije que si fuera un asunto de una sola persona manejarlo todo, entonces él sería a quien yo preferiría; que yo consideraba que él sencillamente había estado haciendo lo que él consideraba que se debía hacer y lo que siempre se había hecho en el pasado; que no tenía queja en cuanto a que él siguiera haciéndolo. Sin embargo, esto no pareció producir impresión alguna y, dándome cuenta de que cualquier cosa que yo dijera relacionada con eso sencillamente provocaría ira, después de unos cuantos esfuerzos desistí. En estas ocasiones el resto de los miembros del Cuerpo simplemente permaneció sentado, observando sin decir nada. Lo que sucedió unos años más tarde, por lo tanto, fue una sorpresa para mí.

En 1975 dos ancianos de Betel (uno un miembro por largo tiempo del Departamento de Servicio, y el otro, el superintendente asistente del hogar Betel) escribieron cartas al Cuerpo Gobernante expresando preocupación sobre ciertas condiciones que prevalecían dentro del personal de las oficinas principales, con referencia específica a una atmósfera de temor generada por los que tenían superintendencia, y un sentimiento creciente de desánimo y descontento resultante.

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En aquel tiempo cualquier persona que solicitaba servir en las oficinas principales (“servicio de Betel”) tenía que acordar permanecer un mínimo de cuatro años. La mayor parte de los solicitantes eran hombres jóvenes, de 19 a 20 años de edad. Cuatro años equivalían a una quinta parte de la vida que ellos hasta ese momento habían vivido. A la hora de la comida, a menudo yo le preguntaba a la persona a mi lado, “¿cuánto tiempo llevas aquí?” En los diez años que yo había dedicado ya en las oficinas principales nunca oí a siquiera uno de estos jóvenes responder en cifras redondas, “como un año,” o “unos dos años.” Invariablemente la respuesta era, “uno y siete,” “dos y cinco,” “tres y uno,” y así por el estilo, siempre dando los años y el número exacto de meses. No podía evitar el pensar que hombres que sirven una sentencia de prisión a menudo siguen una práctica similar de marcar el tiempo.
Generalmente era difícil hacer que estos hombres jóvenes se expresaran acerca de su servicio en las oficinas principales. Como me enteré por amigos que trabajaban más estrechamente con ellos, ellos no estaban dispuestos a decir mucho de manera abierta ya que temían que cualquier cosa que dijeran, que no fuera positiva, podría causar que se les clasificara como lo que popularmente se llamaba un “M. A.,” alguien con una “mala actitud.”
Muchos se sentían como “piezas de una máquina,” considerados como trabajadores pero no como personas. La inseguridad en el trabajo resultaba de saber que ellos podrían ser cambiados en cualquier momento a otro trabajo, sin ninguna .consideración previa, y a menudo, sin explicación alguna por el cambio hecho. La línea entre “gerencia y empleado” estaba claramente trazada y era cuidadosamente mantenida.
La mesada de catorce dólares que recibían a menudo escasamente cubría (y en algunos casos era menos de) su costo de transportación para ir y venir a reuniones al Salón del Reino al cual estaban asignados. Aquellos que tenían familia o amigos algo pudientes no tenían problemas, ya que recibían ayuda exterior. Pero otros raras veces podían pagar por cosa alguna más allá de sus necesidades básicas. Los que eran de puntos más lejanos, particularmente aquellos de los estados del oeste, podían encontrar virtualmente imposible el pasar vacaciones con sus familias, particularmente si venían de una familia pobre. Sin embargo, con regularidad oían saludos que se anunciaban a la familia Betel enviados por miembros del Cuerpo Gobernante, y otros, a medida que viajaban alrededor del país y a otras partes del mundo pronunciando discursos. Ellos veían a los oficiales de la

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corporación conduciendo automóviles “Oldsmobile” nuevos comprados por la Sociedad y mantenidos y limpiados por trabajadores como ellos. Su horario de trabajo de ocho horas y cuarenta minutos cada día, y cuatro horas el sábado por la mañana, combinado con la asistencia a las reuniones tres veces a la semana, más la actividad de “testificación” semanal, parecía a muchos que hacía que sus vidas fueran muy apretadas, rutinarias, y agotadoras. Pero sabían que el disminuir en cualquiera de estas áreas indudablemente los pondría en la clase de “M. A.” y resultaría en que se les llamara a una reunión diseñada a corregir su actitud.
Las cartas de los dos ancianos de Betel tocaron en algunas de estas zonas sin entrar en detalles. El presidente de nuevo pareció creer, desafortunadamente, que esto constituía una crítica a su administra­ción. Expresó personalmente al Cuerpo que él quería citar una audiencia sobre el asunto e12 de abril de 1975, y esto se hizo. Varios ancianos de Betel hablaron y muchas de las cosas específicas sobre lo antes mencionado se presentaron para consideración. Los que hablaron no comentaron sobre personalidades y no hicieron demandas, pero dieron énfasis en la necesidad de más consideración para la persona, de comunicación fraternal, y en beneficio de permitir que los que estuvieran cerca de los problemas participaran en decisiones y soluciones. Como lo declaró el superintendente asistente del hogar Betel, “parece que estamos más preocupados por la producción que por las personas.” El doctor del personal, doctor Dixon, relató que frecuentemente él recibía visitas de parejas casadas angustiadas debido a la inhabilidad de las esposas de aguantar las presiones y mantenerse al día con el horario demandante, con muchas de las mujeres cediendo a las lágrimas al hablar con él.
Una semana más tarde, el 9 de abril, la “Minuta” oficial de la sesión del Cuerpo Gobernante declaró:

Se hicieron comentarios sobre la relación del Cuerpo Gobernante y las corporaciones y lo que se publicó en La Atalaya del 15 de diciembre. del 1971. Se estuvo de acuerdo en que un comité de cinco compuesto de L. K. Greenlees, A. D. Schroeder, R. V. Franz. D. Sydlik. y J. C. Booth considerarían los asuntos concernientes a este tema y los deberes de los oficiales de las corporaciones y asuntos relacionados y tomarían en consideración los pensamientos de N. H. Knorr, F. W. Franz y G. Suiter. quienes son oficiales de las dos sociedades, y entonces presentarían recomendaciones. La idea entera es la de fortalecer la unidad de la organización.

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En una sesión tres semanas más tarde, el 30 de abril, el presidente Knorr nos sorprendió al presentar una moción de que en adelante todos los asuntos se decidieran por un voto de dos terceras partes de la membresía actual (la cual era entonces de diecisiete).4 Después de esto, la “Minuta” oficial de la sesión relata:

L. K. Greenlees entonces comenzó su informe sobre el comité de cinco y la petición del hermano Knorr de que se le dijera 1o que debería hacer.5 El comité consideró la Watchtowerdel15 de diciem­bre de 1971 [en español esto corresponde a La Atalaya del 15 de febrero de 1972], párrafo 29, muy cuidadosamente, también la página 760. El comité consideró que hoy en día el Cuerpo Gobernante debe estar dirigiendo las corporaciones y no de la otra manera. Las corporaciones deben reconocer que el Cuerpo Gobernante de diecisiete miembros tiene la responsabilidad de administrar la obra en las congregaciones a través del mundo. Ha habido un retraso de poner en vigor el arreglo en 1o que tiene que ver con Betel comparado con las congregaciones. Ha habido confusión. No queremos una organización doble.
A esto siguió una larga consideración de preguntas relacionadas con el Cuerpo Gobernante y las corporaciones y el presidente, con comentarios de parte de todos los miembros presentes. Al terminar el día. N. H. Knorr propuso una moción seguida por un comentario por E. C. Chitty. L. K. Greenlees también presentó una moción. Se acordó que las tres deberían ser fotocopiadas y entregadas a todos los miembros y volver a reunirse el día siguiente a las 8 de la mañana. Habría tiempo para orar sobre el asunto que es tan importante.

Las mociones fotocopiadas a las cuales se hace referencia, decían como sigue:

N. H. Knorr: “Yo presento la moción de que el Cuerpo Gobernante tome control de la responsabilidad de cuidar de la obra encargada en la constitución de la corporación de Pennsylvania y asuma la respon­sabilidad expresada en la constitución de la corporación de Pennsyilvania y todas las otras corporaciones a través del mundo usadas por los testigos de Jehová.”

4 El Colegio de Cardenales del Vaticano requiere una mayoría similar de dos terceras partes cuando votan a favor de un sucesor papa. Creo que es muy posible que Knorr y Fred Franz consideraban muy improbable que una mayoría tal de miembros votara a favor de un cambio.

5 En la primera reunión del “Comité de Cinco” se votó a favor de que Leo Greenlees sirviera de presidente del comité; yo presenté la moción.

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E. C. Chitty dijo: “La expresión ‘tomar control’ significa remover a la otra entidad. Creo por mi parte que la responsabilidad permanece como está. Más bien sería correcto decir’ supervisar la responsabilidad. ‘”

L. K. Greenlees dijo: “Presento la moción de que el Cuerpo Gobernante emprenda, en armonía con las Escrituras, la respon­sabilidad y autoridad completa para la administración y supervisión de la asociación mundial de los testigos de Jehová y sus actividades; de que todos los miembros y oficiales de una y todas las corporaciones usadas por los testigos de Jehová obren en armonía con y bajo la dirección de este Cuerpo Gobernante; que esta relación ensanchada entre el Cuerpo Gobernante y las corporaciones se ponga en vigor tan pronto como razonablemente se pueda hacer sin hacer daño a la obra del reino.”

Al siguiente día, 10 de mayo, hubo otra vez una larga conside­ración. El vicepresidente (quien había escrito los artículos de La Atalaya a los cuales se hizo referencia) en particular objetó las proposiciones hechas y cualquier cambio en el arreglo existente, cualquier reducción en la autoridad del presidente. (Esto trajo a la mente, y estaba en armonía con sus declaraciones hechas a mí anteriormente en 1971, que él pensaba que Jesucristo dirigiría la organización por medio de una sola persona a través del tiempo hasta que viniera el Nuevo Orden.) No hizo comentario sobre la evidente contradicción entre la presentación hecha en los artículos de La Atalaya (con sus declaraciones denodadas acerca del Cuerpo Gobernante usando las corporaciones como simples instrumentos) y las tres mociones formuladas, cada una de las cuales demostró que los que las hicieron (incluyendo al presidente mismo) reconocieron que el Cuerpo Gobernante en ese entonces no supervisaba las corporaciones.
La consideración fluctuó de un lado al otro. Pareció llegarse a un punto decisivo con la declaración hecha por Grant Suiter, el secretario tesorero de ambas corporaciones, hombre de habla algo crispada. Diferente de los comentarios hechos hasta entonces por los que estaban a favor de un cambio, sus expresiones fueron bastante personales, aparentemente dando rienda a un sentimiento por largo tiempo reprimido acerca del presidente, a quien nombró directamente. Al hablar de la estructura de autoridad, él no presentó acusaciones específicas a excepción de algo en relación al derecho de hacer cierto cambio en su habitación personal que él había pedido y que se le

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había negado, pero a medida que continuó, su rostro se enrojeció, los músculos de la quijada se pusieron tensos, y su palabra llegó a ser mucho más intensa. El concluyó con la declaración:

Yo digo que si vamos a ser un Cuerpo Gobernante, entonces, ¡emprendamos la gobernación! No he gobernado yo nada hasta ahora.

Estas palabras me fueron tan aturdidoras que estoy satisfecho de que las recuerdo y las registro según se dijeron. El que tuvieran el propósito de comunicar el sentido que comunicaron o no, por supuesto está más allá de lo que yo pueda saber y tal vez pudieran haber sido sencillamente una expresión momentánea, que no indicaba ningún motivo del corazón. De todos modos sirvieron para hacerse pensar muy seriamente acerca del asunto de la motivación correcta y sentí preocupación considerable de que, cualquiera que fuera el resultado de todo este asunto, pudiera ser el resultado de un deseo sincero de parte de todos los implicados de apegarse más estrecha­mente a los principios y ejemplos bíblicos y no por alguna otra razón. Hallé que la entera sesión era perturbadora, principalmente debido a que el espíritu general no pareció conformarse a lo que uno esperaría de un cuerpo cristiano.
Sin embargo, poco después de estos últimos comentarios mencionados por el secretario tesorero, N. H. Knorr evidentemente llegó a una decisión e hizo una declaración extensa la cual fue registrada en taquigrafía por Milton Henschel, quien había hecho también ciertas sugerencias y quien también obraba como secretario para el Cuerpo.6 Como se registra en las “Minutas” oficiales, las declaraciones del presidente incluyen estas expresiones:

. . . pienso que sería una cosa buena el que el Cuerpo Gobernante obrara de acuerdo con lo expresado por el hermano Henschel y diseñara un programa teniendo en mente lo que dice La Atalaya, que el Cuerpo Gobernante es el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová. No vaya discutir a favor o en contra de ello. En mi opinión no es necesario. La Atalaya lo ha declarado.

6 Milton Henschel, alto y usualmente de semblante serio, rara vez hablaba en las discusiones. pero cuando lo hacía lo hacía con considerable firmeza y finalidad. De joven. él había sido secretario personal del presidente Knorr; al tiempo aquí discutido, él estaba en sus cincuenta años de edad.

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. . . Será el Cuerpo Gobernante quien tendrá el poder e influencia conductora general. Ellos llevarán la responsabilidad como Cuerpo Gobernante y dirigirán a través de diferentes divisiones que ellos establecerán y tendrán una organización.

Al final dijo, “Presento esto como una moción.” Para mi sorpresa, su moción fue secundada por F. W. Franz, el vicepresidente. Se adoptó unánimemente por el cuerpo completo.
El lenguaje denodado de La Atalaya de cuatro años atrás estaba a punto de cambiar de simples palabras a hechos reales. Por las expresiones hechas por el presidente pareció que se efectuaría una transición suave. Sin embargo, era la calma que precedía el período más tempestuoso de todos.
En los meses que siguieron, el “comité de cinco” nombrado se reunió con todos los miembros de muchos años del personal de las oficinas principales. La gran mayoría estuvo a favor de una reorganización. El comité formuló propuestas detalladas para un arreglo de comités del Cuerpo Gobernante para atender diferentes facetas de la actividad mundial. Once de los diecisiete miembros del Cuerpo Gobernante al ser entrevistados personalmente indicaron aprobación básica.
De los seis restantes, George Gangas, un griego afectuoso y efervescente, uno de los de más edad entre los miembros del Cuerpo estaba muy indeciso, variable en sus expresiones de acuerdo a la actitud del momento. Charles Fekel, inmigrante de la Europa oriental, había sido uno de los directores de la Sociedad muchos años antes, pero había sido removido, habiendo sido acusado de haber transigido en su integridad con el juramento que tomó al obtener ciudadanía americana. Ahora estaba entre los miembros recién nombrados del Cuerpo y, de una naturaleza muy apacible, raramente participó en la consideración, consistentemente votando cualquiera que fuera la manera en que la mayoría votara y tuvo poco que decir sobre esta cuestión. Lloyd Barry, de Nueva Zelanda y también una adición reciente al Cuerpo, había venido a Brooklyn después de un número de años como superintendente de sucursal del Japón, donde la actividad de los Testigos había experimentado crecimiento fenomenal. El expresó dudas fuertes acerca de las recomendaciones, particularmente el efecto de descentralización con respecto a la presidencia; en una carta con fecha del 5 de septiembre del 1975, se refirió a los cambios recomendados como “revolucionarios.” Bill Jackson, un tejano, libre de presunción ni ostentoso, había dedicado

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la mayor parte de su vida en la sede central y, al igual que Barry, pensó que mejor sería dejar las cosas como estaban, especialmente debido a los nuevos aumentos numéricos que se habían efectuado bajo la existente administración.
Las voces más fuertes en oposición a los cambios contemplados fueron las del presidente y vicepresidente, ¡el que hizo la moción antes citada y el que la secundó!
Durante el tiempo en el cual el “Comité de Cinco” estaba entrevistando a los miembros del personal de muchos años para obtener el punto de vista de ellos, llegó el turno del presidente para presidir a la cabeza de la mesa en Betel por una semana. Por varias mañanas él usó la oportunidad para discutir ante los miembros de la “familia Betel,” de más de mil doscientos en los varios salones de comedor (todos unidos por sonido y televisión), lo que él llamó la “investigación” que se estaba llevando a cabo (las entrevistas del comité de cinco), diciendo que “algunas personas” favorecían cambiar las cosas que durante toda la vida de la organización se habían efectuado de cierta manera. El dijo una y otra vez: “¿Dónde está la evidencia de que los asuntos no marchan bien, de que se necesita un cambio?” Agregó que la “investigación” se proponía “demostrar que esta familia era mala,” pero añadió que él estaba seguro de que “algunos quejumbroso s” no “ahogarían el gozo de la mayoría.” El urgió a todos a “tener fe en la Sociedad,” señalando sus muchos logros. En cierto punto dijo con gran fuerza y sentimiento que los cambios que algunos querían hacer en lo relacionado a la familia Betel, su obra y organización, “se harán por encima de mi cadáver.”7
Con toda imparcialidad para con Nathan Knorr, debe decirse que indudablemente él creía que el arreglo que entonces existía era el correcto. El sabía que el vicepresidente, el erudito más respetado de la organización y aquel en quien él confiaba el manejo de los asuntos bíblicos, pensaba así. Knorr era básicamente una persona afable, a menudo afectuosa. Cuando él no estaba en su “uniforme” o papel de presidente, genuinamente disfruté de mi asociación con él. Sin embargo, su posición, como tan a menudo es el caso, generalmente no permitía que se viera ese lado de él y (de nuevo, indudablemente debido a su creencia de que el papel que él estaba llevando a cabo era de acuerdo a la voluntad de Dios) se inclinó a reaccionar muy rápida y enfáticamente ante cualquier aparente intrusión sobre su

7 Las palabras entre comillas provienen de notas escritas en el momento en que las palabras fueron dichas; éstas se escucharon, por supuesto, por más de mil personas en cada caso.

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autoridad presidencial. El personal aprendió a no hacer eso. Aún con todo eso, seriamente dudo que Nathan hubiera estado de acuerdo con algunas de las acciones duras que más tarde habían de resultar del cuerpo colectivo que heredó su autoridad presidencial.
Sentí cierta empatía con sus sentimientos y reacción, habiendo servido por muchos años como superintendente de sucursal, tanto en Puerto Rico como en la República Dominicana, donde yo había de ser, según el punto de vista prevaleciente en la organización, el “hombre principal” en el país, el representante personal del presidente. Este punto de vista hizo que constantemente estuviera consciente de mi “posición” y la necesidad de mantener en alto esa “posición.” Hallé por experiencia dura, sin embargo, que el tratar de vivir según ese concepto organizacional no contribuyó a relaciones placenteras con otros e hizo mi propia vida desagradable; las confrontaciones que produjo no eran algo para lo cual yo tenía la habilidad por naturaleza, y después de algún tiempo, sencillamente desistí de tratar de emular lo que había visto en las oficinas prin­cipales. Mi vida se hizo mucho más gozosa como resultado de ello y hallé que el efecto general era mucho más productivo y provechoso.

Las últimas palabras mencionadas por el presidente casi probaron ser proféticas. Evidentemente, al tiempo de decidas, él ya había desarrollado un tumor maligno en el cerebro, aunque esto no se llegó a conocer hasta después de que la reorganización era definitivamente un faít accompli (hecho consumado) habiéndose completado oficialmente ello de enero de 1976, y la muerte de Knorr ocurrió un año y medio más tarde, el 8 de junio de 1977.
La enfática oposición vocal del presidente fue igualada, tal vez sobrepasada, por la del vicepresidente. En el programa de graduación del 7 de septiembre del 1975 de la escuela misional de Galaad, a la cual graduación asistieron miembros de la familia Betel y personas invitadas (mayormente parientes y amigos de la clase que se graduaba), el vicepresidente pronunció un discurso, un rasgo acostumbrado de cada programa de graduación.
Fred Franz tenía un estilo inimitable, a menudo dramático (hasta melodramático) de hablar. Lo que sigue es de una copia exacta de su discurso, pero las palabras escritas no pueden comunicar las inflexiones, el espíritu, el “sabor,” aún el sarcasmo ocasional, que se hizo denotar en el discurso mismo.
Sus palabras de apertura, sin embargo, dieron una indicación clara en cuanto hacia donde se dirigía el discurso. Teniendo en mente que

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un comité apropiadamente nombrado por el Cuerpo Gobernante estaba en ese mismo tiempo haciendo una proposición de que el entrenamiento, asignación y supervisión de los misioneros fueran manejados por el Cuerpo Gobernante, más bien que por las corporaciones, notamos su expresión de apertura. El comenzó diciendo:

Esta clase se envía en colaboración con la Sociedad Watch Tower Bible and Tract de Pennsylvania. Pues hoy en día se hace surgir la pregunta, ¿qué derecho tiene la Sociedad Watch Tower Bible and Tract de enviar misioneros al campo? … ¿quién autorizó a la Watch Tower Bible and Tract de Pennsylvania para que enviara misioneros alrededor del globo?”
Ahora, tal pregunta desafiante debiera hacerse surgir en relación a una circunstancia anterior. Y se basa en el hecho de que la Sociedad Watch Tower Bible and Tract fue fundada por un hombre que llegó a ser un evangelizador de talla mundial, uno de los más eminentes evangelizadores de este siglo veinte y quien específicamente logró fama global cuando hizo su viaje alrededor del mundo en el año 1912. Ese hombre fue Carlos Taze Russell de Allegheny, Pennsylvania.

Claramente el enfoque recaía primariamente sobre la corporación; el Cuerpo Gobernante ni se mencionó. Por supuesto, nadie había hecho surgir la “pregunta desafiante” que él aquí estaba haciendo surgir; la cuestión verdadera para el Cuerpo Gobernante era si el discurso que él mismo había pronunciado cuatro años antes acerca de la relación entre el Cuerpo y la corporación se había de tomar en serio. Sin embargo, pasó a decir con su estilo característico:

Ahora, yo he pensado acerca de este asunto. Tal vez Ud. también lo haya hecho. ¿Exactamente cómo llegó a ser Russell un evangelizador? ¿Quién lo hizo a él evangelizador? . . . las varias religiones establecidas de la cristiandad estaban en funcionamiento. Por ejemplo. había una Iglesia Anglicana con su cuerpo dirigente. y la Iglesia Protestante Episcopal con su cuerpo dirigente. Estaba la Iglesia Metodista con su Conferencia; y estaba también la Iglesia Presbiteriana (ala cual Russell perteneció) con su Sínodo. Igualmente la Iglesia Congregacional (a la cual Russell se había unido) con su Congregación Central.
Pero ninguna de esas organizaciones dirigentes. . . hizo a Russell un evangelizador o misionero.

Sin aludir directa o abiertamente al Cuerpo Gobernante. él se las había arreglado para introducirlo en la consideración indirectamente

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por referirse a aquellos “cuerpos dirigentes,” bajo varios nombres. (El pudiera haber mencionado del mismo modo a los Jesuitas, quienes tienen una administración que lleva este nombre: Cuerpo Gobernante.) Pero 1o que se hizo quedar claro fue que ninguna clase de Cuerpo Gobernante tuvo algo que ver, o ejerció autoridad alguna, para con el fundador de la corporación Watch Tower. El era un “independiente,” no sujeto a ninguno de ellos.
El Cuerpo Gobernante había nombrado al “Comité de Cinco” y éste estaba haciendo la recomendación de que se formaran comités permanentes para cuidar de la dirección de la obra mundialmente. Así, las siguientes palabras del discurso del vicepresidente llegaron a tener significado adicional ya que, después de hablar de los setenta discípulos que Jesús envió, él dijo a la clase graduanda:

Ahora no hemos de imaginamos que, por medio de enviar a los setenta evangelizadores . . . por enviados de dos en dos, el Señor Jesucristo estaba haciendo de cada dos de ellos un comité, de modo que los setenta evangelizadores fueran treinta y cinco comités de dos. . . . Ustedes son enviados hoy después de su graduación como misioneros. . . dos son enviados a Bolivia, y después hay otros que son enviados, tal vez cuatro o seis u ocho, a un país diferente como asignación en la cual trabajar. Ahora, no piensen ustedes, misioneros, que debido a que son enviados dos juntos, o tal vez cuatro o seis o quizá ocho, que ustedes son enviados como un comité para tomar control de la obra del país al cual son asignados. ¡De ningún modo! Ustedes son enviados como misioneros individuales para cooperar juntos, y cooperar con la sucursal de la Sociedad Watch Tower Bible and Tract, la cual opera y dirige la obra en el país al cual usted es asignado para obrar como evangelizador. De modo que no introduzca en su cabeza esta idea de comités. . . .

En todo esto el Cuerpo Gobernante brilló por su ausencia, eclipsado por la corporación. Ni una sola persona había sugerido que los misioneros fueran enviados como “comités” o de que ellos “se hicieran cargo de la obra” en sus países asignados, pero esto sirvió como un medio para introducir la idea de comités y desacreditar el concepto.
El discurso luego pasó a considerar a Felipe “el evangelizador,” haciendo surgir una vez más la pregunta en cuanto a “¿quién 1o hizo a él un evangelizador o misionero?8 El hizo referencia al libro de

8 Vea Hechos 8:5-13; 21:8.

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Hechos, capítulo 6, donde los apóstoles, como un cuerpo, hallaron necesario nombrar siete hombres, incluyendo a Felipe, para atender. la distribución de alimentos, y así poner fin a las quejas que se hacían de discriminación para con ciertas viudas. Entonces dijo:

Bien, ahora si ustedes miran en la McClintock y Strong’ s Cyclo­predia of Religious Knowledge [la Enciclopedia de conocimiento religioso por McClimock y Strong, en inglés] hallarán que la obra que los apóstoles asignaron a esos siete hombres se llama “una obra semiseglar.” Pero los apóstoles no querían hacer esa obra semi-seglar; ellos la entregaron a estos siete hombres y les dijeron “ustedes atiendan esto. Pues nosotros vamos a especializamos en oraciones y enseñanza.” Ahora ¿estaban estos doce apóstoles del Señor Jesucristo, por medio de entregar a otros esta responsabilidad para atender las mesas–estaban ellos haciéndose simples testaferros [figuras simbólicas] en la congregación de Dios y de Jesucristo? Ciertamente no se estaban haciendo a sí mismos testaferros por especializar ellos en asuntos espirituales.

Para aquellos miembros del Cuerpo Gobernante que habían oído al presidente dar énfasis a que el Cuerpo Gobernante debiera atender “estrictamente a las cosas espirituales” y dejar el resto a la corporación, las palabras del vicepresidente tenían un sonido familiar. Sin embargo, extrañamente la mitad de los hombres en el Cuerpo ya estaban dedicando sus ocho horas y cuarenta minutos diarios precisamente a tal “trabajo semi-seglar.” Dan Sydlik y Charles Fekel trabajaban en la fábrica; Leo Greenlees manejaba los seguros y asuntos relacionados para la oficina del secretario tesorero; John Booth tenía la superintendencia de la cocina de Betel; Bill Jackson se encargaba de asuntos legales y documentos; Grant Suiter estaba ocupado diariamente en asuntos financieros, inversiones, acciones, y testamentos; Milton Henschel y el presidente mismo (quien controlaba todas estas asignaciones de trabajo) estaban ocupados en la obra “semi-seglar” administrativa que el vicepresidente dijo que se debería “entregar” a otros para que la atendieran.
La historia de Pablo, el Saulo convertido, se relató ahora; corno después de su conversión él fue a Jerusalén y solamente vio a dos de los apóstoles, no al cuerpo total de ellos; como con el tiempo el vino a Antioquía, de Siria. Al relatar la llamada del Espíritu santo de Pablo y Bernabé a la actividad misionera, el vicepresidente continuó dando énfasis a que todo esto se hizo por medio de la congregación de
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Antioquía (y por lo tanto no a través de Jerusalén donde estaba ubicado el cuerpo apostólico).9 El dijo:

Y entonces, de momento, mientras Pablo servía en Antioquía, en Siria, no en Israel sino en Siria, pues el espíritu de Dios habló a la congregación allí en Antioquía y dijo, “ahora de todas las cosas, aparten, es decir ustedes, esta congregación en Antioquía, ustedes aparten a estos dos hombres, a saber Bernabé y Saulo para la obra para la cual los he comisionado.” Y así la congregación de Antioquía hizo eso y pusieron las manos sobre Pablo (o Saulo) y Bernabé y los enviaron. . . y ellos salieron por el espíritu santo que obro a través de la congregación de Antioquía y salieron en su primera asignación misionera.
Así, como ustedes ven, el Señor Jesucristo estaba actuando como el cabeza de la congregación y tomando acción directamente, sin consultar con cuerpo alguno aquí en la tierra acerca de lo que El debiera hacer o no debiera hacer. Y El actuó de ese modo con respecto a Pablo y Bernabé y ellos eran ambos apóstoles de la congregación de Antioquía.

En este punto del discurso recuerdo estar sentado allí, pensando: “¿Se da cuenta este hombre de lo que está diciendo? Yo sé cual es su propósito, el quitar énfasis del Cuerpo Gobernante con el fin de mantener la autoridad de la corporación y su presidente, pero ¿se da cuenta él de lo que implica lo que está diciendo? En el proceso de lograr su propósito él está desacreditando la entera enseñanza acerca de la existencia de un Cuerpo Gobernante centralizado en el primer siglo, que operaba desde Jerusalén, con autoridad mundial de supervisar y dirigir a todas las congregaciones de cristianos verdaderos en todas partes y en todos los asuntos, un concepto que las publicaciones de la Sociedad habían edificado en la mente de todos los Testigos de Jehová y a la cual la vasta mayoría se apega hoy en día.”
Pero el vicepresidente de ninguna manera había terminado, y llevó a conclusión la idea con mayor fuerza aún. Describiendo cómo Pablo y Bernabé completaron su primer viaje misionero, él continuó, con creciente intensidad y dramatización:

. . . ¿y adónde fueron, adónde se presentaron para dar informes? Allí está el registro, usted lo puede leer en los versículos de conclusión

9 Debe recordarse que la única base para la enseñanza de los Testigos del arreglo y autoridad de un “cuerpo gobernante’ es la idea de que tal arreglo operaba en Jerusalén en tiempos bíblicos.

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del capitulo 14 de Hechos. Ellos regresaron a Antioquía, a la con­gregación de allí, y el registro dice que ellos relataron las cosas en detalle a esta congregación que los había entregado a la bondad inmerecida de Dios para la obra que ellos habían llevado a cabo. De modo que fue allí donde ellos presentaron su informe.
Así que el registro también dice que ellos permanecieron en Antioquía por bastante tiempo. Ahora ¿Qué sucedió? De momento algo ocurrió y Pablo y Bernabé-ellos suben a Jerusalén. Bueno, ¿cual fue la cuestión? ¿Qué les llevó a Jerusalén?
Bueno, fue acaso el cuerpo de apóstoles y de otros ancianos de la congregación de Jerusalén que les ordenó que fueran allá y dijeran, “¡Miren! Supimos que ustedes dos salieron en un viaje misionero y terminaron el viaje y no vinieron aquí a Jerusalén a damos un infom1e. ¿NO SABEN USTEDES QUIENES SOMOS NOSO­TROS? Nosotros somos el concilio de Jerusalén. ¿NO RECONO­CEN USTEDES LA JEFATURA DEL SEÑOR JESUCRISTO? Si ustedes no vienen aquí apresuradamente, vamos a tomar acción disciplinaria en contra de ustedes.”
¿Es eso lo que dice el registro? Bueno, si ellos hubieran obrado de esa manera hacia Pablo y Bernabé, por haber rendido informe a la congregación por medio de la cual el espíritu santo les había enviado a salir en su viaje, entonces este concilio de apóstoles de Jerusalén y otros ancianos de la congregación judía, se hubieran puesto por encima de la jefatura del Señor Jesucristo.

Sus puntos eran completamente válidos. También eran completa­mente contrarios al punto de vista presentado en las publicaciones de la Sociedad, las cuales presentan un cuadro de Jerusalén como el asiento de un cuerpo gobernante ejerciendo autoridad completa y dirección como la agencia de Cristo sobre todos los cristianos, obrando con autoridad divina. Indudablemente es por eso que, a diferencia de otros discursos que el vicepresidente había pronunciado, éste nunca se usó como base para artículos de la revista La Atalaya. El que cualquier Testigo individual presentara tal argumento hoy en día seda considerado como habla rebelde, una herejía. Si se aplicaran tal y como se declararon, las palabras del vicepresidente significarían que cualquier congregación en la tierra podría enviar misioneros suyos si creían que Jesucristo y el Espíritu santo así 1o dirigían, haciéndolo sin consultar con nadie, sea en Brook1yn o con alguna oficina de sucursal. N o había duda en mi mente en cuanto a la reacción rápida y adversa que esto provocaría en las oficinas principales de la Sociedad. Se consideraría como una amenaza a su autoridad centralizada y a cua1quiet: congregación que hiciera eso se

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le preguntaría, “¿Saben ustedes quienes somos nosotros? ¿No reconocen ustedes la jefatura del Señor Jesucristo que opera a través de nosotros?” Todo lo que él dijo en el discurso era verdad, perfectamente verdadero, pero evidentemente no había la menor intención de que los puntos se aplicaran que la que había habido con los puntos que él había presentado como cuatro años antes en el discurso de “la cola moviendo al perro,” excepto que ahora con la referencia a Antioquía él estaba tratando de crear un paralelo con la corporación como operando aparte del Cuerpo Gobernante.
El discurso pasó a mostrar que la razón verdadera por la cual Pablo y Bernabé fueron a Jerusalén, como se registra en Hechos 15, fue debido a que Jerusalén misma había sido la fuente de un problema serio para la congregación de Antioquía, hombres provenientes de Jerusalén fomentaron dificultad sobre la cuestión de guardar la ley y la circuncisión. Por lo tanto se hizo el viaje a Jerusalén para contrarrestar el efecto de la enseñanza de estos perturbadores de Jerusalén.
Continuando el argumento, él habló acerca del segundo viaje misionero de Pablo y su nuevo acompañante Silas y de nuevo dio énfasis a que fue desde la congregación de Antioquía que ellos salieron, de modo que “de nuevo, la congregación de Antioquía se usó para enviar misioneros de gran eminencia en la historia bíblica.” Que ellos regresaran a Antioquía y que desde Antioquía Pablo salió en su tercer viaje. Concluyendo el relato del libro de Hechos, el vicepresidente dijo:

y así, a medida que examinamos el relato de estos dos sobre­salientes misioneros de entre los que se registran en la historia bíblica, hallamos que fueron enviados especialmente por el Señor Jesucristo, quien es Cabeza de la iglesia, un hecho del cual la Sociedad Watch Tower Bible and Tract ha sostenido y aceptado desde que se formó la Sociedad. Así que, vemos, como el Señor Jesucristo es Cabeza de la iglesia y tiene derecho a obrar directamente, sin tener en cuenta alguna otra organización, no importa quienes sean. El es Cabeza de la iglesia. No podemos desafiar 1o que EL HACE.

Esas últimas tres oraciones dichas por el vicepresidente expresan bien la posición que toman hoy en día un número de Testigos. Por tomar esa posición ahora se les tilda de “apóstatas.” De nuevo, sin embargo, esas declaraciones claramente no se dijeron para que se aplicaran de la manera en que sonaban. Pues el vicepresidente estaba al mismo tiempo diciendo que el desafiar la autoridad de la Sociedad

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Watch Tower Bible and Tract y la autoridad de su presidente era desafiar al Señor Jesucristo. El no creía que el pensar o la acción del “comité de cinco” nombrado por el Cuerpo Gobernante podría de manera alguna representar la dirección de la Cabeza de la iglesia, por la sencilla razón de que Jesucristo mismo había hecho que la corporación se formara y estaba trabajando a través de ella. A mi esto me pareció ser un caso de razonamiento confuso.
El hecho de que ésta era la meta hacia la cual su discurso se dirigía se podía ver debido a que, llegando al punto principal, él ahora aplicó todos estos puntos a los tiempos modernos. El habló del surgimiento de Charles Taze Russell, el comenzar él una nueva revista religiosa, La Atalaya, y “¿quién autorizó a este hombre a hacer eso?” Entonces, pasó a mencionar que Russell transformó en corporación la Zion’ s Watch Tower Bible and Tract Society, y aquí él añadió:

y tengan en cuenta, hermanos, que cuando él fundó esa sociedad, la Sociedad Watch Tower Bible and Tract, él no estaba fundando una sociedad u organización MARGINADA que nada hace.

El Señor Jesucristo y el Espíritu de Dios habían levantado a Russell, dijo él, y también apoyaron la formación de la corporación, “esta Sociedad activa e industriosa.” El vicepresidente entonces describió el origen de la escuela de Galaad; que la misma había sido la idea del presidente de la corporación; que, cuando se formó, la Junta de Directores había dado su apoyo y que el presidente había de supervisar la escuela. Nathan Knorr estaba sentado en la plataforma mientras el vicepresidente pronunció su discurso y Fred Franz señaló en su dirección en el curso de las declaraciones siguientes:

De modo que ustedes pueden ver, queridos hermanos, que la Junta de Directores de la corporación de Nueva York y la de Pennsylvania, según fueron constituidas entonces, tenían respeto por el puesto del presidente y no trataron al presidente de estas organizaciones como un testaferro inmovilizado de cara impasible, presidiendo sobre una sociedad, una sociedad marginada que nada hace.

Desde el principio del discurso yo había pensado que ésta era la meta hacia la cual él se dirigía, de modo que no fue sorpresa para mí, aunque el lenguaje que usó sí lo fue. Después de este punto de la presentación el tono del discurso se suavizó y él pasó a dar énfasis a ese día en particular, el 7 de septiembre de 1975, diciendo:

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¿y saben ustedes que significa eso? Según este diario, diario hebreo, de la tierra de Israel [refiriéndose ahora a un pequeño folleto que sostenía en su mano], éste es el segundo día del mes de Tishri del año lunar de 1976, y ¿saben ustedes lo que eso significa? Que aquí en este día de su graduación, pues es el segundo día del séptimo milenio de la existencia del hombre aquí en la tierra. ¿No es eso interesante? ¿No es eso algo magnífico [aquí hubo aplausos] que el día de apertura del séptimo milenio de la existencia de la humanidad sea señalado por la operación de la Sociedad Watch Tower Bible and Tract, en completa obediencia a los términos en su carta constitu­cional, enviando la clase 59 de la Escuela de Galaad para misioneros?
Jehová Dios ciertamente la ha bendecido, y por sus frutos ha llegado a ser conocida como una agencia aprobada en las manos de Jehová Dios y por lo tanto no hay necesidad de desafiar el derecho y autoridad de esta Sociedad de enviar misioneros.
y amigos, noten esto, que de la misma manera que Dios usó a la congregación de Antioquía para enviar dos de los misioneros más sobresalientes del primer siglo, Pablo y Bernabé, así hoy Jehová Dios está usando la Sociedad Watch Tower Bib1e and Tract de Pennsylvania en colaboración con la corporación de Nueva York, para enviar misioneros y están determinados a continuar este curso. Eso nos es algo muy, muy grato.”10

No podía haber duda de que en la mente del vicepresidente alguien había “arrojado el guante” en desafío a la presidencia. Por este discurso las líneas de la batalla cuidadosa y enfáticamente se habían trazado. La corporación tenía su terreno soberano y era terreno prohibido para el Cuerpo Gobernante. El triste efecto de todo esto fue que muchos de sus compañeros del Cuerpo Gobernante fueron claramente presentados en el papel de agresores y abiertamente descritos como faltos de respeto a la autoridad del Señor Jesucristo investida en esta “agencia aprobada,” la corporación.
Los invitados que estaban presentes, padres y amigos de la clase graduando, en general quedaron confusos y mistificados por muchas de las cosas dichas y por la fuerza del discurso, a veces empleando lenguaje cortante. Los miembros de la familia Betel, aunque tenían una idea vaga de las dificultades debido a comentarios hechos por el presidente y vicepresidente cuando sirvieron como cabeza de la mesa, ahora habían reforzado sus sospechas de que en efecto había una

10 Después del discurso, el presidente Knorr habló, algo ahogado por la emoción y visiblemente conmovido. El expresó gran aprecio por lo que se había dicho, y estoy seguro que él realmente sentía lo que estaba expresando. Entonces pasó a pronunciar un discurso placentero sobre “El habla sana.”

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contienda dentro del Cuerpo Gobernante, aparentemente una lucha por poder.
El contraste entre este discurso y el de “la cola moviendo al perro” de cuatro años antes, no podía ser mayor. Ambos se presentaron por el mismo hombre, sin embargo parecían ir en direcciones totalmente opuestas. Yo sería menos que honrado si no admitiera que salí del auditorio ese día sintiéndome, no solamente profundamente perturbado, sino también algo enfermo. Parecía que la Palabra de Dios era algo que podía usarse para encajar un argumento particular cuando las circunstancias lo hicieran aconsejable, y un argumento opuesto cuando las circunstancias eran diferentes. Esto me perturbó más que cualquier otro aspecto del asunto.
Como en el caso de Nathan Knorr, así, también, ciertos factores ayudan en entender las acciones de Fred Franz. A finales del 1941, cuando el Juez Rutherford yacía en su lecho de muerte en Beth Sarim, llamó a tres hombres a su lado: Nathan Knorr, Fred Franz y Hayden Covington. Les dijo que él quería que ellos continuaran la obra después de su muerte y que debieran “mantenerse juntos” como un equipo. Esa acción hacía recordar el “testamento” del Pastor Russell, aunque aquí se dio oralmente más bien que por escrito. Unos cuantos años mas tarde, en 1961, al escribir el libro “Santificado sea tu nombre,” Fred Franz hizo alusión a esa ocasión al considerar el relato de la acción de Elías al pasar el manto profético (en la Traducción del Nuevo Mundo “la prenda de vestir oficial”) a su sucesor Eliseo.11 El presentó esto como un drama profético y declaró:

Rutherford estaba enfermo en cama en un sitio de la costa del Pacífico cuando los Estados Unidos de Norteamérica se lanzaron a la 11 Guerra Mundial el 7 de diciembre de 1941. Se llamó a dos hombres del resto ungido (uno desde 1913 y el otro desde 1922) y a uno de las “otras ovejas” (desde 1934) para que vinieran de las oficinas centrales en Brooklyn y acudieran al lecho de Rutherford en la casa llamada “Beth-sharim,” en San Diego, California. El 24 de diciembre de 1941 él dio a estos tres sus instrucciones finales. Por años había estado esperando ver la resurrección de los fieles profetas, incluyendo a Elías y Eliseo, y su instalación como “príncipes [del Reino] en toda la tierra” en el nuevo mundo de Dios. (Salmo 25: 16) Pero el jueves 8 de enero de 1942 Rutherford murió a la edad de setenta y dos años, como fiel Testigo de Jehová Dios, completamente dedicado a los intereses del reino de Dios. Se había mostrado

11 2 Reyes 2:8. 11-14.

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denodado en apoyo del lado de Jehová en el punto en disputa supremo sobre la Dominación Universal.
Visto desde nuestro tiempo actual, parece que allí terminó la obra de Elías, y había de ser sucedida por la obra de Eliseo. Era como el tiempo cuando Elías y Eliseo .habían cruzado a la ribera oriental del río Jordán por medio de dividir las aguas y estaban caminando juntos esperando que Elías fuera quitado.12

Cuando el Cuerpo Gobernante consideró la reorganización propuesta, el vicepresidente hizo referencia directa a esta asignación de parte del agonizante Juez Rutherford. No dudo de que Fred Franz consideraba que en esta ocasión había tenido lugar cierta acción de “transferir el manto.” Como se ha dicho, Nathan Knorr sucedió a Rutherford a la presidencia. Knorr pidió a Hayden Covington, el abogado de gran estatura que defendió a los Testigos de Jehová en muchos casos ante la Corte Suprema de los Estados Unidos, que sirviera como vicepresidente, esto a pesar del hecho de que Covington no profesaba entonces ser de la clase “ungida.” (Esto demuestra que ni el Juez Rutherford ni, inicialmente Nathan Knorr, consideraban que el ser de los “ungidos” era esencial para dirigir la obra mundialmente.) El propio testimonio de Covington, presentado durante el caso Walsh en Escocia, indica que no fue sino hasta que se recibió alguna correspondencia unos años más tarde preguntando si esto debía ser así, que él y Knorr hablaron de que él no era de los “ungidos” y Covington decidió que debería renunciar.13 Las relaciones entre los dos se deterioraron a medida que pasó el tiempo y Covington eventualmente salió del personal de las oficinas principales para ejercer como abogado en la práctica privada.14 Fred Franz fue elegido como vicepresidente después de la dimisión de Covington en 1944.
Aunque los tres herederos de la transferencia de responsabilidad en el lecho de muerte de Rutherford (la cual transferencia, incidentalmente, muestra que no había “Cuerpo Gobernante” en operación), ahora se habían reducido a dos, evidentemente todavía

12 “Santificado sea tu nombre publicado en español en 1964 (1961 en inglés), pp. 306, 307.
13 Del registro oficial de la corte, pp. 387, 388; caso celebrado en Edimburgo en noviembre de 1954.
14 Covington había sostenido una lucha severa contra el alcoholismo y se había sometido a un tratamiento cuando aún estaba sirviendo en las oficinas centrales. Se sometió a otro tratamiento en el Hospital Speers en Dayton, Kentucky, después de haber sido expulsado en los 1970, y finalmente venció el problema. Fue readmitido y continuó su asociación hasta su muerte.

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había un sentimiento definido de que estaba en vigor un papel especial en el cumplimiento de profecías. En 1978, en una convención grande en Cincinnati, Ohio, cuando Fred Franz, ya presidente de la Sociedad, se le pidió hablar al auditorio de 30,000 personas acerca de la experiencia de su vida como Testigo, él escogió dedicar gran parte del tiempo a considerar su relación con el ahora fallecido Nathan Knorr, particularmente dando énfasis a las palabras del lecho de muerte de Rutherford a ellos. Muy verdaderamente se puede decir que el discurso tomó el aspecto de un elogio a medida que Fred Franz describió las cualidades de Knorr y dió énfasis a que él se mantuvo firme al lado de Knorr hasta el mismo fin “como el Juez había instado” y que estaba orgulloso de haberlo hecho.
Quizás aún más iluminador con respecto a este punto de vista de estar “con el manto puesto,” fue una expresión que se hizo el mismo año durante una sesión de lo que ahora era el Comité de Redacción del Cuerpo Gobernante: Estaban presentes Lyman Swingle, Lloyd Barry, Fred Franz, Ewart Chitty y yo. Se estaba escribiendo un comentario sobre la carta de Santiago, efectuado por Ed Dunlap, y Fred Franz había pedido que se hiciera un ajuste sobre la considera­ción de Dunlap acerca de Santiago 3: 1, donde el discípulo dice:
No muchos de ustedes deberían hacerse maestros, hermanos míos, sabiendo que recibiremos juicio más severo.

El material que Dunlap había preparado dijo que esto evidente­mente era un aviso en contra de individuos no calificados que buscaban servir como maestros sencillamente por el deseo de prominencia. Fred Franz pidió que se eliminara la mayor parte del material pero no dio explicación particular por sus objeciones excepto el preguntar por escrito:

Si Jesús dio algunos para ser maestros, ¿cuántos había de dar? [Aquí, Fred Franz estaba refiriéndose al texto en Efesios 4: 11.] Y ya que Jesús efectúa el dar, ¿cómo podría Santiago decir a los hombres ‘no muchos de ustedes debieran hacerse maestros’? ¿Cómo fue que Santiago mismo llegó a ser maestro?

Ya que se me había asignado superentender el proyecto del desarrollo del comentario, en la reunión del comité le pedí a Fred Franz que aclarara su objeción y nos dijera exactamente lo que él pensaba que se quería decir por este texto. El declaró que él creía

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que significaba que era la voluntad de Dios el que hubiera sólo unos cuantos hombres en la entera congregación cristiana que correcta­mente pudieran ser llamados “maestros.” Le pregunté que quiénes serían los tales en nuestro tiempo. Hablando muy calmadamente su repuesta fue:

Bueno, yo creo que yo soy. Yo he estado aquí en las oficinas principales por más de cincuenta años y he estado envuelto en el campo de redacción e investigación durante la mayor parte de ese tiempo, de modo que creo que yo soy uno. Y-hay algunos otros hermanos a través de la tierra que lo son.

Esta respuesta produjo una ocasión más en que el efecto fue tan sorprendente que las palabras fueron, en realidad, grabadas en mi memoria como por fuego. Yo no fui el único testigo, ya que se pronunciaron delante de otros tres miembros del Comité de Redacción. Por su declaración se nos había identificado sólo un maestro en la tierra por nombre: Fred Franz. Quiénes eran los otros, se nos dejó para que especuláramos. Como le dije a Lyman Swingle en más de una ocasión después de eso, lamentaba no haber continuado la consideración del asunto pidiéndole nombres de los otros “maestros” en nuestro tiempo. Pero la respuesta me dejó momentáneamente sin habla.
En el mismo memorándum en el cual él presentó su objeción al material de Dunlap, el presidente Franz también había sugerido que se añadieran los siguientes puntos en el comentario que se había de producir (citando ahora de la página 2 de su escrito):

¿Cómo Santiago mismo llegó a ser maestro?, no lo sabemos excepto que su medio hem1ano, Jesucristo, se le apareció a él después de su resurrección. (1 Coro 15:7; Hechos 1:14) No todo hombre cristiano dedicado y bautizado, que quiera “llegar a ser maestro” lo hace con motivo egoísta, ambicioso. Tal maestro con motivación correcta se pudo ver en el caso del “editor y publicador” de 27 años de edad [el pastor Russell] de la revista Zion’ s Watch Tower and Herald of Christ’ s Presence [La Torre del Vigía de Sion y el Heraldo de la Presencia de Cristo] en julio de 1879.

Esto trajo a mi memoria su discurso en la graduación de Galaad en 1975 cuando él hizo clara su convicción de que Cristo Jesús personalmente había levantado al pastor Russell para desempeñar un papel especial. Este material dado tres años más tarde indicó que él

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consideraba que tal selección personal individual por Cristo continuaba en otros casos, con el resultado de que sólo unas cuantas personas selectas, no “muchas,” fueron levantadas como “maestros” especiales para la congregación. 15
Sin embargo, el antes mencionado material sugerido, que introducía en el cuadro la persona de Russell, no se usó y la información que se halla en las páginas 99 hasta la parte de arriba de la 102 en el Comentario sobre la Carta de Santiago es un reemplazo del material de Dunlap el cual yo escribí de modo que las objeciones del presidente Franz fueran satisfechas. En cierto sentido fueron una refutación de su punto de vista ya que las palabras de Jesús en Mateo 23:8, “Mas ustedes, no sean llamados Rabí, porque uno solo es su maestro, mientras que todos ustedes son hermanos,” parecieron estar completamente en contra de la idea de que hubiese un pequeño número de hombres formando un aparente grupo exclusivo de “maestros” especialmente seleccionados, unos cuantos escogidos. El escrito ajustado que yo sometí se aprobó en comité y se publicó.

Hay otro factor que pudiera ayudar a explicar el por qué parecía haber una evidente contradicción entre ciertas declaraciones denodadas y fuertes hechas en material impreso (como en el caso de los artículos sobre “la cola moviendo al perro”) y la realidad com­parativamente tímida y endeble que de hecho existía. La razón es la habilidad de racionalizar, de tomar un incidente o acción que es muy pequeño, o aún insignificante, y revestirlo con valor simbólico. De esa forma tal acontecimiento o acción pequeña se considera como capaz de sustituir, o ser representativo de, algún acontecimiento mucho mayor o alguna acción que en realidad nunca ha acontecido.
Como ejemplo de esto, el simple hecho de que en 1971 el presi­dente Knorr había decidido entregar su monopolio de la presidencia de las mesas del comedor de Betel, compartiéndolo con otros miembros de la Junta de Directores, y también permitirles que sirvieran sobre una base rotativa como presidente de sesiones del Cuerpo Gobernante, se consideró como todo lo que hacía falta para demostrar que las corporaciones (y sus oficiales) estaban de hecho dirigidas por y en sujeción al Cuerpo Gobernante, y que en efecto “el

15 Karl Klein en varias ocasiones, durante sesiones del Cuerpo Gobernante, hizo referencias a Fred Franz como habiendo sido el “oráculo” de la organización por muchos años. Aunque generalmente dicho con una sonrisa, su uso repetido del término implicó más que una mera broma.

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perro sí estaba moviendo la cola.” Ninguna otra acción tangible o cambio significativo había tenido lugar en la estructura de autoridad, ni se consideraba como necesario para cumplir el cuadro im­presionante que se había presentado.
El hecho de que Fred Franz era capaz de ver los asuntos así parece evidente, particularmente debido a que, sorprendentemente, unos veinte años antes, allá en 1944, él había escrito artículos para La Atalaya que contenían todos los puntos básicos sobre ancianos y superintendentes que aparecieron en el libro Ayuda.16 A pesar de esto, no se efectuó ningún cambio en el arreglo congregacional. Pero se había dicho, se había publicado, yeso se consideraba como suficiente.
En esos artículos, se presentó el año 1944 como un año marcado en la profecía bíblica, y esto principalmente debido a una enmienda que se había hecho por medio de la cual los derechos de votación en la corporación ya no se basarían en donaciones previas de 1o dólares. En vez de eso un número máximo de 500 personas, seleccionadas por la Junta de la corporación, serían los únicos con derecho a votar. Cualquiera que ha asistido a una reunión anual de la Sociedad Watch Tower donde las elecciones de directores se efectúan sabe que es extremadamente rutinaria y que el votar es sencillamente una simple formalidad. La mayor parte de los miembros que votan no saben virtualmente nada acerca de las actividades internas de la organi­zación y ni tienen influencia, o control, en cuanto a las normas y programas de la organización. La parte dedicada a asuntos oficiales en sí de la reunión generalmente no toma más de una hora; entonces todo termina hasta que pase otro año.
Sin embargo, la adopción de esta enmienda en cuanto a miembros que votan se presentó en artículos en La Atalaya del 10 de junio de 1972, páginas 340-343 (escrito por Fred Franz) como una ocasión de tal significado y magnitud que llegó a ser un punto principal en la explicación de la profecía de Daniel 8:14, con respecto a los 2,300 días profético s conectados con el ‘poner el santuario en su condición apropiada.’ Dudo que un Testigo entre mil, si se le muestra hoy en día este versículo, jamás lo asociaría con 1944 y la enmienda de la corporación que entonces se hizo. Sin embargo permanece como la explicación oficial de la profecía hasta este día.
El 15 de agosto de 1975, el Comité de Cinco finalmente presentó sus hallazgos y recomendaciones. De parte del comité yo preparé un documento de 45 páginas, presentando las razones históricas y

16 La Watchtower (en inglés) del 15 de octubre de 1944.

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particularmente bíblicas para recomendar que la estructura básicamente monárquica debiera cambiar, más 19 páginas deline­ando sistemas de comités del Cuerpo Gobernante para dirigir las diferentes zonas de actividad. El documento inicial concluyó con este párrafo:

Todas las consideraciones del comité de cinco se han hecho con mucha oración y pensamiento cuidadoso. Sinceramente esperamos que el espíritu de Dios haya sido una guía en los resultados y oramos que sean de alguna ayuda al Cuerpo en llegar a una decisión. Se espera que los ajustes recomendados, si se aprueban, contribuyan hacia una relación aún más placentera y pacífica entre los miembros del Cuerpo Gobernante, ayudando a eliminar la tensión que a veces ha salido ala superficie en nuestras reuniones. (Salmo 133:1; Santiago 3: 17, 18). También se espera que los ajustes recomendados, si se aceptan, sirvan para enaltecer y hacer aún más prominente la jefatura de Cristo Jesús y el espíritu de hermandad genuina que se halla entre sus discípulos.-Marcos 9:50.
Esas palabras expresaron mi esperanza y sentimientos sinceros, N o podía ver cómo se pudieran considerar como un desafío a la dirección de Cristo Jesús sobre su congregación.17
El material llegó ante el Cuerpo Gobernante, y en la sesión del 1o de septiembre de 1975, era ahora obvio que por mucho la mayoría favorecía los cambios básicos recomendados. Sin embargo, se asignó un segundo Comité de Cinco para hacer los ajustes finales.18 El Cuerpo no seleccionó al presidente ni al vicepresidente para servir en este comité, ya que la oposición de ellos había sido claramente manifiesta y expresada.
Los comentarios del presidente en este punto principalmente ex­presaron dudas en cuanto a lo práctico del cambio. El vicepresidente, sin embargo, dejó en claro que él consideraba la presentación como un “ataque en contra de la presidencia.” Cuando la moción anteriormente hecha por el presidente mismo se le leyó, él contestó que el hermano Knorr había hecho esa declaración “bajo coacción.”

17 Una caria de preámbulo, escrita por Leo Greenlees, acompañó el documento e incluyó esta declaración: “Nuestras recomendaciones no son motivadas por descontento con la manera en que el trabajo ha sido administrado hasta ahora; son motivadas, más bien, por la importancia que tiene la dirección indicada en la Biblia y en los artículos de La Atalaya. Creemos que una vez que los principios bíblicos se apliquen a un asunto, la dirección a seguir es evidente.”
18 El segundo comité estaba compuesto por Milton Henschel, Ewart Chitty, Lyman Swingle, Lloyd Barry and Ted Jaracz.

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Lyman Swingle también se expresó, diciendo que pensaba que todos los miembros del Cuerpo respetaban al presidente y no lo consideraban como “un testaferro inmovilizado de cara impasible de una sociedad marginada que nada hace,” usando aquí el lenguaje del vicepresidente en los ejercicios de graduación. El dio énfasis a que el presidente todavía podía usar su energía, ímpetu e iniciativa dentro del arreglo propuesto. Más tarde en la consideración, el vicepresidente insistió que el documento del Comité de Cinco hizo precisamente lo que él dijo que se estaba haciendo. El declaró que en la reunión anual su voto sería para que los poderes de la corporación continuaran como antes y dijo que su discurso en la graduación de Galaad se debió a un sentido de obligación de dejar que los hermanos supieran esto de modo que no pensaran que se había efectuado un “engaño” para con ellos.
Después que el segundo comité completó sus recomendaciones y las presentó el 3 de diciembre del 1975, el asunto llegó a una votación final.19 El que presidía en la reunión pidió que se levantara la mano. Todos, menos dos, levantaron sus manos a favor de la moción para implementar las recomendaciones. Los dos que no levantaron sus manos fueron el presiden e y el vicepresidente de la corporación.
Al día siguiente el Cuerpo se reunió otra vez. El vicepresidente dijo que no había participa en la discusión del día anterior ya que él “no quería tener nada más c1ue ver con el asunto.” Que el participar significaría que él estaba a favor y él “concienzudamente no lo podía hacer.” Repetidamente se refirió a Nathan Knorr como el “ejecutivo principal del pueblo del Señor en la Tierra,” y dijo que “Jesucristo no está aquí en la Tierra y por lo tanto está usando agentes para llevar a cabo su voluntad.” I
Dan Sydlik, un hombre bien fornido, de voz profunda y de descendencia eslava, dijo que él se hubiera sentido muy “feliz de ver al hermano Knorr o al hermano Franz dirigirse a las Escrituras o aún a las publicaciones de la Watch Tower para apoyar su posición pero que esto no había sido el caso.” Leo Greenlees comentó que si todas las congregaciones estaban contentas de someterse a la dirección del Cuerpo Gobernante, ¿por qué no las corporaciones también?
El presidente básicamente limitó sus declaraciones a decir que él pensaba que la corporación actuaría “en paralelo” al Cuerpo

19 Quizá el cambio mayor a las recomendaciones del primer comité que el segundo hizo fue que, en adición a rotar la presidencia de cada uno de los propuestos comités del Cuerpo Gobernante, debería haber un “Coordinador” permanente en cada comité.

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Gobernante pero que en vez de eso el arreglo propuesto subordinaba a la corporación, añadiendo, “lo cual probablemente es correcto.” El vicepresidente dijo que él también pensaba que las dos organizaciones iban a trabajar de manera paralela (tal vez como Antioquía y Jerusalén) y dijo: “Nunca tuve en mente lo que el Cuerpo Gobernante quiere hacer ahora.”
Era obvio que el presidente y el vicepresidente mantenían su oposición. Lloyd Barry, con su voz afectada y temblando de emoción, ahora les rogó a ellos que hicieran que el asunto fuera unánime, ya que era obvio que de todos modos se llevaría a cabo.
Se propuso otro voto y esta vez el presidente levantó su mano y el vicepresidente siguió su ejemplo.
Cuatro años más tarde, en 1979, en una sesión del Cuerpo Gobernante, Fred Franz, ya hecho presidente, declaró que su voto para el cambio en aquel entonces se hizo “bajo coacción.” En cierto sentido, creo que esto era cierto. Cuando Knorr cedió, Fred Franz se sintió obligado a unirse a él. El pasó a decir que no había estado a favor del cambio entonces y que desde ese punto en adelante él sencillamente “había estado observando” para ver lo que resultaría.
El cuadro en la página que sigue, preparado por el segundo comité de cinco, muestra el arreglo que se puso en vigor ello de enero de 1976.
John Booth, miembro del primer comité de cinco, yen su vida temprana un agricultor de la parte norte del estado de Nueva York, un hombre apacible que pensaba profundamente pero normalmente tenía dificultad en expresar bien esos pensamientos, pareció haber descrito de la mejor manera lo que ahora vino a ser el caso con la corporación. En una de las primeras reuniones del comité de cinco, él había dicho:

Una corporación es sencillamente una herramienta legal. Es como una pluma que está sobre el escritorio. Cuando quiero usar la pluma. la tomo en mi mano. Cuando termino, sencillamente la vuelvo a poner sobre el escritorio hasta que quiera usada de nuevo.

Esa llegó ahora a ser la posición de la Sociedad Watch Tower Bible and Tract de Pennsylvania y sus corporaciones subsidiarias. Inevitablemente eso quiso decir que el poder de la presidencia quedó diezmado y virtualmente desapareció, ejerciendo ahora casi puramente, una mera función legal.

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x = Presidente del comité (cambiado anualmente)
* = Coordinador (permanente)

___________________________________________________________________________

Cuando Nathan Knorr” murió, el Cuerpo Gobernante consideró la cuestión de su sucesor. Los posibles candidatos eran el vicepresidente Franz, y Milton Henschel, quien había trabajado en asociación cercana con Knorr en la administración. Henschel hizo la moción de que Fred Franz fuera el presidente y esto fue aprobado unánimemente. Cuando llegó el momento de escoger el reemplazo de Knorr” como “Coordinador” del Comité de Publicación, Henschel parecía ser el sucesor lógico, pero Fred Franz, ya presidente de la corporación, habló a favor de Lloyd Barry. Las relaciones entre Knorr y Henschel se habían enfriado en años recientes y en una entrevista con el primer comité de cinco, Knorr” había dado a entender que él consideraba que Barry podría asumir el trabajo que él efectuaba (su trabajo

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presidencial) si fuera necesario. Evidentemente Fred Franz consideró que esto era algo semejante a las instrucciones del lecho de muerte del Juez Rutherford y consideró que alguna transferencia del “manto” a Barry era apropiado, pero el voto del Cuerpo nombró a Henschel al puesto.
Un artículo en la revista Time, informando de la elección de Fred Franz como el nuevo presidente, declaró:

Aunque pocas personas conocen su nombre él ha adquirido poder mayor que aquel del Papa sobre 2.2 millones de almas alrededor del mundo.”20

Apenas podía ser más incorrecta esta declaración. Hubiera sido cierta más o menos un año antes, pero el puesto de presidente, aunque todavía llevaba una medida de prestigio y prominencia, ya no era la base de poder por toda la tierra que había sido. Pocas personas fuera del Cuerpo podían apreciar cuán drástico había sido el cambio que tuvo lugar.
Si el presidente, en efecto había tenido poder de alcance papal, aunque sin ninguno de los atavíos y pompa del papado, los superintendentes de sucursal habían sido el equivalente en dominio a los arzobispos, cada uno siendo el “ministro presidente del cristianismo para el territorio al cual él había sido asignado. “21 Aquí, también, comenzó un cambio a medida que los Comités de Sucursales asumieron esta responsabilidad.
Los años 1976 y 1977 trajeron algunos momentos placenteros. Un clima muy diferente parecía evidente en las oficinas de la sede central, un espíritu de mayor hermandad, franqueza e igualdad. Algunos lo compararon a la “ventana” que el Papa Juan XXIII había abierto en la Iglesia Católica para “dejar entrar el aire fresco.”
Los nuevos comités del Cuerpo Gobernante pusieron en vigor varios cambios para mejorar las circunstancias de la familia Betel, tanto en Brooklyn como entre las más de noventa sucursales. Se dio mayor consideración a las necesidades financieras de los tal llamados “miembros comunes,” a las necesidades especiales de las mujeres y aquellos que eran de más edad. Una serie de reuniones se llevó a cabo durante 1976 con hombres respetados y estimados en varias

20 Time del 11 de julio del 1977, p.64.
21 Citado de las páginas 5 y 6 del libro Branch Office Procedure (Procedimiento de oficina de sucursal, versión en inglés), el cual era un manual para todas las oficinas de sucursal en efecto en aquel entonces.

Conmoción interna y reestructuración 105

categorías: representantes de las sucursales de alrededor del mundo fueron traídos primero; entonces representantes viajeros de todos los Estados Unidos; finalmente ancianos de congregación representando los diferentes sectores del país fueron invitados a Brooklyn.22 En todos los casos hubo cierta libertad de discusión y expresión que la mayoría halló que era refrescantemente diferente de cualquiera experimentada en el pasado.
En el nivel congregacional, dudo que mucho de esto se percibiera, ya que las muchas sugerencias hechas por estos hombres invitados no se pusieron en vigor a grado mayor alguno. Aún así, muchos Testigos expresaron aprecio de que, por lo menos por un tiempo, el material publicado dio énfasis más fuerte a la autoridad de las Escrituras y la jefatura de Jesucristo y menos a la autoridad de una organización humana. En general sintieron que una manera de tratar los asuntos con mayor moderación, mayor equilibrio y con más compasión había sido implantada. Como lo declaró una Testigo de muchos años, “antes yo me sentía como que tenía que hacer las cosas; ahora comienzo a sentirme como que quiero hacerlas.”
En cierta medida las sesiones del Cuerpo Gobernante manifestaron esta atmósfera cambiada. El pasar del muy publicitado año del 1975, sin la esperada llegada del jubileo milenario, indudablemente tuvo un efecto humillante, el dogmatismo disminuyó de manera perceptiva. Durante las votaciones se demostró más cautela en cuanto al poner nuevos reglamentos sobre la vida de las personas y menos inclinación a categorizar determinadas acciones como “ofensas para expulsión,” aunque nunca en un sentido completo.
Durante este año (1976), la salud de Nathan Knorr comenzó a deteriorarse. Sin embargo, mientras pudo asistir él participó en consideraciones y, aunque claramente no estaba contento con los cambios hechos, mostró generalmente una actitud cooperativa y útil. Sus expresiones a veces ayudaron a vencer puntos de vista ex­tremados. Aunque rara vez basados en argumento bíblico, reflejaban su sentido común de tratar los asuntos. A través de la mayor parte de este período el vicepresidente Franz prefirió sentarse y escuchar, sólo participando ocasionalmente en la consideración y, casi sin falta, lo que él decía lo decía al final de la consideración, inmediatamente antes de que se efectuara la votación. Para ese punto el consenso general del pensar del grupo era bastante evidente (basado en los

22 Peter Gregerson de Gadsden, Alabama, fue uno de los invitados. El que yo tomara una comida con Peter unos años más tarde fue lo que llevó a mi expulsión.

106 CRISIS DE CONCIENCIA

comentarios individuales hechos) y a menudo las declaraciones de él eran opuestas a la inclinación de la mayoría. Quizás nada ilustra más fuertemente el cambio en la manera de pensar del Cuerpo durante este período como lo hace el hecho de que la votación, aunque algunas veces demostraba una inclinación int1uenciada por las declaraciones de último minuto del vicepresidente, a menudo eran contrarias a sus expresiones. Sin embargo, principalmente, durante este período él no daba indicación de su manera de pensar sino hasta el momento de hacer la votación y, como se indica en el registro de las “Minutas” oficiales, había numerosos casos donde la votación leía, “Dieciséis (o cualquiera que fuera la cifra) a favor; una abstención,” la abstención siendo la del vicepresidente. Esto generalmente era donde había cuestiones que tenían que ver con cambios en los llamados “asuntos de expulsión.” En cuestiones seglares, tales como la compra de propiedad, el procedimiento de oficinas, o los nombramientos a membresía en comités de sucursal, las votaciones generalmente eran unánimes.

Cuando se hizo la votación para el nuevo arreglo, hallé difícil creer que un cambio tan grande en la estructura de autoridad en efecto hubiera tenido lugar, particularmente en vista de la intensa oposición a la cual se había enfrentado de parte de los hombres más prominentes en la organización, como también de parte de algunos de sus asociados íntimos fuera del Cuerpo. Mi esperanza sincera era la de que el efecto “nivelador” e igualador del cambio permitiera mayor moderación, una reducción del dogmatismo, un mayor interés en los individuos y en sus circunstancias y problemas individuales, así como, tal vez algún día, la eliminación del trato autoritario que produjo tantas reglas y que asumió un control tan grande sobre la vida personal de la gente.
Como se ha notado, parte de eso tuvo lugar. Se efectuó por algún tiempo. Luego, dentro de unos dos años, como una brisa fría que señala el acercamiento de un frío mayor, evidencia de un movimiento claro de regreso al trato anterior, comenzó a salir a la superficie vez tras vez.

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