2. Credenciales y causa

“Como creyente que soy en Cristo, estoy diciendo la verdad, no miento. Además, mi conciencia, guiada por el Espíritu Santo, me asegura que esto es verdad: . . . pues hasta quisiera estar yo mismo bajo maldición, separado de Cristo, si así pudiera favorecer a mis hermanos, los de mi propia raza”. – Romanos 9:1,3, Versión Popular.

crisis de concienciaLo que se ha dicho hasta ahora suministra, creo yo, buena razón para que se escriba este libro. Tal vez quede por contestarse la pregunta de por qué debiera ser yo la persona quien lo escriba.

Algunas de las razones se deben a mis antecedentes personales y la perspectiva que me proporcionan. Desde la niñez hasta la edad de 60 años pasé mi vida en asociación con los testigos de Jehová. Aunque otros, muchos otros, pudieran decir lo mismo, es difícil que muchos de ellos hayan tenido una esfera tan amplia de experiencia como resultó ser mi porción durante esos años.

Una razón de mayor peso es que estas circunstancias trajeron a mi atención información a la cual la vasta mayoría de los testigos de Jehová no tiene acceso alguno en absoluto. Estas circunstancias rara vez surgieron como resultado de acciones mías. A menudo la información era totalmente inesperada, y hasta perturbadora.

La última razón, que viene como resultado de las dos anteriores, es la de conciencia. ¿Qué hace uno cuando ve evidencia creciente de que se le está causando sufrimiento a personas, un sufrimiento profundo, y sin justificación real alguna? ¿Que obligación tiene cualquiera de nosotros delante de Dios y delante del prójimo cuando se es testigo de que información se oculta de personas con posibles serias consecuencias para ellas? Estas fueron preguntas con las cuales batallé.

 Lo que sigue suministra detalles sobre estas razones.

De muchas maneras preferiría pasar por alto la primera de estas razones ya que necesariamente trata con mi propio “record” o registro personal. Sin embargo, la situación presente parece exigir su exposición, de manera algo parecida a la manera en que las circunstancias obligaron al apóstol Pablo a presentar su propio registro de experiencia personal ante los cristianos en Corinto, y después decides:

“Me he portado como loco, pero ustedes me obligaron a hacerlo. Porque ustedes son los que debían hablar bien de mí, pues en nada valgo menos que esos super-apóstoles a quienes ustedes siguen. ¡Y eso que yo no valgo nada!”1

No pretendo asemejarme a un Pablo, pero creo que mi razón y motivo, por lo menos, corren paralelos a los de él.

Mi padre y mi madre (y tres de mis cuatro abuelos) eran testigos, habiéndose bautizado mi padre en el 1913 cuando los testigos se conocían como Estudiantes de la Biblia. No llegué a ser un testigo activo hasta que tenía dieciséis años. Aunque todavía estaba en la escuela, pronto comencé a dedicar de veinte a treinta horas al mes “testificando” de puerta en puerta, de pie en las esquinas de las calles con las revistas, entregando hojas sueltas mientras exhibía cartulinas colgadas al cuello que decían, “La religión es un lazo, la Biblia dice por qué. Sirvan a Dios y Cristo el Rey”.

Ese año, 1938, había asistido a una asamblea en Cincinnati (al otro lado del río Ohio desde nuestra casa) y escuché al Juez Joseph F. Rutherford, el presidente de la Sociedad Watch Tower, quien habló desde Londres, Inglaterra, vía radio-teléfono. En un discurso princi­pal titulado, “Enfréntense a los hechos,” las palabras de apertura de Rutherford incluyeron lo siguiente:

Debido a que la declaración completa de los hechos tiende a ofender las susceptibilidades de algunas personas [esto] no suministra excusa para justificar el que se retenga del público parte alguna de la misma, particularmente cuando el bienestar del público está envuelto. . . no se debería permitir que creencias u opiniones previas impidan que uno reciba y considere una declaración de los hechos.2

1 2 Corintios 12:11. VP; compare 3:1. 2; 5:12.13; 6:4-10; 11:21-29.

Face The Facts (Enfréntense a los hechos), p. 3 (traducido del folleto en inglés).

Eso me llamó la atención como un principio que valía la pena seguir en la vida. Me sentí receptivo a los hechos que él había de presentar.

Entre los puntos principales a los cuales se les dio énfasis estaban estos:

Dios ha hecho que los que diligentemente buscan la verdad vean claramente que la religión es una forma de adoración, pero una que niega el poder de Dios y aleja a los hombres de Dios. . . . La religión es, por lo tanto, lo opuesto al cristianismo. 3

“Según la profecía de Jesús, ¿cuáles son las cosas que se han de esperar cuando el mundo llegue a su fin? La respuesta es guerra mundial. Hambre, pestilencia, angustia de naciones, y entre otras cosas que se mencionan está la aparición de una monstruosidad en la Tierra. . . . Estos son los hechos físicos indisputables que han acontecido probando que el .mundo de Satanás ha llegado a su fin, tales hechos no se pueden ignorar.4

“Alemania está ahora en alianza con el papado, y Gran Bretaña va dirigiéndose rápidamente en esa dirección. Los Estados Unidos de América, en el pasado el baluarte de la democracia, están ahora pres­tos a formar parte del gobierno totalitario. . . . La gran conspiración totalitaria va a tomar control de Inglaterra y América. Usted no puede impedirlo. No trate de impedirlo. Su seguridad está en el lado del Señor. . .”. 5

He enfatizado las declaraciones que particularmente se grabaron en mi mente en aquel tiempo. Estas expresiones me conmovieron al punto de una agitación que no había experimentado antes.

Su otro discurso importante, “Llenen la Tierra,” desarrolló el punto de que desde el 1935 el mensaje de Dios, que hasta entonces había sido dirigido a personas que reinarían con Cristo en el cielo, un “rebaño pequeño,” ahora se estaba dirigiendo a una clase terrenal, las “otras ovejas,” y que después de la cercana guerra del Armagedón

3 Ibid. pp. 7, 8. (Contrario a esto los testigos de Jehová hoy ven el término “religión” como un término aceptable para referirse a la adoración verdadera.)

4 Ibid., p. 9. (La enseñanza entonces era que, dado que el período para Satanás gobernar había terminado en 1914, “el mundo había terminado” en ese sentido. Las publicaciones de la Sociedad ya no enseñan esto.)

5 Ibid., pp. 16, 17, 27. Como es bien sabido, la segunda guerra mundial terminó en la derrota de la “conspiración totalitaria,” precisamente lo opuesto de lo que aquí se predice.

 éstos procrearían y llenarían la tierra con una prole justa. De éstos él dijo:

Deben hallar protección en la organización de Dios, lo que muestra que ellos deben ser sumergidos, bautizados o escondidos en esa organización. El arca, edificada por Noé bajo el mandato de Dios, prefiguró la organización de Dios. ..” 6

Señalando que los tres hijos de Noé, evidentemente no comen­zaron a engendrar prole hasta dos años después del Diluvio, el presidente de la Watch Tower hizo entonces una aplicación a aquellos con esperanza terrestre en tiempos modernos, diciendo:

“¿Sería bíblicamente propio que ellos ahora se casaran y comenzaran a criar niños? No, es la respuesta, la cual está apoyada en las Escrituras. . . Sería muchísimo mejor estar libres de obstáculos y cargas, y de esta manera hacer la voluntad del Señor ahora, como el Señor ordena, y así también estar libre de impedimentos durante el Armagedón”.7

Joseph Rutherford habló enfáticamente y con una cadencia distintiva de gran finalidad. Estos eran hechos, verdades sólidas sobre las cuales se habrían de edificar los planes más serios de la vida de uno. Quedé profundamente impresionado con la importancia de la organización como algo esencial para salvación, y además, que el trabajo de dar testimonio debía tomar prioridad, o por lo menos, tener un efecto mitigante sobre tales intereses personales como el matrimonio y el tener hijos.8

En 1939 fui bautizado y en junio del 1940, al graduarme de la escuela superior, entré inmediatamente en el servicio de tiempo ca­bal en la actividad de dar testimonio. La Segunda Guerra Mundial había comenzado, la obra de los testigos llegó a estar bajo proscripción en varios países y centenares de testigos fueron puestos en prisión; en los Estados Unidos los hijos de los testigos de Jehová fueron expulsados de las escuelas por rehusar saludar la bandera (considerado por ellos como una forma de adoración de imágenes);

6 Ibid., pp. 40, 41. (Este punto de vista respecto al significado simbólico del arca, ha cambiado, aunque el papel de la organización como esencial para la salvación, como es presentado, es básicamente el mismo.)

7 Ibid., pp. 46, 47.

8 No fue sino hasta el 1959, cuando yo tenía 36 años, que finalmente me casé; mi esposa y yo no tenemos hijos, habiendo estado vigilantes en cuanto al control natal hasta años recientes.

 la posición de los testigos en cuanto a la neutralidad hacia la guerra a menudo motivó el antagonismo violento de parte de aquellos que se enorgullecían en su lealtad y patriotismo; ataques viciosos de chusmas comenzaron a esparcirse.

Ese verano nuestra familia fue a Detroit, Michigan, para asistir a una convención principal de los testigos. Un espíritu de tensa anticipación prevalecía; había una sensación de estar sitiados, acechados por todos lados. Al concluir la asamblea, el Juez Rutherford indicó que ésta, tal vez, sería la última asamblea que tendríamos antes de que estallara la gran tribulación. Cuando vino el verano del 1940, y me hallaba guardando mis ropas de verano, recuerdo que pensé que lo más seguro sería que nunca volvería a sacarlas otra vez. . . que el Armagedón habría venido, o que para ese entonces todos estaríamos en campos de concentración, al igual que muchos testigos en la Alemania nazi.

La violencia de las chusmas alcanzó su climax durante los primeros años de la década que comenzó con el 1940. En Conners­ville, Indiana, asistí a un juicio de dos mujeres testigos acusadas de actividad sediciosa (“conspiración sediciosa”) sencillamente porque estudiaron publicaciones de la Sociedad Watch Tower como parte de un estudio de grupo en su hogar. El juicio duró cinco días y el último día, después de entrada la noche, el jurado presentó su veredicto de culpabilidad. Al salir de la corte, el abogado de la defensa (un testigo llamado Victor Schmidt) y su esposa fueron asaltados violentamente por una chusma y se les obligó a caminar, bajo una lluvia torrencial, toda la distancia hasta el límite de la ciudad. El horror de la situación causó que en el camino la esposa de Schmidt comenzara a menstruar súbitamente. Con el grupo que yo transportaba había un rep­resentante testigo (Jack Rainbow) quien anteriormente había sido amenazado de muerte por algunos de estos hombres si él regresaba a “la ciudad de ellos”. Al llegar a los límites de la ciudad, y viendo a Schmidt y su esposa seguidos por lo que quedaba de la chusma, me sentí obligado a tomar el riesgo de recogerlos, lo cual pude hacer. Otro testigo había procurado hacerlo pero sus esfuerzos sólo resultaron en que se rompiera una ventana del automóvil. La esposa de Schmidt comenzó a gritar histéricamente cuando al fin logramos ponerla en el automóvil; el rostro de su esposo estaba ensangrentado, el resultado de cortaduras profundas donde evidentemente lo habían golpeado con manoplas.9

9 Vea el Anuario de los testigos de Jehová del 1975, pp. 186-188; además, el folleto Teocracia, publicado en 1941, pp. 44, 45, en la versión en inglés.

 El experimentar personalmente tal intolerancia, encallecida y cruda, dejó una impresión vívida en mi mente joven. Me sentí más convencido de lo correcto de mi curso en compañía de aquellos que muy evidentemente eran los siervos verdaderos de Dios.

Más tarde, como parte de una táctica recomendada por el consejero legal de la Sociedad Watch Tower, Hayden Covington, un grupo grande de 75 testigos de la zona de Cincinnati, Ohio incluyendo a mis padres, mis dos hermanas y a mí, viajamos a Connersville en un esfuerzo de testificación tipo de “guerra relámpago”. Con sólo una excepción, todos nosotros, tanto hombres como mujeres y niños, fuimos arrestados y terminamos en varias cárceles, detenidos por una semana hasta que se pudieron hacer arreglos para fianza. Fue la primera vez que experimenté el sentimiento que viene con ver una enorme puerta de metal cerrarse, oír el sonido de la cerradura caer en su lugar y darse cuenta uno que se le ha quitado la libertad de movimiento.

Unos meses más tarde estaba en Indianapolis, Indiana, para una audiencia de la corte superior relacionada con los eventos de Connersville. Mi tío, Fred Franz, miembro del personal de la oficina central de la sociedad Watch Tower desde el 1920, y un íntimo asociado del Juez Rutherford, también estaba allí en calidad de testigo experto de parte de la Sociedad. La congregación local le pidió que dirigiera la palabra en su Salón del Reino (lugar de reuniones) una de las noches. Durante el transcurso de su discurso él comenzó a tratar de la actitud de muchos con relación a la idea de que la obra de testificar estaba llegando a su fin, de que ésta estaba casi terminada. Sin exagerar, puedo decir que me quedé estupefacto al oír a mi tío indicar todo lo contrario, diciendo que en Brook1yn no estaban en expectativa de cerrar operaciones, y que cualquier persona que quisiera enviar una suscripción para la revista Watchtower (La Atalaya, en español) no necesitaba enviarla por sólo seis meses, sino que ¡la podía enviar por un año completo o por dos años, si quería!

La esencia de sus declaraciones era tan contraria a los comentarios del presidente de la Sociedad en la asamblea de Detroit que me pareció claro que mi tío estaba hablando de su propia iniciativa, y que no estaba presentando un mensaje apropiadamente autorizado de parte de la Sociedad. De hecho, yo sentí como que debía dirigirme a él e instarle a que ejerciera cautela, no fuera a ser que sus declaraciones llegaran a Brooklyn y lo consideraran como desleal o socavador del sentido de urgencia extrema que se había desarrollado.

 Aunque mi tío ya tenía más de cuarenta años, él era un hombre relativamente joven comparado con el Juez Rutherford, y per­sonalmente yo no estaba muy seguro si debiera aceptar sus declaraciones como apropiadas o pasarlas por alto como el producto de una actitud independiente y un poco indiscreta.

Habiéndome trasladado de mi hogar ese año para trabajar en asociación con un compañero testigo joven en la región carbonera de West Virginia y el este de Kentucky, me hallé en una zona donde había que hacer frente a la amenaza de violencia casi diariamente. Algunos campos mineros constaban de largas hileras de casas seguidas, hechas de madera y construidas a lo largo de la carretera. A veces, al llegar a la última de esa particular fila de casas, podíamos mirar hacia atrás al punto donde habíamos comenzado nuestras visitas y ver a hombres y muchachos corriendo excitadamente por el lugar reuniendo una chusma.

En el campo minero “Octavia J” en Kentucky, nuestro viejo automóvil Ford, Modelo A, fue rodeado por un grupo de mineros encolerizados y se nos dijo que ‘nos fuéramos de allí y del estado de Kentucky, y que no regresáramos si nos importaban nuestras vidas’. Esfuerzos para razonar sólo provocaron mayor cólera. Un par de meses más tarde, sí regresamos, y antes de que saliéramos del lugar nos persiguieron y dispararon unos tiros. Escapamos por medio de un ardid que nos llevó por caminos vecinales y a través de la montaña hasta llegar a nuestra casa. Más que fervor patriótico, fanatismo religioso parecía ser la fuerza que movía a los mineros. El hecho de que no creyéramos en la enseñanza de un tormento literal de fuego (que resultó en que muchos de los jóvenes nos gritaran diciendo, “los no-infiernos” a medida que pasábamos) era un punto tan grave como nuestra posición hacia la guerra.

Pude apreciar entonces, lo horroroso que es el fanatismo. Me sentí feliz de ser parte de una organización que estaba libre de tal intolerancia.

Vino el verano de 1941 y, contrario a mis expectativas, me hallé asistiendo a otra asamblea, celebrada en Saint Louis, Missouri. Todavía recuerdo ver a las muchedumbres congregarse a medida que traían al Juez Rutherford hasta el lugar de la asamblea en un automóvil con Hayden Covington y el vicepresidente Nathan Knorr, ambos hombres de alta estatura, parados en el estribo como guardaespaldas. El último día de la asamblea, Rutherford hizo que todos los niños, entre cinco y dieciocho años de edad, se sentaran frente a la plataforma. Después de su discurso se dirigió a ellos extemporáneamente. Un hombre alto, que generalmente tenía una apariencia de severidad y un tono grave, Rutherford ahora habló con una persuasión casi paternal y recomendó a estos niños que quitaran el matrimonio de sus mentes hasta el regreso de Abrahán, Isaac, Jacob y otros hombres y mujeres fieles de la antigüedad, quienes pronto serían resucitados y los guiarían en su selección de cónyuges. A cada uno se le dio un ejemplar gratis del nuevo libro intitulado Hijos. Como un vehículo para desarrollar el material, presentó una pareja de Testigos imaginaria, Juan y Eunice, quienes estaban comprometidos para casarse y que habían decidido posponer su matrimonio hasta la llegada del Nuevo Orden que estaba tan cerca. En el libro, Juan le dijo a Eunice:

“Nuestra esperanza es la de que dentro de pocos años nuestro matrimonio será consumado y, por la gracia del Señor, tendremos hermosos hijos que sean honra para el Señor. Muy bien podemos diferir nuestro matrimonio hasta que la paz eterna venga sobre la tierra. Es preciso que no añadamos nada ahora a nuestras cargas, sino que estemos libres y equipados para servir al Señor. Cuando LA TEOCRACIA esté en pleno apogeo no será una carga el tener familia”. 10

En aquel entonces yo tenía diecinueve años de edad y hoy, a los 70 años, aún puedo recordar la emoción que aquellas declaraciones generaron en mí, una extraña mezcla de agitación y depresión. A mi edad, el ser enfrentado con declaraciones de esa índole, las cuales, en esencia, demandaban de mi parte la decisión de dejar a un lado cualquier interés en el matrimonio por un tiempo indefinido, tuvieron un efecto perturbador. Tal vez podía ahora apreciar mejor lo que experimentaba un hombre joven que estuviera contemplando entrar en el sacerdocio católico. Por supuesto, el peso de la instancia del presidente de la Watch Tower estribaba en lo cercano del Armagedón. Como la revista Watchtower, en inglés, del 15 de septiembre del 1941 dijo:

“Al recibir el regalo [el libro Hijos], los niños, en marcha, echaron mano del libro, no como un juguete o algo para pasar el rato, sino como un instrumento provisto por el Señor para la obra más eficaz en los meses que quedan antes del Armagedón”.11

10 Hijos, publicado en 1941, p. 347.

11 Vea la revista Watchtower del 15 de septiembre, 1941, p. 288, en inglés.

 Años más tarde supe que en aquel tiempo el Juez Rutherlord estaba muriendo de cáncer. Por muchos años él había estado separado de su esposa, quien también era testigo y quien vivía como una inválida en California; su hijo, que había llegado a ser un adulto, no había mostrado interés alguno en la religión de su padre. Mi tío, Fred Franz, dijo que la condición decadente del Juez, junto con su fuerte deseo de que el fin viniera mientras él todavía vivía, para poderlo presenciar, motivó muchas de tales expresiones, como las que se hicieron en 1940. Desde entonces he pensado que si la pareja del libro hubiera sido real y no ficticia, su período de compromiso hubiera sido bastante largo, de hecho, aún estaría en vigor. Algunos de los que entonces estaban presentes como niños, sin embargo, lealmente pusieron en efecto el consejo que oyeron y permanecieron solteros a través de lo que se pudiera llamar sus años normales para el matrimonio, pasando a ser solterones y solteronas.

En el año 1942, una asignación como “precursor especial” en Wellston, ohio, proporcionó otras experiencias.12 Otro testigo joven y yo vivimos en un carro-casa pequeño, una “caja sobre ruedas,” de fabricación casera, de 1.80 metros de ancho y 4.25 metros de largo (6 pies por 14 pies). No tenía material aislante contra el frío en las paredes, y nuestra pequeña estufa de carbón mantenía el fuego por sólo unas pocas horas. Muchas noches de invierno el agua en el cubo dentro del carro se congeló, y no era extraño despertar durante la noche y no poder volver a dormir debido a que los pies pulsaban con dolor debido al frío. No teníamos medios para algo mejor debido a que, aparte de nuestra porción de las contribuciones que las perso­nas daban por la literatura, cada uno de nosotros recibía una mesada de la Sociedad de hasta un máximo de quince dólares.13 Durante la mayor parte del año nuestra comida principal del día generalmente consistía en papas (patatas) hervidas, margarina, y el “pan del día anterior” (que costaba la mitad del pan fresco). Mi compañero tenía un automóvil viejo pero rara vez teníamos suficiente para ponerle combustible.

12 “Precursores especiales” son representantes de tiempo cabal (“precursores”) a quienes la Sociedad da asignaciones especiales. con una cuota de horas más alta y un subsidio mensual para ayudar con los gastos.

13 La hoja de pedido para este subsidio tenía espacio para indicar las contribuciones recibidas por la literatura lo que había sido gastado y la diferencia. Como en ocasiones la diferencia no llegaba a los quince dólares pensé que lo correcto era pedir menos dinero. Pero esto resultaba en que frecuentemente me quedaba corto de fondos, lo que hacía que solicitara aún menos cantidad cada vez. Como descubrí más tarde, la mayoría de los “precursores especiales” pedían la cantidad fija de quince dólares siempre.

En este pueblo también estalló la animosidad. En diferentes ocasiones los muchachos jóvenes rompieron toda ventana del carro­-casa. Una noche regresé a casa para encontrarla virada sobre uno de sus lados. De nuevo sufrí la experiencia de ser arrestado y pasé una noche en la cárcel de la localidad. El lugar estaba literalmente lleno de chinches y debido a que no podía soportar el acostarme en la litera, estuve la noche entera sentado sobre una lata vacía que alguien había dejado en la celda.

En el 1944 vino la invitación para asistir a la escuela misionera, la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower, para un curso de cinco meses. Después de la graduación y mientras esperaba recibir una asignación misionera, dediqué un año y medio como trabajador viajero visitando congregaciones en un “circuito” que abarcaba el estado de Arizona y una gran sección de California. Al visitar congregaciones en San Diego, California, pasé cinco noches en “Beth Sarim” (que significa, “Casa de los Príncipes”). Esta era una casa grande edificada por la Sociedad y de la cual se decía que estaba ‘bajo custodia’ para los hombres fieles de la antigüedad, desde Abel en adelante, para que ellos la usaran cuando fueran resucitados.14 El Juez Rutherford, quien había padecido de dolencias pulmonares, pasó varios inviernos allí. Recuerdo que el lugar me dio un aparente sentido de irrealidad. San Diego era una buena ciudad. El hogar era una residencia excelente de la clase alta. Pero yo no podía comprender por qué los hombres de quienes yo había leído en la Biblia tendrían interés alguno en que se les pusiera allí; algo parecía estar fuera de lugar.15

Después se me asignó como misionero a Francia pero no pude ir debido a que mi Junta de Servicio Selectivo rehusó otorgar permiso para salir del país. Fui, entonces, asignado a la isla de Puerto Rico. Antes de salir, en 1946, Nathan Knorr, quien entonces era presidente de la Sociedad (desde la muerte de Rutherford, a principios de 1942) habló a un grupo de nosotros, hombres jóvenes que estábamos siendo enviados para hacer trabajo de supervisión como “superintendentes de sucursal” en diferentes países. Entre otras cosas el recalcó que si deseábamos permanecer en nuestras asignaciones

14 Vea el libro Salvación, publicado en el 1939, pp. 323, 324.

15 No muchos años más tarde Beth Sarim fue vendida. La creencia en el regreso de los “hombres de fe de la antigüedad,” antes del Armagedón, también fue echada a un lado.

 deberíamos evitar cualquier cosa que condujera a noviazgo y matrimonio. La norma era: La pérdida de la soltería significa la pérdida de la asignación. 16

En Puerto Rico no pasó mucho tiempo antes de que nuestro grupo, en la “casa misionera” en San Juan, constara de un matrimonio, siete muchachas jóvenes de unos 20 años de edad y yo, viviendo todos en una casa de dos pisos, con seis habitaciones. Aunque seguí el consejo de Knorr y me mantuve muy ocupado (conduciendo en ocasiones más de quince estudios bíblicos a la semana), la norma existente con relación al matrimonio junto con el trato estrecho, por necesidad prevaleciente en el hogar misional, produjeron una presión creciente sobre mí. Ataques de disentería, una infección para-tifoidea con su acompañante dolor agudo y la eliminación de sangre en la excreta, y más tarde un caso de hepatitis infecciosa, empeoraron la situación. (Me mantuve trabajando en la oficina aun durante las crisis con la disentería y la infección para-tifoidea, y descansé solamente una semana cuando sufrí el ataque de hepatitis, volviendo a trabajar aunque a veces me sentía tan débil que casi no podía subir las escaleras hasta la oficina). Al fin de ocho años, la presión combinada me llevó al borde de un colapso nervioso. Después de escribirle al presidente, se me removieron las responsabilidades en la sucursal (yo no había pedido esto) y se me ofreció la oportunidad de volver a los Estados Unidos y hacer trabajo como superintendente viajero. Pedí que se me permitiera más bien permanecer en mi asignación en Puerto Rico. Así fue hecho y se me transfirió a otra ciudad. Aunque la ciudad de Aguadilla no era una ciudad que se me antojaba, pedí ser enviado a ella ya que la necesidad era mayor allí.

Después de aproximadamente un año se me asignó a trabajar como superintendente viajero visitando congregaciones en la isla y en las cercanas Islas Vírgenes (ubicadas al este de Puerto Rico). Un rasgo adicional fue que la Sociedad periódicamente me pidió que hiciera viajes a la República Dominicana, donde la obra de los testigos de Jehová había estado bajo proscripción por el gobierno del dictador Trujillo. El propósito de los viajes era primariamente el introducir clandestinamente copias de la literatura de la Watch Tower. l7 Lo hice

16 Básicamente la misma regla aplicaba en la sede central internacional y las oficinas de sucursal; a mediados del 1950 la regla cambió; Knorr mismo se casó.

17 Aunque de estatura mediana, mi peso promedio mientras estuve en el Caribe era de sólo 53 kilos (117 libras). Podía colocar varias revistas y un libro de 384 páginas alrededor de mi cuerpo entre dos camadas de ropa interior y aún parece normal. El único problema era que mientras estaba sentado en el avión las esquinas del libro se me enterraban en los muslos causando alguna incomodidad. 

un número de veces y entonces, en 1955, se me pidió que tratara de entregar personalmente una petición al dictador. Sabiendo que las personas que se ganaban el desfavor de él a veces sencillamente desaparecían, acepté la asignación con una medida de aprensión. Al llegar a la Ciudad Trujillo (ahora Santo Domingo) envié un telegrama al generalísimo presentándome sencillamente como un “educador norteamericano con información de gran importancia para usted y su país”. La entrevista se otorgó en el Palacio Nacional y pude entregar la petición en sus manos.18 Para sorpresa mía no me deportaron del país y continué haciendo mis visitas periódicas “de contrabandista” sin que me arrestaran.

Entonces, en 1957 todos los misioneros de los testigos fueron deportados de la República Dominicana al iniciarse una ola de persecución violenta durante la cual muchos testigos fueron brutalmente golpeados y puestos en prisión. Un punto crucial había sido la negativa de los testigos varones en cuanto a efectuar “el marchar” como era requerido por las leyes de entrenamiento militar. Pero también hubo considerable oposición de parte del sector religioso, con sacerdotes y otros haciendo declaraciones inflamatorias en los periódicos. La Sociedad me pidió que fuera y examinara la condición de los testigos dominicanos. Hacía poco tiempo que había estado allí para entregar instrucciones a los misioneros y había obtenido relatos detallados de la persecución, los cuales fueron publicados prominentemente en los diarios de Puerto Rico. Según nos enteramos, por medio de una fuente cercana a él, esta publicidad encolerizó a Trujillo. Sintiéndome como un hombre marcado, recuerdo que durante mi primera noche en el hotel en Ciudad Trujillo me asignaron un cuarto en el piso bajo con ventanas estilo francés junto a la cama. Tan convencido estaba de lo real del peligro en que me encontraba que preparé la apariencia de la forma de un cuerpo en la cama y me acosté en el piso detrás de ella. Sin embargo, de nuevo pude entrar y salir sin incidente alguno e hice otros viajes los años siguientes.

18 El Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo me recibió vestido en completo uniforme militar cubierto de medallas (muchas, si no todas, auto-otorgadas). Cuando percibió de qué se trataba mi misión la entrevista concluyó rápidamente. Aún así, parece ser que la impresión producida fue buena pues un corto tiempo después la proscripción fue levantada por un año y luego reimpuesta.

 Trece años después de llegar a Puerto Rico me casé, ya que la norma había cambiado. Cynthia, mi esposa, se unió a mí en la obra viajera. En las islas las condiciones económicas eran pobres, considerablemente por debajo del nivel actual. Vivimos con las per­sonas a quienes servíamos, compartiendo sus pequeños hogares, algunas veces teníamos agua corriente y electricidad, otras veces no; algunas veces con una medida de privacidad, a menudo con muy poca. Siendo relativamente jóvenes nos ajustamos a ello aunque la salud de mi esposa iba a ser afectada seriamente.

Sólo unos cuantos meses después de nuestra boda, mientras servíamos en una isla pequeña, mi esposa se enfermó con un caso severo de gastroenteritis, evidentemente debido a agua contaminada o alimento contaminado. El hogar donde nos alojábamos era de una excelente pareja de las Indias Occidentales con niños muy hermosos. Desafortunadamente la casa (que ellos alquilaban) estaba infestada de cucarachas, una criaturita que pone a mi esposa al borde del pánico. Por la noche con regularidad examinábamos nuestra cama para ver si había cucarachas antes de poner el mosquitero. Sospechando que una caja grande que contenía ropa era el lugar de habitación de las criaturas, un día tomé un atomizador con insecticida y me dirigí a la caja y levanté la pieza de ropa que estaba encima. Inmediatamente la volví a poner pues la caja estaba viva con lo que parecía ser centenares de pequeñas cucarachas y temí que el atomizador las esparciera por todos lados. Para completar la situación, una rata grande entraba cada noche en la cocina (al lado de nuestra habitación y al lado del único cuarto de baño); su tamaño era suficientemente grande para poder mover las latas de alimento que estaban en los anaqueles.

En estas circunstancias mi esposa ahora comenzó a sufrir de gastroenteritis, desarrollando diarrea extrema y vómitos constantes. Pude llevarla al único doctor de la isla y una inyección detuvo temporalmente los vómitos. Tarde esa noche le comenzaron de nuevo junto con la diarrea constante, llevando a Cynthia al borde de la deshidratación. Corrí como un kilómetro y medio para ir a despertar al doctor y la llevamos en su camioneta a una pequeña clínica. Sus venas habían sufrido colapso y las enfermeras tuvieron que probar vez tras vez antes de poder introducir una aguja para administrar solución salina. Después de unos días fue dada de alta pero su salud nunca llegó a ser como antes. Más tarde una infección de parásitos (especie de triquina) se sumó al problema.

Continuamos en la obra viajera hasta el 1961 y entonces fuimos transferidos a la República Dominicana. Trujillo fue asesinado poco antes de nuestra llegada.

  1.  

Durante el período de casi cinco años en que permanecimos en el país vimos la caída de cuatro diferentes gobiernos y en abril del 1965 experimentamos una guerra que se peleó en torno a la capital, donde estábamos ubicados. La mayoría de los americanos y otros residentes extranjeros huyeron del país. Nuestro grupo misionero no se sintió inclinado a abandonar a los testigos dominicanos ni nuestra asignación, de modo que aprendimos lo que es la vida durante el tiempo de guerra. Las noches estaban llenas del sonido de centenares de rifles, el sonido de ametralladoras, la explosión de bazucas y otras armas pesadas. Durante el día había períodos de calma durante los cuales podíamos salir y llevar a cabo alguna actividad, aunque a veces llegamos a quedar acorralados al haber una erupción de disparados. Hasta este día me pregunto, ¿cuán cerca de la cabeza de uno tienen que pasar las balas para que se pueda oír el sonido peculiar de abejas encolerizadas? Un soldado me dijo consoladoramente, “No hay que preocuparse por esas balas. Usted no oirá la bala que le alcance”.

Los restantes quince años de servicio de tiempo cabal fueron bastante diferentes ya que transcurrieron en la sede central internacional en Brooklyn, Nueva York. Mi razón por haber descrito en algún detalle los años tempranos hasta el 1965, ha sido que su contenido parece ser de la índole (aunque grandemente inferior en calidad) de las experiencias que el apóstol Pablo señala para establecer la evidencia de lo genuino de su servicio a Dios y Cristo, diciendo:

Nos recomendamos en todo como ministros de Dios: con mucha constancia en tribulaciones, necesidades, angustias.

En las palabras que siguen, él no hace mención de sus discursos, no da cifra de grandes audiencias a las cuales se dirigió, no cita ejemplos de logros de organización al edificar grandes números de creyentes.19

No alego que lo que yo experimenté sea, de manera alguna, peor que lo que otros hayan experimentado, ya sea como misioneros de los testigos de Jehová o de otra religión. El registro se presenta sencillamente para que el lector decida sobre su valor relativo, particularmente en lo que tiene que ver con determinar la validez e integridad de la información que se suministra en el resto de esta publicación.

19 2 Corintios 6:4-18, BJ.

 

CIRCUNSTANCIAS Y CONSECUENCIAS

“No podemos dejar de hablar lo que vimos y oímos”.-Hechos 4:20, Versión Bover-Cantera.

Lo que vi, oí y viví durante los siguientes 15 años tuvo un gran impacto sobre mí. Si la reacción del lector coincidirá con la mía, no tengo manera de saberlo, pero una cosa es segura, y es que nadie podría entender lo que me llevó a una situación de crisis sin saber de estos desenvolvimientos. El proverbio es apropiado: “Cuando alguien está respondiendo a un asunto antes de oído, eso es insensatez de parte suya y una humillación”.20

El año antes de la guerra en la República Dominicana, y después de un ataque de fiebre dengue que dejó las extremidades táctiles de mis nervios súper-sensitivas, yo había asistido a un curso de diez meses en la Escuela Bíblica de Galaad.21 Al fin del curso, el presidente de la Sociedad, N. H. Knorr, me dijo que dejara mi servicio misionero en el Caribe y viniera con mi esposa a las oficinas internacionales (llamadas “Betel”) en Brooklyn, donde yo serviría en el departamento de redacción. Aunque indudablemente esto se consideraría como un honor para otros, francamente yo no tenía interés en dejar el lugar en que entonces me encontraba. Al hablar con el hermano Knorr en su oficina, le expliqué lo mucho que yo disfrutaba de mi presente asignación, de la gente, y del trabajo. Aparentemente esto se consideró como una falta de aprecio por la oportunidad ofrecida; él pareció estar algo ofendido. Le dije, entonces, que yo sencillamente quería que él supiera como yo me sentía, que supiera del amor que le tenía a la actividad misionera, y que aceptaría el cambio de asignación.

Unos cuantos meses después de nuestra llegada y después que había hecho algún trabajo en redacción, el presidente Knorr me llevó a una oficina donde había una mesa llena de montones altos de papeles mecanografiados y me pidió que emprendiera el desarrollo de un diccionario bíblico. Los papeles eran el resultado de asignaciones que habían sido divididas entre 250 hombres alrededor del mundo. Esas asignaciones, sin embargo, se hicieron generalmente

20 Proverbios 18:13.

21 La fiebre dengue es como la malaria, siendo transmitida por mosquitos, pero no deja efectos permanentes. Sus efectos perduradores en mí posiblemente se debieron a un episodio de fiebre escarlatina en la niñez.

 sobre la base de la posición organizacional de los autores (como por ejemplo, personal de oficinas de sucursal, superintendente de fábrica y así por el estilo). Pocos de esos hombres tenían experiencia en redacción y mucho menos, la experiencia, el tiempo, o el acceso a bibliotecas, para hacer investigación. Creo que se puede decir conservadoramente que por lo menos 90% del material sometido no se usó.

Comencé con “Aarón” y continué con “Aaronitas,” “Ab,” “Abaddón,” y así por el estilo, pero pronto se hizo obvio lo poco práctico que era esperar que un solo escritor asumiera la tarea. Primero, uno de los directores de la Sociedad, Lyman Swingle, fue asignado; después Edward Dunlap, el registrador de la Escuela de Galaad; seguido por Reinhard Lengtat y John Wischuk, de los departamentos de servicio y redacción respectivamente. Otros participaron intermitentemente por varios períodos, pero fueron las cinco personas mencionadas quienes después de 1696 páginas y cinco años de trabajo completamos la obra bíblica de referencia llamada Aid to Bible Understanding (en español, Ayuda para entender la Biblia).22 En 1988 este diccionario fue publicado de nuevo en dos tomos con un nuevo título, Insight on the Scriptures (Perspicacia para comprender las Escrituras). Con excepción a un considerable número de nuevos mapas e ilustraciones en colores, el material del texto queda casi idéntico a la obra original.

Al comienzo, el presidente Knorr hizo una declaración que probó ser un factor clave en la manera en que abordamos el proyecto. Fortuitamente el propósito original de ésta fue mal entendido por nosotros. Hablando a los que entonces habían sido asignados al proyecto, él dijo, “Sólo queremos presentar lo que la Biblia dice; no hay necesidad de buscar todo en las publicaciones de la Sociedad”.

Su propósito al decir esto, según nos dimos cuenta más tarde, era con el fin de que el proyecto se completase rápidamente y que produjera algo relativamente corto, un “manual,” como él lo expresó más tarde. Por medio de básicamente renunciar los textos bíblicos claves relacionados a un tema en particular, con un mínimo de clarificación adicional, este trabajo requeriría usar muy poco tiempo en investigación. Nosotros incorrectamente entendimos que él quería decir que deberíamos esforzamos por presentar lo que la Biblia realmente decía y no sentimos obligados a presentar los asuntos como

22 Los cinco de nosotros recibimos nuestras asignaciones de tópicos a través de Karl Adams, en aquel entonces el director del Departamento de Redacción.

las publicaciones de la Watch Tower los presentaban. El resultado fue una publicación considerablemente diferente a lo que de otra manera hubiera salido. El material que fue enviado por los doscientos cincuenta hombres casi invariablemente presentaba el ‘punto de vista aceptado’ de las publicaciones de la Sociedad. Nuestra publicación a menudo reveló diferencias.
El vicepresidente de la Sociedad, Fred Franz, era reconocido como el principal erudito bíblico de la organización. En varias ocasiones fui a su oficina para preguntar acerca de puntos. Para sorpresa mía frecuentemente me dirigió a comentarios de la Biblia diciendo, “¿Por qué no miras lo que dice Adam Clarke, o lo que dice Cook,” o, si el tema estaba primariamente relacionado con las Escrituras Hebreas, “lo que dicen los comentarios de Soncino?” Nuestra biblioteca en Betel contenía anaquel tras anaquel tras anaquel lleno de tales comentarios. Y a que eran el producto de eruditos de otras religiones, sin embargo, yo no les había dado mucha importancia y, junto a otros en el departamento, sentía un poco de titubeo, hasta desconfianza, al usarlos. Tal como Karl Klein, un miembro de muchos años en el Departamento de Redacción, muchas veces expresó de manera brusca que el usar esos comentarios era “mamar de las tetas de Babilonia la Grande”, el imperio de religión falsa, según la interpretación de la Sociedad, la Gran Ramera de Revelación.23

Mientras más buscaba información en estos comentarios, sin em­bargo, más profundamente impresionado quedaba con la creencia firme en la inspiración divina de las Escrituras expresada por la vasta mayoría. Estuve aún más impresionado por el hecho de que, aunque algunos se escribieron en fecha tan lejana como el siglo XVIII, la información generalmente tenía mérito y era exacta. No pude evitar comparar esto con nuestras propias publicaciones las cuales, a menudo, se hacían “anticuadas” después de sólo unos pocos años y se dejaban de publicar. No es que yo pensara que estos comentarios estuvieran libres de error en manera alguna; pero lo bueno en ellos ciertamente sobrepasaba los puntos ocasionales sobre los cuales yo pensaba que estaban equivocados.

Cuando los temas “hombre de mayor edad (ancianos)” y “superintendente” se me asignaron, la investigación bíblica pronto reveló que la forma de supervisión congregacional usada por nosotros no se conformaba a los arreglos del primer siglo. (No teníamos

23 Se me hace difícil creer que él realmente estaba hablando en serio pues él mismo usaba dichos comentarios, y sabía que Fred Franz los usaba con regularidad.

cuerpos de ancianos en las congregaciones; un hombre en cada congregación era el único “superintendente.”) Un poco perturbado, abordé a mi tío con la evidencia. De nuevo su respuesta me tomó por sorpresa. “No trates de entender las Escrituras sobre la base de lo que ves hoy día en la organización,” dijo él, y añadió, “Mantén puro el libro Ayuda.” Yo siempre había considerado a la organización como el único conducto de Dios para dispensar verdad, de modo que su consejo, cuando menos, sonó extraño. Cuando señalé que la manera en que la Traducción del Nuevo Mundo de la Sociedad vertía Hechos 14:23, evidentemente insertando las palabras “para los puestos”, en relación al nombramiento de ancianos, y que esto alteraba el sentido, él dijo, “¿Por qué no lo examinas en otras traducciones que quizás no estén tan prejuiciadas?24 Salí de su oficina preguntándome si de hecho yo había oído lo que pensé haber oído. En días futuros yo habría de recordarle estas declaraciones, en más de una ocasión, durante las sesiones del cuerpo gobernante.

Esa conversación afectó tremendamente mi manera de considerar las Escrituras. Aprecié cabalmente su integridad hacia la verdad bíblica, implícita en los comentarios hechos por él. Comencé a apreciar, más que nunca antes, cuan vitalmente importante era el contexto para determinar el sentido de cualquier parte de las Escrituras, y esa percepción pareció ser verdad en otros del grupo quienes estaban trabajando con regularidad en el proyecto Ayuda. También nos dimos cuenta de la necesidad de dejar que la Biblia definiera sus propios términos, en vez de sencillamente tomar algún punto de vista mantenido anteriormente o dejar que un diccionario que sólo suplía definiciones en inglés lo determinara. Comenzamos a hacer mayor uso de léxicos hebreos y griegos que había en la biblioteca de Betel, y de concordancias que se basaban en las palabras en el idioma original y no en sus traducciones al inglés.

Fue una educación y una experiencia que nos dio una lección en humildad, pues llegamos a apreciar que nuestro entendimiento de las Escrituras era mucho menor de lo que habíamos pensado, que no éramos los avanzados eruditos bíblicos que nos creíamos ser. Mi vida en los 25 años anteriores había sido una continua cadena de

24 En ediciones posteriores la Traducción de/Nuevo Mundo abandonó la frase en cuestión. Las primeras ediciones decían: “Además, les nombraron hombres de mayor edad para los puestos de la congregación y, haciendo oración con ayunos los encomendaron a Jehová en quien habían llegado a creer”.

actividades, una carrera sin cesar, al grado que, aunque había leído la Biblia varias veces de principio a fin, nunca había podido efectuar una investigación tan seria y detallada como ahora, de hecho, nunca había sentido la necesidad de hacerlo ya que se asumía que otros lo estaban haciendo por uno. Los dos cursos a los que asistí en la Escuela de Galaad estaban tan rígidamente programados que dejaban muy poco tiempo para meditación, para investigar y analizar dete­nidamente.

Ahora, el tener tanto el tiempo como el acceso a diferentes ayudas para el estudio de la Biblia tales como diccionarios, comentarios y concordancias del hebreo y el griego, fue de gran ayuda. Pero, más que nada fue el percatamos de la necesidad de dejar que el contexto bíblico nos guiara, de permitir que las Escrituras mismas estuvieran en control, lo que marcó la diferencia. No hubo un cambio de punto de vista de la noche a la mañana pero, a través de un período de años, un convencimiento más profundo de la necesidad de dejar que la Palabra de Dios hablara por sí misma al mayor grado posible, se hizo más real. Podía ver por qué esos comentarios de cien y doscientos años de antigüedad, en nuestra biblioteca en Betel tenían un valor que trascendía la barrera del tiempo. El mismísimo modo de exposición, esto es, de versículo por versículo, les obligó a permanecer dentro del significado contextual, restringiéndoles considerablemente de envolverse en excursiones exegéticas sectarias o vuelos de fantasía interpretativa.

Así que, el material del libro Ayuda relacionado con los ancianos, y la administración de la congregación en los tiempos bíblicos, era muy diferente a la posición mantenida por los testigos de Jehová, donde prevalecía, más o menos, un arreglo “monárquico”. El arreglo bíblico de cuerpos de ancianos fue rotundamente eliminado en 1932 por el Juez Rutherford debido a la falta de cooperación de parte de algunos ancianos con los programas y normas de la Sociedad.25 Su posición como presidente le dio a Rutherford la autoridad necesaria para tomar tal posición; todas las congregaciones

25 Generalmente, para justificar esta acción, se enfoca la falta de cooperación de parte de algunos ancianos para con la obra de la predicación de casa en casa, que ahora estaba siendo fuertemente enfatizada. Se les representa como hombres que sólo estaban interesados en celebrar reuniones y pronunciar discursos. Nunca se mencionó que el presidente de la Watch Tower, el Juez Rutherford, hacía exactamente lo mismo. La explicación dada era que sus responsabilidades no le permitían salir a predicar de casa en casa.

fueron invitadas a votar por la eliminación de los cuerpos de ancianos y su reemplazo por un “director de servicio” nombrado por la Sociedad. Por los siguientes cuarenta años no habría cuerpos de ancianos en las congregaciones. Es por eso que la Traducción del Nuevo Mundo de la Biblia, publicada en 1950, con regularidad usó la frase “hombre de mayor edad” más bien que “ancianos,” y así, oficialmente desacreditó el término.26

Después de haber completado los artículos para “Hombre de Mayor Edad” y “Superintendente,” presenté el material. Normal­mente, ni el presidente Nathan Knorr ni el vicepresidente Fred Franz, hacían un esfuerzo por leer el manuscrito del proyecto Ayuda. Sin embargo, Karl Adams, como encargado del Departamento de Redacción, me dijo que al leer la información se dirigió al hermano Knorr y le dijo, “Creo que usted debe leer esto. Esto cambiaría muchas cosas”. Después de leer el material, Knorr se dirigió a la oficina de Fred Franz y, con considerable vehemencia dijo, “¿Qué significa esto? ¿Quiere decir esto que tenemos que cambiar todo en esta fecha tardía?” Fred Franz contestó que él no pensaba que eso sería necesario. Que los arreglos existentes podían continuarse sin problema.

Cuando más tarde Karl Adams me suministró esta información, se me hizo difícil creerla y una de las noches siguientes me dirigí a la habitación de mi tío para preguntarle en cuanto a ello. El me confirmó que pensaba que no sería necesario hacer ajustes. Sabiendo que el libro Ayuda habría de ser presentado a los hermanos, en forma completa, ese verano en las asambleas de distrito, le pregunté que ¿qué efecto pensaba él que tendría en ellos el darse cuenta que la evidencia bíblica mostraba que había habido cuerpos de ancianos en la congregación del primer siglo, que todos los ancianos servían como superintendentes, y que no teníamos la menor intención de seguir el ejemplo de las Escrituras? El dijo calmadamente, que él no pensaba que eso causaría problema alguno, que el arreglo que existía podría ser “acomodado” a la información en el libro Ayuda. Yo expresé mi inquietud de que este poner a un lado el precedente bíblico podría ser muy perturbador para los hermanos. Apegándose a su posición, él relató como los hermanos de décadas anteriores habían razonado que ya que Cristo había tomado el poder en 1914, podía, apropiadamente, haber cambios en la manera en que los asuntos fueran administrados

26 Más tarde, en ediciones posteriores de la Traducción del Nuevo Mundo, se usó la palabra “ancianos” pero sólo en el libro de Revelación en referencia a los 24 ancianos cerca del trono de Dios.

 ahora en la tierra. También añadió que él había creído, y todavía creía, que Cristo Jesús dirigiría y administraría los asuntos de sus siervos por toda la tierra por medio del uso, y a través de la agencia, de un sólo individuo y que éste sería el caso hasta que viniera el Nuevo Orden. El tenor de esta expresión parecía tan diferente de las que él había usado en ocasiones anteriores que hallé difícil reconciliadas.

Algún tiempo más tarde, sin embargo, el vicepresidente preparó un material para la asamblea venidera en el que indicaba que un cambio en la administración congregacional sí tendría lugar. Cuando el manuscrito de ese material llegó a las manos de Karl Adams él se dio cuenta de las implicaciones e inmediatamente se puso en contacto con el presidente Knorr, diciéndole, “Creo que sería buena idea que usted hablara con el hermano Franz otra vez. Creo que él ha cambiado su punto de vista”. El hermano Knorr así lo hizo y definitivamente, el hermano Franz había cambiado su punto de vista. Y como consecuencia el arreglo de cuarenta años cambió.

Cuando se me asignó el tema “Cronología,” esto también llevó a preguntas serias, 27 Y Una enseñanza principal de los testigos de Jehová es que la profecía bíblica había señalado al año de 1914 como el fin de los “tiempos de los Gentiles” de Lucas 21:24, y que en ese año Cristo Jesús tomó el poder del reino y comenzó a gobernar de manera invisible a los ojos humanos. En Daniel, capítulo cuatro, las referencias a un período de “siete tiempos” eran la base para cálculos que llevaban a esa fecha, y por el uso de otros textos, estos siete tiempos fueron convertidos en un período de 2,520 años, comenzando en el año 607 antes de Cristo y terminando en el 1914 de nuestra era. La fecha de comienzo, 607 antes de Cristo, se consideró como el tiempo de la destrucción de Jerusalén a manos del conquistador babilónico Nabucodonosor. Yo sabía que tal fecha, 607 antes de Cristo, era peculiar a nuestras publicaciones pero no sabía por qué.

Meses de investigación se emplearon en este tema de “Cronología” y resultó en el capítulo más largo del libro Ayuda.28 Gran parte del tiempo se empleó en tratar de hallar alguna prueba, algún apoyo en la historia para la fecha del 607 antes de Cristo, que era tan crucial para que nuestros cálculos nos llevaran a 1914. Charles Ploeger, un miembro del personal de la oficina principal, que en ese tiempo servía

27 También se me asignó la mayoría de los tópicos históricos relacionados con los regentes y la historia de Egipto, Asiria, Babilonia (sólo los regentes), Medo Persia y otros.

28 Tomó desde la página 322 hasta la página 348, un total de 27 páginas. En la edición de 1988 se redujo a 18 páginas (de la página 370 ala página 387), el cambio más substancial en esa nueva edición. 

como mi secretario, investigó por las bibliotecas del área de la ciudad de Nueva York para buscar cualquier cosa que pudiera apoyar la fecha históricamente.

No hallamos absolutamente nada en apoyo del 607. Todos los historiadores señalaban a una fecha de 20 años más tarde. Antes de preparar el material para el libro Ayuda sobre el tema “Arqueología,” yo no tenía conocimiento de que el número de tabletas cuneiformes de barro cocido, encontradas en la zona de Mesopotamia y que pertenecían al tiempo de la Babilonia antigua, estaba en el orden de decenas de miles. Pero en todas ellas no había nada que indicara que el período Neobabilónico (período en el cual tomó lugar el reinado de Nabucodonosor) fuera lo suficientemente largo para armonizar con nuestra fecha del 607 antes de Cristo como el año de la destrucción de Jerusalén. Todo señalaba un período veinte años más corto de lo que afirmaba nuestra cronología publicada. Aunque hallé esto algo perturbador, yo quería creer que nuestra cronología era correcta a pesar de toda la evidencia de lo contrario. Así que, al preparar el material para el libro Ayuda, gran parte del tiempo y del espacio se usó en tratar de debilitar la credibilidad de la evidencia arqueológica e histórica que demostraba errónea la fecha del 607 antes de Cristo y también, como resultado, la fecha del 1914 año de Cristo.

Charles Ploeger y yo hicimos viaje a Brown University en Provi­dence, Rhode Island, para entrevistar al profesor Abraham Sachs, un especialista en textos cuneiformes antiguos. Queríamos ver si podíamos obtener cualquier información que indicara alguna falla, o debilidad de clase alguna, en la información astronómica encontrada en muchos de estos textos, la cual probaba incorrecta nuestra fecha del 607. En conclusión, se hizo evidente que se hubiera requerido una virtual conspiración de parte de los escritores antiguos-sin ningún motivo que se pueda concebir-para hacer tal cosa, para presentar incorrectamente los hechos, si efectivamente nuestra fecha era la correcta. Procediendo ahora de la misma manera que lo haría un abogado al enfrentarse a cierta evidencia que no puede vencer, mi esfuerzo se concentró en desacreditar tal evidencia o en debilitar la confianza en los testimonios de tiempos antiguos, en particular, la evidencia de textos históricos que tenían que ver con el imperio’ Neobabilónico.29 Los argumentos que presenté eran honestos, pero

29 Aid to Bible Understanding (Ayuda para entender la Biblia), pp. 326-328, 330, 331. Esta sección, tratando de tales problemas, se eliminó en la nueva edición.

 yo sé que el propósito de ellos fue el de sostener una fecha para la cual no hay apoyo histórico.

Así que, a pesar de nuestro profundo aprecio por ciertos principios, el libro Ayuda contenía muchos ejemplos de nuestros esfuerzos por ser leales a las enseñanzas de la organización. En muchos respectos, lo que aprendimos a través de nuestra experiencia hizo más para nuestro propio bien que lo que hizo para la publicación. Aún así, el libro Ayuda para entender la Biblia (Aid to Bible Understanding, ahora llamado Perspicacia para comprender las Escrituras) sirvió para despertar el interés en las Escrituras entre muchos testigos de Jehová. Tal vez el tono, la manera de presentar las cosas, el esfuerzo hecho por la mayoría de los escritores por evitar el dogmatismo y reconocer que puede haber más de una manera de ver ciertos asuntos, el haber evitado hacer más de un asunto que la evidencia permitía ­estas cosas pueden haber sido de gran beneficio, aunque en éstas también nos quedamos cortos al permitir que ideas preconcebidas asumieran el control y el haber fallado en adherimos a las Escrituras como lo debimos haber hecho. Yo sé que esto fue cierto en mi propio caso al preparar temas como “El tiempo señalado de las naciones,” “El esclavo fiel y discreto,” y “La gran muchedumbre,” todos los cuales contienen argumentos diseñados para sostener las enseñanzas corrientes de las publicaciones de la Watch Tower. Dado que en mi mente esas enseñanzas eran, sencillamente, “los hechos,” me encontré haciendo precisamente lo que más tarde escribí en el “Prefacio” al libro Aid que no era la intención del libro. En la página 6 de la edición original en inglés, bajo el encabezamiento, “Its Aim,” (Su Propósito”) aparecieron las palabras, “No se pretende que el libro Aid to Bible Understanding sea un comentario doctrinal o un trabajo de interpretación”. Además, que cualquier aplicación que haya sido hecha de expresiones simbólicas o figurativas, no fue hecha “arbitrariamente o para apegarse a un credo”. En la gran mayoría de los casos, esto fue cierto. Pero en ocasiones, las creencias arraigadas vencieron nuestros esfuerzos por adherimos a la norma.

En el año en el cual se presentó el libro Ayuda en forma completa, se me invitó a ser miembro del cuerpo gobernante de los testigos de Jehová, el cuerpo que ahora dirige la actividad de los testigos en unos 205 países alrededor del mundo. Hasta ese entonces había estado compuesto por siete miembros de la corporación llamada la Watch Tower Bible and Tract Society, una corporación fundada original­mente en Pennsylvania por Charles Taze Russell, el primer presidente. El 20 de octubre del 1971, junto con otros tres, fui nombrado como miembro del cuerpo gobernante que ahora aumentaba en número. Esta circunstancia, tal vez más que ninguna otra cosa, me puso cara a cara con algunas realidades con las que nunca me imaginé que me enfrentaría.

Muchos de los testigos de Jehová objetaron a una declaración que apareció en el artículo de la revista Time (22 de febrero de 1982) en el cual mi nombre figuró prominentemente. Los escritores del artículo se refirieron a la organización de los testigos de Jehová como “secreta”. Pudiera parecer extraño aplicar un término como ése a una organización que vigorosamente promueve una obra de la clase más pública-la predicación de casa en casa, en ciudades, pueblos y por países alrededor del mundo. Los reporteros del Time evidentemente escribieron lo que escribieron debido a que hallaron extremadamente difícil el obtener comentario alguno de parte de la sede central acerca de la situación descrita en el primer capítulo de este libro.

Pero el hecho es que aún dentro de los testigos de Jehová muy pocos tienen una idea clara en cuanto a cómo funciona la parte cen­tral de la organización. No saben cómo se toman las decisiones en cuanto a cambios doctrinales, cómo el cuerpo gobernante, que dirige todas sus actividades mundiales, conduce sus deliberaciones, si las decisiones son consistentemente unánimes o qué es lo que se hace si hay desacuerdo. El cuerpo gobernante se reúne en sesiones cerradas. Sólo puedo recordar dos o tres ocasiones, en los nueve años que fui parte de él, en que se permitió que otras personas, que no eran miembros nombrados, estuvieran presentes en una sesión regular del cuerpo. Y en esas ocasiones su presencia había sido requerida solamente para presentar un informe solicitado por el cuerpo gobernante, después de lo cual fueron invitados a salir y el cuerpo gobernante llevó entonces sus deliberaciones en privado-la importancia de tales informes no calificó a esas personas para participar en la discusión. De menos importancia, quizás, pero cabe mencionarse además, es que aunque los testigos reciben anualmente-a través del Anuario–una declaración breve de ciertos gastos, nunca se les informa del dinero recibido, de haberes o inversiones.30

Los numerosos factores que son de relativo conocimiento general en muchas organizaciones religiosas se conocen sólo vagamente, si

30 En el 1978 un informe financiero sometido al cuerpo gobernante mostraba US $ 332 millones en haberes (propiedades, depósitos, etc.). Aún en el cuerpo gobernante, pocos miembros estaban muy informados acerca de los asuntos financieros de la Sociedad.

 es que se conocen del todo, por la vasta mayoría de los testigos de Jehová. Sin embargo, las decisiones hechas por el pequeño grupo de hombres que forman el Cuerpo Gobernante pueden afectar, y a menudo sí afectan, las vidas de ellos de manera muy íntima, y la aplicación de esas decisiones se supone que sea de carácter global.

Lo cual me trae a la razón final para relatar lo susodicho, la de más peso por cierto, pues sin ella las razones previas carecen de importancia.

OBLIGACION

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”.-Mateo 7:12, Versión Reina Valera de 1960.

Ese principio declarado por Jesucristo aplica a cualquiera de nosotros que pretenda ser cristiano, en cualquier cosa que hagamos. Ninguna persona honrada puede pretender que cumple con esas palabras perfectamente, y yo no hago tal pretensión. Pero creo que puedo decir que lo que aquí está escrito resulta de un deseo sincero de aplicar ese principio.

El apóstol Pablo habló de sí mismo como estando “endeudado” a personas de toda clase.31 El sintió una obligación hacia ellos, y yo me siento igualmente obligado. Si alguien tuviera conocimiento de datos que me podrían ser de valor para tomar decisiones vitales, sería mi deseo que ese alguien me los facilitara-no que tomara la decisión por mí, pero que sí me diera la información, y me permitiera a mí juzgar su valor o significado. Si él fuese un amigo, un amigo genuino, yo creo que él lo haría así.

Los nueve años que dediqué con el cuerpo gobernante tuvieron un gran impacto en mí y, particularmente, en mí conciencia. Me encontré cara a cara con una gran crisis en mi vida, una encrucijada que nunca había esperado encontrar. La decisión que tomé fue mi propia decisión y el costo resultante fue considerable. Pero no lamento haberla tomado ni el haber obtenido la información que contribuyó a ella. Otros quizás decidan de manera diferente; de hecho, algunos han procedido así. Esa es su prerrogativa, algo entre ellos y Dios.

Después que renuncié como miembro del cuerpo gobernante en mayo del 1980, recibí numerosas llamadas de periódicos y revistas pidiendo información acerca de la situación existente en la

31 Romanos 1:14.

organización. A los que inquirían consistentemente les dirigí a las oficinas de Brooklyn. Ellos, a su vez, consistentemente dijeron que ya habían investigado ‘esa avenida’ sin éxito alguno: “Ningún comentario”. Mi respuesta a ellos fue simplemente que yo no podía ser su fuente de información. Mantuve esa posición por casi dos años. Lo que sucedió en esos dos años, no solamente con respecto a mi persona, sino con respecto a otros, hizo que reexaminara mi posición.

Durante esos años, los motivos, el carácter y la conducta de per­sonas que concienzudamente estuvieron en desacuerdo con la organización, han sido representados en los peores términos. Su deseo de poner en primer lugar la Palabra de Dios ha sido representado como el producto de la ambición, rebelión y orgullo, como un pecado en contra de Dios y de Cristo. Ninguna con­sideración ha sido hecha teniendo en cuenta la posibilidad de que cualquiera de ellos haya actuado en sinceridad, por amor a la verdad o integridad a Dios. Ningún esfuerzo se ha tomado en hacer tal distinción, más bien todos han sido agrupados de manera que cualquier conducta impropia o espíritu erróneo (espíritu el cual podía ser, en algunos casos, el resultado de frustración o falta de conocimiento en cómo manejar la frustración, la desilusión y el do­lor) de parte de algunos que han dejado la organización se atribuye a todos los que han hallado que no pueden rendir conformidad de ciento por ciento a sus enseñanzas. Una cantidad sorprendente de rumores ha circulado a través del mundo. Chismes han llegado a niveles muy bajos, y personas que han vivido, y aún viven fielmente con sus cónyuges, han sido objeto de rumores acerca de ellos, como siendo adúlteros, o aun participando en el intercambio de esposas y la homosexualidad. A otros se les presenta como egocéntricos, interesados en crear un culto a sí mismos, y como hipócritas. A los de edad avanzada se les ha caracterizado como “perturbados mentalmente” o “seniles”.

Los únicos que podían restringir tal habla por medio de simplemente señalar la posibilidad de que tales personas podrían ser genuinamente sinceras, que podrían estar verdaderamente preocupados por sus conciencias, como también recordarles a los promotores de rumores cuán repugnante es ante Dios el falso testimonio-han contribuido al esparcimiento de los rumores por lo que han publicado.32

­32 Éxodo 20:16; Levítico 19:16; Salmo 15:3; 1 Pedro 2:21-23

Considere, por ejemplo, este material que apareció en La Atalaya del 1 de enero de 1982 (páginas 28, 29), con una tirada de millones de ejemplares en muchos idiomas por todo el mundo:

“De vez en cuando, se han levantado de entre las filas del pueblo de Jehová aquellos que, como el Satanás original, han adoptado una actitud de independencia y criticona. No quieren servir “hombro a hombro” con la hermandad mundial. (Compare con Efesios 2:19-22.) Más bien, presentan un “hombro terco” a las palabras de Jehová. (Zacarías 7: 11, 12) Por medio de denigrar el modelo del “lenguaje puro” que Jehová bondadosamente ha enseñado a su pueblo durante el pasado siglo, estos altaneros tratan de desviar a las “ovejas” del un solo “rebaño” internacional que Jesús ha reunido en la Tierra. (Juan 10:7-10, 16) Tratan de sembrar dudas y de separar de la abundante “mesa” de alimento espiritual servida en los Salones del Reino de los testigos de Jehová, donde en verdad ‘nada falta,’ a algunos que nada sospechan. (Salmos 23:1-6) Dicen que basta con leer la Biblia exclusivamente, ya sea a solas o en grupos pequeños en el hogar. Pero, lo extraño es, que mediante tal ‘lectura de la Biblia,’ han vuelto directamente a las doctrinas de apostasía que estaban enseñando los comentarios del clero de la cristiandad hace 100 años, ¡y algunos hasta han vuelto a celebrar fiestas de la cristiandad, tales como las saturnales romanas del 25 de diciembre! Jesús y sus apóstoles advirtieron en contra de tales desaforados”.-Mateo 24: 11-­13; Hechos 20:28-30; 2 Pedro 2:1, 22.

Así, en un solo párrafo, se describe a personas siendo como Satanás, independientes, criticones, tercos, denigradores, altaneros, apóstatas y desaforados. ¿Qué es lo que han hecho para ganarse esa lista de acusaciones? Entre los “males” mencionados está el de estar en desacuerdo de alguna manera no especificada con las enseñanzas de la organización; también, por sostener que la Palabra inspirada de Dios, por sí sola, es suficiente, y que las reuniones grandes en un edificio no son esenciales.

¿Podrían estas cosas por sí mismas colocar a una persona en la categoría de Satanás? No se dice nada que indique otra cosa e, increíble como parezca, en la mente de muchos testigos, incluyendo ancianos de congregación y representantes viajeros, esto se ha considerado suficiente para catalogarlos así y tratar con ellos de acuerdo con tal percepción.

En la próxima página se muestra un cuadro, tomado de los registros del cuerpo gobernante sobre la actividad mundial de los testigos de Jehová, mostrando año por año el número de personas

Número de bautizadas y el número total (le asociados activamente para los años desde el 1970 al 1979, inclusive:

Número total informando

Año

Bautizados ese año

actividad ese año

1970

164,193

1,384,782

1971

149,808

1,510,245

1972

163,123

1,596,442

1973

193,990

1,656,673

1974

297,872

1,880,713

1975

295,073

2,062,449

1976

196,656

2,138,537

1977

124,459

2,117,194

1978

95,052

2,086,698

1979

113,672

2,097,070

Total bautizados

en 10 años:

1,793,898

_______________________________________________________

Esto revela que durante un período de diez años, que terminó en 1979, un total de 1.793.898 personas se bautizaron. La organización normalmente considera que 1 % de los que se asocian mueren cada año. Calculando esto, año por año, llegamos a que una cantidad de aproximadamente 185,308 personas se perdieron de este modo. Si reducimos la cifra de bautizados en esa cantidad, obtenemos la cifra de 1,608,590 personas, representando éste el aumento que debería de haberse ganado en ese período de diez años, si todas las personas hubieran quedado dentro de la organización.

¿Qué hallamos? Añadiendo 1,608,590 al número activo en el año previo a este período de diez años, 1,256,784 (en 1969), resulta un total de 2,865,374 que deberían estar asociados en 1979. Pero el informe para ese año muestra solo 2,097,070. Eso significa que durante el período de diez años más de 768,304 personas dejaron la organización o cesaron su actividad. Esto equivale a cuatro de cada diez personas bautizadas en ese mismo período. O, dicho de otro modo, de cada tres personas que quedaban dentro de la organización, una había salido.

Las razones que produjeron esta situación de “puerta giratoria” son múltiples. No me hago la ilusión de que estas, más de medio millón de personas hayan dejado la organización por razones de conciencia, o de que cada una de ellas es una persona de sincera humildad, con motivos correctos, más preocupada por la verdad que por sí misma. Muchas, evidentemente, no lo son; algunas emprendieron un curso de inmoralidad antes o después de apartarse; algunas que salieron debido a desacuerdos se han hecho culpables de los mismos males a los que objetaron, volviéndose vengativos, ridiculizando a otros, presentando medias verdades y exageraciones. Pero personalmente conozco a muchos que no son así, quienes dan toda indicación de ser personas decentes, temerosas de Dios, compasivas. Si todo esto hubiera de considerarse netamente desde el punto de vista del egoísmo, ellos lo tenían todo por perder y nada que ganar con la posición que asumieron y el curso que han seguido desde entonces.

En muchos casos no fue algún trato falto de bondad que ellos experimentaran personalmente lo que los perturbó; fue, más bien, el ver el trato que otros sufrieron, el ver a personas sufrir debido a la rigidez, la estrechez mental y hasta la arrogancia de hombres en posiciones de responsabilidad, ancianos y otros. También, por el reconocimiento de los efectos dañinos de ciertos edictos de la organización que no tenían base sólida bíblica. Más bien que ser quejumbrosos descontentos y vengativos, ellos sencillamente han rogado por mayor compasión y un apego más estrecho al ejemplo del propio Hijo de Dios, el Amo y Señor de la casa cristiana de la fe.

Este sentir por otros es, creo yo, un factor decisivo en lo que concierne a lo genuino de los motivos de ellos. Similarmente, un interés por la verdad, un interés por no ser culpables de representar mal la propia Palabra de Dios, un interés por no ser hipócritas al aparentar creer lo que no creen, por apoyar lo que en conciencia no pueden apoyar, condenar lo que ellos no ven que las Escrituras condenen tal preocupación es, a mi parecer, indicativo de lo genuino de los motivos de cualquier persona que asuma una posición semejante. Conozco a muchas personas que claramente dan evidencia de tal preocupación y quienes han sido catalogados como “apóstatas”, “anticristos”, “instrumentos de Satanás”. En caso tras caso, la única base para tal condena fue el que ellos no podían honestamente asentir a todas las enseñanzas de la organización.

Siento una obligación hacia tales personas. En virtualmente cada caso, ellos fueron puestos ante un pequeño grupo de tres a cinco hombres (un “comité judicial”) en reuniones secretas, donde los que aparecieron como testigos solo podían dar su testimonio y no podían permanecer para ser testigos de la discusión efectuada por el comité. Después, un breve anuncio de expulsión es leído a la congregación, el cual no presenta nada del testimonio ni ninguna de la evidencia presentada en apoyo de dicha expulsión. Después de leerse el anuncio ningún testigo hablará con la persona expulsada, de esa manera eliminando cualquier posibilidad de que los acusados pudieran dar alguna explicación a los amigos y asociados. Cualquier intento de ellos de hablar con los amigos y asociados antes del anuncio de expulsión, hubiese sido considerado como ‘proselitismo,’ estar ‘debilitando la unidad de la congregación,’ estar ‘formando una secta.’ El que alguien les hablara después, pondría en peligro la propia posición de esa persona, exponiéndola a ser expulsada también.

Así se logra una “cuarentena” eficaz; se pone “una tapa” sobre cualquier posible consideración del asunto. El registro de la expulsión, y cualquier evidencia que fue presentada, ahora reposa en uno de los muchos voluminosos archivos en el Departamento de Servicio en Brooklyn (o en los archivos de una de las oficinas de sucursal), con el sello, “No destruir”. Tal como lo fue la reunión ju­dicial, así este archivo que contiene los cargos hechos contra ellos es secreto y no está sujeto a revisión.

Las Escrituras nos dicen, “un verdadero compañero está amando todo el tiempo, y es un hermano que nace para cuando hay adversidad. “33 Una vez pensé que tenía muchos, muchos de tales amigos. Pero cuando la crisis llegó a un punto decisivo, hallé que solo tenía unos cuantos. No obstante, considero a esos pocos como preciosos, sea que hayan dicho mucho o poco a mi favor. Debido a la prominencia anterior, las personas preguntan acerca de mí. Por la mayoría de los otros, por no tener prominencia, casi nadie pregunta, aunque sufrieron lo mismo, en una ubicación diferente, en, tal vez, circunstancias diferentes, pero con los mismos resultados adversos y el mismo costo para sus vidas.

33 Proverbios 17:17.

Considere aquí un solo ejemplo, el de una madre en Pennsylva­nia que escribe:

“Tengo hijos en la organización, casados, quienes al tiempo de mi desasociación aún me ofrecieron que yo fuera al hogar de ellos, para pasar un tiempo de descanso. La opinión de ellos para conmigo, como persona, no fue alterada. Cuando más tarde salió la información en la Watchtower del 15 de septiembre del 1981 [en La Atalaya del 15 de noviembre de 1981] donde se dieron instrucciones detalladas en cuanto a la asociación con personas que se habían desasociado, entonces me evitaron y no me hablan por teléfono ni se comunican conmigo por otros medios. Tengo que hacer algo en cuanto a ello, pero no sé qué hacer. No quiero tomar acción alguna, no vaya a ser que resulte la acción incorrecta y se alejen de mí más aún. No les llamo por teléfono no vaya a ser que entonces ellos obtengan un número privado, y no les escribo, como dije, por temor a decir algo que ellos pudieran considerar ofensivo. He estado en el hospital durante este tiempo debido al desgaste emocional y encima de esto sufrí una crisis adicional al poco tiempo, todo lo cual ha sido terriblemente abrumador.

Tal vez usted comparta esta experiencia. No sé como voy a soportar la pérdida de mis hijos (y futuros nietos). La pérdida es monumental”.

Si mi prominencia anterior pudiera ahora contribuir de manera alguna a que la situación de tales personas se considerara con mente más abierta y, además, pudiera ayudar a que otros reexaminaran sus actitudes para con personas de esta clase, consideraría que tal prominencia habría servido, tal vez, el único propósito útil que jamás haya tenido.

Vienen a mi mente las palabras de Pablo:

“Que a Dios, patentes le estamos; y espero que también en vuestras conciencias estamos patentes. No es que de nuevo nos recomen­demos a vosotros, sino que os damos ocasión de gloriaros en nosotros, a fin de que tengáis qué responder a los que se glorían en la faz y no en el corazón. Dadnos cabida en vuestro corazón; a nadie hicimos agravio, a nadie ocasionamos ruina, a nadie sonsacamos nada. No digo esto para condenación; que ya antes tengo dicho que estáis en nuestros corazones para juntos morir y juntos vivir”.34

Si la información que se presenta en este libro pudiera contribuir para que una madre, como la antes mencionada, sea vista por sus hijos no con vergüenza, sino con orgullo, por haberse apegado a su conciencia, todo el esfuerzo envuelto habrá valido la pena.

Ese es básicamente el por qué este libro declara las cosas que vi, oí y experimenté durante mis nueve años en el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová. Es evidentemente necesario si es que hemos de llegar a la raíz de lo que es un problema quebrantador de corazones para muchos, en ambos lados de la cuestión.

34 2 Corintios 5: 11, 12; 7:2, 3, BC

Lo que se presenta no es con el propósito de que sirva como una clase de “desenmascaramiento”. Aunque es verdad que algunas cosas fueron chocantes para mí, no se presentan por su valor sensacionalista. Su presentación se hace debido a que éstas ilustran, o ejemplifican, problemas muy fundamentales, cuestiones muy serias. Demuestran los extremos a los cuales la “lealtad a una organización” puede llevar; también, cómo es que personas básicamente bondadosas con buenas intenciones, pueden ser llevadas a tomar decisiones y acciones faltas de bondad, injustas y hasta crueles. Los nombres y las fechas se citan, generalmente, debido a que parecen ser necesarios para una presentación que tenga credibilidad y sea factual. Estoy bastante seguro de que sin estos datos muchos dudarían o negarían la veracidad de lo que se dice. Donde estos rasgos parecieron innecesarios o donde, por su uso, parecía que pudieran causar dificultades innecesarias a las personas envueltas, no han sido incluidos. Las personalidades son consideradas solamente según figuran en el cuadro general. Si algunas personas, tales como Nathan Knorr, Fred Franz, son citadas con mayor frecuencia es debido a que ellos tuvieron mucho que decir y lo dicho tuvo más influencia en otros. Otros, como Lyman Swingle y Karl Adams, en ocasiones fueron citados con frecuencia debido a que mi trabajo me puso en comunicación más estrecha con ellos.

He procurado ser tanto honrado como justo en tales citas, no sacándolas de su contexto ni procurando darles un significado ajeno a lo que dicen. Creo que las citas presentadas son típicas de las per­sonas citadas, que no son algo contrario a su punto de vista, su modo de abordar asuntos, o su personalidad característica normal. Sin em­bargo, he mantenido anónimas algunas citas de miembros del cuerpo gobernante debido al deseo de evitar dificultad innecesaria para el individuo o para los que estén estrechamente relacionados con él, o en consideración a ciertas circunstancias particulares relacionadas con la persona. Obviamente no es posible hacer esto en todos los casos, pues de otro modo el relato carecería de significado alguno. Además, creo que ninguno de nosotros debe esperar ser completamente eximido de la responsabilidad señalada por el dicho de Jesús: “Os certifico que de toda palabra ociosa que hablaren los hombres darán razón en el día del juicio. Porque por tus palabras serás absuelto como justo y por tus palabras serás condenado.35 Podemos buscar, y lograr, el perdón por cosas injustas o dañinas dichas. Pero todavía permanecemos responsables de haberlas dicho.

35 Mateo 12:36,37, BC.

Algunos probablemente condenarán esto como un “sacar los paños sucios al aire”.  Extrañamente, estas mismas personas no objetan a que se “saquen los paños sucios,” de otras religiones, y hasta se interesan mucho en ello, aun en publicarlo extensamente. Pero ellos consideran que lo que sucede dentro de su propia organización no se debe considerar fuera de sus confines.

Sin embargo, el hecho establecido es que entre los testigos de Jehová hoy día, sencillamente no existe la posibilidad de que tal consideración, dentro de sus propios confines, se efectúe. Cualquier persona que tratara de hacerlo sería considerada como quien muestra un espíritu rebelde, y resultaría sólo en otra expulsión. Ya que la información no se puede considerar adentro, y no se ha de considerar fuera de la estructura, eso quiere decir que se deja sin considerar, ignorada completamente. Algunos quisieran que esto permaneciera así, pero, ¿es eso correcto?

Es cierto que el cristiano correctamente confía en Dios para que vea todas las cosas y sea el juez verdadero y final en todos los asuntos. Innegablemente, sólo EL puede, cabal y finalmente, arreglar todos los males cometidos. Nunca hay justificación alguna para represalias, o recriminaciones rencorosas. No hay lugar para ‘tácticas de difamación.’ Las Escrituras no dejan duda al respecto.36 Sin embargo, ¿requiere esto que se mantenga silencio total en cuanto a la injusticia? ¿Requiere que se mantenga silencio cuando el error se propaga en el nombre de Dios? ¿Es, quizás, la consideración de ello evidencia de ‘falta de respeto a la autoridad divinamente establecida’? 37

La posición de la organización es la de que no existe injusticia alguna. De que lo que se ha hecho y se está haciendo está en completa armonía con las Escrituras, que de hecho las Escrituras requieren que se tome tal acción. Si eso es así, entonces no debe haber objeción alguna a que haya una consideración franca de los asuntos. Tal consideración debiera, en efecto, resultar en que se muestre más evidente lo correcto de la posición de la organización, debiera vindicada de cualquier acusación de injusticia. Sólo personas verdaderamente responsables por la injusticia cometida prefieren el silencio y buscan imponerlo. Ese ha sido el caso por largo tiempo,

36 Salmo 37:5-9, 32, 33; Romanos 12:17-21; 1 Pedro 2:21-23.

37La Atalaya, del 1 o de enero del 1983 (página 28), al discutir la expresión en Judas con relación a aquellos que están “hablando injuriosamente de los gloriosos” (verso 8), dice que esos gloriosos incluyen a los “superintendentes cristianos nombrados” y advierte contra “la tendencia a desatender la autoridad dada por Dios”. Véase también la información en la casilla en la página 29 del mismo número de la revista.

con gobiernos dictatoriales y religiones autoritarias, tanto en el pasado como también en tiempos recientes.

¿Instan los ejemplos bíblicos, en sí, en contra de que se den a conocer los males donde los implicados sean personas en puestos prominentes de autoridad? No parece ser así ya que la obra de los profetas hebreos frecuentemente se enfocó en tales personas, dando a conocer los caminos hacia los cuales se habían desviado los que detentaban el poder, al apartarse de las normas de Dios, además de los problemas resultantes. A menudo los testigos de Jehová han señalado a esa honradez y consideración abierta como evidencia de que la Biblia es verdadera, un libro genuinamente procedente de Dios.38

También, ¿qué hay de los apóstoles y discípulos de Jesús? Fue la estructura de autoridad del pueblo escogido de Dios -el Sanedrín, sus ancianos, y la autoridad sacerdotal divinamente instituida- la que objetó fuertemente la publicidad dada por los apóstoles acerca del trato injusto del caso de Jesús.39 En ambos casos, el de los profetas hebreos y el de los discípulos cristianos, los que publicaban el asunto lo hicieron por respeto, y en obediencia, a una autoridad mayor y en el interés de las personas que necesitaban saber.

Obviamente, nadie hoy en día tiene una comisión divina como profeta o apóstol. Pero uno no tiene que ser profeta para seguir un curso que siga el ejemplo de los profetas de Dios. De otra manera las palabras de Jesús perderían su significado cuando, hablando a los que fueron reprochados-y acerca de quienes toda suerte de cosas inicuas se estaba diciendo-él les animó diciéndoles que se regocijaran, “porque de esa manera persiguieron a los profetas antes de ustedes.”40 Fue debido a que ellos estaban siguiendo un curso paralelo, que esos cristianos recibieron un tratamiento paralelo. Uno no tiene que ser apóstol para seguir el ejemplo de los apóstoles, ni tiene que ser, o pretender ser, un Mesías con el fin de andar en las pisadas de Jesucristo.41

Por supuesto, hay una enorme diferencia entre el trato que se le dio al Hijo de Dios-en lo que se refiere a importancia, significado y consecuencias-y el que se le dio a las personas envueltas en esta situación del día moderno. Pero parece ser que el principio que Dios

38 Vea el libro Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa, publicado en 1968, p. 341.

39 Hechos 4:5-23; 5: 17-40.

40 Mateo 5:11,12, compare con Santiago 5:10,11.

41 1 Corintios 11:1; Efesios 5:1; 1 Pedro 2:21.

aprobó, de dar a conocer abiertamente las cosas, en los ejemplos mencionados, tiene fuerza en esta situación del día presente. Da indicación, por lo menos, de que El no está en contra de que la injusticia y representación falsa sean puestas al descubierto, siempre y cuando la motivación es la de ayudar, de avisar a personas sobre realidades que pueden ayudarles a llegar a conclusiones correctas. El dicho que dice que “la maldad prevalece cuando hombres buenos permanecen en silencio”, parece ser válido aquí.

A pesar de la seriedad de los asuntos aquí dados a conocer, ellos, de por sí, no fueron la causa de mi decisión. Pero sí me hicieron meditar más seriamente que nunca antes acerca del significado de los temas y enseñanzas principales de la Biblia considerar por qué el apóstol Pablo podía dar énfasis a la salvación por fe, “no debido a obras, con el fin de que ningún hombre tenga razón para jactarse”, considerar lo que es la verdadera diferencia entre la justicia producida por guardar la ley y la justicia que resulta de la gracia o bondad inmerecida de Dios, la importancia del papel del Hijo de Dios como Cabeza de la congregación cristiana, lo que es el propósito verdadero de la congregación cristiana, la razón por la cual Dios asignó autoridad dentro de ella y cómo esa autoridad puede ser usada incorrectamente. Las cosas que vi, oí y experimenté como miembro del cuerpo gobernante de los testigos de Jehová, formando parte de ese círculo ejecutivo íntimo, me hicieron comprender más que nunca antes la importancia crucial de esas enseñanzas.

Muchos otros, aunque no tenían la información que aquí suministro, llegaron a la misma encrucijada y tomaron su propia decisión, haciendo esto sencillamente sobre la base de lo que ellos habían leído en la Biblia. Sin embargo, otros todavía se encaran a una crisis seria de conciencia, y experimentan incertidumbre, un sentido de angustia y confusión, aun de culpabilidad. Mi esperanza es que lo que se presenta en este libro les sea de ayuda, y considero que es un deber proporcionárselo. Se ofrece para que se use en cualquier manera en que la conciencia de ellos les pueda indicar, a medida que se someten a la guía del Espíritu y Palabra de Dios.

2 comentarios en “2. Credenciales y causa”

  1. Es una triste realidad que aun se continua viviendo. Da satisfaccion genuina saber que habemos muchos que le somos leales al DIOS VIVO Y AL REY JESUS. Le felicito por su AMOR al projimo.

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