Nuestro tiempo, ¿el tiempo del fin?

signoflastdays“¡Qué guerras tan terribles tanto aquí como en el extranjero!
!Qué pestes, hambres… y terremotos ha tenido la historia!
 -Tertuliano en Ad Nationes, año 97 A.D.

LOS AÑOS QUE QUEDAN del siglo veinte se acercan rápidamente a su fin. Nuestro siglo pasará a la historia como la etapa que ha visto suceder, y tal vez aún verá suceder, sucesos de una enorme trascendencia“.

 Si aceptamos las afirmaciones hechas por varias fuentes religiosas, este tiempo es el escenario de los últimos días. Por toda la tierra circulan libros que describen de forma dramática los sucesos y las circunstancias que rodean a nuestro tiempo como prueba visible de la proximidad del “fin”. Sus afirmaciones están presentadas de forma seria y a menudo van acompañadas de evidencia impresionante que trata de probar su validez. Algunas de esas fuentes religiosas incluso asignan un punto de partida específico a los últimos días dentro del pasado siglo.

1914 … ¿el principio de los últimos días?

No hay duda de que la fuente religiosa que más públicamente y con más fuerza proclama estas afirmaciones es el movimiento religioso mundial conocido como los testigos de Jehová. El año 1914 juega un papel absolutamente crucial en su predicación pública. La circulación de millones de copias de libros de ciertos autores que proclaman el fin de los tiempos, queda fácilmente eclipsada por los cientos de millones de copias de sus publicaciones que salen a la luz cada año en veintenas de lenguajes proclamando el significado del año 1914.

 Ese año se afirma que fue el tiempo en que tuvo lugar el prometido regreso de Jesucristo y el consiguiente comienzo de su parousía o “presencia”. En ese año se afirma también que tuvo lugar el establecimiento del Reino de Dios y el comienzo de los “últimos días”. Esto, según la doctrina de la Sociedad Watch Tower, significa que la generación que vivió los acontecimientos del año 1914 no pasará, y de hecho no puede pasar, hasta que llegue definitivamente el fin. ¡Esta afirmación se presenta, no como una simple posibilidad o probabilidad, sino como una certeza absoluta!.

 Sin embargo, la gente pregunta: “¿Cómo es posible que 1914 tenga ese significado cuando en realidad ningún hombre ha visto a Jesús ni a su Reino?” Porque Jesús vino invisiblemente y porque su Reino fue establecido en los cielos invisibles, es la respuesta que da la Sociedad Watch Tower a esa pregunta.

Si eso es cierto, entonces tales afirmaciones tienen una importancia vital para cada uno de nosotros. ¿Qué evidencia hay para apoyarlas? Al examinar esa supuesta evidencia, examinaremos también los puntos de vista de otras fuentes religiosas de nuestro tiempo junto con la excitación y expectación que generan, pues, aunque dichos grupos difieren sustancialmente en muchas áreas, la evidencia que presentan para probar la proximidad del fin suele ser a menudo notablemente similar.

 Para probar sus afirmaciones, la Sociedad Watch Tower, la agencia editorial de los testigoss de Jehová, usa dos líneas de argumentación: 1) la cronología Bíblica, y 2) lo que ellos llaman las “señales” que han tenido lugar desde 1914.

Expresado de forma breve, la Sociedad Watch Tower interpreta los “tiempos de los Gentiles” mencionados en Lucas 21:24 (o “tiempos señalados de las naciones”, como ellos prefieren traducirlo) como un periodo de 2.520 años que comenzó en 607 a.C. y terminó en 1914 d.C. Según su interpretación, durante ese periodo se permitiría a las naciones gobernar sin ninguna interferencia por parte de Dios.

Pero de nuevo la gente pregunta: “¿Cómo es posible que los tiempos de las naciones Gentiles finalizasen en 1914?”. Después de todo, las naciones todavía gobiernan este planeta exactamente como lo hicieron antes de esa fecha. ¡De hecho, el número de naciones que existen hoy en la tierra casi se ha triplicado desde 1914!. ¿Cómo es posible, pues, que los tiempos de las naciones finalizasen ese año? Para casi dos tercios de las naciones que existen en la actualidad, sus tiempos han comenzado, no finalizado, en 1914.

Otro problema no menos importante, es el hecho de que el punto de partida de ese cálculo –el año 607 a.C., que es la fecha en que ellos afirman que fue destruida Jerusalén–, está en conflicto con una gran cantidad de hechos históricos y también con varios pasajes de la Biblia.

 En vista de ello, la Sociedad Watch Tower, en lugar de batallar contra estas dificultades cronológicas, prefiere concentrarse en las “señales” que han tenido lugar desde 1914. En eso no están solos, pues escritores bien conocidos de otras organizaciones religiosas se centran en las mismas señales para probar la proximidad del fin. ¿Cuáles son esas “señales”?

¿Qué señal dio realmente Jesús?

 Pocos días antes de su muerte, Jesús predijo la futura destrucción del templo de Jerusalén (Mateo 24:1,2). Debido a esa predicción, algunos de sus discípulos le hicieron un par de preguntas:

 “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y cuál será la señal de tu venida, y del fin de la edad?— Mateo 24:3, NASB.

 Antes de responder directamente a esas preguntas, Jesús dio algunas advertencias a sus discípulos:

 ‘Tened cuidado de que nadie os engañe’, respondió Jesús, ‘pues muchos hombres vendrán en mi nombre diciendo “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos. Ciertamente oiréis de guerras y rumores de guerras, pero no os alarméis. Estas cosas realmente tienen que suceder, pero eso no es el fin. Porque se alzará en armas una nación contra otra, y un reino contra otro, y habrá hambres y terremotos en diferentes partes del mundo. Pero todo eso es sólo el principio de los dolores de parto’. — Mateo 24:4–8, The New Testament in Modern English, por J.B.Phillips, Edición Revisada.

 Además de guerras, hambres y terremotos, Jesús, en los versículos siguientes, menciona persecuciones, falsos profetas y aumento de la maldad. ¿Debían entenderse todos estos acontecimientos como señales claras que identificarían su regreso y el fin de la edad? ¿O, por el contrario, estaba en realidad Jesús advirtiendo a sus discípulos que no se dejasen confundir por esos acontecimientos?

Con frecuencia, varios comentaristas cuidadosos y discernidores de la Biblia han señalado que Jesús en ninguna parte identifica estos acontecimientos como la “señal” de su venida, sino que más bien parece advertir a sus discípulos que no sacasen esa conclusión cuando ocurriesen los desastres o catástrofes que él mencionó. Desde el mismo comienzo de su respuesta, su advertencia fue: “No os equivoquéis. No os aterroricéis. Estas cosas tienen que suceder, pero todavía no es el fin”. También señalan al hecho de que la palabra griega que en Mateo 24:3 se traduce “señal”, tosemeíon, está en singular, lo cual difícilmente permite la posibilidad de que se refiera a varios acontecimientos distintos.

 También señalan que Jesús no describe realmente su regreso hasta los versículos 27 al 31, después de predecir la destrucción de Jerusalén. Sólo entonces comienza a hablar de la señal de su venida, de “la señal del Hijo del Hombre” (versículo 30), y nuevamente en singular, como en el versículo 3.

 Esta “señal”, según las palabras de Jesús, debía “aparecer en el cielo”, no en la tierra. Esto es algo que la Sociedad Watch Tower admite. Por lo tanto, ellos se ven obligados a hacer una distinción entre “la señal del Hijo del Hombre … en el cielo”, que aparece cuando él viene para el Juicio Final, y la “señal” de su venida (parousía), que según ellos son las guerras, hambres, pestes, terremotos y demás, que han ocurrido desde 1914. De esa manera, resulta que ellos no sólo tienen dos tipos diferentes de “señales” de la venida de Cristo, sino también dos venidas diferentes: una en 1914 y otra en la “gran tribulación”.

 Sin embargo, las palabras introductorias de Jesús deberían entenderse evidentemente como advertencias en contra de sacar falsas conclusiones. “Vigilad que nadie os engañe … no os alarméis”. Habría guerras, hambres, pestes, terremotos y otras aflicciones. Sus seguidores se enfrentarían a odio y persecución en el futuro, y no solamente una vez, sino muchas veces. Ellos tendrían que soportar estas cosas hasta el mismo momento del fin. Antes de eso el evangelio del Reino sería predicado en todas las naciones de la tierra. Sólo entonces vendría el fin (Mateo 24:4–14). Después de dar esa vista general del futuro, Jesús comienza a responder las preguntas de sus discípulos: la pregunta acerca de la destrucción del templo (versículos 15 al 22), y la pregunta acerca de su regreso y del fin de la edad (versículos 27 en adelante).

Los proclamadores del fin de los tiempos en general no aceptan esta forma natural de entender la respuesta de Jesús. Muchos comentaristas actuales de las profecías insisten en interpretar las palabras iniciales de Jesús acerca de futuras aflicciones, no como una introducción preliminar, sino como la respuesta a la pregunta acerca de la señal de su venida y del fin. La Sociedad Watch Tower, por ejemplo, justifica hábilmente el hecho de que la palabra griega para “señal” aparezca en singular, diciendo que la señal consiste en sí misma de varios rasgos distintivos diferentes. Hablan de la señal como una “señal compuesta“. Cuando todos los acontecimientos –guerras, hambres, pestes, terremotos y otras tribulaciones– aparecen al mismo tiempo y durante la misma generación, entonces podemos discernir “la señal”, la señal que prueba que Cristo ha llegado y está presente invisiblemente.

 Contra esta interpretación se podría objetar lo siguiente: ¿No han visto todas las generaciones esta “señal compuesta”?

 ¿No ha habido siempre guerras? Algunos historiadores señalan que en los pasados 5.600 años ha habido sólo un total de 292 años sin guerras. ¡Otros incluso opinan que es posible que tales años ni siquiera hayan existido!.

 ¿No han sido afligidas todas las generaciones con hambres y pestes? Como demuestra la historia, las guerras se han caracterizado por ir acompañadas de hambres y pestes. Los tres azotes han sido siempre prácticamente inseparables, y en general se puede decir que han muerto más personas debido a hambres y pestes, que asesinadas en guerras.

 ¿No han experimentado todas las generaciones grandes terremotos “en un lugar tras otro”? La lista de terremotos que han preparado actuales expertos y que cubre los pasados dos mil años suministra abundante prueba de ello.

 La historia pasada de la humanidad ha estado también marcada por periodos fluctuantes de aumento de la violencia y la maldad, así como también de persecuciones de diferentes grupos de cristianos que predicaron el evangelio del Reino.

 Por lo tanto, preguntamos: ¿Cómo es posible que estos acontecimientos
–guerras, hambres, pestes, terremotos y demás– distingan a este siglo veinte (o a cualquier periodo del mismo), cuando la historia demuestra que todas las generaciones que han existido desde el tiempo de Jesús han experimentado esa “señal compuesta”?.

 La respuesta que dan a esa pregunta muchos proclamadores del fin de los tiempos, es que es el sorprendente aumento e intensificación de esos azotes lo que los convierte en la “señal” de nuestros días.

 En el libro The late Great Planet Earth (Los últimos días del Gran Planeta Tierra), Hal Lindsey, al considerar la petición que hicieron los discípulos de una señal como se registra en Mateo 24:3, explica:

 En su respuesta, Jesús dio muchas señales generales que incluían condiciones mundiales a las que él se refirió como “dolores de parto”. Dijo que estas señales –apostasía religiosa, guerras, revoluciones nacionales, terremotos, hambre, etc.–, aumentarían en frecuencia e intensidad igual que aumentan los dolores de parto antes de que se produzca el nacimiento de un niño.— Página 52.

Aunque la Sociedad Watch Tower sostiene que este aumento e intensificación ha sido evidente desde 1914, Hald Lindsey afirma que esto ha tenido lugar desde 1948, el punto de partida de la que para él es la “generación” del tiempo del fin.

 El libro Good Bye, Planet Earth (Adiós, Planeta Tierra), del autor Adventista del Séptimo Día Robert Pierson, aunque no centra su atención en fechas específicas, adopta un punto de vista similar en cuanto al significado de nuestros tiempos. Al hablar de las guerras de este siglo, se refiere a ellas como guerras “de una escala que este mundo nunca antes había presenciado”, de “elementos de destrucción que sobrepasan los límites de la imaginación humana”; cuando considera el asunto de las catástrofes naturales, dice que la naturaleza “corre ahora sin control alrededor de nosotros” y habla de la

 “creciente frecuencia e intensidad” de las sacudidas y temblores de la tierra; cuando considera el problema del hambre, se refiere a predicciones que hablan de “hambre creciente, pestes, genocidios” … y todo ello presentado como prueba indiscutible de que “Jesús vendrá pronto”.—Páginas 8, 15, 19-21, 23.

 El Dr.Billy Graham, un tanto cautelosamente, dice que estas señales “se han convertido actualmente en el centro de atención” y que se intensificarán en un futuro próximo. Al hablar de los cuatro jinetes del Apocalipsis –los símbolos de la guerra, el hambre, la peste y la muerte–, escribe:

“En algún momento del futuro –un momento desconocido para nosotros– las terribles plagas de los cuatro jinetes finalmente pisotearán con fuerza esa etapa de la historia de la humanidad con una intensidad sin precedentes, dejando a su paso decepción, guerra, hambre y muerte a una escala que sobrepasa la imaginación

¿Exactamente cuán cerca están ahora los jinetes? ¡No lo sé! Todo lo que puedo decir con seguridad es que todos los indicios apuntan a un hecho: el cabalgar que anuncia la proximidad de las plagas se acerca, pues suena cada día más fuerte … ¡Que Dios abra nuestros oídos para oír su advertencia y nuestros ojos para verla antes de que sea demasiado tarde!”

 En un estilo bastante menos pomposo, la publicación de la Iglesia Universal de Dios Hambre…¿podemos sobrevivir?, en las páginas 89 y 90, dice:

Estas crisis de guerra, peste y HAMBRE, fueron predichas hace mucho tiempo. Fueron predichas con siglos de anticipación por el orador más grande que jamás ha existido: JESUCRISTO. Cristo dijo a sus discípulos que observasen con atención las señales de los tiempos …

Jesucristo, el orador más grande que ha existido en el mundo, le estaba diciendo a sus discípulos lo que ocurriría en NUESTRA generación, la generación que vería estas cosas antes de desaparecer (véase [Mateo 24] versículo 3). ¡Esta fantástica predicción se está CUMPLIENDO de una forma cada vez mayor!

 Así, cuando se enfrentan al hecho que en todas las épocas ha habido cierta medida de guerras, hambres, pestes y otras calamidades, estos comentaristas afirman, como hace la Sociedad Watch Tower, que es el aumento de estas aflicciones lo que constituye la señal del fin”.

Pero, ¿fue realmente ese aspecto de los sucesos que enumeró el aspecto que Jesús enfatizó? Cuando habló de guerras, hambres, pestes y terremotos, él no dijo a sus discípulos que debían esperar un aumento de esas aflicciones.

 Sin embargo, los comentaristas que proclaman el fin de los tiempos, ya sea de forma directa o indirecta, adoptan el punto de vista de que Jesús debe haber tenido en mente un aumento de los azotes que mencionó. De otra forma, esas “señales” no serían realmente señales, pues no habría nada que las hiciese distintivas. Muchos de esos escritores religiosos simplemente se limitan a presentar sus afirmaciones acompañadas de descripciones de calamidades y aflicciones del día moderno –normalmente muy dramáticas– sin intentar defender su posición ante cualquier evidencia contraria. La Sociedad Watch Tower, en cambio, parece sentir la obligación de presentar esa defensa y tratar de “reforzar” regularmente la confianza en sus afirmaciones. Ellos están prestos a alegar razones en contra de cualquier evidencia contraria y a hacer todo lo posible por demostrar que un aumento sin precedentes de sucesos calamitosos ha tenido lugar desde 1914. Las publicaciones de la Sociedad Watch Tower están prácticamente repletas de declaraciones, citas y estadísticas que tratan de probar su afirmación de que las guerras, hambres, pestes y terremotos que tuvieron lugar antes de 1914, son meras nimiedades comparadas con el alcance que han tenido esos sucesos después de esa fecha. La Atalaya del 1 de febrero de 1985, en la página 15, expresa este punto de vista de forma clara y concisa:

“Es cierto que había habido guerras, escaseces de alimento, terremotos y pestes durante todos los siglos de nuestra era común hasta 1914 (Lucas 21:11). No obstante, no había habido nada que pudiera compararse con lo que ha ocurrido desde que terminaron los Tiempos de los Gentiles en aquel año trascendental”.

 La persona que realmente quiera conocer la verdad, sin embargo, debería preguntarse: ¿Cuán real es la alarmante descripción que presentan de nuestros tiempos las diferentes fuentes religiosas que existen cuando ésta se examina a la luz de la historia pasada de la humanidad? ¿Son realmente confiables las pruebas estadísticas que presentan? ¿Se ha presentado realmente toda la evidencia, o han influenciado los puntos de vista e interpretaciones de los escritores su selección de citas y estadísticas de una forma que distorsiona los hechos reales?

 Un examen cuidadoso y profundo de esas citas y estadísticas puede sorprender a millones de personas que, como resultado de haber leído esas publicaciones, creen que las condiciones mundiales actuales marcan dramáticamente a su tiempo como una época “especial”, un tiempo singularmente marcado por la profecía Bíblica.

 ¿Es apropiado llevar a cabo un examen profundo de la supuesta “señal”?

 Es posible que muchas personas se retraigan de llevar a cabo esa investigación crítica. Especialmente entre los millones de personas que están afiliadas a la organización Watch Tower, puede haber muchas que sientan que hacer eso sería participar de los juicios de los “burlones” que desafiarían las afirmaciones acerca de la presencia de Cristo, tal como las defienden los testigos de Jehová. La Atalaya del 1 de diciembre de 1979, en las páginas 13 y 14, clasifica a aquellos que refutan tales afirmaciones como falsos profetas y personas desaforadas, citando como apoyo el pasaje de 2 Pedro 3:3 y 4. La Atalaya del 1 de agosto de 1980, en las páginas 18 y 19, declara que tales “burlones” pudieran hallarse “dentro de la congregación cristiana” y dice que ellos “no toman en serio el cumplimiento de las profecías respecto a la “presencia” de Cristo”.

De forma similar, el libro Good-bye, Planet Earth, del autor adventista Robert Pierson, después de considerar lo que él apunta como señales del fin, contiene un subtítulo en la página 51 que dice:

“¿No lo cree? ¡Entonces usted es una Señal!. A continuación él también cita las palabras de Pedro acerca de los burlones de los últimos días”.

 Eso significaría que cualquier persona que cuestionase las ideas acerca del fin de los tiempos, quedaría automáticamente clasificada como una persona infiel. ¿Es éste un uso justo y honesto de las palabras de Pedro? ¿Son los “burlones” que describe el apóstol personas que creen firmemente (como lo creemos nosotros, los autores) que ‘el día de Jehová realmente vendrá como ladrón’ y que significará la destrucción de los hombres infieles y del inicuo sistema de cosas? Claramente, no. Como muestra el contexto, el apóstol Pedro está hablando de personas que han dejado de creer por completo en la posibilidad –y en la certeza– de la venida del Día del Juicio, personas que cuestionan que ese día llegue alguna vez.

 El hecho de que nosotros, desde una perspectiva Bíblica e histórica, dirijamos una luz crítica hacia enseñanzas relativas a una supuesta evidencia que marque a nuestro tiempo como un tiempo especial, no implica en lo más mínimo que tengamos dudas en cuanto a la veracidad de las profecías Bíblicas relacionadas con la “presencia” de Cristo. Por el contrario, nosotros hemos tenido muy en cuenta algunas palabras de la gran profecía de Cristo acerca de la parousía que muchas veces son pasadas por alto y sobre las cuales animamos a nuestros lectores a reflexionar honestamente. Jesús predijo que “muchos” hombres engañarían a otros en su nombre afirmando que “el tiempo ahora está muy cerca“. Los verdaderos discípulos de Cristo no deberían dejarse impresionar por esas afirmaciones, pues inmediatamente después de eso Jesús añadió: “Nunca sigáis a hombres como esos“.—Lucas 21:8, traducción de J.B. Phillips.

Por consiguiente, el que un Cristiano se limite a cerrar los ojos y aceptar de forma pasiva doctrinas de autoridades religiosas, podría ser un error serio e incluso fatal.

 Realmente, el “amor a la verdad” es esencial para la salvación y en ocasiones puede requerir de nosotros que estemos dispuestos a investigar y aprender (Compárese con 2 Tesalonicenses 2:10). Si el lector toma la decisión de hacer esto, él debe mantener, por supuesto, una mente abierta. “Tener una mente abierta”, según declaró la Sociedad Watch Tower en la revista ¡Despertad! … de 1984, “significa ser receptivos ..”.

 Al presentar la información y los datos relativos a las calamidades que han tenido lugar a través de la historia, los autores de este libro, por cuestiones de espacio, no han podido presentar todo la información disponible. Tampoco hemos examinado todos los versículos Bíblicos que nos parecía que podían añadir fuerza a las explicaciones que se presentan. Sin embargo, proseguimos con nuestro estudio e investigación y estamos abiertos a cualquier crítica constructiva y a cualquier otra información que esté relacionada con los asuntos que se tratan en esta publicación.

 Considere ahora la evidencia en cuanto a las hambres, terremotos, pestes y guerras que han tenido lugar en nuestro siglo en conmparación con el pasado. Creemos que el lector encontrará que los hechos son completamente diferentes, –a veces sorprendentemente diferentes– de lo que muchos afirman hoy.

– Carl Olof Jonsson, La señal de los últimos días, ¿cuándo?

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