Iglesias y reuniones cristianas en el primer siglo

Anfora de Gaza Mitad siglo 1Una de las dificultades con que se encuentran las personas que salen de una organización religiosa que ha dominado toda su vida es dónde poder encontrar el consuelo que pudiera llenar el vacío social y espiritual que queda. Donde antes parecía que había guía clara para todo aspecto del vivir cristiano, con respuesta para casi toda pregunta a través de los dictados de dirigentes que proclamaban ser dirigidos por el espíritu del Dios Altísimo, parece que ahora quedara poco de todo eso excepto perplejidad y desconcierto.

Confiamos nuestra fe a una organización autoritaria, simplemente la servimos al máximo y nos basamos en aquella fe a la hora de tomar importantes decisiones en nuestra vida, solo para descubrir que dimos nuestra devoción a ilusiones de humanos imperfectos que no resultaron ser los emisarios de Dios que habíamos creído. La mesa en la que creímos que había un excelente banquete está ahora vacía. El oasis floreciente que pensamos ver en el desierto árido fue solo un espejismo. Algunos se pueden sentir como en un desierto espiritual, sin refugio, teniendo mucho cuidado a la hora de confiar de nuevo en alguna organización en la que puedan adorar sin caer de nuevo en alguna clase de control mental y decepción.

Sin embargo, ¿cómo podemos seguir manteniendo una relación significativa con nuestro Creador además de poder tener asociación con compañeros cristianos? ¿Cómo podemos aplicar la instrucción del apóstol Pablo cuando aconsejó “consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las obras excelentes, sin olvidarnos de nuestras reuniones, como es la costumbre de algunos, sino animádonos unos a otros , …”? (Hebreos 10: 24,25 – NAS)

Ahora podemos preguntar, ¿puede haber asociación cristiana sin que tenga que haber sumisión al dominio de hombres? ¿Puede haber unidad en Cristo sin que tenga que haber conformidad a una autoridad central terrestre? ¿Puede haber libertad cristiana en las reuniones, o puede la gente y las familias estudiar la Biblia en adoración correcta e independiente de los grandes grupos? Para entender estas y otras cuestiones acerca del compañerismo cristiano, vamos a ver en las Escrituras cómo adoraban juntos los seguidores de Jesús y cómo se reunían como iglesia después de su muerte y resurreción en el primer siglo.

Para poder entender el significado de iglesia en la comunidad cristiana primitiva, tenemos que examinar la palabra ekklesia, desde la que se traduce la palabra “iglesia”.

La ‘iglesia’ (ekklesia) en el primer siglo

La traducción literal de la palabra griega ekklesia es, en un sentido general, “asamblea” o “reunión”. Desde el siglo V antes de Cristo, se aplicaba a cualquier grupo de ciudadanos griegos que se reunían con un propósito. En la traducción griega del “Nuevo Testamento” (Septuaginta), la palabra ekklesia denotaba una asamblea de israelitas y el término se intercambiaba a veces con la palabra “sinagoga”.

La palabra iglesia (ekklesia) solo aparece en dos versículos en los evangelios, ambos en el libro de Mateo, y son dichos de Jesús. En la primera aparición, Jesús le dice a Pedro: “sobre esta roca edifico mi iglesia”. (Mateo 16:18) Jesús aplica aquí la palabra “iglesia” en un sentido universal, refiriéndose a toda la asamblea espiritual de cristianos, siendo la “roca” su cuerpo espiritual del que Cristo es cabeza. (Efe.5:23) En esta aplicación hay una relación estrecha con la iglesia universal de su reino futuro. En su segunda referencia a “iglesia,” Jesús da instrucción a un creyente para que apele a la “iglesia” cuando un miembro, un malhechor, no acepta la admonición privada. (Mateo 18:17) En esta definición, el témino aplica de un modo más general a una “congregación” local. De hecho algunos traductores vierten ekklesia aquí como “congregación” (por ejemplo, la New English Bible) o “comunidad” (Biblia de Jerusalén). Es esta segunda definición la que nos interesa cuando hoy día cristianos se reunen juntos para adorar.

Aparte de las dos referencias de Jesús a “iglesia” en Mateo, no parece que el término se usara generalmente por sus discípulos o por los judíos para referirse a sus reuniones, antes de los escritos de Pablo en las epístolas. Fue algunos años después, que en sus cartas a las congregaciones gentiles, el apóstol Pablo emplea con asiduidad la palabra “iglesia” al referirse a grupos de cristianos en sus varias comunidades. [1] En la Biblia, aparece por primera vez la palabra “iglesia” en sus saludos a los cristianos de Tesalónica. (1ª Tesalonicenses 1:1) Así, “iglesia” aparece unas sesenta veces en los escritos relacionados con su ministerio a los cristianos gentiles. Está claro que él vio las “iglesias” como congregaciones independientes, ya que usa la palabra plural (ekklesias) cuando escribe una carta a varios grupos; por ejemplo en su carta a “las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea” (1 Tes. 2:14) y en su carta a “todas las iglesias de los santos” (1 Cor. 14:33). A través de todo el registro del ministerio de Pablo, hay clara evidencia de que las primeras comunidades de cristianos estaban compuestas por grupos independientes llamados “iglesias”. El único modo en que se empleaba “iglesia” para referirse colectivamente a varias congregaciones era cuando se refería a una asamblea o a más de una congregación, o también cuando se refería en sentido universal a todos los cristianos en unión con Cristo. “Iglesia” nunca se usó en referencia al cristianismo como una denominación religiosa. En Harper’s Bible Dictionary, bajo la definición “Iglesia”, se dice lo siguiente:

“En el NT “iglesia” siempre denota un grupo de gente, sean todos los cristianos de una ciudad (Hec. 14:23, 1ª Cor. 1:2, 2ª Cor. 1:1) o los que se reúnen para adoración en una casa particular (Rom. 16:5; 1ª Cor. 16:19) o todos los cristianos en todas las iglesias, toda la iglesia (Mat. 16:18; Efe. 1:22). Pero nunca significa un edificio o una denominación en particular“.

¿Dónde se reunían los cristianos en el primer siglo?

No hay mandatos específicos en la Biblia en cuanto a dónde o cuán amenudo deberían reunirse los cristianos. Sin embargo, podemos aprender mucho de lo que las Escrituras revelan por varias referencias a reuniones como iglesia. Es de notar que no se menciona ninguna propiedad-iglesia o algún lugar de reunión permanente. Las reuniones se llevaban a cabo en varios hogares y en lugares públicos, incluido el templo (Hechos. 2:46; 5:12, 42), o en las afueras, al aire libre, como en el Monte de los Olivos (Hechos 1:6) o en la orilla del mar (Hechos 21:5), o en “una habitación superior” (Hechos 1:13-14; 2:1-2; 20:1). Como casas específicas que se mencionan están la casa de Cornelio (Hechos 10:27), la de Simón (Hechos 10:6), la de María (Hechos 12:5, 12), la de Lidia (Hechos 16:40), la de Jasón (Hechos 17:5), la de Justo (Hechos 18:7), la de Felipe (Hechos 21:7), así como el alojamiento de Pablo (Hechos 28:23-30).

“. . . mientras no me retraje de decirles ninguna de las cosas que fueran de provecho ni de enseñarles públicamente y de casa en casa .* –Hechos 20:20 Traducción del Nuevo Mundo Edición Rev. 1971. [Nota al pie: *O, “y en casas privadas”. -pg. 1162]

En las Epístolas, los únicos edificios que se menciona que se usaban específicamente para reuniones en iglesia son las casas privadas. Esto incluye la casa de Aquila y Priscila (Rom. 16:5; 1ª Cor. 16:19); la de Ninfa (Col. 4:15) y la casa de Filemón (Filemón 2). Se supone generalmente que los grupos eran relativamente pequeños, compuestos por miembros del círculo de familia cercano y asistían quizás unos cuarenta en los grupos que más había.

Debido a la persecución en el primer siglo, los cristianos se reunían donde podían. Antes del tiempo de Constantino, el cristianismo no se reconocía como religión por parte del gobierno romano.

Hasta el siglo segundo, a los cristianos no se les permitía erigir iglesias y se veían obligados a adorar en hogares privados, en el campo, o, para escapar de la persecución, en las catacumbas (q.v.) y en otros lugares ocultos.” [2]

El historiador de la iglesia, Quinto Tertuliano, a comienzos del tercer siglo escribió:

“Finalmente, si no puedes reunirte durante el día, tienes la noche . . . . Conformate con una iglesia de tres. A veces es mejor que no veas gran multitud, . . . .” [3]

Y Jesús dijo:

“Porque donde están reunidos dos o tres en mi nombre, yo estoy entre ellos” (Matt. 18:20 NRSV)[4]

 ¿Cómo era su comunidad?

Los primeros cristianos se servían, como grupo de apoyo, los unos a los otros. Abrazar el Evangelio significaba aceptarse unos a otros en hermandad y compañerismo como miembros de la morada de Dios. Como dijo Pablo:

“Así es que no sóis extraños ni forasteros, sino que sóis ciudadanos con los santos y también miembros de la casa de Dios, construida sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, con Cristo Jesús mismo como piedra angular. En él toda la estructura esta unida y se forma como templo santo en el Señor; en quien vosotros también sóis edificados espiritualmente en morada para Dios“. –Ef. 2:19-22 NRSV.

Compartían sus posesiones (Hechos 2:44-47) y hacían provisiones para los menos afortunados, viudas y huérfanos (Hechos 6:1-7). Se les conocía por su amor y lealtad los unos por los otros, como lo hace notar un historiador de entonces:

“Se abstienen de todo lo impuro en la esperanza de la recompensa que ha de venir en otro mundo. En cuanto a sus siervos, mayordomos e hijos, los persuaden a ser cristianos por el amor que les tienen; y cuando llegan a serlo, les llaman sin distinción, hermanos. No adoran a dioses extraños; y andan en toda humildad y bondad, y no se encuentra falsedad entre ellos; se aman unos a otros. Cuando ven un extranjero, lo llevan a sus casas y se regocijan con él como un hermano verdadero; porque no llaman a los que andan tras la carne, sino a los que están en el Espíritu y en Dios.

“Y si hay entre ellos un hombre que es pobre y está necesitado, aunque no tengan en abundancia, en cuestión de dos o tres días logran hacer provisión de los alimentos que se necesitan. Observan escrupulosamente el mandamineto de su Mesías; viven con la honestidad y sobriedad que el Señor su Dios les mandó. Cada mañana, y siempre que perciben la bondad de Dios hacia ellos, le dan gracias por la comida y la bebida y le alaban.

“Y si de entre ellos alguna persona justa muere, se regocijan y dan gracias a Dios, y tratan su cuerpo como si se mudara de un lugar a otro. Y cuando les nace un niño, alaban a Dios, y si este muere en su infancia, también lo hacen, por haber pasado por este mundo sin pecados.

“Así es la ley de los cristianos y así es su conducta.” [5]

Las comidas eran importantes en la vida de la iglesia primitiva. Lucas nos da un vislumbre de aquellos días cuando dice: “Partían el pan en su hogares [“de casa en casa” en la KJV] y comían juntos con corazón sincero y alegre, alabando a Dios y teniendo el favor de toda la gente ” (Acts 2:46,47 NIV).

El compañerismo que se tenía en esas comidas hacía que fuera una ocasión gozosa para celebrar y demostrar su nuevo parentesco en la familia de Jesús. Esas comidas relacionadas específicamente con el compañerismo y la adoración se las llamó “comidas [agape] de amor,” las cuales también podían haber estado relacionadas con el participar de los emblemas de Cristo. Y cantaban canciones, como se dice:

“Que la palabra del señor more en vosotros ricamente; enseñaros y estimularos unos a otros en toda sabiduría; y con gratitud en vuestros corazones cantad salmos, himnos y canciones espirituales a Dios. Y cualquier cosa que hagáis, en palabra o en hechos, haced todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre a través de él”. (Col.3:16,17).

Resumen

Entonces, “iglesia,” en su acepción más fundamental, significa gente, especialmente el pueblo de Dios. La iglesia cristiana nació con los primeros conversos de la multitud reunida en el Pentecostés, después de la ascensión de Jesús. (Hechos 2:37-42) Se les comisionó entonces a que extendieran el mensaje del evangelio (“buenas nuevas”) de la esperanza del reino de Dios a través de Cristo. (Mat. 28:19-20; 2 Tim.4:1-5) La iglesia, en su sentido universal, abarca a todos los cristianos en el cuerpo de Cristo y alude a ese Reino prometido.

“Pero vosotros sóis un pueblo escogido, una nación santa, un pueblo que pertenece a Dios para que le glorefiquéis, quien os llamó de la oscuridad a la luz maravillosa. Antes no érais pueblo, pero ahora sóis pueblo de Dios; antes no habíais recibido misericordia, pero ahora sí la habéis recibido“. – 1ª Pedro 2:2-10.

En un sentido, el reino es una realidad presente, un sistema de apoyo para los que creen y aceptan a Jesucristo y su evangelio. Los cristianos llegan a ser parte del reino de Dios en la tierra. Sin embargo, ellos disfrutan del reino solo de un modo parcial. La plenitud del reino es su destino y su meta. Un anticipo del reino está presente ya en el cuerpo de Cristo. Es esta realidad presente la que nos capacita y nos fortalece para ser peregrinos cristianos (2 Pedro 1:3-4).

La iglesia no es un cuerpo colectivo. No es un edificio o una estructura. La iglesia no es un conglomerado institucional y multinacional. La iglesia es gente. Eso no significa que el pueblo de Dios no se organice para tener compañerismo. Las Escrituras indican que el pueblo de Dios tiene cierto grado de estructura y coherencia. Pero la iglesia nunca debería olvidar que está compuesta de personas que están en unión con el Señor, Cristo Jesús. Desafortunadamente, la historia del cristianismo muestra que el pueblo de Dios ha sido muchas veces pasado por alto, olvidado e incluso se ha abusado de él, por parte de la iglesia-institución.

Iglesias en hogares en nuestro siglo XXI

Al entrar en el siglo XXI, está surgiendo un movimiento de personas que desea recuperar el concepto de iglesia en el hogar tal y como lo hacían los primeros cristianos. Muchas personas de fe están descubriendo que eso puede ser una buena alternativa, en lugar de pertenecer a alguna organización religiosa en particular. Desean hacerlo con el espíritu de identificarse con la ciudadanía de la iglesia cristiana universal, y para aplicar la exhortación de poder reunirse unos con otros en amor. -Hebreos 10:24, 25.

 

Notas

[1] Vea Rom. 16:1; 1 Cor. 1:2; 2 Cor. 1:1; 1 Tes. 1:1, 2 Tes.1:1.
[2] ‘Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature,’ McClintock/Strong, Vol.22, pg 334.
[3] ‘De Fuga In persecutions’ traducido por el Rev. S. Thelwall en ‘The Ante-Nicene Fathers (Los Padres de antes de Nicea),‘ Vol. IV, page 125.
[4] Los primeros historiadores tales como Justino, Plinio y Tertuliano, hacen descripciones de las reuniones cristianas y no hacen ninguna mención de algún tipo de edificio-iglesia.
[5]La Apología de Arístides , Texto siríaco y traducción. Citado en la Encyclopedia Britannica, Vol. 1 (Chicago Encyclopedia Britannica, Inc.), página 346. 7

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