Los Tiempos de los Gentiles reconsiderados. Introducción

gentilesEl proceso de desilusión–y a veces dramático– que culminó en la decisión de publicar este estudio, podría llenar un libro entero. Sin embargo, por cuestiones de espacio, ese trasfondo solo se puede considerar aquí brevemente.

 A los testigos de Jehová se les enseña a poner gran confianza en la Sociedad Watch Tower y sus dirigentes. Sin embargo, hacia el final de mi carrera de veintiséis años como testigo de Jehová activo, las señales que indicaban que había sido un error por mi parte depositar tal confianza habían aumentado. Hasta el último momento, mantuve la esperanza de que los dirigentes de la organización se enfrentarían honestamente a los hechos relacionados con su cronología, aunque esos hechos resultarían fatales para algunas de las enseñanzas básicas y afirmaciones características de su organización. Pero cuando finalmente me di cuenta de que ellos estaban resueltos a perpetuar –al parecer por motivos de política de organización o “eclesiástica”– lo que, a fin de cuentas, equivale a un fraude contra millones de personas –consistente en ocultarles información que consideraban y siguen considerando indeseable–, me parecía que no tenía más alternativa que la de publicar mis hallazgos, para dar así a toda persona preocupada por la verdad una oportunidad de examinar la evidencia y de sacar sus propias conclusiones.

 Cada uno de nosotros es responsable por lo que sabe. Si una persona tiene en su poder información que otras necesitan conocer a fin de tener una comprensión correcta de su situación en la vida –información que sus dirigentes religiosos les ocultan– sería moralmente incorrecto permanecer en silencio. El deber de esa persona sería hacer disponible esa información a todos los que quisieran conocer la verdad, por el medio que fuese. Esa es la razón por la que se ha publicado este libro.

El papel de la cronología en la doctrina de la Sociedad Watch Tower

 Pocas personas son plenamente conscientes del papel tan importante que juega la cronología en las afirmaciones y enseñanzas de la Sociedad Watch Tower. Ni siquiera muchos testigos de Jehová son plenamente conscientes de la conexión indisoluble que existe entre la cronología de la Sociedad y el mensaje que predican de puerta en puerta. Cuando se enfrentan a la gran cantidad de evidencia que contradice su cronología, muchos tienden a restarle importancia como algo de lo cual podría prescindirse de alguna manera. “La cronología no es tan importante, después de todo”, dicen. Muchos testigos de Jehová preferirían no discutir el asunto en absoluto. ¿Cuán importante es la cronología, pues, para la organización Watch Tower?

 Un examen de la evidencia demuestra que ésta constituye la base misma de las afirmaciones y el mensaje del movimiento.

 La Sociedad Watch Tower afirma ser el único conducto” y el único “portavoz” de Dios en la tierra. Resumiendo algunas de sus enseñanzas más características, la Sociedad afirma que el Reino de Dios fue establecido en el cielo en 1914, que los “últimos días” comenzaron ese año, que Cristo regresó invisiblemente en ese tiempo para “inspeccionar” a las denominaciones cristianas, y que finalmente las rechazó a todas excepto a la Sociedad Watch Tower y sus asociados, a la cual nombró como su &único “instrumento” en la tierra en 1919.

Durante casi setenta años, la Sociedad empleó las palabras de Jesús en Mateo 24:34 sobre “esta generación para enseñar clara y firmemente que la generación de 1914 de ninguna manera pasará hasta que el desenlace final llegase en la “batalla de Armagedón”, momento en que todo humano que estuviese vivo sobre la tierra –a excepción de los miembros activos de la organización Watch Tower– sería destruido para siempre. Miles de testigos de Jehová de la “generación de 1914” abrigaban plenamente la esperanza de sobrevivir y ver esa catástrofe y después vivir para siempre en un paraíso en la tierra.

 A medida que pasaban las décadas y el año 1914 quedaba cada vez más lejos, la dificultad para defender esa afirmación se hizo cada vez mayor. Después de que pasaran 80 años, la afirmación se había convertido prácticamente en un sin sentido. Así, en el número de La Atalaya del 1 de noviembre de 1995 (páginas 10 a la 21), se adoptó una nueva definición de la frase “esta generación”, que permitió a la organización “desligarla” de la fecha de 1914 como punto de partida. A pesar de este monumental cambio, aún retienen la fecha de 1914. De hecho, no podrían hacerlo de otra manera sin desmantelar sus enseñanzas básicas sobre la “segunda presencia” de Cristo, el comienzo del “tiempo del fin”, y el nombramiento de su organización como el único instrumento de Cristo y el único conducto de Dios en la tierra. Aunque ahora reconocen que “esta generación” se define por sus características y no por un período cronológico (con un punto de partida específico), todavía encuentran una forma de incluir 1914 en la nueva definición. Consiguen esto por medio de incluir arbitrariamente en la definición un nuevo factor, a saber, que la generación se compone de “las personas que ven la señal de la presencia de Cristo pero no corrigen sus caminos”. Puesto que la enseñanza oficial sigue siendo que la “señal de la presencia de Cristo” se hizo visible a partir de 1914, esto aún permite que la fecha siga siendo una parte clave de la definición de “esta generación”.

 Todos estos factores, pues, testifican del papel tan importante que juega 1914 en la doctrina de la Sociedad Watch Tower. Pero puesto que la fecha misma obviamente no se menciona en la Biblia, ¿cuál es su fuente?.

Esa fecha es el producto de un cálculo cronológico según el cual los llamados “tiempos de los Gentiles” a los que Jesús se refirió en Lucas 21:24, constituyen un periodo de 2.520 años que comenzaron en 607 a. E.C. y finalizaron en 1914 E.C.[1] Ese cálculo es la verdadera base del mensaje principal del movimiento. Incluso se afirma que el evangelio Cristiano, las “buenas nuevas” del Reino (Mateo 24:14), está estrechamente relacionado con esa cronología. La página 17 de La Atalaya del 15 de agosto de 1981 dice:

Que las personas de corazón honrado comparen la clase de predicación del Reino que han hecho los sistemas religiosos de la cristiandad durante todos los siglos con la predicación que han efectuado los testigos de Jehová desde el final de la I Guerra Mundial en 1918. No son de una misma clase. La predicación de los testigos de Jehová verdaderamente es “evangelio”, o “buenas nuevas”, las “buenas nuevas” del Reino celestial de Dios que fue establecido al ser entronizado su Hijo Jesucristo al fin de los Tiempos de los Gentiles en 1914. [Itálicas añadidas]

En conformidad con esto, La Atalaya del 1 de agosto de 1982 declaró que “de todos los grupos religiosos de la tierra, los testigos de Jehová son los únicos que dan a conocer estas “buenas nuevas” a la gente de la tierra hoy día” (Página 10, párrafo 8). Un testigo de Jehová que intente minimizar el papel de la cronología en la doctrina de la Sociedad, simplemente no se da cuenta de que al hacer eso está socavando el mensaje principal del movimiento. Dicho “minimizar” no tiene la aprobación de los dirigentes de la organización. Por el contrario, La Atalaya del 1 de marzo de 1983, en la página 12, enfatizó que “el fin de los Tiempos de los Gentiles en la mitad posterior de 1914 todavía queda sobre la base histórica como una de las verdades fundamentales a las cuales tenemos que adherirnos hoy“. [2]

La dura realidad es que la Sociedad Watch Tower considera el rechazo de la cronología que apunta a 1914 como un pecado de fatales consecuencias. Del hecho de que el Reino de Dios fuese establecido al final de los “tiempos de los Gentiles” en 1914, se dice que es “el acontecimiento más grande de nuestro tiempo”, fuera del cual “todas las demás cosas carecen de importancia”. [3] De aquellos que rechazan el cálculo, se dice que incurren en la ira de Dios. Entre ellos está “el clero de la cristiandad” y sus miembros, de los que, debido a que no suscriben esa fecha, se dice que han rechazado el Reino de Dios y que “serán destruidos en la venidera “gran tribulación” “. [4] Aquellos testigos de Jehová que rechacen o cuestionen abiertamente el cálculo corren el riesgo de ser tratados muy severamente. Si no se arrepienten y cambian su forma de pensar, serán expulsados y clasificados como “apóstatas” inicuos que irán “al Gehena”, sin ninguna esperanza de resurrección futura. [5] No importa que todavía sigan creyendo en Dios, la Biblia y Jesucristo. Cuando un lector de La Atalaya escribió a la revista y preguntó “¿Por qué los testigos de Jehová han expulsado (excomulgado) por apostasía a algunos que todavía profesan creer en Dios, la Biblia y Jesucristo?”, la Sociedad respondió, entre otras cosas:

La asociación aprobada con los testigos de Jehová requiere la aceptación de todo el conjunto de enseñanzas verdaderas de la Biblia, incluyendo aquellas creencias bíblicas que son propias de los testigos de Jehová. ¿Cuáles son algunas de éstas? … Que 1914 marcó el fin de los tiempos de los Gentiles y el establecimiento del Reino de Dios en los cielos, así como también el tiempo de la predicha presencia de Cristo. [Itálicas añadidas] [6]

Nadie, pues, que rechace el cálculo de que los “tiempos de los Gentiles” terminaron en 1914, es aprobado por la Sociedad como testigo de Jehová. De hecho, aunque una persona abandone secretamente la cronología de la Sociedad y todavía sea considerada miembro formal de la organización, esa persona, en realidad, ha rechazado el mensaje principal de la Sociedad Watch Tower, y por lo tanto, según el criterio de la organización, ya no es parte real del movimiento.

Cómo comenzó esta investigación

 Para un testigo de Jehová, cuestionar la validez de este cálculo profético básico no es, pues, un asunto fácil. Para muchos creyentes, y especialmente para aquellos que pertenecen a sistemas religiosos cerrados como la organización Watch Tower, el sistema doctrinal del grupo funciona como una especie de “fortaleza” en la cual pueden buscar refugio en forma de seguridad espiritual y emocional. Si alguna parte de ese sistema doctrinal se cuestiona, tienden a reaccionar de forma emocional. Adoptan una actitud defensiva, pues sienten que su “fortaleza” está bajo ataque y su seguridad amenazada. Este mecanismo de defensa hace que resulte muy difícil para ellos escuchar y examinar los argumentos sobre este asunto de forma objetiva. Inconscientemente, su necesidad de seguridad emocional se ha convertido en algo más importante que su respeto por la verdad.

 Vencer esta actitud defensiva, tan común entre los testigos de Jehová, a fin de hallar mentes abiertas y receptivas, es extremadamente difícil, especialmente cuando se está cuestionando un dogma tan básico como el de la cronología de los “tiempos de los Gentiles”. Puesto que tal cuestionar sacude los mismos cimientos del sistema doctrinal de los testigos, con frecuencia provoca que testigos de todos los niveles reaccionen de forma beligerante y defensiva. He experimentado repetidamente reacciones de ese tipo desde 1977, cuando presenté por primera vez el material de este libro al Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová.

 Fue en 1968 cuando comenzó este estudio. En aquel tiempo, yo servía como “precursor” o evangelizador de tiempo completo para los testigos de Jehová. En el transcurso de mi ministerio, un hombre con el que conducía un estudio bíblico me desafió a probar la fecha que la Sociedad Watch Tower había escogido para la destrucción de Jerusalén por los Babilonios, el año 607 a. E.C. Señaló que todos los historiadores fijaban la fecha de ese acontecimiento unos 20 años antes, en 587 ó 586 a. E.C. Aunque yo era plenamente consciente de este hecho, el hombre quería saber las razones por las cuales los historiadores preferían la última fecha. Le indiqué que el datar de ellos seguramente no era más que una suposición, una estimación aproximada basada en antiguas fuentes y registros defectuosos. Al igual que otros testigos, yo creía que la fecha asignada por la Sociedad a la destrucción de Jerusalén estaba basada en la Biblia, y que las fuentes seglares no podían socavarla. Sin embargo, le prometí a este hombre que investigaría el asunto.

Como resultado de esto, emprendí una investigación que al final resultó ser mucho más extensa y profunda de lo yo que había esperado en un principio. Dicha investigación continuó periódicamente durante varios años, desde 1968 hasta finales de 1975. Por aquel entonces, la creciente evidencia en contra de la fecha 607 a. E.C. me obligó a concluir de mala gana que la Sociedad Watch Tower estaba equivocada.

 Posteriormente, durante algún tiempo después de 1975, consideré la evidencia con algunos amigos íntimos de mente abierta. Ya que ninguno de ellos podía refutar la evidencia que demostraban los datos que yo había recopilado, decidí componer un estudio sistemático sobre toda la cuestión y enviarlo a la Central de la Sociedad WatchTower de Brooklyn, Nueva York.

Ese estudio fue preparado y enviado al Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová en 1977. La presente obra, que está basada en ese documento, fue revisada y ampliada durante 1981 y posteriormente publicada en una primera edición en 1983. Durante los años que han transcurrido desde 1983, muchos nuevos descubrimientos y conclusiones relacionados con este asunto se han producido, y los más importantes han sido incorporados en esta nueva edición. La siete líneas de evidencia en contra de la fecha 607 a. E.C. que se presentaron en la primera edición, por ejemplo, ahora se han duplicado hasta catorce.

Correspondencia con las oficinas centrales de la Sociedad Watch Tower

 En 1977 comencé a mantener correspondencia con el Cuerpo Gobernante sobre mi investigación. Pronto se me hizo muy evidente que eran incapaces de refutar la evidencia que había creado. De hecho, ni siquiera un intento en este sentido se hizo hasta el 28 de febrero de 1980. Mientras tanto, se me advirtió repetidamente que no revelase mis descubrimientos a otros. Por ejemplo; en una carta del Cuerpo Gobernante con fecha 17 de enero de 1978, se me dio la siguiente advertencia:

Sin embargo, independientemente de lo fuerte que pueda ser la evidencia a favor de estas opiniones, éstas deben considerarse, por ahora, como sus puntos de vista personales. No es algo de lo cual usted debería hablar o algo que debería tratar de promover entre otros miembros de la congregación.

 Y más adelante, en una carta con fecha 15 de mayo de 1980, declararon:

“Estamos seguros de que se da cuenta de que no sería apropiado que usted comenzase a hablar de opiniones y conclusiones personales sobre cronología que difieren de las publicadas por la Sociedad, a fin de plantear serias dudas y problemas entre los hermanos”. [7]

Acepté ese consejo, pues me dio la impresión de que mis hermanos espirituales de las oficinas centrales necesitaban tiempo para reexaminar todo el asunto en profundidad. En la primera respuesta que dieron a mi estudio, con fecha 19 de agosto de 1977, declararon: “Lamentamos que la acumulación de trabajo que hay aquí no nos haya permitido hasta ahora darle la atención que nos hubiese gustado”. Y en una carta con fecha 17 de enero de 1978, escribieron:

No hemos tenido la oportunidad todavía de examinar este material, ya que otros asuntos urgentes están ocupando nuestra atención. Sin embargo, investigaremos este material cuando tengamos la oportunidad … Puede estar seguro de que sus puntos de vista serán examinados por hermanos responsables … En su debido momento esperamos investigar su estudio y evaluar su contenido”.


WATCH TOWER

BIBLE AND TRACT SOCIETY

OF PENNSYLVANIA

124 COLUMBIA HEIGHTS, BROOKLYN, NEW YORK 11201, U.S.A.

GEA:ESB 17 de enero de 1978

Carl Olof Jonsson

Hjeltagatan 14

S-662 00 AMAL

Suecia

Querido hermano Jonsson:

Tenemos en nuestro poder su carta del 12 de diciembre de 1977, y también el estudio que usted ha preparado titulado “Los Tiempos de los Gentiles Reconsiderados”.

 No hemos tenido la oportunidad todavía de examinar este material, ya que otros asuntos urgentes están ocupando nuestra atención. Sin embargo, investigaremos este material cuando tengamos la oportunidad. [8]

 Apreciamos su sinceridad al querer exponer sus puntos de vista. Sin embargo, independientemente de lo fuerte que pueda ser la evidencia a favor de estas opiniones, éstas deben considerarse, por ahora, como sus puntos de vista personales. No es algo de lo cual usted debería hablar o algo que debería tratar de promover entre otros miembros de la congregación. Decimos esto porque en su carta menciona que varios hermanos han examinado su estudio y que “todos estamos esperando con impaciencia sus comentarios”.

 Como podrá apreciar, lo que usted dice en su estudio equivale a una desviación radical de la cronología como actualmente la entienden los testigos de Jehová. Estamos seguros de que se da cuenta de que si se hacen cambios de importancia, deberían hacerse de una manera ordenada, con dirección central, como ocurrió en el primer siglo (Hechos 15:1,2). Estamos seguros de que es consciente de que promover y defender estos cambios tendría en las personas, no un efecto unificador, sino un efecto de división que produciría confusión. Decimos esto porque en la página frontal del estudio que usted ha enviado hay una declaración que dice que “ha sido preparado por testigos de Jehová para testigos de Jehová”. Decir que algo “ha sido preparado por testigos de Jehová” implica que tiene la aprobación de los testigos de Jehová en general, y estamos seguros de que se da cuenta de que eso no es cierto en el caso del estudio que tenemos en nuestro poder. Esto podría dar una falsa impresión y estamos seguros de que ese no es su deseo. Puede estar seguro de que sus puntos de vista serán examinados por hermanos responsables, y que si en algún momento hay que hacer algún cambio doctrinal, se hará a través de los conductos apropiados. Esto es importante a fin de preservar la unidad de la organización de Jehová.

 Esperamos que observe el consejo suministrado arriba. En su debido momento esperamos investigar su estudio y evaluar su contenido.

 Le transmitimos nuestro más sincero amor y nuestros mejores deseos.

Sus hermanos,

Watch Tower B. k T. Society OF PENNSYLVANIA

Del Comité de Redacción del Cuerpo Gobernante


A juzgar por ésta y por otras declaraciones similares, parecía que los oficiales de las oficinas centrales de la Sociedad Watch Tower en Brooklyn estaban preparados para examinar los datos que se les habían presentado de forma honesta y objetiva. En muy poco tiempo, sin embargo, todo este asunto tomaría un rumbo completamente diferente.

Interrogación y difamación

 A principios de agosto de 1978, Albert D. Schroeder, un miembro del Cuerpo Gobernante, mantuvo una reunión en Europa con representantes de las sucursales europeas de la Sociedad Watch Tower. En esa reunión, Schroeder dijo a la audiencia que había en marcha una campaña dentro y fuera del movimiento para derrumbar la cronología 607 a. E.C. —1914 E.C. de la Sociedad. [9] La Sociedad, sin embargo, no tenía ninguna intención de abandonarla, dijo.

 Tres semanas después, el 2 de septiembre, fui citado a una audiencia judicial ante dos representantes de la sucursal sueca de la Sociedad: Rolf Svensson, uno de los dos superintendentes de distrito del país, y Hasse Hulth, un superintendente de circuito. Me dijeron que habían sido comisionados por la sucursal de la Sociedad para mantener esa audiencia porque “los hermanos” de la Central de Brooklyn estaban profundamente preocupados por mi estudio. Una vez más se me advirtió que no esparciese la información que había recopilado. Rolf Svensson me dijo también que la Sociedad no necesitaba ni quería que los testigos de Jehová se envolviesen individualmente en esa clase de investigación.

En parte como resultado de esta reunión, renuncié de la posición que ocupaba como anciano en la congregación local de testigos y también a todas las demás tareas y asignaciones que desempeñaba en la congregación y en el circuito. Hice esto en forma de una extensa carta dirigida al cuerpo local de ancianos y al superintendente de circuito, Hasse Hulth, en la que explicaba brevemente las razones por las cuales había tomado esa decisión. Pronto llegó a ser extensamente conocido entre mis hermanos testigos de diferentes partes de Suecia que yo había rechazado la cronología de la Sociedad.

Durante los meses siguientes, yo y otras personas que habíamos cuestionado la cronología de la Sociedad, comenzamos a ser condenados tanto privadamente como desde las plataformas de los Salones del Reino (lugares de reunión de las congregaciones) y en las asambleas o convenciones de los testigos. Fuimos públicamente caracterizados en los peores términos como “rebeldes”, “orgullosos”, “falsos profetas”, “pequeños profetas que habían elaborado su propia pequeña cronología”, y “herejes”. Se nos llamó “elementos peligrosos de las congregaciones”, “esclavos inicuos”, “blasfemos”, así como también “inmorales y desaforados”. Privadamente, algunos de nuestros hermanos testigos, entre ellos algunos representantes viajantes de la Sociedad Watch Tower, señalaron también que nosotros estábamos “endemoniados”, que habíamos “inundado a la Sociedad de crítica” y que “deberíamos haber sido expulsados hace mucho tiempo”. Estos son sólo algunos ejemplos de la extensa difamación de la que fuimos objeto, difamación que ha continuado desde entonces, aunque por razones legales obvias, ningún nombre ha sido mencionado nunca públicamente.

Que esa difamación no era sólo un fenómeno local, sino algo que contaba con la aprobación del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, se hizo evidente por el hecho de que en la revista La Atalaya se publicaron declaraciones similares.[10]

Esta descripción de la situación que se desarrolló, no se ha dado con el fin de criticar a los testigos de Jehová como personas. Los testigos de Jehová son normalmente buenas personas, personas sinceras en sus creencias. La descripción se ha dado más bien para ilustrar lo fácil que es que una persona caiga inconscientemente en las reacciones psicológicas e irracionales que ya se han descrito en esta introducción. En una carta dirigida a Albert Schroeder con fecha 6 de diciembre de 1978, le describí el nuevo giro de los acontecimientos, y llamé su atención al hecho lamentable de que aunque mi estudio había sido elaborado con la mayor seriedad y enviado a la Sociedad con toda sinceridad, me había convertido en víctima de la murmuración, el vilipendio y la difamación.

¡Qué trágico es, pues, observar cómo se desarrolla una situación en la que la atención se desvía de la cuestión planteada –la validez de la fecha 607 a. E.C.– y se dirige a la persona que la plantea, y cómo ella, y no la cuestión, se considera el problema!. ¿Cómo es posible que una situación de este tipo se desarrolle en nuestro movimiento?

 La respuesta a esta pregunta, que la Sociedad nunca ha contestado de forma oficial, debemos buscarla en el mecanismo psicológico de defensa que describe el Dr. H. Dale Baumbach:

Cuando las personas inseguras se enfrentan a un problema que aumenta su inseguridad, responden instintivamente intentando destruir aquello que la ataca o intentando relegarlo a lo más recóndito de la mente. [11]

Espero que el ser conscientes de este mecanismo de defensa ayude a aquellos lectores que están asociados con los testigos de Jehová a examinar la evidencia que se presenta en esta obra con la debida consideración y mente abierta.

 Finalmente la Sociedad Watch Tower hizo un intento por refutar la evidencia en contra de la fecha 607 a. E.C., pero esto no se hizo hasta que un representante especial de Suecia del Cuerpo Gobernante escribió a la Sociedad, pidiéndoles que dieran una respuesta al contenido del estudio que se les había enviado y diciéndoles que el autor todavía estaba esperando una respuesta. Ese representante era el coordinador de la obra de la Sociedad en Suecia, Bengt Hanson.

 Hanson me hizo una visita el 11 de diciembre de 1979 para considerar la situación que se había desarrollado. Durante nuestra conversación, le hice entender a Hanson que era la evidencia que yo había presentado a la Sociedad en contra de la fecha 607 a. E.C. –no yo, mis motivos, o mi actitud– la verdadera cuestión. Si la evidencia en contra de la fecha 607 a. E.C. era válida, entonces era un problema que debía preocupar por igual a todo testigo de la organización. En ese caso, mi actitud o mis motivos personales eran tan irrelevantes como los de ellos.

 Como resultado de esto, Hanson escribió a principios de 1980 una carta al Cuerpo Gobernante explicándoles la situación, y diciéndoles que yo todavía estaba esperando una respuesta a la evidencia que había creado en contra de su cronología. Y así, por fin, después de casi tres años de que yo les enviase el material investigado, en una carta con fecha 28 de febrero de 1980, se hizo un intento por atacar a la cuestión en lugar de a la persona que la planteaba.

 La argumentación que se presentó, sin embargo, resultó ser en gran parte una repetición de anteriores argumentos hallados en varios lugares de la literatura de la Sociedad Watch Tower, argumentos que en el estudio ya se demostraban insatisfactorios. En una carta con fecha 31 de marzo de 1980, respondí a sus argumentos y añadí dos nuevas líneas de evidencia en contra de la fecha 607 a. E.C. De ese modo, la Sociedad no sólo no pudo defender con éxito su posición, sino que la evidencia en contra de ésta se hizo considerablemente más fuerte.

 Ningún intento adicional por parte de la Sociedad por tratar con todo este asunto se hizo hasta el verano de 1981, cuando una breve consideración del mismo apareció en forma de “Apéndice” del libro “Venga tu Reino” (páginas 186 a la 189). Esta última consideración no añadió nada nuevo a anteriores argumentos, y a cualquier persona que hubiese estudiado cuidadosamente el asunto de la cronología antigua no le parecería más que un débil intento por salvar una posición insostenible por medio de encubrir los hechos. Esto se demuestra claramente en el último capítulo de esta obra, “Intentos por vencer la evidencia”. El contenido del “Apéndice” de la Sociedad Watch Tower, sin embargo, finalmente me convenció de que los dirigentes de esta organización no estaban dispuestos a dejar que los hechos interfiriesen con doctrinas básicas tradicionales. 

“Esperando en Jehová”

 Se debería notar que, mientras que los dirigentes de la Sociedad se sienten perfectamente libres de publicar cualquier argumento en apoyo de su cronología, ellos han hecho todo lo posible por ocultar a los testigos de Jehová en general el fuerte peso de la evidencia que la contradice. Así, ellos no sólo me han advertido repetidamente que no comparta mi evidencia en contra de la fecha 607 a. E.C. con otras personas, sino que también han apoyado la extensa difamación de que han sido objeto todos y cada uno de los testigos de Jehová que han cuestionado su cronología. Este modo de actuar no es sólo injusto para estos testigos de Jehová en particular; lo es aún más para los testigos de Jehová en general. Ellos tienen derecho a conocer los dos lados de la cuestión y a estar enterados de todos los hechos. Esa es la razón por la decidí publicar Reconsideración de Los Tiempos de los Gentiles.

 Resulta interesante el hecho de que los representantes de la Sociedad han presentado varios argumentos para justificar la posición de que los testigos de Jehová no deberían conocer los hechos y la evidencia que contradicen sus enseñanzas. Uno de esos argumentos es el siguiente: Jehová revela la verdad gradualmente a través de su clase del “esclavo fiel y discreto”, a la que Cristo ha nombrado “sobre todo lo suyo” (Mateo 24:47, Traducción del Nuevo Mundo). Esta clase del “esclavo” se expresa a través de aquellos que supervisan la publicación y escritura de la literatura de la Sociedad Watch Tower. Deberíamos, por lo tanto, “esperar en Jehová“, o dicho de otro modo, deberíamos esperar hasta que la organización publique “nuevas verdades”. Cualquiera que se “adelante” a la organización, pues, es un “orgulloso“, pues piensa que sabe más que “el esclavo fiel y discreto”.

 Ese argumento, sin embargo, carece de validez si las suposiciones de la Sociedad con respecto a la cronología de la Biblia son incorrectas. ¿Por qué? Porque el mismo concepto de que hoy es posible identificar a la “clase del esclavo fiel y discreto”, a la que Cristo, como el “amo” de la parábola de Mateo 24:45-47, ha nombrado sobre “todo lo suyo”, descansa inequívocamente en el cálculo cronológico de que el “amo” llegó en 1914 e hizo ese nombramiento pocos años después en 1919. Si, como se demostrará en esta obra, los Tiempos de los Gentiles no terminaron en 1914, entonces la base para afirmar que Cristo regresó ese año desaparece, y los dirigentes de la organización Watch Tower no pueden afirmar haber sido nombrados “sobre todo lo suyo” en 1919. Y si esto es así, entonces ellos tampoco pueden hablar legítimamente de un monopolio divinamente asignado por Dios para publicar “la verdad”.

 Se debería notar también que, en la parábola de Jesús, es el “amo” el que, al llegar, decide quién es “el esclavo fiel y discreto”, no los esclavos mismos. Así, el que un grupo de individuos afirme, en ausencia del “amo”, que ellos son “el esclavo fiel y discreto” y se eleven a sí mismos sobre todos los “bienes” del amo, es una presunción enorme. Por otro lado, una persona que no reclama para sí ninguna posición encumbrada, difícilmente puede ser considerada orgullosa por publicar información que contradice algunas enseñanzas de la Sociedad Watch Tower.

 “Esperar en Jehová”, por supuesto, es el deber de todo cristiano. Desafortunadamente, la Sociedad Watch Tower Bible and Tract, al igual que otros muchos movimientos apocalípticos, ha anunciado una y otra vez el tiempo del cumplimiento de las profecías de Dios, y lo ha hecho sin tener en cuenta los propios “tiempos y sazones” de Dios para ello. Esto es lo que ha sucedido desde los mismos comienzos del movimiento, allá por los años 70 del siglo diecinueve.

 Cuando los dirigentes del movimiento Watch Tower enseñaron persistentemente durante 55 años (desde 1876 hasta 1931) que Cristo había llegado invisiblemente en 1874, ¿estaban ellos dando un ejemplo de “esperar en Jehová”?

 Cuando enseñaron que el “resto” de la Iglesia de Cristo sería cambiada (según 1 Tesalonicenses 4:17), primero en 1879, después en 1881, después en 1914, después en 1915, después en 1918, y después en 1925, ¿”esperaron en Jehová”?. [12]

 Cuando enseñaron que el fin del presente sistema de cosas vendría en 1914, después en 1918-20, después en 1925, después alrededor de 1941-42, y después alrededor de 1975, ¿estaban ellos “esperando en Jehová”?.[13]

 Si 1914 no es el punto terminal de los “tiempos de los Gentiles”, como mantiene la Sociedad Watch Tower, entonces las numerosas aplicaciones “proféticas” actuales que se hacen partiendo de esa fecha son prueba adicional de que la Sociedad todavía no está preparada para “esperar en Jehová”. En ese caso y bajo tales circunstancias, parece un poco fuera de lugar aconsejar a otros que “esperen en Jehová”. La persona que verdaderamente quiera esperar en Jehová no pude limitarse a esperar a que los dirigentes de la Sociedad Watch Tower estén preparados para hacerlo. Si, después de examinar cuidadosamente la evidencia, esa persona llega a la conclusión de que la Sociedad Watch Tower ha producido, en el contexto de su cronología, un “cumplimiento” claramente arbitrario de la profecía Bíblica en nuestro tiempo, entonces esa persona necesita desligarse de los intentos persistentes que se están haciendo por imponer esa posición arbitraria sobre otras personas como creencia obligatoria. Entonces que podrá decir realmente que está preparada para comenzar a “esperar en Jehová”.

La expulsión

 Durante casi un siglo, las publicaciones de la Sociedad Watch Tower han estado repletas de críticas continuas y masivas hacia los errores y malos actos cometidos por otras denominaciones Cristianas. Aunque esa crítica ha sido a menudo exagerada y superficial, con frecuencia también ha sido acertada. La literatura de la Sociedad Watch Tower ha denunciado muchas veces la intolerancia mostrada en el pasado por varias iglesias hacia los miembros disidentes.

“LA CRISTIANDAD ha tenido sus fanáticos: desde personas que se han incendiado a sí mismas como expresión de protesta política hasta individuos que han manifestado intolerancia para con los que han diferido de ellos en materia de religión”, observó La Atalaya del 15 de julio de 1987, en la página 28. “Esa clase de intolerancia halló una expresión terrible en la Inquisición, que fue establecida por la Iglesia Católica Romana en el siglo trece y duró casi seis siglos”.

La palabra “Inquisición” se deriva de la palabra latina inquisitio, que significa “investigación”. Se la ha descrito brevemente como “un tribunal establecido por la Iglesia Católica Romana a fin de descubrir y castigar a los herejes y apóstatas”. [14] ¿En qué situación se encontraba la gente bajo este gobierno clerical intolerante? La página 3 de La Atalaya del 1 de septiembre de 1989, explica:

“Nadie era libre para adorar como él quería ni para expresar opiniones que estuviesen en conflicto con las del clero. Esta intolerancia clerical creó un ambiente de temor que se extendió por toda Europa. La iglesia estableció la Inquisición para expulsar a las personas que se atrevían a sostener puntos de vista religiosos diferentes”.

 Estas declaraciones podrían dar la impresión de que la Sociedad Watch Tower, a diferencia de la Iglesia Católica Romana, actúa de forma tolerante hacia los miembros que “sostienen puntos de vista religiosos diferentes” y defienden su derecho a expresar opiniones que están en conflicto con las enseñanzas de la organización. La realidad, sin embargo, es que esta organización adopta exactamente la misma actitud hacia los miembros que sostienen puntos de vista religiosos diferentes que la Iglesia Católica de la Edad Media. “Esté alerta de los que intentan imponer sus propias opiniones” advirtió La Atalaya del 15 de marzo de 1986, en la página 17. En respuesta a la pregunta de por qué los testigos de Jehová han “expulsado ( excomulgado) por apostasía a personas que todavía profesan creer en Dios, la Biblia y Jesucristo”, la Sociedad Watch Tower dijo:

Las personas que presentan esa objeción señalan al hecho de que muchas organizaciones que afirman ser cristianas permiten opiniones disidentes… Sin embargo, tales ejemplos no suministran la base para que nosotros hagamos lo mismo… Las enseñanzas disidentes o los puntos de vista divergentes no son compatibles con el verdadero Cristianismo”. . [15]

 La Sociedad Watch Tower ha establecido incluso comisiones de investigación similares a las que organizó la Iglesia Católica Romana en la Edad Media, con la única diferencia básica de que los “comités judiciales” de la Sociedad no tienen ninguna autoridad legal para torturar a sus víctimas físicamente. Yo sabía que las conclusiones a las que había llegado finalmente harían que fuese juzgado y expulsado por una de esas “comisiones de investigación”, siempre que antes no abandonase voluntariamente la organización. Pero también sabía que en ambos casos las consecuencias serían las mismas.

Después de veintiséis años como testigo de Jehová activo, ahora, en 1982, estaba preparado para dejar la organización Watch Tower. Tenía muy claro que eso significaría una ruptura completa con el mundo del que había formado parte durante todos esos años. Las normas de la Sociedad Watch Tower exigen que los testigos de Jehová corten todo contacto con los que rompen con la organización, ya sea que esa ruptura tenga lugar debido a la expulsión o debido a una renuncia voluntaria. Sabía que no sólo perdería a prácticamente todos mis amigos, sino también a todos los familiares que tenía dentro de la organización (de los cuales había aproximadamente unos setenta, incluyendo un hermano y dos hermanas con sus respectivas familias, sobrinos y sus familias, etc.). Sería considerado y tratado como un “muerto”, aunque mi “ejecución” física tendría que esperar hasta la inminente “batalla de Armagedón”, una batalla en la que los testigos esperan que Jehová Dios aniquile para siempre a todos los que no pertenecen a su organización. [16]

 Durante algún tiempo había estado intentando prepararme emocionalmente para esa ruptura. Mi plan era publicar mi estudio como una especie de despedida pública al movimiento. Sin embargo, no conseguí tener listo el material para su publicación antes de que me llegase una carta de la sucursal sueca de la Sociedad Watch Tower con fecha 4 de mayo de 1982. La carta era una citación para una investigación ante un “comité judicial” compuesto de cuatro representantes de la Sociedad, comité que había sido nombrado, según decía la carta, para “conocer su actitud acerca de nuestras creencias y acerca de la organización”.[17]

Me di cuenta de que mis días dentro de la organización ahora estaban contados, y que tal vez no conseguiría tener listo a tiempo mi estudio para su publicación. En una carta que dirigí a la oficina sucursal intenté posponer la reunión con el comité judicial. En esa carta les señalé que, como ellos sabían muy bien, la causa de mi “actitud hacia sus creencias y hacia su organización” era la evidencia que había presentado en contra de la cronología de la Sociedad, y que si de verdad querían cambiar mi actitud, debían comenzar por la fuerte evidencia que constituía la razón de ésta. Les pedí, por lo tanto, que se permitiera a los miembros del comité hacer un examen profundo de mi estudio. Después de eso sería razonable mantener una reunión.

Pero ni la oficina sucursal ni los cuatro miembros del comité mostraron ningún interés en la clase de consideración que yo les había propuesto, y ni siquiera hicieron ningún comentario sobre las condiciones que yo había establecido para mantener una reunión con ellos. En una breve carta se limitaron a repetir la citación ante el comité judicial. Parecía obvio que ya había sido juzgado por adelantado, y que el juicio al que había sido citado sería sólo una parodia macabra y sin sentido de la justicia. Así que opté por no asistir a la investigación, y como resultado de ello fui juzgado y expulsado en mi ausencia el 9 de junio de 1982.

A fin de intentar ganar tiempo apele la decisión. Un nuevo “comité judicial” de cuatro miembros fue nombrado y nuevamente repetí en una carta las condiciones que yo creía razonables para mantener una conversación con ellos. La carta ni siquiera fue contestada. Por consiguiente, el 7 de julio de 1982 se reunió en mi ausencia el nuevo comité para llevar a cabo otro juicio simulado, y tal como esperaba, sólo confirmó la decisión del primer comité. En ambos casos, el único asunto “judicial” que se consideró claramente fue: “¿Concuerda usted totalmente con las enseñanzas de la organización, sí o no?”. La cuestión de si las razones de mi actitud eran válidas o no, fue algo que se consideró como simplemente irrelevante.

¿Son las conclusiones destructivas de la fe?

Como se ha señalado anteriormente, las conclusiones a las que se llega en esta obra desbaratan las doctrinas básicas e interpretaciones apocalípticas de la Sociedad Watch Tower. Esas conclusiones, por lo tanto, podrían provocar cierto malestar entre los testigos de Jehová, y los dirigentes de la Sociedad claramente temen que la difusión de las mismas perturbe la unidad de su rebaño. Yo era plenamente consciente de que mis esfuerzos serían interpretados por los dirigentes de la Sociedad como un intento por destruir la fe de la “verdadera congregación Cristiana” y perturbar su unidad. Pero la fe debería estar justamente en armonía con la verdad, con los hechos, y eso incluye hechos históricos. Por lo tanto, confío en que la publicación de los hechos relativos al asunto que será objeto de consideración de este libro no perturbe la paz y la unidad entre aquellos que son verdaderos cristianos. La verdadera unidad cristiana se basa en el amor, pues el amor es el “vínculo perfecto de unión”. – Colosenses 3:14.

 Por otro lado, existe también una falsa unidad que está fundada, no en el amor, sino en el temor. Esa clase de “unidad” es característica de organizaciones autoritarias, religiosas y también políticas. Es una unidad mecánica impuesta por los dirigentes de esas organizaciones a fin de mantener su autoridad sobre las personas y controlarlas, una unidad que no depende de la verdad. En esas organizaciones, las personas ceden a la autoridad central el derecho a pensar, hablar y actuar libremente. Ya que la evidencia y las conclusiones que se presentan en esta obra socavan las afirmaciones autoritarias de la Sociedad Watch Tower, es posible que su publicación represente una amenaza para la unidad forzada que existe dentro de esta organización. Pero la verdadera unidad basada en el amor entre los cristianos, esa cuya “participación es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo”, esa con toda seguridad no será afectada.– Juan 17:21-23; 1ª Juan 1:3, Nueva Versión Internacional.

 Así, aunque se descubra que las afirmaciones e interpretaciones proféticas de la Sociedad Watch Tower carecen de fundamento, no se pierde nada de verdadero valor cuando estas cosas se desvanecen y desaparecen. El cristiano tiene todavía la Palabra de Dios, la verdadera fuente de verdad y esperanza. Cristo sigue siendo todavía su Señor, su única esperanza de vida futura. Y él todavía disfruta de paz y unidad cristiana con su Padre, con Jesucristo, y con aquellos que resultan ser sus verdaderos hermanos y hermanas en la tierra. Aún en el caso de que fuera expulsado de un sistema religioso autoritario por aceptar lo que él claramente ve que es cierto, Cristo no le abandonará, pues él dijo: “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo con ellos” (Juan 9:30, 34-39; Mateo 18:20, Nueva Versión Internacional). La respuesta a la pregunta: “¿A dónde iremos aparte de la organización? sigue siendo la misma que fue en los tiempos de los apóstoles, cuando Pedro dijo: “¿Señor, a quién iremos? tienes dichos de vida eterna” (Juan 6:68). Es Cristo, no una organización, quien tiene “dichos de vida eterna”.[18]

 Durante los años que han transcurrido desde que comenzó esta investigación, he conocido, personalmente o través de carta, un creciente número de testigos de Jehová pertenecientes a diferentes niveles de la organización Watch Tower que han examinado en profundidad la cuestión de la cronología y han llegado independientemente a las mismas conclusiones que se presentan en esta obra. Algunos de esos hombres encontraron muy difícil defender la cronología de la Sociedad antes de que finalmente se sintieran obligados a abandonarla por la evidencia Bíblica e histórica. Entre ellos se encuentran algunos que fueron miembros del comité investigador que la Sociedad Watch Tower designó para producir su diccionario Bíblico, Ayuda para entender la Biblia. La sección sobre cronología de esta obra, que comprende las páginas 322 a la 348 (edición en inglés), sigue siendo la consideración sobre la cronología de la Sociedad más profunda y competente que la organización ha publicado jamás. [19] Pero la persona que escribió esta sección, con el tiempo se dio cuenta de que la fecha 607 a. E.C. asignada por la Sociedad a la caída de Jerusalén ante los Babilonios no era defendible, y posteriormente la abandonó junto con todos los cálculos y enseñanzas basados en ella. En una carta que me escribió, declaró:

“Al desarrollar la sección sobre “Cronología” para el libro Ayuda para entender la Biblia, el periodo Neo-Babilónico, que se extiende desde el reinado del padre de Nabucodonosor, Nabopolasar, hasta el reinado de Nabonido y la caída de Babilonia, presentó un problema especial. Como testigos de Jehová, obviamente estábamos interesados en hallar y presentar alguna prueba, por pequeña que fuese, que apoyase la fecha 607 a.E.C. como la fecha de la destrucción de Jerusalén en el decimoctavo año de Nabucodonosor. Yo era plenamente consciente del hecho de que los historiadores concordaban en señalar una fecha unos veinte años posterior, y que ellos situaban el comienzo del reinado de Nabucodonosor en el año 605 a. E.C. (su año de ascenso al trono) y no en el año 625 a.E.C., que es la fecha que se usa en las publicaciones de la Watch Tower. Sabía que la fecha 607 a. E.C. era una fecha clave para la interpretación de la Sociedad de los ‘siete tiempos’ del capítulo cuatro de Daniel que apunta al año 1914 E.C.

 “Dedicamos nuestros esfuerzos a llevar a cabo una extensa investigación. En aquel tiempo (1968), Charles Ploeger, un miembro del personal de las oficinas centrales de la Sociedad, fue asignado como mi ayudante. Ploeger pasó muchas semanas buscando por todas las librerías de la ciudad de Nueva York alguna fuente de información que pudiera dar alguna validez a la fecha 607 a.E.C. como la fecha de la destrucción de Jerusalén. También fuimos a la Universidad Brown a entrevistar al Dr. A. J. Sachs, un especialista en textos astronómicos relativos al período Neo-Babilónico y otros períodos adyacentes. Ninguno de estos esfuerzos dio como resultado ninguna prueba a favor de la fecha 607 a. E.C.

“En vista de ello, al escribir el artículo sobre “Cronología”, dediqué una considerable porción del material a intentar mostrar las no certezas existentes en antiguas fuentes históricas, incluyendo no sólo fuentes Babilónicas, sino también Egipcias, Asirias y Medo-Persas. Aunque hoy todavía creo que algunos de los puntos que presenté en cuanto a esas no certezas son válidos, sé que la argumentación nació de un deseo por defender una fecha para la cual simplemente no hay evidencia histórica. De hecho, si la evidencia histórica contradecía alguna declaración clara de la Biblia, yo no dudaba en aceptar el registro Bíblico como el más confiable. Pero soy consciente de que la cuestión no es que exista alguna contradicción con respecto a alguna declaración clara de la Biblia, sino una contradicción con respecto a una interpretación fijada sobre ciertas porciones de la Biblia, que les asigna un significado que no se declara en la Biblia misma. Las no certezas que se pueden encontrar en tales interpretaciones humanas son ciertamente las mismas que las que se pueden encontrar en los registros cronológicos sobre historia antigua”. (20).

Reconocimientos

Antes de concluir esta introducción, me gustaría dar las gracias a las muchas personas eruditas de todo el mundo, algunas de ellas todavía testigos de Jehová activos cuando se escribió esta obra, que por su estímulo, sugerencias, críticas y preguntas han hecho una gran contribución a ella. En primer lugar me gustaría mencionar a Rud Persson de Ljungbyhed, Suecia, que participó en la obra desde sus comienzos y que me ha ayudado más que ninguna otra persona en este sentido. Otros amigos con los mismos antecedentes que yo, especialmente James Penton y Raymond Franz, han sido de gran ayuda al preparar el libro para su publicación puliendo mi inglés y mi gramática.

 Con respecto a la sección ideológico histórica (capítulo uno), mis contactos con el erudito sueco Dr. Ingermar Lindén estimularon mi interés y propiciaron mi investigación en este área. Richard Rawe, de Soap Lake, Washington, y Alan Feuerbacher de Beaverton, Oregon (ahora en Ginebra, Suiza), también suministraron importantes documentos para esta sección. Para los capítulos sobre cronología Neo-Babilónica (capítulos tres y cuatro) los contactos mantenidos con autoridades sobre textos cuneiformes de Babilonia han sido de una ayuda incalculable. Esto aplica especialmente al profesor D.J. Wiseman de Inglaterra, que es un destacado experto en el periodo Neo-Babilónico; a C.B.F. Walker, subdirector y conservador del Departamento de Antigüedades Asiáticas de Occidente del Museo Británico de Londres; al profesor Abraham J. Sachs, de Estados Unidos; al profesor Hermann Hunger de Austria, que desde la muerte de Abraham Sachs en 1983 es el experto más importante en textos babilónicos sobre observaciones astronómicas; y al Dr. Béatrice André, del Museo del Louvre, París. Finalmente, en las secciones sobre interpretación Bíblica (capítulos 5 al 7), varios lingüistas y hebraístas competentes compartieron amablemente sus conocimientos, especialmente el Dr. Seth Erlandsson de Västeras, Suecia; el profesor Tryggve Mettinger de Lund, Suecia; y los Drs. Tor Magnus Amble y Hans M. Barstad, de Oslo, Noruega.

 Mi agradecimiento más importante, sin embargo, es para el Dios de la Biblia, para aquel que en el Antiguo Testamento y desde los tiempos de Moisés lleva el nombre Yahweh o Jehovah, y a quien en el Nuevo Testamento podemos encontrar y acercarnos como nuestro Padre celestial, ya que esta investigación ha sido realizada bajo constante oración por su ayuda y entendimiento. Todo el honor es para él, ya que es su Palabra de verdad la que ha sido la base de este estudio. Aunque ciertas teorías e interpretaciones religiosas se hallaron insostenibles y tuvieron que ser rechazadas, su Palabra profética fue confirmada, una y otra vez, durante la investigación Bíblica e histórica relacionada con este asunto. Esta experiencia fortalecedora de la fe ha sido para mí una verdadera y duradera bendición. Confío en que el lector sea bendecido de la misma manera.

 Carl Olof Jonsson
Göteborg, Suecia, 1982
Revisado en 1998



1 Las designaciones “a. E.C” (antes de la Era Común) y “E.C” (Era Común) normalmente usadas por los testigos de Jehová, corresponden a “a.C.” (antes de Cristo) y “D.C” (después de Cristo). Estas se usan con frecuencia en literatura especializada, especialmente por autores Judíos, y han sido adoptadas por la Sociedad Watch Tower, como se verá en posteriores citas de sus publicaciones. Por razones de coherencia, estas designaciones se usan regularmente en esta obra, a excepción de aquellos casos en que se cita de un material que usa las designaciones a.C. y D.C.

2 Itálicas y énfasis añadidos. El anterior presidente de la Sociedad Watch Tower, Frederick W. Franz, en la consideración Bíblica matinal de la familia Betel del 17 de noviembre de 1979, enfatizó aún más la importancia de la fecha 1914, diciendo: “El único propósito de nuestra existencia como Sociedad es anunciar el Reino establecido en 1914 y proclamar la advertencia de la caída de Babilonia la Grande. Tenemos un mensaje especial que entregar”. (Raymond Franz, En busca de la libertad Cristiana, Atlanta: Commentary Press, 1991, págs. 32 y 33).

3 La Atalaya del 1 de enero de 1988, págs. 10 y 11.

4 La Atalaya del 1 de septiembre de 1985, página 25, párrafo 15.

5 La Atalaya del 1 de octubre de 1982, página 27, párrafo 6. En La Atalaya del 15 de julio de 1992 (página 12, párrafo 15) se describe a estos disidentes como “enemigos de Dios” que “odian intensamente a Jehová”. A los testigos, por lo tanto, se les insta a “odiarlos con un odio completo”. Esta exhortación se repite en La Atalaya del 1 de octubre de 1993 (página 19, párrafos 13 y 15), donde se dice de los “apóstatas” que “la maldad está tan arraigada en ellos que es parte inseparable de su modo de ser”. A los testigos incluso se les insta a pedir a Dios que los destruya, a imitación del salmista David, que oró respecto a sus enemigos: “¡Oh, que tú, oh Dios, mataras al inicuo!”. De esa manera los testigos de Jehová “dejan que Jehová se encargue de ejecutar venganza”. Estos rencorosos ataques en contra de anteriores miembros de la organización reflejan una actitud que es exactamente la opuesta de la que recomendó Jesús en su Sermón del Monte.- Mateo 5:43-48.

6 La Atalaya del 1 de abril de 1986, págs. 30 y 31.

7 Los nombres de los autores de las cartas procedentes de la Sociedad Watch Tower nunca se dan. En su lugar se usan símbolos internos. El símbolo “GEA” que aparece en la parte superior izquierda de esta carta muestra que su autor fue Lloyd Barry, uno de los miembros del Cuerpo Gobernante.

8 El símbolo “EF” muestra que el escritor de esta carta fue Fred Rusk, del Departamento de Redacción.

9 Aparte de mi estudio, que se originó dentro del movimiento, Schroeder pudo haber tenido en mente dos publicaciones externas que atacaban la cronología de la Sociedad: Los testigos de Jehová y la especulación profética, de Edmund C. Gruss (Nutley, N.J.: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1972), y 1914 y la Segunda venida de Cristo, de William MacCarty (Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1975).

10 Abandonar el cálculo 607 a. E.C. – 1914 E.C. implica abandonar también las interpretaciones basadas en él, como la idea de que el Reino de Dios fue establecido en 1914 y que la “presencia invisible” de Cristo comenzó ese año. De los testigos de Jehová que no pueden aceptar estas ideas, La Atalaya del 1 de diciembre de 1979 (págs. 13 y 14, párrafo 3), declaró: “Personas desaforadas han tratado de infiltrarse en la verdadera congregación cristiana, alegando que la “prometida presencia” de nuestro Señor no acontece en nuestro día … Personas de esta clase están entre los individuos acerca de los cuales Jesús advirtió lo registrado en Mateo 7:15-23: “Guárdense de los falsos profetas que vienen a ustedes en ropa de oveja, pero por dentro son lobos voraces … [En aquel día] les confesaré: ¡Nunca los conocí! Apártense de mí, obreros del desafuero”. Más adelante, La Atalaya del 1 de agosto de 1980 (págs. 18 y 19, párrafo 9), dijo: “Pedro también estaba hablando del peligro de ser “llevados” por algunos dentro de la congregación cristiana que llegarían a ser “burlones” y no tomarían en serio el cumplimiento de las profecías respecto a la “presencia” de Cristo y que adoptarían una actitud desafiadora de ley para con “el esclavo fiel y discreto”, el Cuerpo Gobernante de la congregación cristiana y los ancianos nombrados”. (Itálicas añadidas. Véase también el párrafo 11 de la página 19 y el párrafo 14 de la página 20).

11 Spectrum, Vol. 11, No. 4, 1981, pág. 63. (Este periódico es publicado por las Asociaciones de Foros Adventistas, Apartado Postal 4330, Takoma Park, Maryland, U.S.A.) La revista ¡Despertad! de 22 de noviembre de 1984 explicó de manera similar que el actuar así es un signo de “mente cerrada,” cuando dijo: ”Por ejemplo, si no somos capaces de defender nuestros puntos de vista religiosos, pudiéramos vernos atacando a los que desafían nuestras creencias, no con argumentos lógicos, sino con calumnias e insinuaciones. Eso es señal de una mente cerrada. (Pág.4, Compare también ¡Despertad! 22 de mayo de 1990, pág.12.

12 La Atalaya del 1 de febrero de 1916, pág.38; 1 de septiembre de 1916, págs. 264 y 265; 1 de julio de 1920, pág. 203 (ediciones en inglés).

13 The Time is at Hand (El tiempo ha llegado, volumen 2 de la serie Estudios de las Escrituras, publicado en 1889), págs. 76 a la 78; The Finished Mistery (El Misterio Terminado, volumen 7 de Estudios de las Escrituras, publicado en 1917), págs. 129, 178, 258, 404, 542; Millones que ahora viven no morirán jamás, págs. 72-74; 80; 90; 94 (edición española de 1921); La Atalaya del 1 de septiembre de 1941, pág. 288 (ed. inglesa); ¡Despertad! del 8 de abril de 1967, págs. 19 y 20; La Atalaya del 15 de septiembre de 1968, págs. 559 y 560.

14 La enciclopedia sueca Nordisk Familjebok, vol. 11 (Malmö: Förlagshuset Norden AB, 1953), pág. 35.

15 La Atalaya del 1 de abril de 1986, págs. 30 y 31.

16 Las normas de expulsión (excomunión) se consideran, por ejemplo, en La Atalaya del 15 de noviembre de 1981, págs. 14-25, y en La Atalaya del 15 de abril de 1988, págs. 27 y 28. Con respecto a la inminente destrucción del presente sistema mundial, La Atalaya del 1 de septiembre de 1989, en la página 19, declara: “ Solo los testigos de Jehová -el resto ungido y la “gran muchedumbre”- como organización unida bajo la protección del Organizador Supremo tienen la esperanza bíblica de sobrevivir al fin inminente de este sistema dominado por Satanás el Diablo y encaminado a la destrucción.” (Compárese también con La Atalaya del 15 de septiembre de 1988, págs. 14 y 15)

17 Esta acción probablemente fue tomada a petición de la Central de Brooklyn, Nueva York. Como me dijo después Raymond Franz, que fue miembro del Cuerpo Gobernante hasta la primavera de 1980, en una carta con fecha 7 de agosto de 1982: “Supongo que fue algo un tanto inevitable que la organización finalmente tomase acción hacia usted. En mi caso personal, sentía que era sólo una cuestión de tiempo que hicieran algo conmigo, sin importar lo discreto que fuese. Yo no dudaría de que en su caso la oficina sucursal se puso en contacto con la Central de Brooklyn y ésta le aconsejó que tomase acción”.

18 En los comentarios de la Sociedad Watch Tower sobre este versículo, Cristo ha sido sustituido por la “organización” como aquello a donde uno debería ir para tener “vida eterna”. Véase, por ejemplo, La Atalaya del 1 de julio de 1981, pág. 19; La Atalaya del 1 de junio de 1982, pág. 31, párrafo 19 y La Atalaya del 15 de marzo de 1988, pág. 18.

19 El libro Ayuda para entender la Biblia fue publicado íntegramente en 1971. Una edición ligeramente revisada de dos tomos se publicó en 1988. La característica nueva más importante es la inclusión de ayudas visuales (mapas, dibujos, fotografías, etc.) a todo color. Sin embargo, el nombre del diccionario fue cambiado a Perspicacia para comprender las Escrituras, evidentemente porque los tres autores principales, Raymond Franz, Edward Dunlap, y Reinhard Lengtat, dejaron la Central en 1980, y porque dos de ellos, Franz y Dunlap, fueron expulsados debido a sus opiniones divergentes. En la obra Perspicacia para comprender las Escrituras, más de la mitad de la sección original sobre “Cronología” ha sido eliminada (véanse las páginas — del primer tomo), debido, al parecer, a la información que presenté sobre el asunto en el estudio que envié a las oficinas centrales en 1977, y al reconocimiento por parte de la organización de la naturaleza frágil de sus afirmaciones.

20 La persona que escribió esta carta, con fecha 12 de junio de 1982, fue Raymond Franz, anterior miembro del Cuerpo Gobernante.


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