Tom Cabeen

Tom Cabeen 4Mis padres se bautizaron como testigos de Jehová en la primavera de 1954, cuando yo tenía unos cuatro años de edad. Aceptaron las enseñanzas con mucho entusiasmo. Al cabo de dos años, como creían que el Armagedón era inminente, vendieron su casa nueva en Phoenix, Arizona y voluntariamente se mudaron “donde había más necesidad.” Mi padre fue nombrado Siervo de Congregación (ahora se llama Superintendente Presidente) de la congregación de Cottonwood, Arizona. En aquel tiempo, la congregación se componía de nuestra familia de tres miembros y un testigo muy mayor llamado Winifred Olney. Para 1960, se había convertido en una congregación pequeña pero celosa, de más o menos una docena de familias, entre 50 o 60 personas según recuerdo. Papá puso en práctica su español del instituto y empezó un pequeño estudio de la Biblia entre un grupo de personas de habla española en la zona.

En 1960, mi padre asistió a la escuela del Ministerio del Reino, en la Granja del Reino de la Sociedad Watchtower en Itaca, Nueva York. Mientras estuvo allí, se le animó a que “ensanchara” su servicio. Al cabo de un año, a requerimiento de la Sociedad, se mudó a El Centro, en el agrícola Imperial Valley del sur de California, donde sirvió como Siervo de Congregación en una congregación de habla hispana. En aquel tiempo, mi madre y yo empezamos a aprender español. Ella tuvo más dificultades que yo en aprenderlo, y hasta este día todavía no lo habla con fluidez. Un par de años después, se nos pidió que no mudáramos a una pequeña congregación de habla española en Casa Grande, Arizona.

Mis padres me animaban mucho a que hiciera el “precursorado de vacaciones” durante las vacaciones del instituto, lo que solía hacer. Después de que me graduara en 1967, empecé el “Precursorado Regular”. Como resultado de ello, fui exento del servicio militar. Recibí la clasificación 4D (“Ministro de Religión”) por la oficina de reclutamiento. En la Asamblea de Distrito de 1968 y por sugerencia de mis padres, empecé mi servicio en las oficinas centrales de los testigos de Jehová (conocido por los testigos como “Betel”) en Brooklyn, Nueva York. Se me invitó a servir allí como voluntario el 14 de noviembre de 1968.

Tom Cabeen 3En Betel, trabajé duro en cualquier tipo de trabajo que se me asignaba para hacer. También me dediqué mucho a aprender todo lo que pude acerca de las enseñanzas de la Watchtower. Se me avisó para que me mantuviera alejado de las “malas asociaciones,” de modo que elegía como compañeros a testigos maduros, muchos de los cuales servían en los departamentos de Redacción, Servicio y otros, donde estaban asignados los testigos más respetados, leales y maduros. Yo soy extrovertido y hago amigos fácilmente, de modo que llegué a estar muy unido a ellos. Mi buena voluntad para el trabajo duro y una aptitud natural para el trabajo que se me asignaba, resultó en que se me dieran más responsabilidades, en general muchas más de lo que era usual para alguien de mi edad.

Al poco tiempo de que se me invitara a Betel, mis padres, animados por mi ejemplo, empezaron a servir como precursores. Al cabo de un par de años, se invitó a mi padre a servir como superintendente de circuíto, trabajando en las congregaciones de habla española del sur y norte de los Estados Unidos por unos veinte años. En mi congregación local yo mismo también recibí responsabilidades a pesar de lo joven que era. Fui nombrado miembro del comité de servicio en mi congregación cuando tenía 19 años, y después anciano cuando tenía 21. El siguiente año fui nombrado “anciano de Betel.” Como tal, dirigí la palabra como representante de la Watchtower en sus asambleas, (estuve como orador principal en la asamblea de distrito en Roanoke, VA, cuando tenía unos 25 años). En varias ocasiones se me envió también como orador principal a reuniones especiales en las que asistieron miles de personas, como en San Antonio, Texas, y a Chicoutimi, Quebec, Canadá.

Al cabo de un año de haber entrado en Betel, fui asignado a la gran prensa en la que se hace la revista La Atalaya. Un año después, llegué a ser el responsable de varias prensas. A la edad de 27 años fui nombrado superintendente de toda la imprenta. Mientras tanto, aumentó mi amistad con miembros maduros y de responsabilidad de la “familia” de Betel y eso me permitió tratar con más profundidad asuntos acerca de las enseñanzas y funcionamiento de la organización. Debido a que tengo una voz grave, se me invitaba con regularidad a llevar a cabo las grabaciones que se usan en los conocidos dramas que se presentan cada año en las asambleas de verano de los testigos. Esto también me brindó muchas oportunidades para poder considerar la política doctrinal y de organización de la Watchtower. También colaboré en un programa semanal de radio patrocinado durante algunos años por la sociedad Watchtower a mediados de los años setenta.

Más tarde, en 1973, me sentí atraído por una preciosa joven que también era miembro de Betel y a quien conocía un poco desde que llegó a allí en diciembre de 1971. Nos enamoramos y comprometimos, y nos casamos el 25 de mayo de 1974. Al igual que yo, Gloria era muy celosa con respecto a la Sociedad Watchtower y estaba muy dedicada a su trabajo en Betel. Ambos decidimos dedicar nuestras vidas completamente a servir de tiempo completo en las oficinas centrales durante los pocos años que quedaban antes del Armagedón.

A todas las personas nuevas que entraban en Betel se les pedía que leyesen toda la Biblia. Aunque yo había sido testigo por unos 10 años (me bauticé en 1959), nunca antes había hecho eso. Me emocionó leer la Biblia, pero también surgían en mi mente muchas preguntas que me inquietaban. Nunca me había detenido a leer la Biblia y a estudiarla, aunque naturalmente daba prioridad a las publicaciones de la Watchtower. Cuanto más leía de las publicaciones de la Watchtower como de la Biblia, más inconsistencias encontraba. Simplemente no podía conciliar las enseñanzas de la Biblia con las de la Watchtower. Al principio, atribuía mi falta de entendimiento a mi juventud y a mi inexperiencia. Pero a medida que el tiempo pasaba y yo mismo llegaba a ser más respetado y confiable, me dí cuenta de que podía tratar mis dudas y preguntas con otros, quienes eran miembros respetados del personal de la Watchtower. Me sorprendió ver cómo muchos de ellos luchaban al igual que yo con las mismas cuestiones, y el modo tan inocente que tenían de considerlas.

Fue cuando se publicó el libro “Aid to Bible Understanding” (Ayuda para Entender la Biblia) en 1971, cuando se empezó a ver las enseñanzas de la Watchtower de manera diferente. Uno de los cambios que se produjeron fue el nombramiento de un cuerpo gobernante para que dirigiera la obra de los testigos de Jehová en lugar de la más bien “secular” Oficina del presidente. Parece que los muchos cambios de organización que siguieron abrieron la puerta para volver a examinar otras enseñanzas. Si habíamos estado equivocados anteriormente con respecto a tantos aspectos de organización que creímos tenían una sólida base bíblica, ¿no podíamos estar también equivocados en asuntos doctrinales? Yo no era el único que hacía estas preguntas. A medida que la década de los setenta se acercaba a su fin, un creciente número de personas sinceras empezamos a leer otras traducciones de la Biblia diferentes a la que tenía la aprobación de la Watchtower, la Traducción del Nuevo Mundo, así como comentarios biblicos. También empezamos a reunirnos en grupos informales de estudio de la Biblia, donde la estudiábamos sin la “ayuda” de las publicaciones de la Watchtower.

Para el año 1979 estaba convencido de que las enseñanzas de la Watchtower de entonces, no podían conciliarse con la Biblia. Algunos de mis amigos más cercanos y que estaban en altas posiciones en la organización, se expresaron en buena medida del mismo modo. Sin embargo, todavía confiaba en que Dios guiaba la organización y creía que pronto se producirían grandes cambios. Con gran expectación, esperé a que se produjeran.

En la primavera de 1980, viajé a Chicago para asistir a una exposición profesional para tipógrafos. Cuando volví, mi esposa me recibió en el aeropuerto con terribles noticias. Se habían llevado a cabo reuniones con dos parejas muy respetadas, miembros de la familia de Betel. Había rumores de que habían sido acusadas de apostasía. Cuando fueron expulsadas, me sentí completamente conmocionado. Al cabo de un par de días, las noticias corrieron como la pólvora por todo Betel. Casi como de la noche a la mañana, el ambiente allí había cambiado. Parecía como si a todos se les hubiera dividido en dos clases, los que eran leales a la Biblia y los que eran leales a la organización.

Por ese tiempo, mi esposa Gloria empezó a no sentirse muy a gusto en Betel. Eso no se debía a asuntos doctrinales sino al ambiente del lugar y a cómo se trataba a la gente. Me había expresado su deseo de dejar Betel y comenzar una vida de familia. Yo todavía creía firmemente en la exactitud de la cronología de la Watchtower, y no podía entender cómo alguien pudiera desear dejar Betel, con lo cerca que estaba el fin. Desde mi punto de vista, la cronología de la Watchtower era correcta y eso era absolutamente esencial para poder establecer su autoridad como el “canal de comunicación” de Dios para la humanidad en los “últimos días” antes del Armagedón.

Empecé a preguntar a varios amigos de confianza que estaban en “altas posiciones” en la organización para saber qué es lo que estaba pasando. Obtuve una copia de una carta enviada a la Sociedad Watchtower y que había sido escrita por Carl Olof Jonsson, un anciano testigo de Suecia. En ella presentaba evidencia de que la cronología de la Watchtower era seriamente errónea. La evidencia era indisputable. Sin embargo, más que el error de la cronología, lo más difícil de aceptar era sus consecuencias: si la cronología era errónea, entonces la más importante doctrina de la Watchtower acerca de su nombramiento por Jesús como el “esclavo fiel y discreto” era también errónea. Ellos no serían lo que decían que eran. Además, los dirigentes de la Sociedad, como mínimo habrían orientado mal, y por otro lado, habrían sido hipócritas y falsos profetas. Leí y releí la evidencia hasta que quedé convencido. Me vi obligado a considerar la posibilidad de que la Sociedad Watchtower no fuera la que decía que era. Cuando hice esto, surgieron en mi mente muchas preguntas y dudas. Muchas cosas empezaron a tener sentido. Aunque había disfrutado muchísimo de mi servicio en la organización Watchtower y amaba profundamente a mis hermanos y hermanas testigos, parecía más que evidente que había llegado a mi propia encrucijada. Acepté el hecho de que mi carrera como testigo había llegado a su fin. Simplemente perdí el deseo de serguir activamente dando apoyo a algo en lo que ya no creía.

Durante ese tiempo tan crítico, vinieron mis padres a Betel desde Texas para visitarnos a Gloria y a mí. En base a algunas expresiones que hice acerca de la expulsión de algunos amigos cercanos, ellos notaron que yo había cambiado en cuanto a mantener una actitud de total apoyo a la organización (nunca fui muy bueno a la hora de esconder mis verdaderos sentimientos). El ambiente entre nosotros se fue enrareciendo y poniéndose emocionalmente tenso. Les aseguré que nunca abandonaría a Jehová Dios, a Jesucristo o a la Biblia, pero no pude negar que tenía preguntas serias acerca de la autoridad de la organización. Mis padres querían tener la certeza de que nunca dejaría la organización. Pero eso no podía asegurárselo debido al mucho sufrimiento que había visto por culpa de esa misma organización y porque había visto cómo las más sinceras y bien respetadas personas habían sido expulsadas por procedimientos judiciales de “tribunales no diplomados.”

Por ese tiempo pensé dejar a los testigos, pero tenía la sensación de que serviría de poco; o quizá efectuar alguna declaración “política”, pero no me interesaba. Por otro lado, pensé que si yo permanecía asociado, quizá podría estar en mejor posición para ayudar a mis padres a que entendieran mis sentimientos. Pero las cosas no fueron como yo esperaba, pues debido a este asunto surgió una profunda brecha entre mis padres y yo, y que hasta el día de hoy todavía no ha sanado. Como resultado de ello tengo un profundo sentido de pérdida.

Aunque pensaba dejar Betel pronto, un sentido del deber me hizo permanecer allí hasta el verano. Estaban teniendo lugar importantes cambios en la imprenta donde yo colaboraba estrechamente. Quería ver el nuevo equipo que yo había recomendado instalar, y quería que tuviera lugar una transición suave entre mí y el que me sucediera. Dejamos Betel el 15 de julio de 1980. Yo sabía que nunca volvería.

En ese momento, mi vida había cambiado completamente. Tenía que empezar mi vida a la edad de 30 años. No tenía dinero debido a que pasé 12 años en Betel como voluntario sin sueldo. Tenía experiencia y especialización laboral pero no tenía título universitario. Mi suegro me prestó 300 dólares para poder mudar las pertenencias de mi habitación a Lancaster, PA, y vivimos con los padres de Gloria durante 10 semanas hasta que pude encontrar un empleo y alquilar un piso pequeño.

Como estaba dejando a los testigos, empecé a ver la organización Watchtower simplemente como un grupo de gente que mantiene ciertas creencias en común y que aunan recursos. Me costaba clasificar apropiadamente a los testigos como grupo. Cada individuo parecía reaccionar de manera diferente y de manera impredecible a los recientes acontecimientos. Llegó a ser claro para mi que las organizaciones no tienen una única identidad como muchos suelen creer. Al darme cuenta de ello, empecé a examinar las Escrituras para determinar si Dios había usado o no alguna organización como instrumento oficial para comunicarse o dirigir a los humanos. Llegué a la conclusión de que no lo había hecho. Finalmente publiqué el resultado de mi investigación en un folleto intitulado ¿Actúa Dios Mediante una Organización?”

Al poco tiempo de llegar a Pennsylvania, fui nombrado anciano. Aunque no creía que el asociarme con una organización fuera en sí mismo muy importante, no veía razón para dejar a los testigos, ya que mi asociación con ellos no requería que violase mi conciencia. Sin embargo, vi que eso era cada vez más difícil, ya que durante meses parecía que el único interés de las publicaciones de la Watchtower era avisar o condenar a los inicuos “apóstatas”, a quienes se llamaba así solo porque disentían del dogma de la Watchtower. Simplemente yo no podía enseñar de manera consciente cosas que no creía que fueran ciertas, de modo que renuncié como anciano.

Aproximandamente un año y medio después, los ancianos de la congregación de Lancaster PA (todavía asistíamos a las reuniones con cierta regularidad) pidieron hablar con Gloria y conmigo después de la Reunión de Servicio del jueves por la noche. Lo que iba a ser una reunión “informal”, se convirtió en una audiencia judicial en toda regla. No se nos había avisado de la naturaleza de esta reunión anteriormente, ni se nos había acusado de nada; sin embargo, estuvieron interrogándonos durante una hora acerca de nuestras “dudas.” Aunque durante unos dos años y medio habíamos estado bastante activos en la congregación, casi nadie tenía idea de que tuviéramos dudas. Sin embargo, para aquel fin de semana, muchos, si no todos en la congregación, sabían ya que éramos de los que “dudaban.”

Más o menos una semana después, tuvo lugar otra breve reunión. Los ancianos nos dijeron que puesto que nuestras dudas eran del “conocimiento general” de la congregación, ellos se veían forzados a tomar alguna clase de acción. Les mencioné que nadie en la congregación sabía nada acerca de nuestras dudas antes de la reunión que tuvimos con los ancianos (si alguien lo sabía antes de eso, no nos lo dijo). De modo que parecía que habían sido los ancianos mismos quienes habían exparcido información acerca de nuestras dudas. Uno de ellos contestó: “A nosotros no nos preocupa cómo se llega a saber la información. El caso es que como ya se sabe, debemos tomar acción.” Nosotros no habíamos hecho nada por lo que tuviéramos que arrepentirnos, ni había testigos que estuviéran testificando contra nosotros. Pero puesto que continuábamos teniendo nuestras (todavía no determinadas) dudas, John Gebhard, el anciano presidente nos dijo que no le dejábamos opción. Se reunieron secretamente en privado por un rato, volvieron y nos anunciaron que habían decidido expulsarnos. Tuve muy claro que la decisión ya la habían tomado antes de que se hubieran reunido con nosotros, y que se basaron en factores ajenos a la evidencia o al testimonio que dimos, de modo que parecía que apelar a la decisión no valdría la pena. De ese modo finalizaron mis 29 años de asociación con los testigos de Jehová.

Dejar mi carrera como testigo de Jehová significó empezar una nueva. Aunque tenía una buena base técnica en asuntos de impresión y experiencia como supervisor y preparador técnico, tenía mucho que aprender en lo que se refiere a bregar día a día en un ambiente competitivo donde el objetivo era hacer dinero a partir del rendimiento, y no a partir de suministros constantes de contribuciones de parte de devotos que compran las publicaciones independientemente de su contenido. Afortunadamente, mi último año en Betel lo había pasado analizando qué inversión financiera se necesitaría para mejorar las viejas imprentas en lugar de comprar nuevas. Cuando lo hice, me di cuenta de que tenía aptitud natural e interés en el análisis de empresa y aprendí mucho acerca de cálculo de costes y de los principios en la gestión empresarial básica. Con alguna instrucción más en gestión empresarial pude llenar los vacíos que me habían quedado cuando estuve en la Wachtower.

Al cabo de un año de dejar la Sociedad Watchtower, era responsable de fábrica en una imprenta comercial cerca de Lancaster, PA. Siguieron otros trabajos en el campo de la imprenta. En 1984 acepté un puesto en una empresa comercial de comunicaciones y empecé a aprender los pormenores sobre el rápidamente creciente campo del marketing directo. En 1987, creé una pequeña empresa de impresión, que en el plazo de dos años se amplió y llegó a ir muy bien.

Mi experiencia en los testigos me hizo ver claramente cuán fácil es verse arrastrado por actividad de organización, perder de vista la verdadera naturaleza del cristianismo y las riquezas de la experiencia y el vivir cristianos. Creo que la Biblia nos muestra la historia de un Dios vivo que nos creó con un propósito. Cuando nos rebelamos contra Él, envió a su propio Hijo, Cristo Jesús, quien de buena voluntad murió como rescate para redimirnos del pecado. Dios levantó a este Jesús de entre los muertos como garantía de que se puede confiar en lo que Él dice que hará, no importa cuánto tiempo tarde según nuestra propia perspectiva. Por medio de Jesús, podemos tener una relación personal con Dios, y todo lo que de bendición representa eso en nuestra vida.

Dejé la sociedad Watchtower porque llegué a la conclusión de que la base doctrinal en la que me había criado, era falsa. De modo que empecé a examinar las Escrituras y a reexaminar mis creencias. No tenía idea de a dónde me llevaría esa búsqueda, pero tenía la firme convicción de que, si era sincero en buscar la voluntad de Dios, Él me recompensaría y no me dejaría en el camino incorrecto.

Durante más o menos unos ocho años, Gloria y yo leíamos y estudiábamos la Biblia por nuestra cuenta o en un pequeño grupo de apoyo con otros anteriores testigos. A medida que nuestros dos hijos empezaron a hacerse mayores, sentimos que necesitábamos encontrar algún grupo de cristianos que creyeran en la Biblia con cuyos hijos, los nuestros pudieran asociarse. En la actualidad nos asociamos con una buena iglesia evangélica independiente. Hemos encontrado muchos buenos cristianos y participamos en las actividades de la iglesia. Con otras dos parejas, estudiamos la Biblia casi cada semana. Creo firmemente en la importancia del estudio regular de la Biblia, y recomiendo que todo el mundo lo haga. Deseo que más cristianos puedan llegar a tener la confianza de que Dios recompensará su deseo de conocerlo mejor por medio del estudio de la Biblia.

Me alegro mucho de que tanto mi esposa como yo dejáramos la sociedad Watchtower juntos. Perdimos a muchos amigos allegados cuando nos fuimos; a algunos de los cuales los conocíamos de toda la vida. Pero hemos hecho muchos otros amigos, a los que queremos tanto como queríamos a nuestros amigos testigos y aún más, porque su amor no está basado en lealtad a una organización, sino en amor a Dios y a su Palabra. También nos sentimos muy allegados a los amigos que conocimos cuando todavía eran testigos. Fueron compañeros nuestros cuando dejamos una vida para comenzar otra. Algunos se asocian con Biblical Research and Commentary International, con la que colaboro debido a que se necesita alguna clase de ayuda no doctrinal ni que enjuicie, para muchas almas heridas que desean dejar a los testigos pero se sienten solos, confundidos y con temor a empezar una vida “fuera”.

Tom Cabeen 5Además tenemos dos hijos estupendos y que son una verdadera bendición para nosotros y para otros. Creemos que ese éxito se debe a nuestra confianza en Dios. Es cierto, hemos trabajado duro, pero estamos convencidos de que nuestra recompensa está en proporción a nuestros esfuerzos. Vemos la mano de Dios en muchos aspectos de nuestra vida, y le estamos agradecidos por su bondad con nosotros. Si usted es un testigo que está pensando en salir debido a razones de conciencia por asuntos doctrinales o de organización, puede estar seguro de que puede confiar su futuro a Dios. No hay garantía en las Escrituras de que el camino vaya a ser fácil, pero no hay nada como la paz mental y la seguridad eterna que vienen cuando uno ha elegido los caminos de Dios. Él es fiel y sabe cómo recompensar a los que le buscan. Confíe en ello.

2 comentarios en “Tom Cabeen”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s