En torno a Raymond Franz

Raymond Franz 001A veces es difícil encontrar personas íntegras y fieles a su conciencia y a Dios. Ray y Cynthia Franz fueron de esa clase de personas, como muchos otros siervos de Dios a lo largo de la historia. Por ello sufrieron estigma e incluso la expulsión de la que había sido la religión de toda su vida. Sin embargo, su amor por la verdad fue mucho más grande que todo eso, beneficiando con ello a miles de personas en todo el mundo. 

Recuerdo el profundo impacto que causó en mí la lectura de su libro Crisis de Conciencia. Había estado colaborando con los testigos de Jehová por años y siempre procuré centrarme en las cosas positivas. Sin embargo, reconozco que era totalmente ajeno a todo lo que su libro explicaba.

Leí el libro por primera vez cuando una testigo de muchos años, afectada también por lo que había leído, me lo prestó. El impacto a medida que iba leyendo fue tremendo. Se lo devolví dándole las gracias y diciéndole que había sido muy interesante. Ella, me confesó tiempo después, que cuando se lo devolví tuvo la impresión de que “yo no había entendido nada“. Se equivocaba de pleno, porque al poco tiempo me compré mi propio ejemplar. Y esta vez lo leería con más atención y profundidad.

El libro Crisis de Conciencia me sorprendió porque toda la información estaba muy bien documentada. Pero lo que más me hacía reflexionar era el tono con el que estaba escrito. En mis manos habían caído otros libros que trataban sobre los testigos de Jehová, pero a menudo su tono solía ser muy despectivo. No era este el caso. Al escribir, Raymond Franz no hacía más que exponer hechos y argumentos sin la menor acritud o tono alguno de venganza. Se mantenía en un estilo franco pero al mismo tiempo equilibrado y lleno de mesura. Se notaba que tras el libro no se encontraba alguien vil o lleno de resentimiento, sino más bien una persona que conocía muy bien la religión de los testigos y que expresaba hechos objetivos. Y es que entre otras cosas, Ray había pasado casi sesenta años de su vida allí, los últimos nueve como miembro del cuerpo gobernante. Ingenuo sería pensar que alguien así no tuviera nada que contar.

Después de leer su libro, sorprendido e impactado, decidí escribirle. Al cabo de unos días recibí su contestación. Ni que decir tiene que su estilo al expresarse seguía siendo el mismo. También pude percibir su alta talla como persona y su profundidad espiritual. Me dí cuenta de que no estaba tratando con un “vil demonio apóstata”, sino con todo un hombre de fe, un cristiano de los pies a la cabeza que por ser fiel a su conciencia podía decir junto al apóstol Pablo:

De ahora en adelante no quiero que nadie me cause más dificultades; pues llevo marcadas en mi cuerpo las señales de lo que he sufrido en unión con Jesús“.- Gálatas 6:17, DHH.

Y así había sido. Ray Franz podría haber seguido tranquilamente y sin complicarse la vida dentro del cuerpo gobernante con pleno prestigio, y haber eludido el suplicio de interminables juicios que acabaron en su ridícula expulsión y todo el desprecio e ignominia que le vino después. Sin embargo, apostó por la verdad y por seguir humildemente los pasos de Jesús. Y es que parece que a lo largo del tiempo, Jesús de Nazaret se ha ido encontrando con sus amigos.

Mi correspondencia con Ray Franz

Aunque solo hablé personalmente con él una vez cuando le abordé en la asamblea de distrito de 1978 en Barcelona, y unas pocas veces por teléfono, pude llegar a conocerle mucho mejor a través de la correspondencia que mantuve con él durante años. Debo decir que su sabiduría y bagaje espiritual siempre me sorprendía. Traté con él infinidad de temas que me inquietaban y siempre tenía palabras de estímulo y paciencia infinita para contestarlas.

De todo ello una cosa me quedó bien clara: Ray no escribió sus libros para que la gente dejara de ser cristiana. Todo lo contrario. Aunque ponía de relieve las grandes fallas doctrinales de la religión de los testigos, siempre dirigía a la persona a Dios y a Cristo como fuente de toda esperanza. Su preocupación constante era mostrar la importancia de tener una relación personal con Dios en lugar de cifrar la confianza en organizaciones o instituciones humanas.

Ray Franz fue de esas personas que pasó por infinidad de asignaciones en la organización, pero que al mismo tiempo progresaba en amor por la verdad y en su propia relación con Dios. De manera progresiva, incluso mientras fue miembro del cuerpo gobernante, su interés era entender mejor las Escrituras y su espíritu, en lugar de limitarse a ser un simple “hombre de organización” que asintiera una y otra vez a las decisiones de la mayoría. Llegó un momento en que en conciencia, no podría ser ya partícipe de toda aquella fría maquinaria organizativa que a menudo olvidaba al ser humano. Tenía claro que el cristianismo es algo mucho más sencillo que todo eso, pero al mismo tiempo mucho más excelso. Lo entendía como una relación de familia entre personas que abrigaban la misma fe y la misma esperanza.

Me dijo que, salvo algún regalo, él nunca había visto a miembros del cuerpo gobernante enriquecerse o que tuvieran cuentas millonarias. Más bien su opinión era que ellos eran “víctimas de víctimas”, y que seguían un concepto artificial y mítico. Al reflexionar en sus palabras me vienen a la mente las palabras de Steven Hassan,

A pesar de que muchos líderes desean y necesitan la opulencia material, lo que buscan es, en mi opinión, atención y poder. De hecho el poder acaba por convertirse en una adición. Con el tiempo, los líderes de las sectas desarrollan la necesidad de tener y tener más poder. Lo que hace muy peligrosos a estos individuos es su inestabilidad psicológica, y el hecho de que llegan a creer en su propaganda. No son solo unos astutos maestros de la superchería que quieren hacer dinero. Según mi experiencia, la mayor parte de ellos creen realmente que son ‘Dios’, el ‘Mesías’ o un maestro iluminado“.- Steven Hassan, “Cómo combatir las técnicas de control mental de las sectas“, Urano, 1990, pág. 155.

Recuerdo que también le pregunté por la Traducción del Nuevo Mundo, en vista de que desde muchos bandos solía tener muchas críticas. Me comentó que soslaya ciertos aspectos como también lo hacen otras traducciones. Que ciertos amigos de la zona de Chicago, expertos en griego, la habían analizado a fondo y llegaron a la conclusión de que su principal autor Frederic Franz no había hecho un mal trabajo al fin y al cabo. No obstante, Ray mismo solía usar también otras traducciones en su estudio personal de la Biblia, además de distintos comentarios bíblicos.

Sobre las llamadas “imágenes subliminales” que según algunos supuestamente aparecen en las publicaciones de la Sociedad, Ray, como es mi caso, era escéptico. Me comentó que él conocía a todos los artistas y dibujantes de Betel y que le constaba que ninguno de ellos había introducido nada extraño en las ilustraciones. Coincidimos además en la misma ilustración: las imágenes grotescas que la imaginación suele ver en las baldosas del cuarto de baño.

Ray Franz nunca quiso formar una religión nueva. Le tenía fobia a eso, y las razones las expuso muy bien en el capítulo El modelo recurrente, de su libro A la búsqueda de la libertad cristiana. Más bien creía en una relación sencilla, como de familia, entre los cristianos. Siempre decía que el Espíritu Santo de Dios ya se encargaría de hacer el resto. De hecho, él se solía reunir en hogares privados de su vecindario con otros amigos para orar, leer y comentar juntos las Escrituras. Además de anteriores testigos, a veces asistían también amigos de otras iglesias. Ray y Cynthia siempre fueron muy hospitalarios con las personas de todo el mundo que les visitaban.

Ray recibía cartas de personas de todo el mundo, algunas en puestos de mucha responsabilidad como ancianos, superintendentes de circuito, precursores o miembros de comité de sucursal. Me decía que a veces la correspondencia se le acumulaba en cantidades ingentes, pero aunque pasara tiempo, siempre las contestaba. No tenía pretensiones. Nunca escribió sus dos libros para enriquecerse. Su principal interés era el de ayudar a otros, como siempre me decía, “a que tengan una relación personal con Dios“.

Ray solía dar largos paseos por el campo con su perro Boy al que tanto él como Cynthia querían mucho, pues había llegado a ocupar en sus vidas el vacío de no haber tenido hijos. Pero un día, paseando con Boy, un colapso cerebral acabó con su vida. Ray estuvo tendido en el suelo por unas dos horas antes de que lo encontraran. Y es que a veces, los más grandes hombres se van solos y sin hacer el menor ruido. Sin embargo, tranquiliza saber que en todo momento Alguien estuvo siempre muy cerca de él. “Ni un gorrión cae al suelo sin que su padre que está en el cielo lo sepa“, dijo Jesús de Nazaret. Ray había renunciado al prestigio humano a la prominencia y a toda clase de honores. Eligió lo más sencillo, pero con mucho, lo más importante.

Para mí siempre será un ejemplo de integridad, amor a la verdad y suprema valentía. Sé que, por toda la ayuda que siempre brindó, ese es también el sentir de muchas otras personas. Alguien dijo que Ray Franz “abrió una ventana hacia la libertad cristiana” en la religión de los testigos de Jehová. Desde luego hay que decir que desde que aparecieron sus obras, nada volvería a ser igual. Pero como no hay mal que por bien no venga, el centro ahora está mucho mejor delimitado: no en una organización humana, sino donde debe estar, en Cristo Jesús. Y es que, de nuevo, parece que a lo largo del tiempo, Jesús de Nazaret se ha ido encontrando con los que son sus amigos.

Esteban López